Historia
CISMA DE ORIENTE
La relación de la Iglesia griega con la romana se puede describir como de creciente tensión desde el siglo V al XI. En la Iglesia antigua hubo tres obispos que tenían una posición prominente por la importancia política de las ciudades en las que estaban sus sedes: Roma, Alejandría y Antioquía. El traslado de la sede del imperio de Roma a Constantinopla y el posterior declive de Alejandría y Antioquía por los conflictos con el islam, promovieron la importancia de Constantinopla. Además, la tranquilidad teológica del oeste en contraste con la turbulencia en el este, que perturbó a los patriarcados orientales, fortaleció la posición de los papas, que hicieron repetidas afirmaciones de primacía, pretensión que nunca fue reconocida en el este. La presión sobre los patriarcas orientales preparó el camino de la separación e insistir en ello en tiempos de tensión fue causa de la ruptura.
El espíritu teológico del este era diferente del que había en el oeste. La teología oriental hundía sus raíces en la filosofía griega, mientras que en buena medida la teología occidental estaba basada en el derecho romano. Este contraste dio origen a malentendidos y finalmente llevó a dos caminos separados ampliamente al definir y considerar una doctrina importante, como era la procesión del Espíritu Santo. La controversia filioque fue un factor vital en el cisma. Igualmente, la Iglesia ortodoxa rechazaba el celibato forzoso del clero occidental, la limitación del derecho de confirmación a los obispos y el uso de pan ácimo en la eucaristía.
Los celos políticos y los intereses propios intensificaron las disputas y, finalmente, tras muchos síntomas premonitorios, la ruptura total se produjo en 1054, cuando el papa León IX excomulgó a Miguel Cerulario y sus seguidores, haciendo éste en represalia lo mismo contra el papa y los suyos. Antes había habido excomuniones mutuas, pero nunca habían resultado en cismas permanentes. En ciertos momentos pareció haber posibilidades de reconciliación, pero la brecha creció; en particular, los griegos quedaron profundamente resentidos por la toma por los latinos de Constantinopla en 1204. Las gestiones occidentales para la reunión (en términos occidentales), tales como la del concilio de Lyón (1274) o la del de Ferrara-Florencia (1439), fueron rechazadas por los bizantinos.
Aunque las mutuas excomuniones fueron levantadas en 1965, el cisma entre la Iglesia ortodoxa y la católica persiste, no vislumbrándose un arreglo, dadas las profundas diferencias de orden doctrinal que siguen separando a ambas Iglesias.