Historia
CATECUMENADO
- Primera fecha
- Según los Padres de la Iglesia
- Primer período de desarrollo
- Segundo periodo de desarrollo
- Declive del catecumenado
- Supervivencias rituales
Primera fecha.
Catecumenado es la palabra que se empleó para describir el método de recibir e instruir, en preparación para el bautismo, a aquellos que solicitaban la pertenencia a la Iglesia cristiana antigua. Tan pronto como la misión apostólica hubo alcanzado la etapa de la fundación de una sociedad cristiana, era natural que a aquellos que deseaban entrar en la misma se les exigiera pasar por un curso de instrucción en cuanto al significado de la esperanza que sostendrían y las demandas que imponía a sus miembros. La información sobre el método seguido en el primer período es muy escasa. Las reuniones de los discípulos estaban abiertas a cualquiera (Pero si todos profetizan, y entra un incrédulo, o uno sin ese don, por todos será convencido, por todos será juzgado;[…]1 Corintios 14:24) que deseara conocer más de su fe y práctica, siendo el bautismo administrado probablemente con poca delación. Al pasar el tiempo, se demostró la necesidad de controlar el ingreso a la Iglesia, ante los casos de recaída en el paganismo y de búsqueda de la membresía por motivos interesados o falsos. Las primeras huellas de esta mayor precaución se encuentran en la primera apología de Justino (c. 150). Se realizaba un examen para tener seguridad en cuanto a la creencia y conducta del candidato, quien no era admitido en la asamblea de los fieles hasta que hubiera sido juzgado digno del bautismo. Cómo se obtenía esta seguridad no está claro; la preparación parece haber sido privada y el que la dirigía probablemente respondía por el candidato, como padrino y catequista.
Según los Padres de la Iglesia.
Tertuliano describe un sistema un tanto diferente; aunque los catecúmenos estaban todavía excluidos de la asamblea, la aplicación de este nombre a ellos supone que ya se reconocía que pertenecían en algún sentido a la Iglesia y estaban bajo su cuidado. Esto es todavía más claro en el relato de Orígenes. El muy discutido pasaje en Contra Celsum, iii. 51 muestra claramente que había un sistema definido de examen e instrucción. También evidencia que en este período, además de la clase que (como en Justino y Tertuliano) estaba excluida de la asamblea, hay otra que ha avanzado lo suficiente para reclamar el privilegio de admisión, esperando sólo el paso decisivo final del bautismo. Es un error intentar deducir de sus palabras que había tres clases de catecúmenos divididas por una rígida y gruesa línea, o aplicar a esas clases los nombres audientes (griego, akroemenoi), genuflectente (gonuklinontes) y competentes (photizomenoi). La última aparece en las Constituciones Apostólicas y en Cirilo de Jerusalén, para los candidatos que se acercaban al bautismo, que son definidamente distinguidos de los catecúmenos. El nombre akroemenoi aparece por vez primera en el pasaje de Orígenes ya referido, pero sin un significado distintivo; su uso posterior en la proclamación del diácono en la liturgia, exhortando a los que no están capacitados a abandonar la reunión, se refiere a una clase de penitentes a los que no se permitía escuchar una parte del servicio, en el que los catecúmenos sí eran admitidos. En manera semejante la aplicación de gonuklinontes a una clase de catecúmenos surge por un malentendido del texto griego corrompido del canon quinto del sínodo de Neocesarea (314), que realmente significa que los catecúmenos que caen en pecado han de ser puestos entre los penitentes y ser expulsados totalmente si no se corrigen.
Primer período de desarrollo.
Para resumir lo que ha sido dicho, Orígenes muestra un desarrollo del catecumenado a partir de lo que Justino expone, mientras que Tertuliano muestra una etapa intermedia. No obstante, ha de recordarse que esos escritores son de partes diferentes de la Iglesia. El desarrollo fue probablemente influenciado mayormente por las condiciones locales. En tiempo de Tertuliano, Septimio Severo había prohibido las conversiones al cristianismo, de modo que los arreglos formales para la preparación de convertidos habrían sido rebelión directa. En días de Orígenes, por otro lado, la Iglesia había disfrutado de un largo período de paz y no había temor de permitir a catecúmenos confiables estar presentes en sus servicios; pero el gran número de convertidos hizo más probable que algunos indignos estuvieran entre ellos y de ahí que al examen original antes del bautismo, se añadiera un segundo. El relato de Orígenes del catecumenado proporciona todas las características esenciales de la institución, ya que la hallamos plenamente establecida una vez que la persecución hubo cesado. El cristianismo se convertió en la religión estatal, siendo posible desarrollar en detalle instituciones que habían sido cuidadosamente planeadas en los oscuros días precedentes.
Segundo período de desarrollo.
Este segundo período cubre aproximadamente los siglos cuarto y principios del quinto. El candidato, acompañado por un padrino, anuncia su deseo, normalmente a un diácono, que informa al obispo o presbítero. Se investiga el fundamento de su deseo, siendo ipso facto excluidas personas de ciertas ocupaciones dudosas o pecaminosas, a menos que las abandonen. Si el candidato es aceptable recibe una instrucción preliminar y es luego puesto aparte mediante el signo de la cruz, la imposición de manos y (en el oeste) la sal bendecida, como catecúmeno. Durante un tiempo no recibe instrucción especial, compartiendo la que toda la congregación tiene en la missa catechumenorum, aunque saliendo antes de la parte posterior y más solemne de la liturgia. Tras dos (o tres) años, puede solicitar el bautismo; entra en la clase de los competentes y su nombre se inscribe en la lista de la Iglesia. La preparación inmediata incluye instrucciones especiales, usualmente dadas por el obispo; ciertas ceremonias, especialmente de exorcismo, que muestran la influencia de los misterios paganos y finalmente la traditio symboli, o institución en las palabras precisas del credo bautismal, cuyo sentido general ya le era conocido. Tras aprenderlo y repetirlo se le enseñan las palabras del Padrenuestro, que han sido desconocidas para él hasta entonces por la arcani disciplina. La recitación del credo como acto solemne y la renuncia final del paganismo acompañan el acto del bautismo, que usualmente tenía lugar en la noche antes de Pascua. Durante la semana siguiente el neófito recibe más instrucción y el domingo siguiente, vistiendo todavía su indumentaria bautismal blanca, toma su lugar entre la congregación como cristiano bautizado y se une en la recitación de la oración del Señor, la oración de los hijos de Dios. En cuanto a la materia contenida en la instrucción al catecúmeno en este período hay más información procedente de Agustín en el oeste y de Cirilo de Jerusalén en el este.
Declive del catecumenado.
El declive de la institución se produjo por el constante incremento del número de aquellos que querían pertenecer a la Iglesia. Un exhaustivo examen de todos era imposible; la instrucción preliminar se fue abandonando gradualmente y el catecumenado quedó reducido a la preparación inmediata para el bautismo. La práctica creciente del bautismo de niños terminó con el procedimiento, ya que no había lugar para su instrucción. No obstante, todavía quedó algo del antiguo procedimiento.
Supervivencias rituales.
El lunes tras el tercer domingo de Cuaresma se anunciaba a los presentes los niños que serían bautizados en Pascua. El miércoles siguiente sus padrinos los llevaban a la iglesia, donde quedaban registrados sus nombres. Las ceremonias de signarles con la cruz, imponerles las manos, exorcizarlos, darles la sal y una oración final los hacían catecúmenos. Se decían siete misas en los días subsiguientes, cinco de ellas conteniendo ceremonias similares, mientras que las dos últimas eran especialmente solemnes. La sexta contenía la "apertura de los oídos", un recuerdo de la antigua traditio symboli; el libro de los evangelios se llevaba en procesión hasta el altar y se leía un corto extracto de cada evagelio, tras lo cual se le daba el credo a los candidatos y un acólito llevaba adelante a dos niños, un niño y una niña, y recitaba el credo por ellos (la antigua redditio symboli); con la subsecuente comunicación del Padrenuestro iban usualmente relacionadas exposiciones cortas de cada cláusula. El último "escrutinio" tenía lugar el día antes de Pascua, siguiéndose el mismo orden, pero más solemne y formalmente, teniendo lugar el bautismo en el tiempo tradicional.
Al pasar el tiempo no quedó nada de las instituciones originales del catecumenado salvo las ceremonias externas, condensándose más y más, hasta que formaron un solo rito que desembocaba en el bautismo, que venía tras ellas. En el Ordo baptismi del ritual romano todavía se puede trazar sin dificultades el orden de las antiguas preparaciones para el bautismo, no quedando pocos restos del mismo en las ceremonias bautismales protestantes.
Una supervivencia muy interesante del antiguo catecumenado se encuentra en la obra armenia encontrada entre los modernos paulicianos, traducida y editada por F. C. Conybeare (The Key of Truth: A Manual of the Paulician Church of Armenia, Oxford, 1898), que el autor considera haber sido escrita no más tarde que en el siglo noveno y representa una forma casi primitiva del cristianismo oriental. Es algo adopcionista en su cristología y drástica en su oposición al bautismo de niños. Proporciona una consagración solemne del niño de padres cristianos por el ministro a los siete días de su nacimiento, la preparación cuidadosa por los padres y la Iglesia hasta que alcanza la madurez, la prueba exhaustiva de los candidatos para el bautismo en la vida y en el conocimiento de la doctrina y la moral cristiana y la administración del bautismo con considerable ceremonia a aquellos que han cumplido todas las condiciones y llegado a la edad en la que Cristo fue bautizado. Al final se proporciona un breve catecismo, que abarca los puntos de doctrina en los que los catecúmenos deben fundarse.