Historia

CARTUJA

Cartuja es el convento o monasterio de la orden de ese nombre. La palabra procede de Chartreuse, lugar del Delfinado donde estuvo la primera casa. Aparte de las variedades en los pormenores, las casas de la orden obedecen todas a un mismo plan de distribución. El principio en la disposición de los monasterios cartujos es, como en la orden camaldulense, el acomodamiento a la vida solitaria de los ermitaños de Egipto combinada con la cenobítica del monacato occidental, tal como lo formuló Benito en su regla. Con el fin de quedar los cartujos en completo aislamiento con el mundo, sus casas están construidas en una gran extensión de terreno, del cual el monasterio saca sus medios de sustento (la parte del terreno de la cartuja destinada a plantación se llama la correrie (corriendo su cuidado a cargo de los hermanos legos. Las edificaciones que forman el monasterio son el gran claustro y el pequeño claustro. El primero está destinado a las casitas de los monjes o cartujos profesos, las que se levantan a su alrededor. En el recinto del mismo se halla el cementerio de los monjes y en ocasiones una fuente. Alrededor del clausro pequeño se hallan generalmente la iglesia, el capítulo, las capillas privadas y el refectorio. En este claustro tenía lugar antiguamente el coloquio de los monjes, en los días y horas señalados por la regla. La iglesia, generalmente reducida y sin naves, está partida en dos porciones, la una para los monjes del coro y la otra para los hermanos; tiene una tribuna para los visitadores y carece de órgano. El comedor ofrece esas mismas condiciones cada una con puerta propia. Las celdas, verdaderas casitas de los monjes, generalmente están construidas con entera separación entre sí. A cada una de ellas da acceso un corredor abierto de diez metros de largo y un jardincito que el monje cuida por sí a su gusto y que tiene una fuente. La casita se compone en la planta baja de un cuarto para provisión de maderas y combustibles y otro para taller con un torno y otras herramientas; arriba una antecámara, una pequeña biblioteca, con el espacio justo para la estantería, silla y mesa, y, según la regla monástica, un cuarto para dormir y uno para orar con un sillón y un reclinatorio. La celda propiamente dicha tiene un armazón de cama con un jergón y mantas de lana, una mesa para la comida, algunas sillas y una estufa, y el citado oratorio. Las comidas se introducen en la celda por un postigo de la puerta o por un agujero abierto en la pared y servidas por un hermano. Las celdas de los hermanos, ordinariamente están en el patio de entrada, cerca de la iglesia y del pequeño claustro, y en el patio, llamado de las oficinas u obediencia, están los aposentos de los hermanos legos y obradores. Adjuntos a estas edificaciones está la hospedería. En cada convento hay también una biblioteca. Ninguna mujer, a excepción de la soberana y princesas de sangre (desde 1418, en que el prior de París dejó de cerrar las puertas de aquella cartuja a la reina de Inglaterra, por lo que fue severamente castigado), puede visitar una cartuja.