Historia

CATEQUESIS

Pastor enseñando el catecismo a los niños. Ceremonias y costumbres de todos los pueblos del mundo, de B. Picart. Ámsterdam, 1733
Pastor enseñando el catecismo a los niños.
Ceremonias y costumbres de todos los pueblos
del mundo, de B. Picart. Ámsterdam, 1733
Origen y significado del término
La educación que la Iglesia imparte a sus miembros inmaduros por sus siervos escogidos y la teoría de esta educación se denominan catequesis. La palabra griega katechein significa literalmente "sonar hacia abajo". Hipócrates relacionándola con el acusativo de la persona, la interpretó como la instrucción oral que el médico imparte al profano sobre la naturaleza y tratamiento de la enfermedad. Luciano aplicó la palabra en un sentido similar a la relación del poeta dramático con su audiencia. De este modo gradualmente llegó a denotar la elaboración de una comunicación oral a otro (21 y se les ha contado acerca de ti, que enseñas a todos los judíos entre los gentiles que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones. 24 tómalos y purifícate junto con ellos, y paga sus gastos para q[…]Hechos 21:21,24) o la instrucción de otro. Se usa en el sentido de instrucción religiosa en para que sepas la verdad precisa acerca de las cosas que te han sido enseñadas.[…]Lucas 1:4; Este había sido instruido en el camino del Señor, y siendo ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba con exactitud las cosas referentes a Jesús, aunque sólo conocía el bautismo de Juan.[…]Hechos 18:25; y conoces su voluntad; que apruebas las cosas que son esenciales, siendo instruido por la ley,[…]Romanos 2:18; sin embargo, en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para instruir también a otros, antes que diez mil palabras en lenguas.[…]1 Corintios 14:19; Y al que se le enseña la palabra, que comparta toda cosa buena con el que le enseña.[…]Gálatas 6:6. En el uso eclesiástico significó la preparación de adultos para el bautismo. Aquí la instrucción fue el principal pero no el único factor; el corazón, la voluntad y la conducta debían ser influenciados. La palabra catequesis, por tanto, propiamente cubre toda la preparación dada por la Iglesia a sus miembros. Se distingue de la pedagogía cristiana porque proporciona sólo un conocimiento elemental de la verdad cristiana, mientras que la pedagogía desemboca en un conocimiento detallado y científico.

En la antigua Iglesia la educación eclesiástica comenzaba tan pronto como un pagano anunciaba su disposición a ser recibido en la Iglesia. Entonces era recibido entre los catecúmenos y llevaba el nombre de cristiano. No obstante, la educación cristiana concierne no sólo primariamente con los paganos, sino con los hijos de los cristianos.

Ideas divergentes del objeto de la catequesis.
Es difícil definir el propósito de la educación eclesiástica. No puede ser intelectual solamente, pues la catequesis lleva a una formación cristiana de la voluntad y la conducta. Tampoco es meramente inculcar la obediencia a las enseñanzas y mandamientos de la Iglesia, pues la catequesis se propone guiar a una convicción personal. Algunos han considerado la cualificación para la Cena como su propósito, pero esta definición se queda corta, pues ¿quién está realmente cualificado para la Cena? Otros estiman la fe como el propósito de la educación cristiana, pero los hijos de padres cristianos no pueden ser contemplados totalmente como incrédulos. Proceden de un ambiente cristiano y poseen ya una cierta conciencia de fe en Dios como Salvador; la educación eclesiástica ha de confirmar más bien esta fe implícita y desarrollarla en la convicción y conducta cristiana. Esta fe es la presuposición de la educación eclesiástica, pero no su objetivo. En cuanto a lo que realmente es, la Escritura no da una respuesta definida; sin embargo, la distinción entre cristianos inmaduros y maduros (Así que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.[…]1 Corintios 3:1; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;[…]Efesios 4:13; Pues aunque ya debierais ser maestros, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y habéis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido.[…]Hebreos 5:12) ayuda a una solución del problema. Hay una fe infantil en el Señor que es todavía ignorante y vacilante y hay una fe de adulto que ha obtenido un conocimiento de la verdad cristiana y una cierta perfección en la conducta cristiana.

Propósito auténtico de la catequesis.
Cualquiera que de su propia voluntad y sobre la base de su fe busca comunión con Cristo en los medios de gracia y en la oración es maduro, existiendo la educación eclesiástica con el propósito de lograr esa madurez. Es evidente que no hay una edad definida que pueda establecerse para tal obtención, porque la fe y conducta cristiana están basadas sobre la libertad moral. La madurez depende totalmente del individuo y no puede darse por hecha porque el corazón no se puede leer. Se puede considerar madura a la persona que posee un conocimiento suficiente de la verdad cristiana y que promete llevar una vida cristiana. Por tanto, la madurez es más que una cualificación para la recepción de la Cena, pues un niño de diez años puede tener la fe y el conocimiento necesarios para recibirla, pero no es maduro. La educación eclesiástica continuada seguirá con la comunión cristiana en la familia y en la iglesia; pero ya que esto, bajo las condiciones de la vida moderna, no siempre es aplicable, los teólogos usualmente establecen la necesidad de instituciones especiales cuya obra educativa continuará hasta la obtención de la madurez.

Métodos de catequesis.
La instrucción es el principal aunque no el único medio de la educación. La instrucción religiosa es primero y principalmente instrucción del corazón, cuyo propósito es llevar al conocimiento de Dios. Pero este conocimiento está basado en una experiencia interior y esa experiencia tiene su fundamento en la observación. Dios se ha revelado en la naturaleza, pero más completamente en la vida espiritual. Ésta, manifestada en Cristo, es la perfecta revelación de Dios y como el registro de esta vida se encuentra en la Sagrada Escritura, la Biblia es el principal libro de instrucción. Debido a la riqueza de material contenido, se ha considerado aconsejable condensar y seleccionar ciertos relatos especialmente adaptados para los jóvenes, sin prestar particular atención a sus relaciones en conjunto. De este libro de relatos el alumno es gradualmente llevado a la Biblia misma. Ha de memorizar ciertos pasajes y leer diferentes porciones para penetrar en su espíritu y obtener práctica en su uso. Los evangelios, algunas secciones del Antiguo Testamento y los Salmos están mejor adaptadas para este propósito. Otra fuente de material para la instrucción religiosa se encuentra en los himnos de la Iglesia, que despiertan el sentimiento religioso y capacitan al candidato para participar inteligentemente en la adoración pública. Una vez que el alumno ha adquirido ciertas verdades religiosas de las selecciones o de la Biblia misma, es posible presentar esas verdades en su forma más concisa y en su relación. Ello es necesario para dar al alumno una clara percepción de las verdades cristianas y para fortalecer su convicción. Tal epítome se da en el catecismo. La parte del mismo de uso más largo es el Credo de los Apóstoles, seguido del Padrenuestro, añadiéndose en la Edad Media el Decálogo como base de instrucción, para dar un entendimiento propio del pecado. Esos tres artículos forman las principales porciones del catecismo evangélico; de la ley el alumno aprende la enormidad de su pecado, en el credo profesa su fe en los medios de salvación y en el Padrenuestro expresa su anhelo por una conducta cristiana como discípulo de Cristo. Ya que el propósito inmediato de la instrucción religiosa es la participación en la Cena, la doctrina de esa ordenanza forma la cuarta división del catecismo. Este es el orden de los catecismos de la Reforma y aunque se le han hecho objeciones, no tienen fundamento.

Ya que el catequista ha de comunicar no sólo conocimiento, sino mover el corazón y la voluntad, la instrucción debe ser oral y personal. Ningún libro debería usarse en la instrucción religiosa salvo la Biblia en el tiempo fijado para leerla. Los relatos bíblicos, himnarios y catecismos son sólo ayudas que se han de usar en el hogar. Como a los niños les gusta escuchar relatos, el maestro debería comenzar su instrucción contándolos. Se han de usar principalmente versos de himnos, textos y respuestas del catecismo para ilustrar el relato bíblico. Ya que la atención del niño está cautiva sólo durante corto tiempo mediante la charla de un maestro, hay que retener su interés haciéndole preguntas. Hay una distinción entre instrucción analítica y sintética. En la instrucción analítica el material está a mano, como en el relato bíblico, la lectura bíblica y en los himnos, desarrollándose la verdad religiosa de ello. En la instrucción sintética sólo se da el tema, como en textos del catecismo y la Biblia, y el material tiene que recopilarse.

Aplicación práctica de la catequesis.
Ya que la educación religiosa se imparte al corazón así como a la mente, el cultivo del primero no es menos deber del catequista. Se han de realizar los ejercicios devocionales comunes, consistentes en el cántico de himnos, lectura de la Escritura y una oración espontánea por el maestro. Más aún, la observancia del domingo y la asistencia regular a los servicios de la iglesia deberían exigirse a los niños. Ya que los sermones de esos servicios no pueden ser captados suficientemente por los más jovencitos, han de prepararse servicios especiales para ellos. Con la práctica religiosa ha de ir de la mano la práctica moral. Se han de inculcar el orden, la diligencia, la modestia, la obediencia, la verdad y otras virtudes.

Aunque al alumno se le debe enseñar obediencia y respeto, el maestro no debería ser inmoderado e injusto en sus demandas ni irascible. Si muestra la menor parcialidad o injusticia, debilita su autoridad. La reprensión debería ir antes que el castigo, para que al maestro no se le acaben demasiado pronto sus recursos. Los alumnos más mayores deben ser ganados mediante exhortación privada cuando sea necesario y llevados a un autoexamen para que puedan encontrar la senda de la bondad por sí mismos.

Relación de la catequesis con la confirmación.
El cristianismo demanda una convicción y sentimiento moral definido. La Iglesia, por tanto, recibe como miembros sólo a aquellos que hacen su confesión de fe y prometen llevar una conducta cristiana. En la Iglesia antigua se hacía una profesión de fe y un voto antes del bautismo, viniendo tras ello la primera comunión. Cuando se generalizó el bautismo de niños se sintió la necesidad de obtener esta profesión y voto posteriormente, como parte preliminar de la primera comunión. De esta forma se originó el rito de la confirmación en determinadas iglesias protestantes. La confirmación no es una declaración de madurez. La fe de un niño puede ser de tal clase que le admita a la Cena, pero no todavía a una vida que pueda eximirlo de toda posterior ayuda religiosa. La profesión y el voto deben ser espontáneos, debiendo proceder de la propia decisión moral del candidato; por tanto, no se debe obligar al niño a la confirmación a una edad fijada. La costumbre de confirmar a los niños a la edad de catorce años ha desembocado en la insinceridad e hipocresía, lo cual la Iglesia detener tanto como sea posible, pudiendo en cierta extensión lograrse al subrayar el carácter puramente voluntario del acto y dejando un lapso de tiempo entre el examen en el conocimiento religioso y la profesión de fe.

Si los confirmados son todavía inmaduros en el sentido religioso, su educación debe continuar. Los antiguos pastores luteranos y reformados exigían que los niños continuaran participando, incluso tras su primera comunión, en la instrucción regular catequética de la iglesia hasta que tuvieran dieciocho años o hasta que se casaran. Esa costumbre desapareció en el siglo XIX, porque se consideró que los niños confirmados eran maduros, lo cual fue un grave error en vista de la disminución de la influencia familiar y la observancia del domingo, siendo la reforma de esas condiciones una urgente necesidad de la Iglesia actual.