Historia
CONCIENCIA
- Origen del término
- Uso por parte de Pablo
- Los Padres y los escolásticos
- Los reformadores
- Filósofos modernos
- Problemas actuales
Origen del término.
La palabra "conciencia" se deriva del latín conscientia, que es paralela en derivación y significado con la del Nuevo Testamento syneidēsis (griego ático, syneidos), pero en los autores clásicos la palabra denota originalmente simplemente conocimiento, sin ningún matiz ético. Su uso en el sentido moderno de "conciencia", o el sentido moral del individuo aplicado a su propia conducta, ocurre con no poca frecuencia en Cicerón y Séneca. Este último personaje ha sido tomado especialmente para sugerir que la connotación ética procedió de la antropología estoica y de la doctrina legal; pero la palabra no ocurre en este sentido en ningún escritor estoico salvo Séneca y es más probable que adquiriera su significado posterior gradualmente en el curso del proceso que llevó al mundo antiguo de una obediencia irreflexiva a la costumbre tradicional hasta la apelación al tribunal interior del corazón de cada hombre. Este testigo interior, sin embargo, no tenía conexión religiosa. El daimon de Sócrates expresa la confianza en una elevada guía que tiene un colorido religioso, conociendo su misión el hombre grande, pero nada tiene que ver con la antigua syneidēsis y el tantas veces citado pasaje (Epist., xli) en el que Séneca habla del "espíritu santo que habita dentro de nosotros" es meramente la expresión del panteísmo estoico y por tanto no es religioso.
Uso por parte de Pablo.
El término no se encuentra en el Antiguo Testamento ni entre las palabras de Jesús. Fue introducido en el vocabulario cristiano antiguo por Pablo, fuera de cuyas cartas ocurre en el Nuevo Testamento sólo en los Hechos (en boca de Pablo), en 1 Pedro y en Hebreos. En su obra Pablo entra en contacto con la conciencia general humana (sino que hemos renunciado a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino que, mediante la manifestación de la verdad, nos recomendamos a la conciencia de todo hombre en la presencia de Dios.[…]2 Corintios 4:2) y apela a ella (ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos,[…]Romanos 2:15; 13:5,6) o corrige sus desviaciones procedentes de los restos de ideas paganas (Sin embargo, no todos tienen este conocimiento; sino que algunos, estando acostumbrados al ídolo hasta ahora, comen alimento como si éste fuera sacrificado a un ídolo; y su conciencia, siendo débil, se mancha.[…]1 Corintios 8:7; 10:23 y sig.). Por lo demás es sólo a la conciencia cristiana a la que se apela (Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Hermanos, hasta este día yo he vivido delante de Dios con una conciencia perfectamente limpia.[…]Hechos 23:1; Doy gracias a Dios, a quien sirvo con limpia conciencia como lo hicieron mis antepasados, de que sin cesar, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones,[…]2 Timoteo 1:3); sólo el autor de Hebreos (lo cual es un símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto en su conciencia al que practica ese culto,[…]Hebreos 9:9) usa la noción, por entonces ya aceptada en la terminología cristiana, como una breve expresión de la posición crítica de la nueva religión hacia la condición de las cosas bajo el antiguo pacto. Con Pablo la conciencia pre-cristiana se sitúa en el orden natural divino de la sociedad (4 pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo. 5 Por tanto, es necesario someterse, no sólo por razón del cas[…]Romanos 13:4,5) o más generalmente en la ley moral cuyos mandamientos incumben al corazón, en sustancial acuerdo con la ley judía revelada, teniendo de este modo hueco entre los gentiles (Romanos: 14,15). Los hace moralmente independientes por un juicio personal que penetra en los motivos más escondidos (Digo la verdad en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo,[…]Romanos 9:1; Porque nuestra satisfacción es ésta: el testimonio de nuestra conciencia que en la santidad y en la sinceridad que viene de Dios, no en sabiduría carnal sino en la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo y especialmente hacia vosotros.[…]2 Corintios 1:12) coordinado con el que escruta los corazones, siendo también capaz de efectuar juicios sobre otros (Por tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres, pero a Dios somos manifiestos, y espero que también seamos manifiestos en vuestras conciencias.[…]2 Corintios 5:11; 4:2). Pablo reconoce la posibilidad de que la conciencia sea débil, sujeta a otros poderes distintos al de Dios (Sin embargo, no todos tienen este conocimiento; sino que algunos, estando acostumbrados al ídolo hasta ahora, comen alimento como si éste fuera sacrificado a un ídolo; y su conciencia, siendo débil, se mancha.[…]1 Corintios 8:7.12) y errónea en sus juicios. Esto lleva al reconocimiento de la individualidad de la conciencia, a su derecho de juicio independiente, cuya negación destruye la personalidad moral (Quiero decir, no vuestra conciencia, sino la del otro; pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por la conciencia ajena?[…]1 Corintios 10:29; 8:10). Por la sangre de Cristo la conciencia es limpiada y el cristiano obtiene una "buena" conciencia (Digo la verdad en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo,[…]Romanos 9:1; Porque nuestra satisfacción es ésta: el testimonio de nuestra conciencia que en la santidad y en la sinceridad que viene de Dios, no en sabiduría carnal sino en la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo y especialmente hacia vosotros.[…]2 Corintios 1:12; ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?[…]Hebreos 9:14; 10:22). Esta buena conciencia está relacionada (Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo,[…]1 Pedro 3:21; acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura.[…]Hebreos 10:22) con el don de la gracia. Esta buena conciencia no es la certeza de la reconciliación, sino el espejo de la condición moral. De ahí que su principal característica sea su sinceridad (Porque nuestra satisfacción es ésta: el testimonio de nuestra conciencia que en la santidad y en la sinceridad que viene de Dios, no en sabiduría carnal sino en la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo y especialmente hacia vosotros.[…]2 Corintios 1:12), que atestigua su pureza (sino guardando el misterio de la fe con limpia conciencia.[…]1 Timoteo 3:9; Doy gracias a Dios, a quien sirvo con limpia conciencia como lo hicieron mis antepasados, de que sin cesar, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones,[…]2 Timoteo 1:3). Su opuesto es una conciencia quemada, contaminada (mediante la hipocresía de mentirosos que tienen cauterizada la conciencia;[…]1 Timoteo 4:2; Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas.[…]Tito 1:15). La "fe genuina" permanece o cae con una conciencia pura (5 Pero el propósito de nuestra instrucción es el amor nacido de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera. 19 guardando la fe y una buena conciencia, que algunos han rechazado y naufragaron en lo que toca a la fe. […]1 Timoteo 1:5,19; 3:9; 4:1,2).
Los Padres y los escolásticos.
Pero aunque Pablo dio una sanción definida al término, no hay evidencia de que pasara al lenguaje normal de la Iglesia antigua; apenas se encuentra en la literatura primitiva y luego aparece primero en escritos exegéticos; Crisóstomo, con su tendencia práctica, es el primero en hacer uso del mismo describiéndolo como una fuente independiente de percepción moral y coordinándolo con el universo creado como un medio del conocimiento de Dios. Mientras que él fue más allá de la concepción pagana, Agustín y su oponente Pelagio tendieron a apoyarse en la mera idea de un conocimiento que atestigua y juzga la acción moral. Desde Agustín se trasmitió la relación de la conciencia con el conocimiento más general, como en Abelardo, en el conocimiento de la obligación, o a veces, como en Bernardo, en el del juicio incorruptible, sirviendo para subrayar la vida interior en contraste con lo externo de la teología eclesiástica. La teología escolástica siguió a Alejandro de Hales estrechamente; la expresión clásica se encuentra en Tomás de Aquino (Summa, I. lxxix; I, parte ii. xciv). La peculiaridad de este primer tratamiento científico del asunto es la introducción de la idea de syntērēsis, entendida por los escolásticos, en dependencia de la psicología aristotélica, como el intelecto práctico, es decir, en su noción, la potentia o habitus de los principios morales, mientras que conscientia se distingue de ella al ser la aplicación de los mismos al acto individual. Con esta distinción se introdujo la idea de la falibilidad de la conciencia y de esta manera se abrió la puerta a toda clase de juicios cogidos por los pelos, ejemplificados en los libros de casuística. El resultado extremo de esa tendencia se aprecia entre los jesuitas, cuyo sistema moral nada sabe de syntērēsis y estima a la conscientia como un prejuicio que ha de ser removido por el probabilismo. Por otro lado, el misticismo latino hizo un uso fructífero de la doctrina escolástica cuando, al seguir la dirección patrística, definió (especialmente en Gerson) la syntērēsis como el poder por el que el alma anhela y es capaz de entrar en contacto inmediato con Dios.
Los reformadores.
La atención prestada tanto por los teólogos profesionales como por el sistema práctico de la Iglesia a la conciencia, hasta donde fue más allá de los límites del Nuevo Testamento, fue una razón por la que se convirtió en un factor tan importante en las discusiones de la Reforma. Sin embargo, tales discusiones derivan más bien de Bernardo y Abelardo que de los escolásticos. Para Lutero y sus seguidores se trataba unas veces del conocimiento independiente del deber, otras de la percepción de la tristeza por el pecado, cuya acusación no puede silenciarse salvo por la seguridad de la justificación por la fe. En cualquier término que se defina tiene que ver con la relación de la vida moral con Dios, subrayándose principalmente la función de juzgar e incluso condenar; es el órgano que relaciona la justicia entre Dios y el hombre. De manera semejante Calvino la denomina "el sentido del juicio y el imperio divino." Especialmente característicos son los pasajes en los que trata con ella, particularmente en su doctrina de la justificación por la fe y la libertad cristiana. El ojo de la fe escruta firme y claramente desde la segura atalaya de la obligación religiosa incondicional sobre el amplio dominio de la libertad de conciencia.
Filósofos modernos.
La forma en la que los teólogos ortodoxos hablaron de la conciencia cristiana, presuponiendo una relación de dependencia hacia Dios y la obligación de obedecer su ley, fue atacada por el deísmo inglés, cuando opuso lo natural como lo universal a lo positivo histórico como lo particular y sin apoyo. Desde Hutcheson ha sido costumbre en Inglaterra reemplazar las "ideas innatas" por el sentido moral, entendido hasta combinar esta obligación moral con el escepticismo intelectual en cuanto ley ética universal vinculante, negando cualquier relación religiosa. La consecuencia última de esta oposición entre naturaleza e historia se aprecia en Rousseau, cuya "conciencia natural" fue un mero instinto que lleva a la moralidad, sin contenido de culpa u obligación. Por otro lado, Kant, subrayó y reconoció un tribunal interior de dignidad incomparable. Fichte definió la conciencia como "el conocimiento inmediato del deber específico", que supone la certeza incondicional de un conocimiento del deber con el que un juicio práctico, lógicamente deducido de premisas reconocidas, está dotado. El exagerado énfasis puesto sobre la certeza moral llevó a la extensión de la palabra a un criterio de prueba en todas las relaciones prácticas, como con Herbart y Krauss ("la necesidad innata de tener un ideal y de reconocerlo como juez establecido sobre nosotros"). Se trata de una notable declinación de las antiguas y elevadas afirmaciones, yendo más allá todavía cuando Hegel, que aunque reconoció la certeza subjetiva incondicional de la noción de moralidad, insistió que debe medirse por la idea o la objetividad de la ética social; o como cuando Schopenhauer sustituye el conocimiento infalible e imperativo del deber por un "protocolo de hechos", que es una norma puramente objetiva y empírica. Desde su tiempo ha habido una tendencia creciente a sustituir la autonomía de la autoconciencia del sujeto por el desarrollo cultural de la sociedad y a estimar la conciencia, con Spencer, como un producto de la educación, sea buena o mala.
Problemas actuales.
De ahí surge el primero de los puntos más discutidos en los tratados teológicos modernos; si la conciencia es algo innato y primordial y ha de ser considerada sólo un fenómeno subjetivo, el conocimiento formal del deber, o tiene un contenido modelado por el exterior. Esto, con la otra cuestión de la relación de la religión y la moralidad, es un asunto de gran interés para aquellos que ahora discuten la religión desde la posición antropológica. Sin embargo, la solución del problema depende como norma de la idea general sostenida por cada uno de los autores que han tratado el asunto de la conciencia. Una cuestión añadida, tratándose esta vez de un asunto más práctico que teórico, tiene que ver con la libertad de conciencia. Depende de la individualidad de la conciencia y es combatida por la afirmación de que se puede moralmente estar obligado por otra autoridad que no sea la de Dios. Tal afirmación aparece en su sentido más obvio cuando una institución como la Iglesia católica identifica sus proclamaciones con la revelación divina. De la protesta de los reformadores contra esta afirmación surgió la demanda del libre ejercicio de la religión dentro de los límites del orden social y de una expresión sin restricciones de cualquier convicción religiosa o ética.