Historia

CELTA EN BRITANIA E IRLANDA, IGLESIA

Por Iglesia celta en Britania e Irlanda se quiere decir la Iglesia que existió en partes de Gran Bretaña e Irlanda antes de la misión de Agustín (597) y que por algún tiempo mantuvo su independencia con la ayuda de la nueva Iglesia anglo-romana. Comprende dos ramas, una en la Britania romana y una continuación de la misma en Gales, y la otra en Irlanda y Alba (Escocia).

Origen e historia antigua hasta c. 500

En Britania.

No hay un registro confiable sobre la introducción del cristianismo en Britania. Que la Iglesia británica en la primera mitad del siglo sexto no tuvo conocimiento o tradición del tiempo o modo se puede deducir del silencio de Gildas. El relato de Lucio se puede desechar totalmente como fabuloso. Los escritores extranjeros no proporcionan información más confiable que las fuentes nativas. El argumento de Warren de que la introducción del cristianismo en Britania procedió de las iglesias griegas en Lyón y Vienne a consecuencia de las persecuciones bajo Marco Aurelio no es convincente. Es más probable que el evangelio llegara a la isla por intercambios ordinarios con otros territorios, siendo los más verosímiles las tierras de la Galia y el bajo Rin. Si hubiera habido esfuerzos misioneros individuales u organizados la tradición habría preservado los nombres. Que el cristianismo estaba ampliamente esparcido en Britania a comienzos del siglo tercero difícilmente se puede inferir de las noticias en Tertuliano y Orígenes, que son demasiado retóricas para ser testimonios seguros. Sin embargo, parece cierto que se hizo mucho progreso durante el siglo tercero. Esto no descansa en la tradición del siglo sexto sobre los mártires en Britania durante la persecución de Diocleciano, que probablemente no tuvo una extensión notable en Britania, sino en el hecho de que tres obispos, un presbítero y un diácono de York, Lincoln [según otros Colchester o Carleonon-Usk] y Londres tomaron parte en el sínodo de Arlés en 316. Las ciudades de las que venían, así como las localidades asignadas para los martirios mencionados por Gildas (St. Albans, Carleon-on-Usk), muestran claramente que el cristianismo echó raíces primero en las ciudades y destacamentos de las vías romanas.

Mapa del cristianismo en las islas británicas hasta el siglo VIII
Mapa del cristianismo en las islas británicas hasta el siglo VIII

Herejías.
Hay registros suficientes para mostrar que durante el siglo cuarto existió una iglesia bien organizada en Britania que estuvo en constante relación con el resto de la Iglesia, particularmente en la Galia, considerándose a sí misma miembro activo de ella. Los obispos britanos asistieron al sínodo convocado en Ariminum (Rímini) por Constancio en 359, mostrando su presencia que su Iglesia se vio involucrada en disputas doctrinales generales. Gildas sostiene que fue muy dañada por el arrianismo (p. 32, ll. 20–25). Su testimonio lo contradicen Hilario de Poitiers (c. 358) y Atanasio (363). Pero ha de admitirse que las ideas arrianas hallaron aceptación en Britania durante la segunda mitad del siglo cuarto y que al irse desvaneciendo el poder romano a partir de entonces, es concebible que tales ideas puedan haber persistido y hallado expresión hasta el año 600, posiblemente en la fórmula bautismal (comp. F. C. Conybeare, The Character of the Heresy of the Early British Church, en Transactions of the Society of Cymmrodorion, 1897–98, páginas 84–117).

Predicación del cristianismo a los antiguos bretones
Predicación del cristianismo a los antiguos bretones
Es notorio que una biografía de Gildas escrita en el siglo XI, pero basada sobre materiales tomados del sexto, y una biografía de Patricio de la segunda mitad del siglo séptimo, subrayen la devoción a la Trinidad (Chronica minora, iii. 95, ll. 8–9; Vida Tripartita, ii. 273, ll. 12–13; 286, ll. 6–7); se dice que Gregorio Magno sospechó que Columba no era lo suficientemente sólido en doctrina. Es cierto que el pelagianismo apareció en Britania durante el siglo quinto. Germán, obispo de Auxerre, fue enviado enseguida en 429 y "derrotó a los herejes y dirigió a los britanos a la fe católica" (Próspero de Aquitania, Crónica, anno 429). Algunos años más tarde, en una segunda misión, terminó la extirpación del pelagianismo en la isla (Vita Germani, usada por Beda, i. 17, 21). Gildas, escribiendo un siglo más tarde, no menciona la herejía. Durante cien años tras la misión de Germán nada se sabe de la Iglesia en Britania. La tierra fue abandonada por los romanos y la conquista anglosajona hizo que el cristianismo desapareciera completamente del este. Con aquellos britanos que mantuvieron su independencia halló refugio en las montañas del oeste, de donde gradualmente salió al exterior en el siglo sexto.

En Irlanda.

Tradición nativa del origen.
Hay una tradición nativa sobre la introducción del cristianismo en Irlanda pudiéndose fechar los dos registros más antiguos no más allá del último cuarto del siglo séptimo. Son (1) la vida de Patricio, escrita por Muirchu Maccu-Machtheni, por deseo del obispo Aed de Sletty († 698) y (2) las colecciones de un tal Tirechan, discípulo de Ultan de Ardbrechan († 656), basadas en la información sobre Patricio que su maestro le había comunicado a él personalmente o había dejado en sus papeles. Ambos registros, con adiciones y ampliaciones, están en el Libro de Armagh (Liber Ardmachanus), cuyas diversas partes se escribieron entre 807 y 846. En resumen esta tradición nativa es como sigue: En 431 Irlanda era enteramente pagana. En ese año el papa Celestino I envió a un tal Paladio a predicar al pueblo, pero volvió y murió en Britania. Su lugar fue tomado (c. 432) por un britano, Patricio, quien en su juventud había estado prisionero en Irlanda. Evangelizó el país, fundó iglesias en todas partes, ordenó obispos y presbíteros y murió (459) universalmente reverenciado como cabeza de la Iglesia, en la que desempeñó una especie de rango metropolitano, con su sede en Armagh en Ulster.

Cruz celta
Cruz celta
Tradición desconfiable.
Pero todo va en contra de la autenticidad de esta tradición. (1) Presenta a Patricio como una personalidad comparable a Martín de Tours o Columba, el apóstol de los pictos; tales hombres no quedaron sin un biógrafo entre sus admiradores y asociados; su fama creció y se esparció en la siguiente generación, pero el nombre de Patricio no aparece hasta el segundo tercio del siglo séptimo y entonces es en la carta de Cummiano al abad Seghine de Iona, en relación con la introducción de la computación pascual de Dionisio (!), que se le atribuida a él. No se le menciona en todo el informe del sínodo de Whitby (664), aunque los argumentos eran históricos y los irlandeses se referían a las tradiciones de sus antecesores y a Columba (Beda, iii. 25). Beda debe haber estado bien informado sobre la Iglesia en el norte de Irlanda, siendo notorio su interés en los comienzos del cristianismo en las islas británicas; no obstante, no dice nada sobre Patricio en su Historia ecclesiastica. Parece imposible que pueda haber existido en el norte de Irlanda en el siglo séptimo una tradición de un fundador de la Iglesia irlandesa llamado Patricio. Y no obstante es en el norte (en Armagh) donde la tradición (cuyo primer informe procede del sur) presenta a Patricio con su sede y acabando sus días. (2) La tradición describe a la Iglesia irlandesa episcopal dependiente de la sede de Patricio en Armagh. Pero de hecho la iglesia de Columba y de Finnian de Clonard, es decir, de finales del siglo quinto, es una iglesia monástica sin organización central y sin huellas de tal pasado, como la tradición presupone. Cuán intensamente se aferraron los irlandeses a las costumbres de sus antepasados se aprecia en Whitby; hicieron falta 400 años para transformar esta iglesia monástica de los siglos sexto y séptimo, incluso después de la aceptación teórica de una constitución episcopal. Si, pues, se cambió tan fundamentalmente la organización en una generación, como debió ocurrir si la tradición es correcta, se necesita una explicación, pero no se presenta ninguna. (3) Hay buenas razones para creer que Irlanda no era totalmente pagana en 431. La isla es fácilmente accesible desde Britania y el intercambio activo, particularmente entre el suroeste de Britania y el sureste de Irlanda, existió ya en los siglos tercero y cuarto. Como se ha visto, hubo una Iglesia británica bien organizada en el siglo IV. Por tanto es natural asumir que el cristianismo fuera llevado a Irlanda desde Britania antes del tiempo asignado a Patricio y que la presuposición está corroborada por ciertas biografías de santos, particularmente las de Declan, Ailbe, Ibhar, Ciaran y Abban (ASB, July, v. 590–608; Sept, iv. 26–31; Apr, iii. 173; Mar, i. 389–399; Oct, xii. 270–293; comp. también Ussher, Antiquitates, edición de 1687, página 408 y sig.). En todas esas biografías figura Patricio como "arzobispo de Irlanda", pero esto se debe al tiempo de la redacción. Esos mismos hombres no sólo son contemporáneos de Patricio, sino contemporáneos más antiguos, independientes de él y reconocidos como apóstoles de sus distritos. Su localización es el sudeste, los territorios costeros de Wicklow, Wexford y Waterford y las regiones interiores de Kilkenny y Tipperary, donde los testimonios locales a su culto todavía sobreviven. Se puede hallar evidencia añadida en el hecho de que las dos biografías de Patricio, mencionadas antes, limitan su actividad al norte. La leyenda de Patricio se originó en el sur y fue impuesta en el norte desde el tiempo de la carta de Cummian, siendo el propósito ganar a los irlandeses septentrionales a la conformidad con la Iglesia de Roma. Pero esto solo no explica el silencio de las biografías sobre el sur. Debe ser que, aunque los meridionales estarían dispuestos a reconocer a Patricio teóricamente como apóstol del norte con su sede en Armagh, esperando por tanto derribar el soporte de la parte opositora, el obispo-abad de Armagh, las tradiciones en el sur sobre los fundadores de los monasterios fueron demasiado bien conocidas para admitir una descripción de Patricio como apóstol del sur. Un tercer testimonio es el hecho de que Irlanda cuidó la memoria del heresiarca Pelagio y estuvo familiarizada con sus escritos (comp. Beda, ii. 19). En los siglos séptimo, octavo y noveno la Iglesia irlandesa poseyó el comentario íntegro original de Pelagio (cuando ya había desaparecido en todas partes en el oeste) y sabía que Pelagio era el autor. Pelagio pudo haber sido un irlandés (comp. Jerónimo, en MPL, xxiv. 682a, 758b). Fue un sincero y profundo pensador y no adoptó ideas heréticas hasta que fue a Roma (c. 400). Su saber era grande y gratificaba naturalmente el orgullo de sus paisanos. Si vino de un monasterio de Irlanda sudoriental, es fácil entender cómo sus libros fueron llevados allí y cómo se preservaron. Pero, independientemente de cuál haya sido la nacionalidad de Pelagio, su celebridad en Irlanda es incompatible con la leyenda de Patricio. El pelagianismo fue aniquilado en el territorio romano por Honorio y Zósimo en 418. En 429 Germán lo combatió fructíferamente en Britania. Si, por tanto, Irlanda era totalmente pagana en 431 y Patricio cristianizó el país y organizó su Iglesia, debe haber llevado el pelagianismo allí, lo que es, por supuesto, absurdo. Pero si el sur ya era cristiano en el primer cuarto del siglo IV, es bastante comprensible cómo el pelagianismo se abrió paso en la isla. (4) Los hechos lingüísticos demuestran que el cristianismo llegó a Irlanda desde Britania. Las lenguas británica e irlandesa son celtas, pero ciertas diferencias de sonido se habían desarrollado en el siglo cuarto. Palabras eclesiásticas y otros préstamos, introducidos en irlandés del latín por la religión cristiana, muestran formas que difícilmente se explican si vienen directamente del latín, pero son bastante comprensibles si vienen por medio del británico (comp. Güterbock, Lateinische Lehnwörter im Irischen, página 91 y sig. Leipzig, 1882). Que Patricio era británico es cierto, pero se dice que había estudiado en el continente y sus asociados más estrechos son de origen romance (Vida Tripartita, ii. 273, 305). (5) Entre los escritos atribuidos al supuesto apóstol de Irlanda hay dos, la denominada "Confesión" y la "Epístola sobre Corotico", que son indudablemente auténticos. Son obra de un hombre "inculto y rústico, en ninguna manera como el que en tiempos posteriores ensalzaron a las más altas alabanzas", o de uno que pudo haber fundado en el siglo quinto la Iglesia irlandesa, una Iglesia en la que desde el siglo sexto al noveno el saber cristiano y clásico estuvo unido como en ninguna otra parte en el oeste. La "Confesión" es la obra de un hombre que repasa una larga vida, quejándose de ingratitud, intentando defenderse de los reproches por haber tomado un llamamiento por encima de sus capacidades y amenazando con dar su espalda a Irlanda, porque reconoce el fracaso de su obra allí. No hace la más mínima mención de haber sido consagrado obispo ni de haber establecido una sola iglesia en la isla. (6) Finalmente está la definitiva declaración de Próspero de Aquitania (Chron., anno 431) de que el papa Celestino "ordenó a Paladio y le envió como primer obispo a los creyentes irlandeses en Cristo." Próspero estuvo probablemente en Roma en 431 y publicó la primera edición de su "Crónica" que contiene la declaración citada, en 433. Por tanto aquí hay un registro, tan cierto y creíble como pueda ser, que confirma la suposición de que los irlandeses, en algún grado, ya eran cristianos en 431. El significado de la expresión de Próspero, "primer obispo", está claro, al tener en mente la organización de la Iglesia irlandesa. Paladio fue el primer obispo canónicamente ordenado según la idea de Próspero, en distinción a los obispos misioneros y monásticos de la Iglesia irlandesa durante el siglo quinto. En su posterior Liber contra collatorem (escrito probablemente hacia 437), en el curso de una efusiva eulogía de Celestino, Próspero señala que "mientras que él [Celestino] se propuso mantener a la isla romana [Britania] católica, también hizo a la isla bárbara (Irlanda) cristiana". Pero una declaración retórica de esta clase no empaña el valor de la cuidadosa mención en la "Crónica." Más aún, la suposición de que Celestino ordenó a un simple diácono, pues tal era Paladio hasta 431, como obispo de una tierra considerada totalmente pagana es en sí misma insostenible. No era costumbre consagrar "obispos" para tierras donde no hubiera cristianos. Agustín fue enviado por Gregorio para predicar a los anglos, pero no fue consagrado hasta que hubo ganado convertidos entre ellos.

El Paladio de Próspero es el mismo que Patricio.
Antes de intentar reconstruir la historia antigua del cristianismo en Irlanda, ha de hacerse notar que el Patricio histórico y el Paladio de Próspero son el mismo. Se pueden aducir varias razones: (1) Paladio fue desde Roma a los cristianos irlandeses en 431; Patricio aparece en Irlanda en 432. En vista de las dificultades del viaje en ese tiempo, es difícilmente concebible que dos personas diferentes fueran enviadas a Irlanda en el espacio de un año. (2) Paladio fue como obispo ordenado de los cristianos irlandeses; Patricio (en la primera frase de la "Epístola") se denomina a sí mismo con énfasis el obispo designado para Irlanda. (3) A Paladio lo menciona primero Próspero en el año 429, instigando la misión de Germán contra el pelagianismo, de lo que se puede inferir que Paladio era británico y permaneció en relaciones íntimas con Germán. Esto es verdad de Patricio, según su propio testimonio y declaraciones de las biografías ("Confesión," ii. 309, ll. 1–4; Vida Tripartita, ii. 370, ll. 9–14). (4) Si Paladio era británico, su nombre romanizado, según la costumbre general del tiempo, debía traducirse a su equivalente nativo. De ahí que tomara el significado de "guerrero" o "el que hace la guerra." El nombre británico de Patricio era Sucat (Muirchu, Vida Tripartita, ii. 494, l. 6; Tirechan, ibid., 302, l. 5; Himno de Fiacc, ibid., 404–405), compuesto de su, "bueno" y cat, "guerra", una palabra todavía en uso en galés moderno en la forma hygad, que significa "belicoso." Si, como es natural, retomó su nombre nativo al llegar a Irlanda y el nombre Paladio fue primero conocido allí por la obra de Próspero, es fácil entender cómo surge la idea de dos personas. En cuanto al nombre Patricio, no es improbable que lo asumiera Sucat-Paladio. Él estaba parcialmente orgulloso de su supuesta sangre aristocrática (comp. sus palabras, ii. 316, ll. 15–17; 306, ll. 26–27; Vida Tripartita, ii. 377, ll. 19–22; 368, ll. 1–2), que, sin embargo, no era tan distinguida como él dio a entender. En Roma en ese tiempo el título Patricius se otorgaba a veces a altos oficiales del imperio para indicar rango. El de alguna manera estrecho de mente Sucat, aplicando las condiciones romanas a la pequeña localidad británica de Bannaventa, donde su padre había sido senador, pudo haber tomado para sí el título Patricius. Si este nombre entró en la lengua irlandesa del siglo quinto, según las leyes lingüísticas, aparecería en el irlandés del siglo séptimo como Cathrige o Cothrige, siendo un hecho que varias fuentes (Tirechan, Himno de Fiacc y otras) señalan que Patricio era también llamado Cothrige.

Página de un salterio irlandés del siglo VIII
Página de un salterio irlandés del siglo VIII
Verdadero origen de la Iglesia irlandesa.
Como resultado de los argumentos anteriormente señalados, el origen e historia antigua de la Iglesia celta en Irlanda parece ser el siguiente: El cristianismo fue llevado a Irlanda desde Britania durante el siglo cuarto, como resultado natural de la estrecha comunicación entre el sudoeste de Britania y el sudeste de Irlanda. La auténtica fundación de la Iglesia, que se extendía sobre grandes partes de la isla, debe considerarse resultado de esa primera gran ola de monasticismo que cubrió la Galia y Britania desde mediados del siglo cuarto y llevó a ciertos cristianos semi-romanizados britanos a Irlanda. Dos hechos confirman esta idea: (1) La gran reputación de Martín de Tours en Irlanda, tan grande que en el siglo IX se pensó que era deseable poner al nuevo apóstol, Patricio, en estrecha relación con Martín, siendo incluso contado como sobrino de éste. (2) La diferencia entre la organización de la Iglesia irlandesa y la británica, de la cual surge. No se puede certificar cuán rápido y cuánto se difundió el cristianismo, pero parece seguro decir que la costa nororiental era cristiana hacia el año 400. Es notable que Patricio, en otros pasajes de la "Confesión" donde habla de sus seis años de cautividad en el norte de Irlanda, no sugiere ni por una sola palabra que los irlandeses con los que el vivió fueran paganos. Esto es notable, ya que se horrorizó del paganismo de los piratas en cuyas manos cayó cuando escapó. Sin duda los sajones expulsaron a un número de cristianos britanos a Irlanda, así como a la costa de Armórica en la Galia, durante el siglo quinto.

Patricio.
Un británico llamado Sucat desempeñó una parte prominente en la Iglesia irlandesa durante el segundo tercio del siglo quinto. El siguiente bosquejo de su vida se basa sobre sus propias declaraciones en la "Confesión" y las noticias de Próspero, interpretadas como se ha hecho antes. Nació hacia el año 386 en la localidad de Bannaventa en Britania central, probablemente cerca de la actual Daventry en Northamptonshire. Su familia poseía algo de riqueza y había sido cristiana por generaciones. Él llevó una vida mundana fácil hasta la edad de 16 años (402), cuando fue hecho cautivo por irlandeses que le llevaron como esclavo al norte de Irlanda. Durante seis años (402-408) fue porquero. La reflexión y las nuevas circunstancias hicieron de él un nuevo hombre. Practicó la austeridad, tuvo visiones y oyó voces que le aconsejaban fugarse. Llegó a la costa donde encontró paganos (sin duda sajones), que le llevaron a Britania, llegando a su hogar en 408 o 409. Allí fue hecho diácono. Sus visiones continuaron, convenciéndose de que sería obispo de Irlanda. En su lugar natal, donde fue valorado como un entusiasta de mente estrecha y educación defectuosa, se levantaron obstáculos para su consagración. Sus padres y amigos se oponían. Por lo tanto, dejó su hogar a la edad de 38 años (c. 424) y siguió la antigua vía pasando por Auxerre (donde se quedó algún tiempo con Germán), luego por el valle del Ródano, camino de Arlés, a lo largo de la costa de Provenza, por la Italia superior, hasta llegar a Roma. Si se le da crédito a Ultan (Tirechan, Vida Tripartita, ii. 302, ll. 19–23), pasó siete años deambulando por la Galia e Italia. Su nombre bárbaro fue latinizado a Paladio. En Roma obtuvo influencia, ya que durante veinte años Britania había quedado separada del imperio y la relación entre la Iglesia británica y Roma había sido difícil. Tal vez exageró también la posición e influencia de su familia en los círculos dirigentes eclesiásticos. En 429 tuvo un papel decisivo en el envío de Germán de Auxerre a Britania y en 431 logró el deseo de su corazón, siendo consagrado obispo para Irlanda. Llegó a Irlanda en 432, abandonó la traducción romana de su nombre y asumió en su lugar el título Patricaus. No hay detalles confiables de su actividad en Irlanda. Pero nunca fue reconocido como su "obispo designado." En la carta sobre Corotico dice quejumbrosamente "aunque ahora soy despreciado por algunos" y en la "Confesión" escrita hacia el final de su vida, se describe "despreciado por la mayoría." Su muy limitada educación literaria puede haber sido el origen de la burla y escarnio de sus asociados más cultos. Cuánto extendió sus esfuerzos misioneros en Connaught y el noroeste, donde tuvo oportunidad para tal obra, difícilmente se puede inferir de la "Confesión", la única fuente de cierta autoridad. Sus palabras son las de un monje asceta para quien convertere ad deum es idéntico con "entrar a un monasterio", no pudiendo extraerse conclusiones definidas de sus declaraciones. Hay algunas indicaciones de los lugares donde el histórico Patricio vivió. Muirchu (Vida Tripartita, ii. 275, l. 13) dice que el legendario Patricio llegó a un puerto llamado Hostium Dee, cerca de la actual Wicklow. Como la tendencia de la leyenda demandaba que Patricio se estableciera en el norte tan pronto como fuera posible, es probable que aquí esté preservado un ejemplo de verdadera tradición. Muirchu era de Wicklow y usó la "Confesión" y "Epístola" de Sucat como fuente de su vida. Aed, a cuya solicitud escribió Muirchu, fue obispo de Sletty, cerca de Carlow. Cummian, quien fue el primero en mencionar al legendario Patricio, era también nativo del sur. Por tanto, el sur de Irlanda poseyó el material dejado por el Patricio histórico (la Confessio y la Epistola), así como noticias de su vida. De ahí que es probable que Patricio se estableciera en alguna parte en Wicklow. Murió el 17 de marzo de 459, según la declaración del calendario de Luxeuil y las entradas más confiables de los Anales. Pronto cayó en el olvido, salvo en el distrito de su actividad especial y aquí, en el siglo séptimo, bajo la influencia de una tendencia específica, fue recuperado y hecho apóstol de los irlandeses, como Agustín lo fue de los sajones y Columba de los pictos. No es posible decir decididamente por qué Patricio no menciona su consagración por el papa Celestino en la "Confesión." Pero ha de recordarse que durante 300 años el Imperio romano fue una permanente amenaza para la libertad de los irlandeses. Sin duda estaban todavía vivos sentimientos enconados en 432, no distinguiendo los irlandeses entre la Roma temporal y la espiritual. Por tanto, si cuando Patricio llegó a Irlanda intentó influir en los cristianos irlandeses con esta ordenación de Celestino, debe haber descubierto su error. Con sus sentimientos e ideas religiosas, Patricio estimaría a Celestino meramente como instrumento de Dios, quien se le había aparecido en visiones y sueños y designado apóstol para los irlandeses, siendo natural que la casual y leve intervención del anciano que estaba al borde de la tumba, Celestino, palideciera ante la imagen del Dios Todopoderoso, cuyo escogido era Patricio.

En Britania septentrional (Alba).
Por declaraciones de Beda (iii. 4) sabemos que un británico llamado Ninian fundó un monasterio en la península de Wigtown en el extremo sudoccidental de Escocia el año 400 y de ahí difundió el cristianismo entre los pictos. Las huellas de la joven fe parecen haber sido destruidas en la confusión que surgió en Britania septentrional a principios del siglo quinto. En dos pasajes de sus cartas sobre Corotico, Patricio con evidente ira llama a los pictos "apóstatas" (Haddan y Stubbs, ii. 314, l. 13; 318, l. 5; Vida Tripartita, ii. 375, l. 26; 379, l. 7). Corotico fue probablemente un rey de los britanos strathclydes, que gobernó cerca de la actual Dumbarton entre 420 y 450. Sus súbditos eran cristianos y ya que Patricio no reprocha a los irlandeses (scotti), que vivían en el noroeste, de paganismo, puede ser que ellos también, como sus compatriotas en la costa opuesta de Antrim, fueran cristianos.

Desarrollo y madurez plena, 500-800.

En Britania.

La Iglesia en Gales.
La Iglesia británica reaparece en Gales en el segundo tercio del siglo sexto y es la continuación directa de la Iglesia del siglo cuarto. Que ésta consistía principalmente de residentes romanos de las ciudades, mientras que los britanos en el campo seguían siendo paganos y que la Iglesia celta surgió primero tras la retirada de los romanos, es una opinión basada en un conocimiento defectuoso de las condiciones en la Britania romana y post-romana, siendo negada por el hecho de que los misioneros cristianos a Irlanda en el siglo cuarto y los cristianos que se establecieron en Armórica en el quinto hablaban britónico, es decir, eran britanos nativos, no ocupantes romanos del país. Sin embargo, la organización externa del siglo sexto no es un desarrollo ininterrumpido del cuarto. Cuando los britanos huyeron ante los sajones a las escasamente pobladas regiones altas del oeste, no encontraron ciudades que les sirvieran como centros de organización eclesiástica. Pero el monasticismo, que había florecido en Britania desde finales del siglo cuarto, creó pronto nuevos centros. Se formaron diócesis, cada una basada en el monasterio de un clan y comprendiendo el territorio perteneciente al clan. A su tiempo se combinaron en organismos más grandes y durante el siglo séptimo la organización eclesiástica de Gales fue definitivamente fijada por la constitución de cuatro obispados, correspondiéndose con las cuatro divisiones políticas, esto es: Bangor en Menai Straits en Gwynedd; St. Asaph en el noroeste en Powys; Menevia (St. David) en el suroeste en Dyfed y Llandaff en el sudeste en Gwent. Eran independientes entre sí y basados en los principales monasterios de los territorios nombrados. El abad y el obispo era generalmente la misma persona. Según los Annales Cambriæ, los fundadores de los cuatro obispados murieron en 584 (Daniel de Bangor), 601 (David de Menevia) y 612 (Dubricius de Llandaff y Kentigern de St. Asaph).

Agustín de Canterbury predicando a Etelberto
por James Doyle
La Iglesia británica y Agustín.
El resultado de la misión de Gregorio a los sajones iba a intensificar y perpetuar el aislamiento que ya sufría la Iglesia británica. Se celebraron dos conferencias entre sus representantes y Agustín (602 o 603), pero los britanos rechazaron la propuesta del misionero romano y rechazaron tenerle por arzobispo (Beda, ii. 2). Tal vez la torpeza de Agustín puede haber contribuido al resultado, pues se dice que ofendió a los britanos al no levantarse para saludarlos, sino que se ofreció para supervisar todas las otras diferencias, si los britanos por su parte aceptaban la computación romana de la Pascua, removían las divergencias de la práctica romana en el rito bautismal y se unían con él en la predicación del evangelio a los sajones. La tercera exigencia fue probablemente el principal obstáculo, no efectuándose la unión porque los britanos estimaron al misionero como un representante de sus odiados enemigos. En este desencuentro se dice que Agustín amenazó a los obstinados celtas con la muerte a manos de los ingleses si no les predicaban el camino de vida. Ocho años, o tal vez doce, después de la muerte de Agustín, Ethelfrid, el rey pagano de Northumbria, masacró a un gran número de sacerdotes britanos y a los monjes de Bangor en Chester, cumpliendo de esta manera la profecía.

Cuando la Iglesia irlandesa meridional se conformó a Roma, en 630, la Iglesia galesa quedó amputada de ambos lados, siendo este aislamiento fatal para su cultura espiritual. Su representante más eminente en el siglo sexto es Gildas y tras él no hay nadie de mayor mérito literario que Nennio hasta finales del siglo octavo. Según los Annales Cambriæ, Elbodug, obispo de Bangor, adoptó la computación romana de la Pascua en 768; la Crónica de los Príncipe de Gales la fecha en 755 y dice que el sur de Gales la siguió en 777. Pero lo oposición no cesó en ese tiempo, pues la misma fuente dice que cuando Elbodug murió en 809 "surgió una gran controversia por la Pascua."

En Irlanda y norte de Britania.

La Iglesia irlandesa no revivida desde Gales en el siglo sexto.
Las fuentes más antiguas nativas y extranjeras muestran una Iglesia floreciente en Irlanda en el siglo sexto. Su tipo es el de una Iglesia misionera, fundada no sólo en los trabajos de un solo hombre, sino creciendo, sin organización central, en una tierra dividida entre muchos clanes, por la constante actividad de un monasticismo misionero. Es el desarrollo natural de la semilla sembrada en Irlanda sudoriental por los misioneros britanos desde mediados del siglo cuarto, naciendo y creciendo sin ser perturbada por influencias externas. Esta idea es bastante diferente de la prevaleciente, que asume, por otro lado, un colapso completo de la Iglesia irlandesa a finales del siglo quinto y, por otro, un avivamiento en el sexto debido a la influencia de la Iglesia galesa y particularmente de hombres tales como Gildas, Cadoc y David. Un colapso hacia el año 500 es inexplicable y sólo se asume porque es necesario para la leyenda de Patricio y la hipótesis de un avivamiento desde Britania en el siglo sexto. Esta hipótesis descansa sobre: (1) Declaraciones sobre la actividad de Gildas en Irlanda, hechas en su biografía escrita en Ruys en Britania en el siglo XI; (2) la idea de la Iglesia irlandesa de los siglos quinto y sexto encontrada en el Catalogus sanctorum Hiberniæ del siglo octavo y (3) notas de ciertas biografías de santos [tales como las de Disibod], ciertamente no más antiguas del siglo XI o XII.

En el documento Catalogus sanctorum Hiberniæ está la fuente de la división familiar de los santos irlandeses en tres "órdenes." Señala que el primer orden perteneció al tiempo de Patricio. Fueron todos obispos, 350 en número, fundadores de iglesias, tenían una cabeza, Cristo, y un señor, Patricio; observaban una misa, una celebración y una tonsura de oreja a oreja; guardaban una Pascua y el decimocuarto día de la luna tras el equinoccio de primavera y quien era excomulgado por una iglesia todas lo excomulgaban. No rechazaban los servicios y compañía de mujeres, porque, fundados en la roca que es Cristo, no temían el ataque de la tentación. Esta orden duró cuatro reinados y sus miembros fueron todos obispos de los romanos, francos, britanos e irlandeses (scotti). En el segundo orden los obispos son pocos y los presbíteros muchos, 300 en número. Tenían una cabeza, nuestro Señor, celebraban misas diferentes y tenía reglas diferentes, pero su Pascua y tonsura eran como las del primer orden. Rechazaban los servicios de mujeres, separándolas de los monasterios. Duraron a través de cuatro reinados y recibieron una misa del obispo David y de Gildas y Docus, los britanos. Los miembros del tercer orden eran presbíteros santos y unos pocos obispos, 100 en total. Moraban en lugares solitarios y vivían de hierbas, agua y limosnas, rechazando la propiedad privada. Sus normas, misas, tonsura y Pascua eran todas diferentes y vivieron durante cuatro reinados. El primer orden era sanctissimus; el segundo, sanctus sanctorum; el tercero, sanctus. Eran como el sol, la luna y el atardecer. Esos tres órdenes fueron vislumbrados por Patricio en una visión de lo alto.

Columba, por J. R. Skelton
Columba, por J. R. Skelton
Por otro lado una mera enumeración de fechas muestra que la Iglesia irlandesa no necesitaba un avivamiento. Finnian de Clonard, el padre de los "doce apóstoles de Irlanda" murió en 548. Columba fundó el monasterio de Derry hacia 546 y el de Durrow antes de 560. Ciaran fundó Clonmacnoise en 541 y murió en 548. Comgall fundó Bangor en Ulster en 554 o 558. Brendan fundó Clonfert en Longford en 552. En 563 Columba fue a Iona. La autoridad de un monje de Ruys del siglo XI no se puede poner por encima de tal evidencia. Ni puede proporcionar la declaración de autores ignorantes de biografías de santos, que confunden siglos diferentes, la base para una construcción histórica en variación con todas las fechas fijadas. No hay evidencia de influencia británica en Irlanda, aparte de la visita de Gildas en 566 (comp. Mommsen, Chronica minora, iii. 6, ll. 3–23). La Iglesia de Gildas, Cadoc y David era episcopal; si esos hombres, y otros como ellos, revivieron la agonizante Iglesia episcopal irlandesa ¿por qué sustituyeron otra totalmente monástica sin huella de carácter episcopal? Más aún, la Iglesia en Britania en ese tiempo no estaba en condición de infundir vida fresca a la Iglesia irlandesa. En la perturbación del siglo quinto había perdido toda organización y Gildas mismo describe el triste cuadro del estado de cosas en Britania antes de 547. Sin embargo, Irlanda no sufrió los ataques bárbaros y su Iglesia fue capaz de desarrollarse sin perturbación. De ahí que la suposición natural es que en ese tiempo la Iglesia irlandesa era la dadora y la Iglesia británica la receptora. Y sabemos que en el mismo comienzo del siglo sexto los clérigos irlandeses fueron al sudoeste de Bretaña y a Britania, dando y esparciendo el conocimiento, no recibiéndolo. La fundación de nuevos monasterios en Irlanda por Finnian de Clonard y hombres estimados como sus discípulos entre 520 y 560 no puede considerarse una restauración o reforma de la Iglesia irlandesa. Ya había un gran número de antiguos monasterios, tales como Emly en Munster y Armagh en Ulster, que durante siglos desempeñaron un papel más grande en la vida de la Iglesia irlandesa que cualquiera de las nuevas fundaciones. Finnian era una especie de Benito de Nursia irlandés; estableció su nueva casa en Clonard junto a las instituciones más antiguas, que eran más estaciones misioneras que monasterios, con normas más estrictas y por la influencia sobre Comgall y Columba se convirtió en el modelo de los monasterios irlandeses en Britania septentrional y el continente.

Saber de los monjes irlandeses.
La Iglesia irlandesa de los siglos sexto, séptimo y octavo, por tanto, fue el desarrollo natural de la Iglesia de los siglos cuarto y quinto, sin interferencia del exterior. Esta libertad explica el alto nivel de saber mantenido por los monasterios irlandeses hasta el siglo noveno. Ellos guardaron el conocimiento y la cultura recibida con el cristianismo y lo conservaron en un tiempo cuando por todas partes, en Britania, Galia e Italia, las hordas bárbaras casi la destruyeron. La erudición de los monjes irlandeses en el siglo sexto, seguramente no derivada de una Iglesia cuyo erudito más grande fue Gildas, sobrepasó en conjunto a los de Italia. El griego era estudiado en Bangor cuando Gregorio Magno probablemente no tenía conocimiento de la lengua. En el siglo séptimo Aldhelmo, escribiendo a un joven amigo que regresaba de las escuelas irlandesas, admite a regañadientes la superioridad de la erudición irlandesa. En el siglo octavo Beda habla con admiración del saber irlandés (iii. 7, 27).

Viajes y trabajos misioneros.
Además de su celo por el saber, un destacado empuje itinerante caracterizó a los monjes irlandeses. A solas o en grupos salieron de las grandes colonias de monjes, pues eso eran realmente los monasterios, para buscar una forma de vida ermitaña. Al principio se contentaron con las islas de sus propios lagos y ríos; luego acometieron las muchas islas de la costa irlandesa; después las Hébridas, Orcadas y Shetland y antes de 800 habían alcanzado Islandia. En el mismo tiempo otros fueron a Britania, donde muchas inscripciones cristianas de los siglos quinto, sexto y séptimo con nombres irlandeses y escritas en ogham testifican de su presencia al norte y el sur del estuario del Severn, y hasta Britania y luego por la tierra de los francos hasta los Alpes, cruzándolos hasta Bobbio (tal vez Tarento), siendo la frontera meridional, como Islandia fue la septentrional de sus viajes. Su propósito primario no era la obra misionera, sino que las circunstancias les hicieron misioneros y maestros de los pueblos entre los cuales se establecieron para llevar una vida contemplativa.

Reinos anglo-sajones antiguos
Mapa de los reinos anglo-sajones antiguos
Britania septentrional cristianizada.
El logro mayor de la iglesia irlandesa y sus monjes en los siglos sexto y séptimo, la cristianización de Britania septentrional, debe ser contemplado desde el mismo punto de vista. Con doce compañeros Columba dejó Irlanda en 563, "deseando ir al exilio por Cristo" (Vida de Columba, de Adamnan, p. 9). Se establecieron en la pequeña isla de Iona (Eo, Io, Hi), perteneciente al Estado septentrional irlandés (cristiano) de los clyde, acometieron obra misionera entre los paganos pictos de las inmediaciones y la extendieron rápidamente, por lo que cuando Columba murió (597) el territorio al norte de Glasgow y Edimburgo, así como las islas occidentales, estaba salpicado de monasterios, cuyos internos procuraban el bienestar espiritual de la población vecina, dependientes todos ellos de la casa madre en Iona. Una generación más tarde Oswald, rey de Northumbria, que había sido convertido al cristianismo durante un exilio de 17 años en Irlanda, solicitó al sucesor de Columba misioneros que introdujeran el cristianismo en su reino. Fue enviado Aidan (635) y bajo su dirección y la de sus sucesores, Finan (652–661) y Colman (661–664), con el inapreciable apoyo de Oswald y su hermano Oswy, el evangelio hizo rápidos y espléndidos progresos. Se fundaron monasterios, tales como Mailros (Old Melrose) por Aidan, el primer claustro de mujeres por Heiu en Hartlepool, el doble monasterio para hombres y mujeres en Coldingham por la hermanastra de Oswald, Ebba, el monasterio en Whitby por Hilda, y otros. El cristianismo y la Iglesia irlandesa alcanzaron a los anglos que vivían al sur.

Relaciones con Roma.
Este floreciente estado de la Iglesia irlandesa fue perturbado por la misión romana a los sajones en 597. Igual que la Iglesia británica, la de Irlanda difería en algunos aspectos de la Iglesia de Roma en el tiempo de Gregorio Magno, siendo las diferencias más importantes la forma de tonsura y el método de computar la Pascua. En 604 el sucesor de Agustín, Lorenzo, con sus compañeros obispos, Melito y Justo, envió una carta a Irlanda exhortando a la conformidad con el uso romano, pero sin éxito (Beda, ii. 4). Una facción favorable a la conformidad surgió gradualmente por la visita de clérigos irlandeses a Galia y Roma y parcialmente tal vez por influencia de la Iglesia anglo-romana, pero en 627 era todavía minoritaria, pues la exhortación del papa Honorio I en 628 para conformarse fue de nuevo infructífera (Beda, ii. 19). Honorio entonces excomulgó a Irlanda (carta de Cummian, 977, ll. 5–6) y en 629 el sudeste generalmente observó la fecha. Otras opiniones occidentales titubearon, pero en 630 los abades se reunieron en un sínodo en Mag Lena cerca de Tullamore y decidieron celebrar la Pascua al año siguiente con la Iglesia de Roma. Sin embargo, la oposición hizo necesaria otra reunión y la facción romana fracasó en obtener una victoria decisiva. Enviaron una embajada a Roma, que regresó en 633. Por la influencia de esta embajada y la muerte (636) de Fintan, abad de Taghmon, dirigente de la oposición, la facción romana finalmente prevaleció en el sur. El norte se resistió obstinadamente durante sesenta años más. La carta de Cummian a Seghine, abad de Iona (634), y una carta del papa Juan IV (parcialmente preservada por Beda, ii. 19) en 640 a los abades prominentes del norte fueron inútiles. Los detalles de la batalla no se conocen, pero se puede asumir que la leyenda de Patricio no fue menos importante que los expedientes a los que se echó mano para trabajar sobre los irlandeses septentrionales.

La leyenda de Patricio.
Era natural para los irlandeses buscar un apóstol que fuera para ellos lo que Columba fue para los pictos y Agustín para los sajones. En las inmediaciones de Wicklow se recordó que un cierto Patricius se denominó a sí mismo "obispo nombrado de Irlanda." ¿Es irrazonable asumir que hacia 625 se llegara a creer en el sudeste que el apóstol deseado era este hombre? La escasa biografía de Patricio fue rellenada por analogía con la de Columba y Agustín. Se supuso que todos los irlandeses habían sido paganos en 432 como los pictos lo habían sido en 563 y los sajones en 597. Patricio convirtió el país en breve plazo, estableció la Iglesia cristiana y obtuvo el favor del rey Laeghaire, como Columba había tenido el de Brude y Agustín el de Etelberto de Kent. Esta leyenda fue inmediatamente utilizada, si no inventada, por la facción romana, como se evidencia porque la primera mención a la misma está en la carta de Cummian. Él atribuye a Patricio la introducción del ciclo de Dionisio en Irlanda, aunque no fue introducido en Roma hasta el siglo VI (col. 975c).

Conformidad al uso romano.
La leyenda también fue útil para ganar al obispo de Armagh. Como supuesto sucesor de Patricio fue reconocido en el sur como metropolitano (comp. Vida Tripartita, ii. 346, ll. 21–24). Sin embargo, las pretensiones de Armagh encontraron violenta oposición en los siglos octavo y noveno tanto en Connaught como en Munster. Northumbria se conformó a Roma tras el sínodo de Whitby en 664, tras el regreso del irlandés a su tierra nativa. Adamnan, noveno abad de Iona (679-704), fue convencido para que se sometiera mientras visitaba la corte de Aldfrid en Northumbria en 686 o 687-688, pero fue incapaz de controlar a los abades de los monasterios dependientes o a sus propios monjes en Iona cuando regresó (Beda, v. 15). Entonces fue a Irlanda del norte y con un anglo, Egberto, dirigió los esfuerzos para ganar a la facción irlandesa. El obispo de Armagh se sometió en 697. Los monasterios de Columba continuaron resistiendo. En 713 Naiton, rey de los pictos, reclutó los servicios de Ceolfrid, distinguido abad de Wearmouth y Jarrow; éste escribió una larga carta sobre la cuestión de la Pascua, que Naiton envió en copia a todos los clérigos en sus dominios para que la obedecieran (Beda, v. 21). Los que continuaron recalcitrantes fueron expulsados del país en 717. En 716 Egberto persuadió a los abades y monjes de Iona a celebrar la Pascua en la fecha romana. Sin embargo, su cumplimiento llegó demasiado tarde para salvar la posición de Iona como centro de una gran iglesia monástica. Fue reducida a mero monasterio con unas pocas casas afiliadas en la costa occidental de Britania septentrional y pertenecientes al estado irlandés. Por otro lado, Armagh sometiéndose a tiempo y haciendo un hábil uso de la leyenda de Patricio había preparado el camino para convertirse en cabeza de una Iglesia episcopal que abarcaba toda Irlanda.

Asimilación completa a la Iglesia romana, 800-1200.

Mapa eclesiástico de las islas Británicas en la Edad Media
Mapa eclesiástico de las islas Británicas en la Edad Media

En Gales.
La Iglesia en Gales, habiendo sido episcopal desde el principio, difería de la Iglesia de Roma sólo en puntos secundarios, una vez que se hubo conformado respecto a la Pascua y la tonsura. Las condiciones políticas apresuraron su asimilación completa a la Iglesia romana-sajona. Desde el tiempo de Egberto de Essex († 836) los débiles jefes daneses procuraron la protección de los reyes ingleses contra sus más poderosos paisanos. Los ataques de los escandinavos, que desde 853 en adelante se dejaron sentir más y más severamente en Gales, también promovieron sentimientos amistosos y relaciones entre las dos naciones. Que la cultura de su clero era más elevada una vez que el aislamiento de la Iglesia galesa se terminó, es evidente por la designación y posición de Asser, un sobrino del obispo Novis de Menevia, como maestro, consejero y amigo de Alfredo. A finales del siglo X y comienzos del XI la consagración de los obispos de Llandaff por el arzobispo de Canterbury parece haber sido la norma, habiendo alguna razón para creer que un obispo anterior, Cyfeiliawc († 927), fue consagrado así. Los arzobispos anglo-normandos Lanfranco (1070–89) y Anselmo (1093–1109) repetidamente interfirieron en asuntos galeses como si éstos estuvieran legalmente bajo el primado de Inglaterra. Las disputas sobre los límites de las diócesis danesas de St. David y Llandaff y la diócesis inglesa de Hereford entre 1119 y 1133 fueron llevadas a Roma. Hacia ese tiempo el obispo de St. David comenzó a hacer afirmaciones de rango metropolitano. Tras 1187, cuando el arzobispo Baldwin de Canterbury como legado papal realizó una visitación en partes de Gales y predicó la cruzada, la iglesia danesa puede ser estimada como parte de la Iglesia inglesa, aunque hasta 1284 el obispo de St. David protestó formalmente contra la visitación del arzobispo Peckham de Canterbury. La tradición galesa y la rapidez con la que el movimiento lolardo del siglo XIV se difundió entre el pueblo de habla inglesa en la frontera de Gales favorece la teoría de que la antigua forma británica de cristianismo persistió en Gales durante la Edad Media, junto con el catolicismo establecido. El carácter montañoso del país y el carácter de la lengua, que los ingleses raramente adquirieron, era favorable a la perpetuación de la disidencia evangélica.

En Irlanda.

Masacre de monjes por los invasores danesesIlustración de Cassell's Illustrated History of England
Masacre de monjes por los invasores daneses
Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
Incursiones de los vikingos.
Un bosquejo sistemático del desarrollo de la rama irlandesa de la Iglesia celta en este periodo no es todavía posible debido al carácter defectuoso de las investigaciones especiales. Un factor que merece más atención que el que comúnmente ha recibido es la influencia de las incursiones y establecimientos de los vikingos. Ese período, que comienza en 795 y duró más de 150 años, produjo indescriptible daño a toda Britania y particularmente a los cristianos irlandeses. Las iglesias y monasterios, que eran centros de civilización y de religión cristiana, fueron objetivos de destrucción por los paganos noruegos y daneses. Ciertos monasterios irlandeses (tales como Iona, Bangor en Ulster y muchos otros) quedaron expuestos a la rapiña de los piratas. Los ríos les daban un fácil acceso al corazón del país, tanto desde la costa oriental como de la occidental. Las estructuras de madera de los monasterios fueron presa fácil de las llamas, pereciendo en las mismas libros y monjes. Si algunos manuscritos escapaban del fuego eran arrojados al agua. Un estado vikingo pagano en Armagh entre 832 y 845 obligó al abad-obispo, Forindan, a huir a Munster. Al mismo tiempo, los paganos noruegos se establecieron en el interior, pero fueron finalmente o bien expulsados o bien absorbidos por la población nativa, haciéndose cristianos. Sin embargo, en 852 un reino vikingo fue establecido en Dublín, permaneciendo pagano y asolando Irlanda y todas las costas del mar de Irlanda durante más de un siglo.

Monjes irlandeses en el continente.
Bajo tales condiciones no es sorprendente que el éxodo de monjes irlandeses al continente continuara y creciera desde el año 800 en adelante. En el siglo noveno hubo profesores en las escuelas monásticas por todas partes en la tierra de los francos, en Saint Denis, Pavía y el alto y bajo Rin, esparciendo la reputación del saber irlandés, hasta el punto de que se podía decir que cualquiera que sabía griego en el continente en los días de Carlos Calvo era irlandés o lo había aprendido de un irlandés (comp. H. Zimmer, Ueber die Bedeutung des irischen Elements für mittelalterliche Kultur, en Preussische Jahrbücher, lix., 1887, páginas 27–59; L. Traube, O Roma nobilis in Abhandlungen der philosophisch-philologischen Klasse der königlich-bayerischen Akademie, xix., 1892, páginas 332–363). Los monjes se llevaron sus manuscritos en tal número que no menos de 117 manuscritos irlandeses, o fragmentos de tales, anteriores al siglo séptimo todavía existen en bibliotecas continentales, sin contar los del Vaticano o la Bibliothèque Nationale. Pero si esto fue para el continente una ganancia, para Irlanda fue una pérdida. El rey Brian (1002-13) tuvo que enviar representantes a través de los mares "para comprar libros" (J. H. Todd, The War of the Gaedhil with the Gaill, Rolls Series, no. 48, p.138, Londres, 1867). El nivel de educación en los monasterios cayó con cada generación y el nuevo e inferior sacerdocio tenía menos poder para resistir las fuerzas que estaban sustituyendo la iglesia monástica nativa por una iglesia episcopal con cabeza metropolitana. Los jefes y príncipes irlandeses, en lugar de unirse contra el enemigo común, pasaron el tiempo luchando por sus feudos domésticos. Los monasterios quedaron envueltos en esas querellas, por no mencionar las fieras y sangrientas disputas entre los monasterios mismos, cuando sus intereses chocaban. De este modo la antigua organización fue debilitada y rota. Más aún, la leyenda de Patricio se convirtió en una especie de dogma durante el siglo octavo y su idea de la cristianización de Irlanda y la posición del episcopus en el gobierno eclesiástico fue una fuerza adicional que sacudió el firme edificio de la Iglesia monástica de los siglos sexto y séptimo.

Mapa de las misiones irlandesas, anglosajonas y latinas en la Edad Media
Mapa de las misiones irlandesas, anglosajonas y latinas en la Edad Media
Surgimiento de Armagh.
Se puede mostrar por los anales de Ulster que el abad-obispo de Armagh, haciendo uso libre de sus oportunidades, entre 730 y 850 logró en alguna medida el primado en la Iglesia irlandesa, que fue el resultado lógico de la leyenda de Patricio. El año 805 fue decisivo para Meath, el 824 para Connaught y el 822, así como la estancia de Florindan en Munster desde 841 a 845, para el sur de Irlanda; a partir de ahí la sede de Armagh tuvo sus recaudadores de impuestos del "penique de Patricio" en toda Irlanda, excluyendo por supuesto al Estado vikingo cuyo gobernante residía en Dublín. En 943 este gobernante, Amlaib mac Sitricca (en norse, Olafr Sigtriggvasonr), se hizo cristiano en Inglaterra y fue bautizado por Wulfhelm, arzobispo de Canterbury, siendo su padrino Edmund, rey de Inglaterra. Al esparcirse el cristianismo entre sus súbditos, miraron naturalmente hacia Canterbury y trajeron sus clérigos de Inglaterra. Los titulares de los recién establecidos obispados norse de Dublín, Waterford y Limerick fueron consagrados en Canterbury. Esto no agradó al obispo de Armagh, quien deseaba los ingresos de los ricos establecimientos norse en Dublín. De nuevo tuvo que recurrir a la leyenda de Patricio, utilizando un detalle de la misma que ya se había hecho normal, que Patricio había convertido a los vikingos. Uno de sus adherentes, escribiendo hacia el año 1000, dice cómo Patricio había convertido a los paganos norse de Dublín y consecuentemente afirma que el sucesor de "Patricio de Armagh con los grandes ingresos" tenía derecho a una onza de oro "de cada nariz" en el Estado vikingo de Dublín (comp. H. Zimmer, Keltische Beiträge, iii, in Zeitschrift für deutsches Alterthum, xxxv, 1891, páginas 54–85).

Los culdees.
Otro fenómeno en el desarrollo interno de la Iglesia irlandesa en este período que merece atención es la aparición de los denominados culdees (irlandés céli dé; latín, colidei). Es difícil definir exactamente su origen y posición. El nombre irlandés no proporciona una clave confiable. Significó originalmente uno que entra al servicio de Dios y se dedica a él hasta la muerte, pudiendo aplicarse, como vir dei del latín, a los monjes y ermitaños en general. Héctor Boece, el historiador escocés del siglo XVI, avanza la teoría de que los culdei, como él los llama, fueron la continuación directa del monasticismo irlandés de los siglos sexto, séptimo y octavo, e incluso del monasticismo celta en general. Pero el obispo Reeves ha mostrado que el término tal como fue usado del siglo noveno al doce se aplicó a miembros de asociaciones espirituales, cuya existencia no puede con certeza ser trazada antes del año 800. De ahí que las asociaciones de los colidei se deben haber formado en Irlanda hacia este tiempo y a un término existente de aplicación general le fue dada una significación más limitada para designar a sus miembros. Supuestamente la gran regla monástica de Crodegango (749), elaborada originalmente para Metz, fue llevada a Irlanda en el siglo octavo y ermitaños irlandeses, que no estaban bajo regla monástica, fueron los primeros asociados con ella. Los culdees nunca fueron de gran importancia en Irlanda. Se mencionan en nueve ocasiones, a veces en relación con monasterios de los que la casa de los culdees forma una especie de anexo. El cuidado de los enfermos y pobres era su principal ocupación y parece que también se les confió la parte coral del servicio. Sin embargo, en Britania septentrional, adonde llegaron de Irlanda, tuvieron una mayor importancia. La expulsión por Naiton de los monjes refractarios de Iona en 717 dejó lagunas en el clero que las nuevas asociaciones de los colidei rellenaron. Aparecen en Escocia como una mezcla de clero secular y ermitaños, organizados según un modelo monástico; al mismo tiempo recuerdan a los canónigos regulares del continente. Había una falta de relación entre los diferentes conventos debido a la falta de una cabeza común y normas fijas. De ahí que hubiera amplias divergencias y las descripciones y opiniones contemporáneas diferían grandemente. Finalmente fueron absorbidos en las órdenes romanas, que fueron introducidas en Irlanda y Escocia durante el siglo XII.

Sujeción final a Roma.
La plena sujeción de la Iglesia celta de Irlanda a la de Roma se completó tras 1050. El arzobispo Lanfranco de Canterbury encontró oportunidad de interferir en Irlanda en 1074 y envió una carta al rey, Torlogh O'Brian, mediante Gilpatrick, el obispo norse de Dublín. Instigado por ambos, Gregorio VII envió una carta a Irlanda y designó a Gilberto, obispo norse de Limerick, legado papal para Irlanda. Como en el siglo séptimo, así ahora, el obispo de Armagh se resistió. Pero finalmente Gilberto encontró un hombre que secundó sus ideas, cuando en 1106 Celso ascendió a la sede de Armagh. En el sínodo de Rathbreasail en 1120 se decidió dividir Irlanda en 24 diócesis, todas menos Dublín subordinadas a Armagh. En 1152 se celebró un sínodo en Kells, bajo la presencia del legado papal, Paparo, e Irlanda se dividió en cuatro provincias, siendo Armagh escogida como sede del primado y siendo los obispos de Dublín, Cashel y Tuam promocionados a arzobispos y recibiendo el pallium llevado desde Roma. La romanización completa de la Iglesia irlandesa en asuntos internos se efectuó para fomentar intereses políticos de los anglo-normandos en un sínodo celebrado en Cashel en 1172 por mandato de Enrique II.

Barcos vikingos llegando a Britania;manuscrito iluminado inglés, c. 1130
Barcos vikingos llegando a Britania;
manuscrito iluminado inglés, c. 1130
En Britania septentrional.
En 844 Kenneth mac Alpin, gobernante del Estado irlandés en Britania septentrional, ascendió al trono de los pictos septentrionales y meridionales, creando por tanto un reino unido de Alba, que posteriormente sería conocido como Escocia. En 850 Kenneth tomó los huesos de Columba de Iona (que, a causa de los constantes ataques de los vikingos, había caído en completa decadencia) y los depositó en Dunkeld, en la tierra de los pictos meridionales, pilar de su poder. Al mismo tiempo estableció un obispado en Dunkeld, procurando evidentemente formar aquí un centro para una Iglesia nacional como Iona en el siglo séptimo, aunque con una base diferente, pues el abad-obispo de Dunkeld era la cabeza de la Iglesia gobernante como obispo y no como abad. En 865 el hijo de Kenneth, Constantino, trasladó la sede del obispado a Abernethy, dejando Dunkeld con una abadía solo. En 908 la sede del primado fue trasladada a St. Andrews y por un parlamento del mismo año la iglesia quedó exenta de impuestos. Margarita, sobrina nieta de Eduardo el Confesor y reina de Escocia, 1069-93, acometió enérgicamente la reforma de la Iglesia escocesa según las normas y costumbres romanas. Recibió ayuda eficiente de su confesor, Turgot, abad de Durham. Sus hijos, Edgar (1097–1107), Alexander (1107–24) y David (1124–53) continuaron y terminaron la reforma de su madre. En 1107 Turgot fue nombrado para la sede de St. Andrews, siendo consagrado en York. Su sucesor, Eadmer, un monje de Canterbury, por deseo del rey Alejandro fue escogido y consagrado por Ralph, arzobispo de Canterbury (1115). Hacia 1188 la transformación externa e interna de la Escocia eclesiástica en una provincia romana era completa. Fue entonces declarada independiente de Canterbury y, al igual que la Iglesia irlandesa, puesta directamente bajo la soberanía de Roma por una bula de Clemente III. El país quedó dividido en nueve diócesis que estrictamente definieron los límites y los monjes agustinos, benedictinos y cistercienses fueron introducidos y absorbieron el remanente del monasticismo nacional celta.

Algunas consideraciones generales.

Razones para las divergencias con Roma.
Sobre las instituciones y doctrina ni la tradición ni la historia ofrecen ningún apoyo para la idea de que la Iglesia celta, en su origen, casi fue una reproducción de la Iglesia de la edad apostólica. La Iglesia británica del siglo cuarto era parte de la Iglesia católica occidental, tal como Britania era parte del Imperio Romano. Y la Iglesia irlandesa era un brote de la Iglesia británica. Las divergencias con Roma de ambas ramas de la Iglesia celta manifestadas a principios del siglo séptimo son fácilmente explicables.

León I, detalle de una miniatura del menologio de Basilio II, siglo X; en la Biblioteca Vaticana (Vat. Gr. 1613 folio 412)
León I, detalle de una miniatura del menologio de Basilio II,
siglo X; en la Biblioteca Vaticana (Vat. Gr. 1613 folio 412)
No debe olvidarse que la posición del obispo de Roma en el tiempo de León Magno (440-461) era diferente de la del papa Gregorio Magno (590-604); el siglo cuarto nada sabía de esa rígida uniformidad de instituciones que al principio del siglo séptimo era procurada como una exigencia fundamental de la unites catholica y que las innovaciones se domesticaron lentamente en los miembros más distantes de la Iglesia. Hacia el año 400 la rama británica de la Iglesia católica quedó cortada, porque la Roma política perdió su poder en Britania. Una serie de sucesos a principios del siglo quinto son instructivos para las consecuencias inmediatas. Los papas Inocencio, Zósimo y Bonifacio (401-422) se opusieron enérgicamente a la enseñanza de Pelagio y el emperador, Honorio, los apoyó publicando un rescripto (30 de abril de 418) amenazando con el destierro a todo pelagiano. La supresión de la herejía en el interior se debió por tanto al poder civil. Pero el brazo del emperador no llegó a Britania y en 429 el papa Celestino sólo pudo enviar a Germán de Auxerre allí para erradicar la herejía por persuasión moral. Posteriormente toda relación entre la Iglesia celta y Roma quedó rota durante 150 años por un muro doble y triple de bárbaros, burgundios, visigodos, francos y sajones. El desarrollo de la Iglesia occidental durante todo este tiempo no dejó huella en la celta y las condiciones locales no dejaron de influenciar a ésta. Esto explica cómo Columbano de Luxeuil presume de tratar al papa en una forma que 200 años antes no habría sido destacable en un obispo del norte de África o Alejandría. Explica por qué la Iglesia galesa del siglo sexto conocía sólo obispos independientes sin metropolitano; que la Iglesia británica en 400 nada sabía de esta institución. La diferencia en la fecha de Pascua se debe al hecho de que en 600 la Iglesia celta todavía usaba la antigua supputatio Romana, que había sido seguida por Roma hasta 343, pero fue entonces sustituida por la más reciente supputatio Romana. Otros cambios, la tabla pascual de Zeitz en 447, el ciclo de 19 años de Victorio en 501, el ciclo de Dionisio hacia 550, eran todos desconocidos para la Iglesia celta.

Consagración por un solo obispo.
Los representantes de Britania en el sínodo de Arlés suscribieron el canon de que cuando fuera posible siete y en cualquier caso tres obispos, tomaran parte en la consagración de un obispo. Sin embargo, la consagración pudo haberse realizado por un solo obispo tanto en las iglesias británica e irlandesa, antes de su contacto con Roma. Esto no es tan sorprendente como se ha pensado. Particularmente en el periodo más antiguo la consagración a veces se hizo mediante un obispo, si es que tuvo lugar. Gregorio Magno reconoció la necesidad y dio a Agustín permiso de consagrar solo, con la observación: "Ya que tú eres el único obispo de la Iglesia inglesa no puedes ordenar de otro modo más que sin otros obispos." (Beda, i. 27). Bonifacio V dio el mismo permiso a Justo, tercer sucesor de Agustín, "cuando la ocasión fuera necesaria" (Beda, ii. 8). La costumbre de los ingleses se hizo ley sin promulgación específica. De ahí que sea comprensible cómo la consagración por un solo obispo se estableció primero y luego la ley.

Carácter monástico de la Iglesia irlandesa.
Con respecto al carácter marcadamente monástico de la Iglesia irlandesa y la posición del obispo en ella a diferencia de la Iglesia occidental, se debe destacar que en los monasterios más antiguos (tales como Armagh en el norte y Emly en Tipperary) los abades eran también obispos; esto es, los cabezas de las diócesis eran abades y obispos a la vez, pero su poder de gobierno eclesiástico descansaba en su posición como abades. Esto se explica por las condiciones políticas y sociales de los celtas y el tiempo y manera de su conversión. El primer paso fue el establecimiento de una estación monástica misionera con un clan. Un miembro de la principal familia inevitablemente se convertía en cabeza de tal estación. En algunos casos el derecho de sucesión a la abadía era hereditario en la principal familia durante siglos. La necesidad para algunos de realizar funciones episcopales no se sintió inmediatamente. Cuando surgía un abad originalmente laico podía recibir la consagración, pero, viviendo como lo hacía lejos de la mirada de la influencia de la Iglesia episcopal, era natural que continuara realizando los deberes de gobierno eclesiástico en la iglesia del clan, en virtud de su posición como abad y miembro de la familia principal.

El espíritu celta y el romano.
No es conveniente intentar componer un cuadro completo de las doctrinas e instituciones de la Iglesia celta en su origen. El material a mano no es suficiente, aunque es adecuado para apoyar la conclusión de que la Iglesia celta de los siglos sexto y séptimo fue una reproducción de la Iglesia occidental del cuarto, modificada sólo en puntos especiales. Sin embargo, una diferencia importante ha de ser notada. El espíritu de las Iglesias celta y romana, cuando entraron en conflicto al principio, no era el mismo. Los representantes de la segunda eran intolerantes y faltos de amor, como lo fue Agustín hacia los obispos britanos (Beda, ii. 2), Wilfrid hacia Colman (ib. iii. 25), Aldhelm en su carta a Geraint (MGH, Epist., iii. 231–235). Por otro lado, los irlandeses, tales como Columbano en el continente y Aidan en el resto de Northumbria, sólo pedían que se les permitiera seguir tranquilamente las costumbres de sus antepasados. Sin embargo, tan pronto como un irlandés se pasaba a la facción romana un nuevo espíritu entraba en él. Ronan, un irlandés que había estado en la Galia e Italia, comenzó la batalla en Northumbria con el gentil Finan (Beda, iii. 25). Cummian en su famosa carta expresa el piadoso deseo de que Dios "golpeara" a Fintan (su principal oponente) "como él lo haría" (col. 977b), aunque cuatro o cinco años antes él mismo había mantenido la Pascua según la fecha celta. De nuevo, el espíritu de falsificación deliberada para servir a los intereses eclesiásticos no aparece en la Iglesia irlandesa antes de su contacto con Roma. Que aparece inmediatamente después se muestra abundantemente por la historia de la leyenda de Patricio.

Reliquias.
Finalmente, el nuevo espíritu que comenzó a penetrar en la Iglesia irlandesa del siglo séptimo se aprecia por la extensión sin precedentes del culto de las reliquias. Irlanda no tenía mártires. No hay razón para creer que las reliquias fueran conocidas y honradas en ninguna parte de la Iglesia irlandesa antes de su contacto con Roma. En 633 la embajada enviada a Roma por causa de la lucha de Pascua regresó cargada de libros y reliquias. Al año siguiente Cummian escribe a Seghine: "Y tenemos prueba de que la virtud de Dios está en las reliquias de los santos mártires y los escritos que ellos han traído. Hemos visto con nuestros propios ojos a una muchacha totalmente ciega abrir sus ojos ante esas reliquias y a un paralítico caminar y a muchos demonios ser expulsados" (col. 978b). Todo aquí, incluso la expresión (reliquiæ), es romano, no irlandés. La vida de Patricio de Muirchu Maccu-Machtheni testifica del progreso del culto a las reliquias en el sur de Irlanda durante el siglo séptimo. Hablando de su propio tiempo (antes de 697), el autor menciona con énfasis que en tres diferentes lugares en el territorio romano-irlandés las reliquias son veneradas e incluso hace que Patricio profetice tal adoración (Vida Tripartita, ii. 281, II. 1–2; 283, II. 3–5; 497, II. 14–19). Para Adamnan, escribiendo su biografía de Columba en el norte de Irlanda al mismo tiempo y antes de unirse a la facción romana, las reliquias son totalmente desconocidas. Pero no mucho después de que la influencia romana entrara en el norte por el sometimiento de Armagh (697) e Iona (716) a la fecha de la Pascua, tuvo lugar el mismo cambio de actitud, tal como setenta años antes había ocurrido en el sur. Los Anales del Ulster proporcionan mucha información sobre la historia de la Iglesia, pero los siglos sexto y séptimo no contienen una sola palabra respecto a las reliquias. Sin embargo, en 726 aparece la primera de una larga serie de referencias que recogen el traslado o consagración de las reliquias y un poco después Armagh mostraba en las grandes ferias de Irlanda las reliquias de Patricio, que supuestamente se habían encontrado en Downpatrick en 733 y fueron llevadas a Connaught y Munster.

Ya se ha dicho bastante para mostrar que el espíritu que animaba la Iglesia celta hacia el año 600 eran muy diferente del que los emisarios de la Iglesia de Roma llevaron a las islas británicas. Ambos tenían los mismos dogmas, pero en un lado se luchaba por una libertad individual y por un cristianismo personal y en el otro había un fanático celo por la rígida uniformidad y sistematización. Los celtas subrayaron un cristianismo que se manifestaba en palabra y hecho, el catolicismo romano valoraba un cristianismo formal por encima de cualquier otra cosa. Como se ha dicho, no hay razón para creer que la Iglesia celta se pareciera grandemente a la Iglesia apostólica en instituciones o doctrinas. Pero los resultados prácticos de su enseñanza, tal como se aprecia en la vida de hombres tales como Aidan y Finan (comp. Beda, iii. 17), incuestionablemente se acerca más a la concepción popular de la edad apostólica que el espíritu manifestado por los representantes de Roma.