Historia
CONSTITUCIONES Y CÁNONES APOSTÓLICOS
Las Constituciones profesan ser regulaciones para la organización de la Iglesia expuestas por los apóstoles mismos y publicadas para los creyentes por Clemente de Roma. En realidad son de origen sirio y fueron compuestas por un clérigo, basándose en fuentes más antiguas, en la segunda mitad del siglo cuarto. Consisten de ocho libros. Los ochenta y cinco Cánones tienen la forma de decisiones sinodales y proceden de la misma fuente no mucho más tarde. El destino de las dos colecciones, tan estrechamente cercano en su origen, ha sido diferente. Las Constituciones nunca fueron recibidas fuera de un estrecho círculo. Fueron consideradas espurias incluso en una edad tan extremadamente poco crítica y por tanto nunca llegaron a entrar en conjunto en ninguna de las grandes colecciones de derecho eclesiástico en el este, aunque una parte del libro octavo sí se encuentra allí con frecuencia. No se conocieron en el oeste hasta el siglo XVI, tiempo en el que ni Baronio ni Bellarmino hicieron ningún intento para vindicar su autenticidad, aunque hubo teólogos anglicanos que pusieron gran interés en ellas y frecuentemente sostuvieron su origen apostólico. Por otro lado, los Cánones fueron recibidos generalmente como genuinos, siendo incluidos en muchas colecciones de derecho eclesiástico y traducidos a varias lenguas orientales; hasta hoy están al principio del sistema canónico de la Iglesia oriental. Los primeros cincuenta los dio a conocer en el oeste Dionisio el Exiguo († antes de 544), de quien pasaron a un número de colecciones latinas, por ejemplo las Decretales pseudo-Isidorianas, el Decretum de Graciano y las Decretales de Gregorio IX.
Las Constituciones, libros uno-seis.
La crítica de las Constituciones se puso sobre fundamentos seguros por vez primera cuando se asignaron definitivamente sus fuentes: los primeros seis libros (por Lagarde) a la Didascalia, el séptimo a la Didaché y el octavo a los escritos de Hipólito de Roma. La primera de esas fuentes es una constitución del siglo tercero, escrita por un obispo de Coele-Siria y atribuida por él a los doce apóstoles. Su único valor yace en que proporciona una descripción minuciosa de la vida de una comunidad cristiana del siglo tercero. La vida cotidiana del individuo y la familia, la adoración pública, la amplia caridad práctica y la estricta disciplina moral, la relación de la Iglesia con el Estado y el mundo exterior, en ciencia, arte y literatura, se describen vívidamente en la Didascalia. Arrojan luz sobre el origen del orden de las diaconisas. Algunas cosas son peculiares; por ejemplo el canon del Nuevo Testamento incluye, además de los cuatro evangelios canónicos, el de Pedro y probablemente el de los Hebreos y algún Hechos apócrifo además de los Hechos canónicos. Una característica llamativa es el tono amigable hacia los judíos, en contraste con un sentimiento hostil hacia los cristianos judíos; evidentemente el autor estaba a la cabeza de una comunidad de cristianos gentiles, descubriendo que una comunidad vecina judío-cristiana tenía sobre su grey una mayor influencia que la que él podía aprobar. No hay directrices ascéticas sobre el dominio de la carne.
Libros siete y ocho.
Los primeros 32 capítulos del libro séptimo de las Constituciones son un mero repaso de la Didaché. Siguen destacadas oraciones litúrgicas (33-38) y directrices sobre el bautismo (39-45); el credo bautismal en el capítulo 41 desempeñó una parte importante en los concilios del siglo cuarto. El libro octavo es una compilación de varias fuentes. Los capítulos uno y dos contienen un tratado independiente sobre los dones y ya que Hipólito escribió sobre este asunto, se supone, con probabilidad que sea obra suya. Con el capítulo cuarto comienza un directorio litúrgico atribuido directamente a los apóstoles; los capítulos 5-15 forman la conocida liturgia "Clementina". Achelis ha intentado demostrar que la fuente de esta parte es el directorio de la Iglesia egipcia, que a su vez deriva de los Canones Hippolyti (preservados en una versión árabe). Si esta teoría es correcta, esta parte del libro octavo también se debería a Hipólito. El directorio egipcio fue una obra griega del siglo tercero, preservada sólo en versiones orientales. En oposición a Achelis, Funk, de Tubinga, mantuvo que las Constituciones Apostólicas eran la obra original, derivándose el directorio egipcio de ellas y los Canones Hippolyti de este último. El compilador de las Constituciones actuó como un editor al tratar con sus fuentes, procurando mediante revisión y edición fusionar las diversas fuentes en un todo útil. Vivió en Siria, siendo posiblemente vecino del antiguo autor de la Didascalia. Se puede trazar una relación entre él y el pseudo-Ignacio, el falsificador sirio que elaboró doce cartas a partir de las siete genuinas de Ignacio, ciertamente cercano en el tiempo al pensamiento de este hombre, por lo que pudo haber sido idéntico con él. Su fecha ha variado desde c. 350 a c. 400, aunque probablemente nunca pueda ser determinada con seguridad, ya que las Constituciones han sido claramente retocadas posteriormente, especialmente el libro octavo, que fue el más usado.
Los Cánones.
Los Cánones Apostólicos surgieron en las mismas inmediaciones, probablemente con la idea de suplir la falta de autenticidad de las Constituciones mediante una nueva falsificación. Sus números varían; la división en 85 parece ser la más antigua. Aparte de las Constituciones, sus fuentes son los decretos del sínodo de Antioquía del año 341 y otros concilios. El canon 85 es el interesante canon del Antiguo y Nuevo Testamento, que omite el Apocalipsis, pero incluye las dos cartas clementinas y las Constituciones como Escritura.
Se puede hallar información sobre otros escritos orientales más o menos relacionados con las Constituciones y sus fuentes en la obra de W. Riedel, Die Kirchenrechtsquellen des Patriarchats Alexandrien (Leipzig, 1900), que trata entre otros de las Treinta Tradiciones de los Apóstoles, la Didascalia árabe y una versión de ésta, la Didascalia etíope, una obra comparativamente tardía que nada tiene que ver con la Didascalia siríaca, pero que está probablemente relacionada con el Testamentum Jesu Christi. Un corpus oriental, la Clementina, consiste del Testamentum, los directorios apostólico y egipcio, un extracto de las Constituciones y los Cánones Apostólicos. Está dividido en ocho libros por los copistas árabes y siríacos. El título de introducción está tomado de las Constituciones, a las que la Clementina pretendía complementar.