Historia

COMMUNICATIO IDIOMATUM

Communicatio idiomatum ("comunicación de atributos o propiedades") es un término que en la dogmática se refiere a la relación entre la naturaleza divina y la humana unidas en la persona de Cristo. El pensamiento que expresa procura establecer la relación entre la unio personalis y la communio naturarum. Tiene como propósito explicar que la vida y obra personal indivisa del Dios-hombre, sobre la base de la doble naturaleza unida en él, permanece en la más estrecha relación con la aparición histórica de Jesús y se propone dar una declaración dogmática final sobre la persona de Cristo.

El estanque de Betesda<br>por Carl Bloch
El estanque de Betesda, por Carl Bloch
Doctrina antes de la Reforma.
La doctrina comienza con la afirmación de que en virtud de la encarnación del Hijo de Dios, segunda persona de la Trinidad, existe un sujeto indiviso, el Dios-hombre, que en virtud de la iniciativa del Logos asume la naturaleza humana, de modo que ambas naturalezas, la divinidad y la humanidad, están indisoluble y perfectamente unidas la una y la otra en su persona. La formulación dogmática de la Iglesia antigua se limitó a fijar el hecho de la encarnación: Una persona divina (griego, hen prosopon o mia hyposteisis) que en su naturaleza divina es perfectamente Dios y en su naturaleza humana es perfectamente hombre, vindicando la integridad de ambas naturalezas en la unión y dentro de la unidad personal y reteniendo su relación plenamente indisoluble (declaración de Calcedonia de 451). En virtud de la "unión" de ambas naturalezas en la persona cada una comunica a la persona lo suyo propio y por tanto se puede decir: "El Señor de gloria fue crucificado" y por otro lado: "Este hombre es increado".

Martín Lutero, grabado de Lucas Cranach el Viejo
Martín Lutero, grabado de Lucas Cranach el Viejo
Lutero.
No fue el interés teológico científico, sino sostener la fe, lo que hizo que Lutero desde el principio subrayara el hecho de que el Hijo de Dios había asumido nuestra carne y sangre, hasta el punto de que nosotros somos hechos una carne con él. Para este fin subrayó la verdadera humanidad de Cristo y su desarrollo, sin limitar la divina naturaleza del Logos. Todo lo que Cristo hace o sufre lo refiere como hecho y sufrido por Dios, pero sin una extensión igual a ambas naturalezas. Partiendo de la unidad del Dios-hombre, fue tan lejos en la afirmación de la unión de las naturalezas y la comunión de propiedades que supuso que la naturaleza divina comunica su propiedad a la humana y a su vez ésta a aquélla. Influenciado especialmente por la controversia sobre la Cena, atribuyó a la naturaleza humana de Cristo un lugar en la existencia ubicua del Logos, existiendo esta unidad, en la que esta comunicación se apoya, desde el momento de la encarnación.

Brenz, Chemnitz y sus seguidores.
Los teólogos de Württemberg, encabezados por Johann Brenz, tomaron la idea de Lutero más decididamente y la llevaron a su conclusión lógica, esto es, que por medio de la unión personal de ambas naturalezas en la encarnación la humanidad de Cristo está también en todas partes donde está la divina, por lo que toda la comunicación de las naturalezas y sus propiedades existe con esta unidad realizada; y que en la exaltación posterior de Cristo permanece la manifestación de lo que existió. Por tanto la verdad de la naturaleza humana y su desarrollo fue lo menos oscurecido, ya que retuvieron no solo la declaración "Dios ha sufrido y muerto", sino que también avanzaron la afirmación de que incluso la naturaleza divina ha tomado parte en el sufrimiento de Cristo. "Las propiedades y hechos de esas naturalezas tienen su condición, que una comunica sus propiedades y hechos a la otra, lo cual es llamado la 'communicatio idiomatum' (Brenz, De libello Bullingeri, p. 105). Los teólogos de la baja Sajonia, encabezados por Martin Chemnitz, se retrajeron de esta deducción lógica de la unidad de la persona con referencia a la comunión de naturalezas y sus propiedades y se propusieron mantener, sin perjuicio de la unidad de la persona, las diferencias de las naturalezas así como las de los dos estados de Cristo. Esto no significa que exista una diferencia esencial entre las doctrinas sajona y suaba con referencia a las suposiciones y fundamentos mismos, pues Chemnitz expresamente negó que la unión hipostática de la plenitud de la Deidad en la naturalzea humana asumida llegara a ser "en el curso de los años, progresivamente más grande, más estrecha, más plena y más perfecta", sino que más bien declaró que fue "desde el primer momento de la unión hipostática" (De duobus naturis, p. 216) y decididamente se declaró en contra del postulado de que Dios puede estar ubicado en algún lugar sin ubicar también la humanidad asumida por él (p. 203).

La Fórmula de Concordia.
La declaración de la doctrina de la communicatio idiomatum tal como está expresada en la Fórmula de Concordia es plenamente incomprensible en todos los puntos si se separa del inmediato interés de la fe. Partiendo de las denominadas propositiones personales (Dios es hombre, este hombre es Dios) sobre las cuales, según la declaración, no había diferencia entre los filipistas y los teólogos suizos, procede a la declaración de la communicatio idiomatum basada sobre el reconocimiento de la unión personal de las naturalezas. Primero afirma el genus idiomaticum, esa clase de comunicación de propiedades por la que las propiedades comunes se han de atribuir a la persona del Dios-hombre con distinción de las naturalezas. Por ejemplo, el Hijo de Dios nació según la naturaleza humana, el hijo del hombre es poderoso según la naturaleza divina. Aquí también hay un acuerdo con sus oponentes, pero la diferencia de significado que se discierne en la expresión resulta de que por parte de los reformados esta communicatio era considerada sólo una dialectica prædicatio, no una realis communicatio.

Es evidente que en la confesión de la Iglesia luterana la cuestión no se decidió en lo que respecta a todos los atributos de la naturaleza divina comunicados a la humana, sino que el intento fue meramente señalar aquellas propiedades cuya comunicación estaba inmediatamente relacionada con la realidad de la obra de la redención y las funciones de Cristo basadas en ella (Solida Declaratio, viii. 55). Sobre la manera de la comunicación se contentaron con afirmar que realmente tuvo lugar, pero sin fusión de las naturalezas, según el modo de la unión personal (viii. 63-64). El interés inmediato de la fe, según el cual debe ser interpretada la declaración, quedó satisfecho, y ellos quedaron satisfechos también por saber que la divina omnipotencia, poder, majestad y gloria se muestran en, con y a través de la naturaleza humana asumida, "cuando y como le parece bien a Cristo", esto es, donde su oficio "como mediador, cabeza, rey y sumo sacerdote" lo exija (comp. viii. 78).