Historia
CLEMENTINAS
- Las Homilías
- Enseñanzas doctrinales
- Las Recogniciones
- El Epítome
- Discusión del problema de las Clementinas
- Relación de las Recogniciones con las Homilías
Las Homilías.
Turrianus fue el primero, en su Pro canonibus apostolorum (1573), en dar información sobre las Homilías, usando un manuscrito que parece haber desaparecido. Fueron publicadas en 1672 por Cotelerius a partir de un manuscrito en la biblioteca de París, que, sin embargo, acababa con la homilía decimonovena y presentaba un texto muy corrupto. La primera edición completa fue la de Dressel (1853), de un manuscrito recién descubierto en la biblioteca Otoboniana en Roma. Lagarde hizo el primer intento de proporcionar un texto críticamente seguro en 1865. El libro consiste de dos cartas a Santiago y 20 "homilías" también dirigidas a él. La primera carta pretende ser de Pedro, pidiendo a Santiago que guarda el secreto de las doctrinas especiales que le ha trasmitido. La segunda se supone que es de Clemente, anunciando que Pedro le ha nombrado su sucesor en Roma y le ha encargado que le envíe a Santiago un relato de su larga asociación. Clemente, habiendo buscado la verdad en vano en las escuelas filosóficas, escuchó algo sobre Jesús y se decidió a ir a Judea para encontrar una respuesta a sus preguntas. En Alejandría se encontró con Bernabé, quien le dirigió a Pedro en Cesarea. Pedro lo instruyó en el cristianismo y lo invitó a estar presente en la disputa con Simón el Mago que pronto tendría lugar. Duró tres días. Al final de la misma, Simón, derrotado, tuvo que huir; Pedro se quedó durante un tiempo, fundó una iglesia local y consagró a Zaqueo como su obispo. Antes de partir en pos de Simón, envió a Clemente, con Nicetas y Aquila, que le trajeran nuevas suyas. No lo encontraron en Tiro, pero hallaron a algunos de sus amigos, con uno de los cuales, Apión el gramático alejandrino, Clemente disputó hasta que Pedro llegó. Juntos continuaron su viaje, predicando Pedro a los paganos y fundando iglesias. En el camino Clemente narra su propia vida y cómo sus padres y dos de sus hermanos habían desaparecido misteriosamente mucho antes. Entonces llega Simón y la principal discusión tiene lugar, durando cuatro días, sobre las revelaciones y visiones divinas, sobre el Dios Altísimo y sobre el mal. Simón es derrotado y se retira, pero por sus artes mágicas cambia la apariencia de Fausto, el hermano de Clemente, en su propia semejanza. En esta forma Pedro lo envía a Antioquía, donde el auténtico Simón tiene muchos partidarios, para hacer una retractación de toda su enseñanza. Pedro habiendo organizado una iglesia en Laodicea, parte para Antioquía.
Enseñanzas doctrinales.
Esta romántica narrativa es sólo un marco para el desarrollo doctrinal. La doctrina tiene dos lados, uno metafísico y otro ético, que permiten que irreconciliables ideas estén delineadas una al lado de la otra. El objetivo de la vida humana es la obtención del bien más elevado, posible sólo mediante un verdadero conocimiento de Dios y de todas las cosas, que el pecado impide al hombre obtener sin revelación. Dios se reveló primero en la creación y luego, tras ser oscurecida por el pecado, a través del "verdadero profeta." Ha de ser reconocido por medio de la profecía y, una vez conocido, debe ser seguido implícitamente. Ha aparecido no en una sola persona, sino bajo diversas formas y nombres. Ocho personas han tenido una relación especial con esta revelación: Adán, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés y Cristo; Adán, Moisés y Cristo están sobre los demás, siendo Cristo el más elevado. La primordial revelación en Adán, la enseñanza de Moisés y el cristianismo son esencialmente idénticos. El cristianismo es lo que Moisés enseñó purificado, con la adición, sin embargo, de la predicación a los paganos y el bautismo. La muerte de Cristo no significa salvación para el autor, quien guarda silencio sobre la resurrección. La doctrina fundamental de un Dios, creador, se desarrolla en dos diferentes direcciones: una decididamente panteísta y otra que lleva no menos fuertemente, por un énfasis ético, a una idea totalmente opuesta del universo. Aquí Dios todavía es uno, pero personal y descrito en los términos más antropomórficos. El hombre, hecho a su imagen, es libre y de ahí procede el pecado. El diablo está siempre seduciendo a los hombres y el "verdadero profeta" les enseña de nuevo cómo servir a Dios. Si el mal surge de la libertad, sólo puede haber un fin para el mismo, el castigo eterno. El autor ha intentado evidentemente reconciliar esas dos tendencias conflictivas, especialmente en su enseñanza sobre el mal. Toda propiedad es pecado; comer carne está prohibido; el matrimonio, aunque considerado una contaminación, se permite e incluso es alabado; se recomiendan y mandan las abluciones frecuentes. El episcopado aparece como una institución viva; el obispo resume en sí mismo, como representante de Cristo, a la iglesia local y Santiago, el obispo de Jerusalén, a toda la Iglesia.
Las Recogniciones.
Las Recogniciones existen sólo en la traducción de Rufino. El nombre se toma del lenguaje técnico del drama y se refiere al reencuentro de la familia de Clemente. La versión latina existe en numerosos manuscritos. El arreglo del material se corresponde con el conjunto del principal cuerpo de las Homilías. Sin embargo, Bernabé llega a Roma en lugar de Clemente a Alejandría. Se da un informe de los tres días de la primera discusión con Simón, variando considerablemente del de las Homilías. En lugar de la segunda disputa con Simón, hay una discusión de tres días sobre el destino entre Pedro, Clemente y su padre y hermanos. El final es el mismo, pero va más allá hasta narrar la fundación de una iglesia en Antioquía y el bautismo del padre de Clemente. En doctrina muestra pocas peculiaridades diferentes a las de las Homilías y da la impresión de ser una revisión apta para cierta clase de lectores.
El Epítome.
El Epítome, publicado primero por Turnebus (París, 1555), luego por Cotelerius en su Patres Apostolici, es un extracto de las Homilías, con la adición de una porción de la carta de Clemente a Santiago, otra del relato de su martirio por Simeón Metafrastes y una conclusión de la narrativa de un milagro realizado por él que es atribuido a Efraín, obispo de Cherson. Dressel publicó una edición basada en una nueva colección de manuscritos (Leipzig, 1859), con una copia variante que difiere de la primera sólo en que toma más de las Homilías. Esos extractos no tienen importancia sobre las cuestiones principales en cuestión. Se pusieron grandes esperanzas en la aparición de la edición de Lagarde de una versión siríaca (1861) que no arrojó nueva luz sobre el origen e historia del grupo. El asunto narrativo continuó interesando mucho después de que la importancia original de los libros quedara olvidada. Se introdujo en el cuerpo de la leyenda medieval y se piensa que ha influido en el desarrollo del relato de Fausto.
Discusión del problema de las Clementinas.
La discusión científica de toda la cuestión realmente comenzó con Neander, quien en el apéndice a su Genetische Entwicklug der gnostischen Systeme (1818) presentó una exposición del contenido doctrinal, y Baur quien elaboró un buen caudal de evidencia para su concepción de la Iglesia primitiva a partir de las Homilías. Consideró el libro, originado en la iglesia de Roma, una evidencia del prevaleciente judaísmo en ella y la constitución eclesiástica que se muestra en el mismo la base del sistema católico. En oposición a él apareció la exhaustiva obra de Schliemann. Fue el primero en argumentar sobre la prioridad de las Homilías y la dependencia de las Recogniciones. Schwegler aceptó esta idea y consideró que las Homilías mostraban el punto decisivo del ebionismo con la fusión, mientras que las Recogniciones marcaban la conclusión de este proceso, la etapa de neutralidad y paz.
Relación de las Recogniciones con las Homilías.
Hasta este punto la cuestión literaria de la relación de los dos libros y su origen de escritos más antiguos había sido olvidada. La obra de Hilgenfeld que hizo época la acometió. Él consideró que el original estaba en las Recogniciones y una redacción en las Homilías. Sobre la base de una detallada investigación desarrolló la teoría de una antigua "Predicación de Pedro" escrita en Roma no mucho antes de la destrucción de Jerusalén en favor del cristianismo judío. Sobre las indicaciones de actitud polémica trazó una serie de redacciones; pensó que el oponente de Pedro en el original probablemente no era Simón el Mago sino Pablo, convirtiéndose luego sucesivamente en representantes del gnosticismo basilidiano, valentiniano y marcionita, el último en las Homilías, que él creyó habían sido redactadas de las Recogniciones en Roma bajo Aniceto (151-161). Contra Hilgenfeld, Uhlhorn acometió la defensa de la prioridad de las Homilías una vez más, contendiendo que un fragmento del núcleo había de ser encontrado no, como Hilgenfeld había pensado, en Recogn. i. 27-72, sino en Hom. xvi-xxix y que el lugar de nacimiento de todo el grupo no era Roma ni Asia Menor, sino Siria oriental. Lo consideraba demostrado por la naturaleza mezclada del sistema doctrinal, mayormente relacionado con el de los elkaisitas, aunque influenciado por la cultura helénica y mostrando distintos elementos estoicos. Su teoría era que la obra original fue compuesta allí hacia el año 150 y las Homilías adaptadas de ella hacia 170, con la idea de hacer propaganda en el mundo pagano, especialmente en Roma. Con este propósito fue introducido Clemente y añadido el color local romano. Las Recogniciones serían una adaptación añadida hecha en Roma no mucho después de 170, más aceptable a causa de su aproximación al cristianismo ortodoxo.
La siguiente contribución importante a la discusión fue la de Lehmann, que tomó un curso medio entre la de Hilgenfeld y la de Uhlhorn, separando las Recogniciones en dos partes de diferente autoría (i-iii y iv-x), de las que la primera es anterior y la segunda posterior a las Homilías. Este tratamiento fue llevado más adelante por Lipsius, quien encontró el núcleo en una hipotética Acta Petri de tendencia fuertemente anti-paulina, escrita algún tiempo antes del año 150, hallándose huellas de esta obra en Acta Petri et Pauli (en Tischendorf, Acta apostolorum apocrypha, Leipzig, 1851), pero revisada en un sentido ortodoxo. Un fragmento de la misma fue recreado en un sentido anti-gnóstico hacia 140-145, siendo el resultado nuevamente ampliado por la adición del novelesco relato de Clemente y adaptado en una forma antigua de las Recogniciones, de las que existen dos formas posteriores, una fuertemente anti-marcionita en las Homilías y la otra en las actuales Recogniciones, donde el interés dogmático queda subordinado al ético y la materia específicamente ebionita queda eliminada. Langen asumió una idea muy diferente, presuponiendo una "Predicación de Pedro" compuesta en Roma tras 135, con el propósito de proclamar para Roma el primado de la cristiandad judía perdida por Jerusalén. Fue revisada en Cesarea poco antes de 200 en un sentido fuertemente judeocristiano, para defender la pretensión de Cesarea al primado, y darnos las Homilías, mientras que las Recogniciones son una versión fresca hecha en favor de Antioquía a principios del siglo tercero.
Ninguna de esas ideas ha obtenido aceptación universal. Es imposible afirmar la prioridad absoluta de las Homilías o de las Recogniciones o contemplar a una como la fuente de trabajo de la otra. Las opiniones en contra de la fecha de composición difieren más ampliamente que nunca. Mientras que hubo unanimidad práctica tocante a las obras sobre el siglo segundo, 170 o 180 como mucho, Harnack la retrasó hasta no antes de la primera mitad del siglo tercero. La importancia de las Clementinas para la historia de la Iglesia antigua, afirmada por Baur y Schwegler, se ha abandonado.