Historia
CARTUJOS

de Petrus Christus. Metropolitan Museum, Nueva York
Crecimiento de la orden.
A mediados del siglo XII la orden había crecido de manera sostenida y en 1170 los cartujos fueron estimados dignos de quedar bajo la protección especial del papa, siendo oficialmente reconocidos por Alejandro III. En 1258 los monasterios de la orden eran cincuenta y seis, pero en 1378 se vieron obligados a luchar con una división que coincidió con el cisma papal y duró hasta el concilio de Pisa. Todos los cartujos reconocieron a Martín V como papa, dimitiendo los dos generales de la orden en favor de Juan de Greiffenberg, prior del monasterio cartujo de París, quien fue así el único general. En 1429 Martín V otorgó a la orden la exención de diezmos para todas sus posesiones y en 1508 Julio II emitió una bula ordenando que el prior de la casa madre debería ser el general de la orden y que los capítulos generales fueran convocados allí. Cinco años más tarde el monasterio calabrés de Santo Stefano, donde el fundador de la orden fue enterrado, fue devuelto a los cartujos y en 1514 Bruno fue canonizado. A principios del siglo XVIII los monasterios cartujos eran ciento setenta de los que setenta y cinco estaban en Francia. La Revolución Francesa supuso un duro golpe para la orden, pero sobrevivió y en 1819 la casa madre cerca de Grenoble fue ocupada de nuevo. En 1905, a consecuencia de la legislación impulsada en Francia sobre las órdenes religiosas, la Grande Chartreuse de Grenoble y otros monasterios cartujos quedaron vacíos de nuevo, retirándose la mayoría de los monjes a España.

El espíritu cartujo se puede apreciar en su regla. Hasta 1130 la orden no tuvo regulaciones especiales, pero en ese año Guigo de Castro, quinto prior de Chartreuse, preparó las Consuetudines Cartusiæ. En 1258 las resoluciones de los capítulos desde 1141 fueron recolectadas por Bernard de la Tour y denominadas Statuta antiqua, mientras que se elaboraron colecciones adicionales en 1367, 1509 y 1581. El principal objetivo de todas ellas fue la más absoluta separación, no solo del mundo y sus atractivos e intereses, sino incluso de los hermanos monjes de la orden y del monasterio. Los hermanos laicos, que estaban divididos en tres clases de conversi, donati y redditi, están claramente distinguidos de los profesos. Cada monasterio está estrictamente separado de la población adyacente y de las demás órdenes, mientras que toda forma de influencia eclesiástica y secular, sea activa o pasiva, se evita cuidadosamente. La fiel adherencia de los cartujos a su regla les ahorró la necesidad de reforma sentida por muchas órdenes, en la transición de la Edad Media a los tiempos modernos.
La orden incluye una rama femenina, que se dice existió desde el siglo XII, aunque en el siglo XVIII solo se conocían cinco claustros femeninos, todos procedentes de los silos XIII y XIV. Sobre esos conventos presidieron los monjes cartujos, quien como vicarios estaban por encima de las prioras y vivían en casas separadas con otros hermanos profesos y laicos. Las monjas, a las que les fue permitido ser profesas por el concilio de Trento en el siglo XVI, pueden comer juntas y conversar más frecuentemente de lo que se les permite a los monjes.
Erudición.
Aunque en erudición los cartujos no pueden rivalizar con los benedictinos, dominicos o jesuitas, no carecen de hombres de fama. Antes de la Reforma se puede mencionar al Guigo ya referido y a autores de los siglos XIV y XV como Ludolfo de Sajonia, Hendrik de Coesfeld, Gerhard de Schiedam y Henry de Kalkar, además de Jacobo de Jüterbog y Dionisio de Rickel. Posteriormente habría que mencionar a los hagiógrafos Lorenz Surius y H. Murer, e historiadores de la orden como Petræus, Le Vasseur y Le Couteulx. En tiempos más recientes la orden experimentó un avivamiento de actividad literaria.