Historia

COLONIA, ARZOBISPADO DE

El surgimiento de la ciudad de Colonia estuvo relacionado con el traslado por Augusto de la tribu germánica de los ubii a la orilla izquierda del Rin. Su acpital fue Oppidum Ubiorum y en el año 50 era una colonia de veteranos romanos (Colonia Agrippina). Se convirtió en cuartel político y militar de la provincia de la baja Alemania y pronto en la ciudad más populosa del bajo Rin. Si se toma literalmente la declaración de Ireneo (I. x. 2) sobre las comunidades cristianas en las provincias germanas, indicaría una antigüedad para la iglesia de Colonia que llegaría al siglo II. El primer dato cierto procede de la participación del obispo Materno en el sínodo de Arlés (mencionado por Eusebio y Optato) y por algunas inscripiones del siglo IV proporcionadas por Kraus. Su pequeño número muestra que Colonia fue un centro cristiano menos importante que la vecina Tréveris, lo cual concuerda con la mención de la iglesia como un conventiculum por el escritor pagano Amiano Marcelino en 355. La lista de obispos no va más allá de Materno y la atribución del mismo nombre al legendario fundador indica que la tradición no conocía un obispo anterior. A su sucesor, Éufrates, lo menciona Atanasio participando en el sínodo de Sárdica; su nombre no aparece en la lista, siendo probablemente borrado posteriormente a consecuencia de una leyenda (franca) que lo estigmatizó como arriano, afirmando que fue destituido por un sínodo en Cartago en 346. La mención que hace Venancio Fortunato de Carencio, que no aparece en las listas, muestra que no dependen de ellas y la misma conclusión se sigue de que solo se proporcionan cuatro nombres para los tres primeros siglos. Es probable, aunque no es seguro, que la iglesia de Colonia perdurara durante la caída del poder romano y la conquista franca, en cuyos primeros años es posible que los obispos obtuvieran o reclamaran rango metropolitano; pero el sistema metropolitano perdió pronto su importancia en el reino franco y los ocupantes de la sede aparecen como simples obispos en el siglo VIII. La elevación de Colonia a sede metropolitana no tuvo lugar hasta la consagración de Hildebold hacia 795; la sede sufragánea fue al principio la franca Lieja, la frisona Utrecht y después las sajonas Münster, Osnabrück, Minden y Bremen. La diócesis de Colonia era muy grande. Bajo el reinado de Felipe de Heinsberg (1168-91) sus posesiones previas se aumentaron y consolidaron por la compra y cambio y tras la caída de Enrique el León se añadió el ducado de Westfalia y Engren (Angraria) (1180). Desde ese tiempo en adelante los arzobispos fueron los príncipes más poderosos en Alemania noroccidental.

Mapa de la organización eclesiástica en la Baja Edad Media - Colonia
Mapa de la organización eclesiástica en la Baja Edad Media - Colonia

Los arzobispos de Colonia fueron prominentes en los conflictos de los Hohenstaufen con sus enemigos y Engelbert I, conde de Berg (1216-25), fue el magnate destacado de Alemania y administrador del imperio durante la ausencia de Federico II en Sicilia. Una posición de igual importancia la desempeñó Conrado de Hostaden (1238-61) durante un tiempo tras la destitución de Federico, cuando era legado papal para Alemania, ungiendo a Guillermo de Holanda en Aachen y, según las prerrogativas de su sede, coronando a Ricardo de Cornualles como sucesor. La historia de los dos siglos siguientes es un registro de la lucha que surge de las contestadas elecciones imperiales, papales y arzobispales, hasta que el gobierno del sexagésimo sexto titular de la sede, Herman IV de Hesse, llamado el Pacificador (1480-1508), produjo muchas reformas. Herman V, conde de Wied, fue un favorecedor de la Reforma en los últimos cinco años de su mandato, siendo destituido y excomulgado en 1546, repitiéndose el caso con Gebhard II, Truchsess de Waldburg (1577-83), mientras que el joven Ernesto, príncipe de Baviera (1583-1612), no dejó un ejemplo edificante a sus feligreses. Su sobrino Fernando (1612-50) lo sucedió, reparando el daño ya ocasionado a la causa católica y su sobrino, Maximilian Henry, gobernó la gran archidiócesis desde 1650 a 1688 con tan poca sabiduría política que quedó devastada por ejércitos contendientes, haciéndose predominante la influencia francesa. Bajo otro príncipe bávaro, Joseph Clement (1688-1723), la historia externa de Colonia quedó ligada a los conflictos europeos. Sus intereses seculares le ocuparon tanto en la primera parte de su reinado que ni siquiera acometió sus funciones espirituales hasta 1707, cuando fue consagrado en Lille por Fénelon, dedicándose luego celosamente a la promoción de la religión. El último arzobispo de la casa bávara fue Clemente Augusto I (1723-61), hermano del elector Max Emmanuel, pero la casa de Austria suplió un archiduque, hermano del emperador José II, Maximilian Francis (1784-1801), que fue expulsado por los franceses y pasó sus últimos días en Viena. Napoleón dividió la diócesis, quedando las condiciones eclesiásticas confusas hasta 1821, cuando se reconstituyó el arzobispado con el territorio disminuido, teniendo a Tréveris, Münster y Paderborn como sufragáneas. El más notorio de los arzobispos del siglo XIX fue Clemente Augusto II, barón Droste-Vischering (1835-45), cuyo episcopado estuvo marcado por un vigoroso conflicto con el hermesianismo y con el gobierno prusiano sobre la cuestión de los matrimonios mixtos.