Historia
CARTAGO, SÍNODOS DE
- Sínodos antes de y bajo Cipriano
- Sínodos durante la controversia donatista
- Sínodos sobre la controversia pelagiana
- Últimos sínodos
Sínodos antes de y bajo Cipriano.
(1) El habido bajo el obispo Agripino (c. 220), a cuya decisión Cipriano apeló en la controversia sobre el bautismo de los herejes.
(2) El celebrado hacia el año 240 en Lambese en Numidia (o Cartago), que condenó al hereje Privato.
(3) El primero celebrado bajo Cipriano tras su regreso a Cartago, justo después de Pascua de 251. Tras un largo debate decidió que los lapsed, especialmente los que habían ofrecido sacrifico, deberían ser restaurados solo bajo penitencia extendida, salvo en peligro de muerte, mientras que los libellatici podían, provisionalmente al menos, ser recibidos. Parece que fue costumbre en ese tiempo celebrar un sínodo anual en Pascua.
(4) El celebrado en 252, al que probablemente se refiere la carta de Cipriano y sesenta y seis obispos a Fido (Epist., lxiv); en este intentó Privato que su caso fuera reconsiderado, pero fue rechazado, uniéndose a la oposición que estableció a Fortunato como obispo rival.
(5) En 253, con referencia a la nueva persecución bajo Gallo, donde fue modificado el procedimiento en el caso de los lapsed, por el que, si eran verdaderos penitentes, podían ser restaurados (Epist., lvii). Posteriores sínodos trataron con el bautismo de los herejes, sobre lo cual los obispos africanos mantuvieron ideas estrictas:
(6) Uno asistido por treinta y un obispos en 255 (Epist., lxx).
(7) Uno más general de setenta y un obispos de Numidia también, en la primavera de 256 (Epist., lxxiii).
(8) Uno de ochenta y siete obispos, esta vez incluyendo a los de Mauritania, en septiembre de ese mismo año. Las ideas expresadas en el último mencionado fueron disputadas por Agustín, De baptismo contra Donatistas, vi, vii
(1) En 312, compuesto de setenta obispos, oponentes de Ceciliano, quien fue excomulgado.
(2) Uno de 270 obispos donatistas, hacia el año 330, que mostró un espíritu conciliador y sancionó la admisión de traditores a la comunión. Los sínodos sucesivos durante algún tiempo son todos del lado católico y muestran más o menos una actitud severa hacia los donatistas, según la posición tomada en el tiempo por los cismáticos.
(3) El denominado 'primer concilio de Cartago' entre 345 y 348, asistido por cincuenta obispos, al término de una dura persecución. Este, al igual que 8, 10, 11, 15 y 20, trata solo superficialmente con la cuestión donatista, mientras que 4, 5, 6, 7, 9 y 18, hasta donde sabemos, no la trataron en absoluto.
(4) Bajo el obispo Genetlio de Cartago, quien era muy estimado por los donatistas tuvo lugar un sínodo en el Prætorium.
(5) En 390 tuvo lugar el denominado 'segundo concilio de Cartago', asistido por sesenta obispos. Bajo su sucesor, Aurelio, se dice que tuvieron lugar veinte sínodos, participando Agustín en el más importante de todos. En un sínodo general africano celebrado en Hipona en 393 se decidió que las diversas provincias deberían tomar por turnos la celebración de tales reuniones generales, pero este sistema era de difícil ejecución, ya que Mauritania y Trípoli eran muy distantes y la segunda solo tenía cinco sedes episcopales. Entre tales concilios generales pueden ser reconocidos, además del de Hipona, que comienza la serie, el de Hadrametum, 394, los nombrados aquí 3, 5, 8, 11, 12, 15 y 20 y el de Mileve, 402. En 407 se decidió abandonar el intento y convocarlos donde y cuando fuera oportuno, mientras que los sínodos provinciales funcionarían como antes.
(6) y (7) Dos sínodos de 26 de junio de 394 y 26 de junio de 397, respectivamente, de los que poco se sabe.
(8) Lo que se conoce como Breviarium canonum Hipponensium se corresponde esencialmente con el III cartaginense de la colección española, de 28 de agosto de 397. Los cánones de 393 y 397, confirmados en Mileve en 402, dan una idea completa de la vida de la Iglesia en ese tiempo. El más famoso es el que contiene la lista de los libros de la Escritura y trata con la lectura de los martirologios. La posición de los presbíteros en relación a los obispos está restringida, las agresiones por los obispos a las diócesis vecinas reprobadas y toda la conducta del clero dentro de los límites de la Iglesia regulada. Sobre el asunto donatista se hace un cambio, permitiendo a los clérigos procedentes del cisma ejercer su función bajo ciertas condiciones, habiendo sido anteriormente relegados a la comunión laica.
(9) Legaciones de la corte aparecían, como en el celebrado el 27 de abril de 399, cuando se consideró el derecho de asilo en las iglesias. Desde 401 se pone más atención a la controversia donatista, al principio en un espíritu conciliador.
(10) y (11) El 16 de junio y 13 de septiembre de 399 se celebraron dos sínodos que se ocuparon con la remoción de los restos de paganismo.
(12) El sínodo general de 25 de agosto de 403 estableció una fórmula a ser aceptada por los donatistas que solo incrementó el enconamiento.
(13) El sínodo siguiente de 16 de junio de 404 apeló al emperador para reprimir a los cismáticos mediante medidas legales.
(14) Al haber hecho tal cosa el emperador, el siguiente sínodo de 23 de agosto de 405 se lo agradeció.
(15) En el sínodo general de 13 de junio de 407 se tomaron medidas para facilitar la recepción en la Iglesia de todas las comunidades cismáticas.
(16) y (17) Tras la emisión de un decreto imperial que mitigaba la anterior severidad los sínodos de 16 de junio y 13 de octubre de 408 enviaron delegaciones para explicar al emperador la idea eclesiástica.
(18) La única provisión existente del sínodo provincial de 15 de junio de 409 no tiene relación directa con la ardiente cuestión.
(19) Pero tras el decreto de tolerancia el sínodo de 14 de junio de 410 envió otra delegación al emperador y esta vez tuvo éxito.
(20) El siguiente de 14 de junio de 410 se ocupó de nuevo con la recepción de las comunidades donatistas y el deber de conversión de los herejes.
Lo sínodos referentes a esta controversia aparecen en el debate sobre el pelagianismo.
Últimos sínodos.
A la cabeza de esos sínodos se halla el frecuentemente citado de 419, asistido por 217 obispos, que tuvo dos sesiones, 25 y 30 de mayo (designado en Hispania como VI y VII cartaginenses). Codificó y en cierta extensión acortó la legislación precedente. Parte de su obra trata con las pretensiones de la sede romana, basadas impropiamente en los decretos del primer concilio de Nicea. Elaboró también una réplica a una carta del papa Bonifacio que había expuesto cuatro puntos: la cuestión de las apelaciones, los viajes de los obispos africanos a la corte imperial, el derecho de apelar los clérigos excomulgados a los obispos vecinos y la conducta del obispo de Sicca, al deponer a un sacerdote que había apelado a Roma. El concilio contemporizó en los puntos primero y tercero, acordando la restauración del sacerdote, aunque no en la misma diócesis. Un tono más firme se tomó hacia Roma por el sínodo que (después de 422) escribió al papa Celestino en relación con el sacerdote anteriormente mencionado, mostrando que el antiguo e independiente espíritu conciliar de la Iglesia africana estaba todavía intacto.
Pero con la invasión de los vándalos desde el oeste, amenazando Cartago en 439, la existencia de la Iglesia del norte de África se acercó al final. Ante los peligros que las persecuciones de los reyes arrianos trajeron a los cristianos de esas partes, las diferencias menores desaparecieron. La conferencia sobre religión celebrada en 484 no les dio mucho respiro, aunque más se logró por el sínodo de 5 de febrero de 525 en el reinado de Hilderico, asistido por sesenta obispos de diferentes provincias. Tras la anexión del norte de África por el gobierno bizantino, el obispo Reparato convocó un sínodo de 217 obispos en 535; trató con Roma de la recepción de los convertidos arrianos al servicio de la Iglesia, reguló la relación de monasterios con los obispos y envió una diputación a Justiniano para pedirle la restauración de propiedades y privilegios. A partir de ahí la historia de la Iglesia de esa zona de África se mezcla con el desarrollo general de la religión estatal y no tuvo importancia separada antes de su final extinción por los árabes.