Historia
CATÓLICA APOSTÓLICA, IGLESIA

En 1828 unos cincuenta hombres, algunos clérigos y otros laicos, pero principalmente de la Iglesia de Inglaterra, se reunieron en la casa de Henry Drummond en Albury, West Surrey, para el estudio de las Escrituras proféticas. Los asuntos considerados estaban relacionados con el regreso de Cristo y la actividad presente del Espíritu en la Iglesia. En febrero de 1830 algunos miembros de una familia presbiteriana que vivían cerca de Glasgow comenzaron a hablar en lo que ellos creían ser declaraciones sobrenaturales. Afirmaban que sus órganos del habla eran usados por el Espíritu de Dios para expresar la mente y voluntad divina. Alguien que tuvo conocimiento íntimo de los que así hablaban afirmó que el asunto de los dones espirituales no ocupaba toda su atención; mucho menos pensaban o esperaban en su restauración. Esas declaraciones, tanto desde el carácter religioso de quienes las hablaban y de su propia naturaleza intrínseca, despertaron gran atención en toda la región alrededor y llegaron al conocimiento de ciertas personas en Londres, algunas de las cuales habían asistido a las conferencias en Albury, por lo que se envió una diputación a Escocia en julio para investigar los hechos y asegurarse de si las declaraciones eran del Espíritu o no. Regresaron plenamente convencidos de que eran divinas. En mayo de 1831 se oyeron declaraciones semejantes en Londres, la primera en una congregación de la Iglesia de Inglaterra. El obispo, al ser informado, las prohibió, porque interferían en el servicio. Su ocurrencia en varias congregaciones disidentes produjo similares prohibiciones, lo que desembocó en que los pronunciamientos se hicieron principalmente en la iglesia de Edward Irving, que creía en su origen divino. Pero no quedaron restringidas a Londres. En Bristol y otros lugares apareció el mismo fenómeno espiritual. De esas declaraciones una de las más antiguas fue: "He aquí llega el esposo. Salid a recibirlo" y otra repetía con frecuencia "El cuerpo de Cristo."

Al principio no se entendió el significado de todo esto, pero gradualmente se interpretó que Cristo no podía regresar hasta que se hubiera hecho la debida preparación espiritual en la Iglesia, la cual sólo podía ser efectuada a través del Espíritu trabajando en todos los ministerios y ordenanzas designados por Dios. También se dio a conocer que su propósito era restaurar el ministerio apostólico, siendo designados doce hombres como tales por el Espíritu que hablaba a través de los profetas. El primero fue nombrado en 1832; pero no fue hasta 1835 que el número quedó completado, siendo apartados en una ceremonia solemne para esa obra como colegio apostólico. Los apóstoles fueron J. B. Cardale, H. Drummond, H. King-Church, S. Perceval, N. Armstrong, F. V. Woodhouse, H. Dalton, J. O. Tudor, T. Carlyle, F. Sitwell, W. Dow y D. Mackenzie. El siguiente relato sobre sus antecedentes lo dio alguien que los conoció personalmente:
'Clasificados por su posición religiosa ocho de ellos eran miembros de la Iglesia de Inglaterra; tres de la Iglesia de Escocia y uno de los independientes. Clasificados por sus ocupaciones y posiciones sociales tres eran clérigos, tres miembros de la abogacía, tres pertenecían a la pequeña nobleza, dos eran miembros del parlamento y de los tres restantes uno era artista, otro comerciante y el otro guardián de la Torre. Algunos de ellos eran de la posición social y política más elevada, algunos eran de gran capacidad como eruditos y teólogos y todos hombres de carácter intachable, sólidos en la fe y celo abundante en todas las tareas cristianas.'
Doctrinas.
En esos documentos, los apóstoles testificaban de cosas tales como: que la Iglesia es la compañía de los bautizados, el cuerpo de Cristo, y constituida por Dios en sabiduría infinita para que la Cabeza en el cielo pueda manifestarse a través de ella en palabra y hecho; que esta constitución es permanente, teniendo un cuádruple ministerio: apóstoles, profetas, evangelistas y pastores; que sus ministerios estaban adaptados a la constitución mental y espiritual del hombre; que todos eran necesarios para que la Cabeza pudiera llevar a cabo su obra y perfeccionar a sus santos; que sólo la Cabeza podía designar a sus ministros; que los apóstoles escogidos por él eran sus representantes; que el lazo de unidad tenía jurisdicción universal; que los profetas hablando por el Espíritu Santo eran medios de iluminación de Dios para los apóstoles; que los evangelistas habían de predicar a los que estaban fuera de la Iglesia, trayéndolos al bautismo y luego llevándolos al pastor; que el ministerio pastoral abarca obispos, sacerdotes y diáconos; que la retención por parte de la Iglesia de únicamente el ministerio pastoral es una muestra de la desviación de los caminos de Dios y que esa desviación finalmente desemboca en la apostasía y el hombre de pecado predicho por Pablo. Los adherentes de este movimiento señalan a las congregaciones apostólicas como las verdaderas credenciales de los apóstoles: su fe en las Escrituras, orden, obediencia, adoración, calma y paciente espera en el Señor y en su espíritu católico.
Congregaciones y adoración.
La reunión de esas congregaciones es de necesidad, no de elección, pues de otra manera el orden divino en el ministerio de adoración no se puede manifestar. Su relación con los miembros de la Iglesia en general se define de esta manera: "No somos separatistas ni cismáticos. No nos reunimos y distinguimos de otros en una actitud hostil o agresiva. La Cabeza no está erigiendo nuevos altares, sino reconstruyendo el que ha decaído." La liturgia usada no era una mera compilación de liturgias existentes, sino que estaba basada en el ritual mosaico, siendo su antitipo y cumplimiento espiritual. En la adoración se mantenían los tres grandes credos de la Iglesia, el de los apóstoles, el niceno y el atanasiano. En todas las congregaciones suficientemente grandes la adoración se fija diariamente a las seis de la mañana y a las cinco de la tarde, las horas iniciales matutina y vespertina del día. La eucaristía es el principal servicio cada domingo y en otras ocasiones señaladas. Los ministros de cada iglesia local plenamente organizada son un pastor principal, o ángel, u obispo, y bajo él sacerdotes y diáconos. Todos los miembros dan sus diezmos obligatoriamente y ofrendas voluntarias.
Esta organización repudia el título "irvingianos" por el que es generalmente conocida. En los primeros días del movimiento hubo no poca incertidumbre por el ordenamiento final de los oficios y los celos entre los diferentes rangos. En 1839 Cardale fue llamado de su segunda misión en el exterior para solventar las diferencias que habían surgido a causa de las afirmaciones de los ancianos, que eran apoyadas por los profetas, en cuanto a una voz en el gobierno de la Iglesia. El apostolado logró suprimir esta revuelta y para evitar cualquier recrudecimiento de la misma no se convocó el concilio general de nuevo, reviviendo sólo en 1877 en la forma de una conferencia de los siete ángeles de Londres bajo la presidencia del apóstol. En la misma crisis (1840) se estableció el principio de que la pureza de la doctrina de los profetas debía estar atestiguada por los apóstoles, indicando de esta manera la superioridad del oficio apostólico. El mismo año marca el comienzo de otro cambio importante. Los apóstoles que habían estado viajando por el continente habían entrado en contacto con el catolicismo romano, siendo el resultado la asimilación definitiva del título "Iglesia católica apostólica" como fue entonces denominada. Toda huella de tradición presbiteriana escocesa o no conformismo inglés quedó gradualmente erradicada. Se construyeron altares separados del conjunto de la iglesia por una verja, en la que los comulgantes se arrodillaban. Al pueblo se le enseñó a estimar la eucaristía como un sacrificio de alabanza y acción de gracias en el que los elementos, cambiados por el Espíritu Santo en el cuerpo y sangre de Cristo, eran ofrecidos a Dios en conmemoración de su muerte. La misma tendencia apareció en la liturgia introducida en 1842 y elaborada principalmente por Cardale, que regresaba a antiguas formas orientales y occidentales. La indumentaria eucarística se adoptó prácticamente como en la Iglesia católica; la extremaunción se introdujo en 1847; desde 1850 los elementos consagrados quedaron reservados en un sagrario, siendo expuestos cada mañana y tarde (en analogía al pan de la proposición), no como gesto de adoración sino para garantizar al pueblo la presencia de Cristo y su intercesión. En 1852 se añadió el uso de velas e incienso en el altar y en 1868 el agua bendita. La ceremonia más original es el "sellado" que fue introducida en 1847 por impulso de Cardale; con referencia a diciendo: No hagáis daño, ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente a los siervos de nuestro Dios.[…]Apocalipsis 7:3 y sig., se enseñó que los que habían sido salvos debían ser sellados para escapar de la gran tribulación, lo que fue hecho por los apóstoles con la imposición de manos y la unción; los candidatos debían tener al menos veinte años.
El resultado de las discordias que siguieron a esas innovaciones, de la defección del apóstol Mackenzie y del fracaso de la profecía para fijar la fecha exacta del regreso de Cristo, contribuyeron a la disminución del número de miembros, que en 1851 era de algo más de cuatro mil con 32 iglesias, un declive desde los días del primer entusiasmo. Pero el movimiento ya se había esparcido a otros países. En 1835-36 echó raíces en Ginebra; en 1841 Caird (marido de Mary Campbell, una de las defensoras originales del don de lenguas) hizo propaganda en Alemania meridional y todavía más celosamente en Alemania septentrional la efectuó el apóstol Thomas Carlyle, que estableció la adoración pública en Berlín en 1848. Sin embargo, aparte de Holanda hubo poco progreso en otros países. Surgieron las dudas a la muerte de un apóstol tras otro y en 1860, en una reunión del colegio apostólico en Albury, el profeta Geyer pidió la elevación de los evangelistas Böhm y Caird al oficio apostólico. Estos dos y en 1870 algunos otros fueron reconocidos como apóstoles coadjutores. Geyer no quedó satisfecho y en 1861, estando en Königsberg con Woodhouse, proclamó el llamamiento del evangelista local Rogasatzki al apostolado. Éste lo aceptó, lo que provocó un cisma. En 1863 Geyer mismo fue llamado y diez meses más tarde un tal Schwartz, especialmente para Holanda; sobre la suposición de que debe haber siempre doce apóstoles, hubo seis en Hamburgo y tres en Ámsterdam en 1875. Woodhouse, el último apóstol inglés, murió en 1901. En la facción inglesa se le concedió cada vez menos importancia a la profecía y el tratado de Cardale, Prophesying and the Ministry of the Prophet in the Christian Church (1868) supuso su golpe final.