Historia
COMUNIÓN DE LOS MUERTOS
Comunión de los muertos es la costumbre en la Iglesia antigua de poner en la boca de los cristianos, que por súbita muerte no habían podido comulgar, un trozo del pan consagrado como viaticum. La práctica fue prohibida por los sínodos de Hipona (393), tercero de Cartago (397), Auxerre (578) y el segundo de Trullo (692). Balsamon señala que a los obispos les era dada la eucaristía tras su muerte, para protegerlos de los demonios en su camino al cielo. Esta idea fue la base de la costumbre. Posteriormente, un trozo del pan consagrado, en lugar de ser puesto en la boca del difunto, era simplemente colocado sobre el pecho y enterrado con él. Gregorio Magno afirma (Dialogi libro ii) cómo Benito de Nursia hizo esto en el caso de un joven monje que dejó su monasterio y se fue a su casa sin permiso, para que la tierra no rechazara cobijar su cuerpo muerto. El monje Yso relata en el siglo IX que cuando el cuerpo de Otmar, abad de Saint Gall, fue trasladado, se encontraron bajo su cabeza y sobre su pecho trozos redondos de pan. Yso no conocía el propósito del pan, lo que demuestra cuán enteramente había desaparecido de la memoria la antigua costumbre.