Historia
CLUNY
- Fundación, 910
- Odón, segundo abad, 927-941
- Odilo, quinto abad, 994-1049
- Influencia reformadora
- Pedro el Venerable, abad 1122-55
- Declive

Al principiar el siglo X, después de que la civilización franca y las instituciones religiosas hubieran sufrido por las incursiones de normandos y sarracenos, comenzó un movimiento general de reforma monástica, que está asociado con la abadía de Cluny en la diócesis de Mâcon. Fue fundada por el duque Guillermo el Piadoso de Aquitania en el año 910, siendo Berno, un burgundio de noble familia, quien ya se había distinguido por la reforma de otras dos abadías, puesto al frente. El acto de fundación la puso bajo la protección especial de los apóstoles Pedro y Pablo y del papa, quien la eximió de toda jurisdicción temporal o espiritual. Esta relación, aunque protegía a la abadía de las exacciones y ambiciones de los dignatarios locales, la entregaba a un constante interés en el desarrollo del poder papal.
Odón, segundo abad, 927-941.
La regla benedictina fue la base de las nuevas instituciones, con la adición de los capitularios de Aix-la-Chapelle de 817 y las reformas de Benito de Aniano. Se puso especial énfasis en la renuncia a la propiedad privada y la abstinencia de la carne de cuadrúpedos, siendo el silencio reforzado. La recitación de los salmos y la lectura de las Escrituras fue impuesta y requerida la obediencia incondicional al estricto gobierno monárquico del abad. A la muerte de Berno en 927 le sucedió su discípulo Odón. El nuevo abad, un hombre de singular poder espiritual e intelectual, acometió una amplia reforma de la vida monástica, fortalecido por un privilegio de Juan XI (931) que le permitía asumir la supervisión de más de un monasterio y recibir en Cluny monjes de aquellas casas que no habían sido reformadas. Logró devolver a algunas al antiguo rigor, aunque la mayoría de ellas permanecieron independientes de Cluny. Con el apoyo de León VII y Alberico, el gobernador secular de la ciudad, reformó varias abadías en Roma misma, así como otros monasterios italianos, incluyendo Subiaco y Montecassino. Cuando murió en 941 en Tours la reforma se había esparcido por toda Francia, llegando hasta el sur, en Palermo. Sus sermones y otros escritos con una biografía por un monje italiano están en MPL, cxxxiii.

Bajo el sucesor de Berno, Aymard, hubo 160 monjes en Cluny, pero sólo cinco de las grandes abadías estaban directamente bajo la jurisdicción de su abad. Mayolo, su siguiente cabeza, fue altamente estimado y favorecido por el emperador Otón I, quien quiso poner todos los monasterios en sus dominios alemanes e italianos bajo Cluny. Mayolo murió en 994 y fue sucedido por Odilo, un abad típico del siglo XI en su combinación de riguroso ascetismo y piedad mística con una administración sabia y hábil. Bajo él la reforma se esparció a España y por la influencia de Cluny la regla nativa de Isidoro fue generalmente sustituida por la de Benito. Desde los tiempos de Odilo se fecha el comienzo definido de una "congregación", al ser puestos los monasterios reformados o los nuevamente fundados en permanente dependencia de la casa madre. Él tuvo una gran influencia en el joven Otón III, aunque no igual a la de los reformadores italianos, con cuya obra los franceses estuvieron por vez primera relacionados. Poppo llevó el movimiento a Alemania, convirtiéndose en abad de Stablo en la diócesis de Lieja y de San Maximino en la de Tréveris y ejerciendo una poderosa influencia bajo Enrique II y Conrado II, confiándole éste varias abadías imperiales, incluyendo Saint Gall.
Influencia reformadora.
Gradualmente el movimiento de reforma se amplió hasta abarcar la vida social fuera de los muros del monasterio. Los esfuerzos de Odilo para imponer la Tregua de Dios, una notable bendición para la agricultura y el comercio, son universalmente reconocidos por su importancia. Los reformadores atacaron los problemas de la vida general de la Iglesia, combatiendo la simonía, el matrimonio clerical y los matrimonios no canónicos de los laicos. Un programa definido, sin embargo, fue primero establecido por Abbo de Fleury y los reformadores de Lorena, para establecer plenamente el derecho canónico. Enrique III halló un poderoso apoyo en los dirigentes del movimiento, especialmente Odilo y Pedro Damián, por sus esfuerzos para mejorar la condición de la Iglesia y cuando el papado, recuperado de su degradación, tomó la dirección en el esfuerzo general por la mejora, encontró sus principales aliados en los monjes de Cluny. Sin embargo, al principio no estaban decididamente del lado del papa contra el emperador y en el conflicto entre Enrique IV y Gregorio VII, el sucesor de Odilo, Hugo I (1044-1109), permaneció prácticamente neutral. Su influencia fue especialmente grande bajo Urbano II, el primer papa de Cluny. En 1089 comenzó la construcción de la gran basílica, la iglesia más grande del mundo después de la de San Pedro en Roma. La primera casa cluniacense se fundó en Inglaterra con la ayuda de Guillermo el Conquistador y aunque no hubo muchos establecimientos directos en Alemania, el espíritu de Cluny se difundió allí a través de las reformas similares de St. Blasien y en Hirschau.

Miniatura del Chronicon Cluniacense, Biblioteca Nacional de París

El primer síntoma de declive apareció bajo el abad Poncio, quien en 1114 medió entre Pascual II y Enrique V y durante cuatro años ofreció asilo a Gelasio II que huía del emperador, tal como Anselmo de Canterbury lo había encontrado allí en 1097. La destitución de Gelasio y la elección de su sucesor Calixto II tuvo lugar en la abadía. Bajo Pedro el Venerable se elaboró el Consuetudines Cluniacenses. En contraste con la constitución aristocrática de los cistercienses, ellos subrayaron el sistema monárquico centralizado de Cluny. Sin el permiso de su abad ningún novicio podía ser recibido en la congregación y cada uno debía presentarse en la casa madre en el plazo de tres años desde su recepción para recibir la bendición del abad. Pedro detuvo el proceso de declive y la congregación tenía 314 casas cuando murió.

Pero la posición predominante de Cluny comenzó a ser tomada por los premonstratenses y luego por los cistercienses. La declaración de Hugo III para la pretensión imperial del papado en 1159 dañó la posición de Cluny todavía más y ni la reforma de sus sucesores ni los intentos de Ivo II en 1269 de establecer un centro del saber en París, el colegio de Cluny, tuvieron efectos permanentes. La posición independiente de la abadía fue parcialmente abandonada por Ivo I en 1258, cuando la puso bajo la protección de Luis IX, lo que desembocó posteriormente en la sujeción a la corona francesa. Los papas de Aviñón reclamaron el derecho a nombrar abades, poniendo Juan XXII y Clemente VI a parientes propios, dominándola los reyes desde 1456, cuando Carlos VII de Francia designó a Juan de Borbón, miembro ilegítimo de su casa. Desde 1528 a 1622 fue poseída in commendam por la familia de Guisa. En la Reforma, con la supresión de las casas inglesas, alemanas y suizas y la obtención de independencia por las españolas e italianas, la congregación perdió su carácter internacional. Durante el período de los Guisa la abadía sufrió severamente en las guerras de religión; en 1562 los hugonotes destruyeron una gran parte del bello edificio y dispersaron la biblioteca. El cardenal Richelieu la tuvo en sucesión hasta el último abad regular e intentó en 1634 combinarla con la congregación de San Mauro, un acto que fue revertido 10 años más tarde por su sucesor Armand, príncipe de Conti. Los siguientes abades fueron el cardenal Mazarino (1654-61) y el cardenal Rinaldo d'Este, hermano del duque de Módena y protector de Francia en Roma (1662-72). Tras él siguió un interregno de 11 años y luego fue tenida desde 1683 a 1710 por el cardenal de Bouillon. En 1790 fue suprimida por la Asamblea Constituyente, que vendió la magnífica iglesia a la comuna por 100.000 francos, lo que desembocó en su casi completa destrucción. El museo de Cluny en París, originalmente construido (1334) como sede parisina del abad, preserva una espléndida colección de antigüedades, procediendo una gran parte de la abadía.