Historia
CONVOCACIÓN

En el plan diseñado por Eduardo I para una asamblea nacional (1283), el estamento clerical había de ser representado por sus supervisores, del mismo modo que los condados lo eran por sus caballeros y las ciudades por los burgueses. Pero el clero prefirió ser un estamento aparte, gravándose a sí mismo separadamente. Fue puesto completamente bajo control real por Enrique VIII en 1535, presidiendo Cromwell, un laico, en nombre del rey como vicario general. El privilegio de gravarse a sí mismo le fue arrebatado definitivamente al clero en 1664 y establecido en la Cámara de los Comunes, donde el clero no tenía escaños, aunque estaba en un sentido representado por los obispos en la Cámara de los Comunes. La convocación continuó existiendo hasta los ataques de la Alta Iglesia y los clérigos tory contra los obispos liberales, llegando a su culminación en la controversia Bangor, cuando la convocación de Canterbury fue prorrogada en 1717 y la necesaria licencia de la corona para permitirla proceder ya no se otorgó. Se reunía de vez en cuando como un asunto de forma, pero su vida fue prácticamente inerte hasta mediados del siglo XIX, cuando se puso en marcha un movimiento por el obispo Wilberforce y el obispo Phillpotts de Exeter para su avivamiento. Su recuperación de los poderes deliberativos tuvo lugar en 1861, reuniéndose desde entonces regularmente, concurrentemente con las sesiones del parlamento, para discutir y aconsejar sobre asuntos eclesiásticos, aunque con sus antiguos poderes recortados. Consiste de dos cámaras, la alta que incluye a los obispos de las provincias y la baja a los deanes, archidiáconos y representantes de la catedral y clero parroquial; el arzobispo preside en la cámara alta y un portavoz en la baja. A principios del siglo XX también se creó una cámara de laicos, que aunque no es parte técnicamente de la convocación, ejerce mediante sus debates una influencia concurrente. El término convocación se aplica en algunas diócesis de la Iglesia Episcopal americana a la asamblea legislativa anual y más frecuentemente a las reuniones de clero y laicos, usualmente para propósitos misioneros.