Chambre Ardente es el nombre con el que llegó a ser conocido el tribunal de lo criminal del parlamento de París, creado el 8 de octubre de 1547 durante el reinado de
Enrique II, para entender en los procesos contra los
herejes. El apelativo no pudo ser más apropiado. Desde principios de diciembre de 1547 hasta el día 10 de enero de 1550, debió condenar a muerte a un centenar de personas por lo menos, en su mayoría de la clase humilde de tenderos y artesanos, y cuenta que su jurisdicción quedó circunscrita a un distrito solo de Francia. Idéntica actividad demostraron los parlamentos provinciales, especialmente los de Rouen, Toulouse y Aix. Los celos de los tribunales eclesiásticos contribuyeron a que se les reintegrase en el derecho exclusivo de entender en los crímenes de herejía en virtud de un edicto de fecha 19 de noviembre, quedando temporalmente suprimida la
Chambre Ardente; pero aquéllos continuaron demostrando flojedad y el día 27 de junio de 1551 fue promulgado un nuevo edicto en Chateaubriand que hizo pasar a los tribunales civiles el conocimiento de los delitos heréticos que envolviesen escándalo o perturbación pública, alentando a los delatores al prometerles una tercera parte de las propiedades del acusado. Nuevas ejecuciones llevadas a cabo en diversas partes de Francia pusieron de manifiesto que la severidad de los jueces era mayor que la de los
obispos.
En marzo de 1553 fue restaurada la Chambre Ardente y poco después tuvo efecto en Lyón una ejecución que impresionó profundamente al público. Se trató de la de los Cinco estudiantes de Lausana. Oriundos de distintos lugares del sudoeste de Francia, se habían dirigido a Lausana para prepararse por medio del estudio a la obra de evangelización. Uno de ellos había residido en compañía de Beza y otro en la de Viret. Al regresar a sus hogares, fueron detenidos en Lyón (1 de mayo de 1552) y condenados a muerte por el delito de herejía, por el juez eclesiástico. Como apelaron al parlamento de París, continuaron encarcelados todo el año esperando la decisión. En vano Beza, Pierre Viret y los cantones de Zurich y Berna intercedieron con el rey y con el cardenal de Tournon. No se les encontró culpables de otro crimen que el de profesar opiniones heréticas; no habían cometido acto alguno que pudiera ser tenido como peligroso para la paz pública o la religión católica. Su ejecución produjo una impresión enorme. La historia de la misma ocupa considerable espacio en Le Livre des Martyrs de Crespin, que vio la luz pública al año siguiente (1554), obra que pasó inmediatamente a figurar al lado de la Biblia y el Salterio protestantes, como manantial de inspiración y valor en días de persecución.