Historia

CATENÆ

El término catena, "cadena" (plural catenæ), designa un comentario sobre las Sagradas Escrituras elaborado al poner juntos cortos extractos de los Padres y otros escritores antiguos. Este esquema de construcción fue sugerido por la acumulación de materiales exegéticos, empleado tanto por Orígenes y su escuela como por los teólogos de Antioquía en el tercer y cuarto siglo.

Origen.
El motivo principal que impulsó a estudiosos posteriores a recoger y examinar las antiguas declaraciones fue dogmático. Tras la conversión de Constantino, la Iglesia quiso ordenar en forma sistemática y clara los resultados del previo trabajo teológico y subrayar la relación del pasado con el presente. Para este propósito tocante a la doctrina los decretos de los concilios ecuménicos respondieron admirablemente; pero no era tan fácil obtener el mismo resultado en la exposición de la Escritura. El problema era presentar los resultados alcanzados por los comentadores reconocidos en proposiciones que tuvieran una unidad de esquema y una autoridad admitida. Los principios de su solución se establecen en el canon 19 del concilio Quinisexto (segundo de Trullo): Que la Sagrada Escritura es la norma de la verdad, que los límites de la doctrina ya fijada y las tradiciones de los Padres no han de ser transgredidos y que si surge cualquier cuestión sobre la Escritura, ha de ser expuesta en no otra manera que como los grandes maestros del pasado han establecido en sus obras. La exposición de la Escritura quedó de esta forma firmemente asociada a la doctrina ortodoxa reconocida. El segundo canon del mismo concilio había citado algunas de las "luces y doctores" que habían de ser seguidos y el primer canon avisaba contra todos los herejes, no solamente contra Arrio, Macedonio, Apolinar y Nestorio, sino también contra Teodoro de Mopsuestia, Orígenes, Dídimo, Evagrio y Teodoreto. Sin embargo, fue imposible llevar a cabo esos principios estrictamente. Los escritos de los autores sospechosos de herejía ofrecían material demasiado valioso para ser pasado por alto y era imposible llegar a una unidad de resultados en una antología de esta clase sin hacer violencia a la individualidad de los autores y dañar su autoridad, por lo que nada pudo hacerse sino poner junto lo que fue seleccionado.

Significado del término.
De esta manera surgieron las colecciones de extractos que son tan características de la teología bizantina, cubriendo todos los libros de la Biblia (especialmente Génesis, Job, Salmos, Cantares, Isaías, Mateo y Juan) por extractos de los comentadores patrísticos y estableciendo un modelo de método que fue ampliamente seguido en el oeste y en los comentadores medievales. Esas colecciones se conocen usualmente como catenæ (seirai). El origen del nombre es oscuro, pero su significado es claro. Se refiere a las colecciones de material colocado junto en una relación puramente externa pero visible y ensartado en el hilo del texto. Originalmente pudo haber un significado místico asociado a ello. Igual que la cadena hermética de los neoplatónicos posteriores simbolizaba la conjunción armoniosa de los transmisores de la sabiduría al mundo, unida una mano a otra mano desde los tiempos antiguos a los posteriores, así la línea de los Padres trasmitía las disposiciones aprobadas de la única Iglesia verdadera.

Fuentes.
Los primeros compiladores no tenían frases fijas para describir su proceso, pero sus extensos títulos dan una idea del plan expuesto. Recopilaron su material según la máxima de Séneca, Quod verum est, meum est ("Lo que es verdad es mío"). La forma en la que se manejaba la propiedad literaria en el mundo antiguo permitía no sólo la apropiación directa de la obra de otra persona, sino la mayor libertad para adaptar lo que produjo y que el prestatario había tomado. La retención de los nombres de los autores originales aquí es una evidencia del peso asociado a su testimonio como expositores autoritativos; donde el compilador añade comentarios propios, usualmente distingue sus adiciones. Hay una gran variedad en la manera de reproducción y en la extensión del material incluido. En la catena de Posino sobre Mateo tenemos un ejemplo elaborado sobre las líneas exactas establecidas por el concilio Quinisexto, un mosaico de citaciones verbales de comentarios u otros escritos de los Padres ortodoxos. Donde el compilador, como Nicetas de Serræ, añade reflexiones propias, generalmente las pone a la cabeza del grupo de citas que siguen a una sección nueva del texto. Donde adaptaba y condensaba, bien guardaba el orden de la serie o bien trabajaba sobre todo el material que había acumulado sin hacer divisiones para los autores separados. Esta es la forma adoptada por Procopio, Ecumenio y Teofilacto, que enfatizan al mismo tiempo el hecho de que no son creadores sino transmisores. No hay una clara línea divisoria entre esta clase de catena y el comentario bizantino, pues para éste la tradición patrística es también la norma, aunque las fuentes no están indicadas en el margen, como sucede usualmente en las catenæ, procediendo la exposición sin ruptura.

Valor.
El valor de las catenæ se mide por su juicio al seleccionar y su habilidad para combinar el material recogido. La dificultad de elegir se incrementa por las limitaciones dogmáticas, que están a veces en conflicto inevitable con el interés erudito. Por ejemplo, Orígenes, el primer gran crítico y comentador cristiano, fue de inestimable valor para la exégesis y para las catenæ del Antiguo Testamento. Tanto Filón, que había sido estudiado por todos los teólogos desde Orígenes en adelante, como Josefo fueron autoridades de gran valor. Se alcanzó un compromiso en el principio (todavía seguido por los comentadores católicos) de Cirilo de Alejandría: "No necesitamos evitar o cuestionar todo lo que los herejes han dicho, pues confiesan muchas cosas que nosotros también confesamos." Otra dificultad se encuentra en las, ocasionalmente, exposiciones conflictivas; su diversidad la consideró Drungario, con referencia a la oscuridad del texto, providencial. Él se contenta con colocar las diferentes traducciones y explicaciones de Isaías una al lado de otra, dejando al lector que forme su propio juicio.

Método.
El método más simple para hacer una catena era seguir una autoridad principal, a cuya exposición se añadían escolios más cortos de otras fuentes. De este modo Crisóstomo es la principal fuente en la catena de Posino sobre Mateo, así como en los comentarios del evangelio de Eutimio y Teofilacto, aunque todos ellos difieren en las adiciones que hacen a lo que han tomado de él. Otras catenæ son indiscriminadas antologías, no prefiriéndose ninguna autoridad. De esta clase son las de Procopio y Nicetas, la mayoría de ellas sobre las epístolas.

Forma.
La forma externa de las catenæ difirió según su extensión. Donde no era demasiado extenso, el texto se ponía en mitad de la página, rodeado por la exposición, usualmente en caracteres más pequeños, algunas veces incluso en taquigrafía. Los nombres de las autoridades están a veces en el margen y otras en el cuerpo de la exposición, como una norma abreviada. Ocasionalmente hay signos diacríticos que muestran la relación entre el texto y el comentario. Si la catena es demasiado extensa para este arreglo, las secciones del texto van seguidas por el comentario, en párrafos separados, con los nombres de los autores en el margen o escritos sin una pausa. Los manuscritos, de los cuales pocos van más allá del siglo décimo, difieren mucho en ejecución. Algunos son de admirable composición, con ilustraciones; otros son copias sencillas para estudiantes, con huellas de largo uso y algunos parecen haber sido realizados apresurada y descuidadamente para suplir las demandas. Además de los comentarios, las catenæ contienen una buena porción de material introductorio o ilustrativo. Por ejemplo, los evangelios van frecuentemente introducidos por los cánones de Eusebio y su epístola a Carpiano, así como por argumentos y biografías de los evangelistas; las epístolas paulinas tienen una biografía de Pablo, una lista de sus viajes y un relato de su martirio.

Catenæ anteriores al siglo XIV.
Si se pueden trazar los comienzos de la elaboración de las catenæ hasta el período patrístico es imposible afirmarlo con certeza, aunque no parece improbable. Según Eusebio la obra de los teólogos en gran medida tomó la dirección de codificar y criticar lo que había sido transmitido. Pero Procopio († 528) es el primero que puede demostrarse que hizo catenæ. El valor de su obra, que descansa no sólo sobre los Padres desde el siglo tercero al quinto, sino sobre Josefo y Filón y sobre algunos de los maestros antes de Orígenes, le dio una posición que hizo época. De la forma en la que habla de su objetivo en los prefacios a Génesis e Isaías, podemos conjeturar que no era un imitador de otros sino un creador en esta línea. Otras extensas catenæ las compilaron Andrés el presbítero (siglo séptimo al décimo), Johannes Drungario (siglo décimo), Miguel Psellus y Nicetas, obispo de Serræ, posterior metropolitano de Heraclea en Tracia (siglo XI), Nicolaus Muzalon y Neophytus Eucleistus (siglo doce) y Macario Chrysocephalus (siglo catorce). A ellos se pueden añadir no sólo los comentarios ordenados más o menos en estilo de catena, aunque sin citar nombres de autoridades: Ecumenio, de cuya fecha y personalidad no se sabe nada cierto, aunque probablemente fue contemporáneo de Aretas de Capadocia y los comentarios al evangelio de Teofilacto y Eutimio, compuestos bajo los Comnenos. Sin embargo, hay un gran número de catenæ anónimas, siendo este hecho sorprendente, ya que los teólogos bizantinos no eran dados a esconder su luz bajo el almud. Se puede explicar posiblemente por la teoría de que esas catenæ fueron producidas no por un hombre sino por un grupo de colaboradores. Sus fechas son muy difíciles de determinar; la manera más segura de llegar a conclusiones sobre este punto es examinar sus relaciones con aquellas fechas que conocemos, lo que requiere una buena dosis de más investigación.

Catenæ medievales.
La forma de catena dejó una huella de modelo sobre la exégesis medieval en el oeste, que también imitó el espíritu en el que los compiladores orientales hacían su obra. Aquí también el propósito era preservar la tradición de la Iglesia en un ordenamiento uniforme de exposición escritural, "para que la línea de interpretación profética y apostólica pudiera seguir la norma del sentido eclesiástico católico" (Vicente de Lérins). Las principales fuentes fueron Ambrosio, Hilario, Agustín y Jerónimo; se citan menos frecuentemente a los Padres griegos, tales como Orígenes, Crisóstomo y Cirilo de Alejandría. Los prototipos de la catena medieval se pueden apreciar en las exposiciones de Casiodoro e Isidoro de Sevilla. En el periodo carolingio los numerosos comentarios de Beda ejercieron una decisiva influencia. Él sabía griego y muestra entendimiento hacia la crítica textual, pero no fue una individualidad exegética. Recopila sus fragmentos de exposición principalmente de Jerónimo, Ambrosio, Agustín y Gregorio y pone su principal énfasis en la explicación edificante del sentido moral y místico. En esta tendencia le siguieron Alcuino, Rabán Mauro, Walafrido Estrabón, Dietrich de Hersfeld, Haimo y Remigio de Auxerre, todos ellos menos cuidadosos en la reproducción de sus fuentes que Beda, para quien es un asunto de principios designar claramente la propiedad intelectual de sus autoridades. Entre los comentadores posteriores de la catena una influencia especial la ejerció Pedro Lombardo sobre las epístolas paulinas, que no pretende indicar fuentes, y la Catena Aurea de Tomás de Aquino sobre los evangelios, donde hace uso de algunos de los Padres griegos, así como de Agustín, Jerónimo, Rabán y Remigio. También deben mencionarse las "glosas", la Glossa ordinaria de Walafrido Estrabón, la Glossa interlinealis de Anselmo de Laon (1110) y la Postillæ perpetuæ de Nicolás de Lira (1340).

Catenæ post-Reforma.
Esas obras desembocaron en las colecciones exegéticas que se realizaron después de la Reforma y bajo su influencia. La posición expositiva era diferente, pero el método de compilación siguió siendo el mismo. O bien proporcionaban las observaciones de ciertos expositores selectos uno al lado del otro sin cambio, o hacían grupos de extractos en un número tan largo como fuera posible. Ejemplos del primer método son la Biblia magna de De la Haye (París, 1643), la Biblia maxima (ib. 1660), la Annotations upon all the Books of the Old and New Testament (Londres, 1645) y la Critici sacri editada por J. Pearson y otros (ib. 1660). La segunda clase está representada por la obra de Matthew Pole, Synopsis criticorum aliorumque scripturæ sacræ interpretum et commentatorum (Londres, 1669), que contiene los más variados extractos de más de 80 teólogos de todas las épocas y creencias, incluyendo judíos. Los expositores católicos, tales como Cornelius a Lapide, Estius y Calmet, siguieron las líneas establecidas por las antiguas catenæ, que, sin embargo, con su servilismo falto de crítica hacia una tradición presuntamente autoritativa, son bastante inferiores.