Historia

CARTAS DE RECOMENDACIÓN

Cartas de presentación y recomendación (llamadas también literæ canonicæ y literæ formatæ) son las cartas que en la Iglesia antigua eran dadas a cristianos que viajaban de un lugar a otro. El uso de tales documentos es muy antiguo, datando del tiempo del Nuevo Testamento (Cuando él quiso pasar a Acaya, los hermanos lo animaron, y escribieron a los discípulos que lo recibieran; y cuando llegó, ayudó mucho a los que por la gracia habían creído,[…]Hechos 18:27; 1 Os recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea; 2 que la recibáis en el Señor de una manera digna de los santos, y que la ayudéis en cualquier asunto en que ella necesite de vosotros, porque ella también ha ayudado a mucho[…]Romanos 16:1,2; ¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O acaso necesitamos, como algunos, cartas de recomendación para vosotros o de parte de vosotros?[…]2 Corintios 3:1) y es fácilmente explicable por las estrechas relaciones mutuas de las comunidades y su generosa hospitalidad. Por otro lado, Si alguno viene a vosotros y no trae esta enseñanza, no lo recibáis en casa, ni lo saludéis,[…]2 Juan 1:10 prohíbe el recibimiento de cualquiera que no tiene la verdadera doctrina, siendo necesario, por tanto, que el viajero sea capaz de demostrar su ortodoxia (comp. Didaché xii. 1), lo cual era hecho por una carta de recomendación escrita por el dirigente de la congregación. Esas cartas hay que distinguirlas de las comunicaciones oficiales mutuas entre congregaciones, de las que un número anterior a Ireneo existe o son conocidas por título. Otra categoría, que puede trazarse hasta el siglo III, está formada por las 'cartas de paz' readmitiendo a excomulgados a la Iglesia. Posteriormente, sin embargo, 'cartas de paz' son los certificados dados a los que pretendían visitar al emperador o a altos dignatarios de la Iglesia, mostrando que el poseedor de la carta hacía el viaje con la aprobación del escritor de la misma. Tras el siglo IV esas cartas se distinguieron, a su vez, de las 'cartas de presentación' que eran dadas solo a personas de rango. Ya a finales del siglo II o comienzos del III los obispos parecen haber anunciado su elección por cartas y haber intercambiado cartas de recomendación, a la vez que, del mismo modo, informaban de la celebración de festividades, especialmente la Pascua. Hubo también encíclicas generales y especialmente regulaciones que se han preservado sobre todos los problemas relacionados con las cartas de recomendación e introducción.

Cartas de ambos tipos se falsificaron ya en época temprana, como queda claro por la queja de Dionisio de Corinto durante el reinado de Marco Aurelio, incrementándose hacia el tiempo de los grandes concilios desde los siglos IV al VII tales falsificaciones, hasta el extremo de exigirse que las cartas tuvieran una forma definida prescrita, siendo denominadas formatæ o canonicæ. Es incierto si la designación formata se refiere al hecho de que estaban modeladas sobre documentos públicos o si se deriva de la forma en el sentido de 'sello' o bien si la rígida fraseología dio origen al epíteto.