Historia
COPTA, IGLESIA
- Hasta la muerte de Justiniano, 565
- La conquista árabe, 639-1517
- Dominio turco y moderno
- Constitución, derecho eclesiástico, etc.
- Liturgia, edificios, etc.
- Doctrina y práctica
- Iglesias
- Monasticismo
- Literatura eclesiástica

Hasta la muerte de Justiniano, 565.
El tradicional apóstol de Egipto es San Marcos (Eusebio, Hist. eccl., ii. 16), aunque evidencia anterior del cristianismo se puede apreciar en de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia alrededor de Cirene, viajeros de Roma, tanto judíos como prosélitos,[…]Hechos 2:10; 8:26 y sig., 11:20; 13:1; 18:24. Desde los tiempos apostólicos hasta mediados del siglo segundo se sabe poco sobre los nombres de los maestros y obispos alejandrinos. Entre los obispos posteriores el primero que aparece de forma distintiva es Demetrio († 231), siendo notorios sus sucesores, Dionisio († 264) y Pedro († 311). Es sólo por el duro tributo de los mártires en las persecuciones bajo Diocleciano, sucedidas durante el tiempo de ambos, en las que Pedro fue víctima, que nos damos cuenta de algo de la fuerza de la nueva religión en el sur de Egipto. La paz de Constantino se vio rápidamente perturbada por la controversia arriana, que parece, sin embargo, haber afectado principalmente a la población de habla griega de Egipto. En los distritos meridionales, el auténtico hogar del cristianismo egipcio, los atanasianos hallaron firme apoyo. Tras la victoria en Nicea, Atanasio había elevado a su Iglesia a un lugar dominante, posición que mantuvo durante casi un siglo. Sus sucesores, especialmente Teófilo († 412), procuraron ambiciosamente magnificar su ventaja y, a pesar del desaire del concilio de 381, Cirilo († 444) fue capaz, gracias a la oportunidad que le ofreció Nestorio, de figurar en Éfeso (431) como campeón de la ortodoxia. La Iglesia copta se interesó en esta batalla por la presencia en Éfeso de Shenute, el famoso abad del Monasterio Blanco, firme ayudante de Cirilo. Con el poco diplomático y violento sucesor de Cirilo, Dióscuro, se alcanza un punto sin retorno en la historia de la Iglesia. Vencedor en el Latrocinio de Éfeso (449), salió derrotado y exiliado en Calcedonia (451); sin embargo su credo monofisita, condenado por la ortodoxia oficial, se convirtió en la fe nacional de Egipto, la historia de cuya iglesia se reduce a partir de entonces a un registro de las batallas entre la facción real ("melquita") y la monofisita, cada una encabezada por su propio patriarca. Esta última facción siempre aglutinó a la inmensa mayoría de la población de Egipto, mientras que la facción real consistía solamente de la clase oficial; pero el éxito o el fracaso no era independiente de la momentánea actitud de la corte, cuya influencia fue ejercida ya sea pacíficamente (Zenón, Anastasio), o bien mediante coerción (Justiniano). El reinado de Justiniano († 565) vio la extinción final del paganismo egipcio, que a pesar de la energía de Teófilo y Cirilo, todavía persistía en distritos periféricos.
La conquista árabe, 639-1517.
En la siguiente generación el mundo bizantino se vio envuelto en la controversia monotelita, imponiendo momentáneamente en Egipto el patriarca imperial, Ciro, una unión con los monofisitas. La impotencia del imperio ya había hecho posible la invasión persa (616-627); la de los árabes en 639 finalmente aplastó y empobreció a la Iglesia nacional. Si al principio los coptos contemplaron a sus nuevos amos como liberadores de la tiranía imperial, fueron rápidamente decepcionados. Los primeros invasores olvidaron pronto sus promesas y los impuestos opresivos comenzaron a causar los abandonos hacia la religión de los conquistadores, que caracterizó la historia posterior del cristianismo nativo. La historia de la Iglesia copta es a partir de entonces una mera lista de opresiones debida a los abusos o a la codicia oficial, ocasionando revueltas que fueron sangrientamente suprimidas. Para toda esa historia el escaso relato de Severo es la única autoridad; los historiadores musulmanes, excepto Makrizi, no prestan atención a los asuntos cristianos. Las guerras internas de las facciones continuaron a pesar de desgracias mayores. El cambio de dinastía, de los Omeyas a los Abasidas (750), no produjo mejora, aunque la nueva dinastía comenzó con promesas de indulgencia o liberación. La extorsión resultó en la simonía universal; todos los oficios eclesiásticos se compraban, pagándose grandes sumas a las autoridades civiles por la promoción. El surgimiento de los fatimíes (989) permitió a muchos coptos desempeñar empleos civiles, pero no mucho después (996) la terrible persecución de Al-Hakim sobrepasó todo lo que los cristianos habían sufrido hasta entonces. Un siglo después una sucesión de visires armenios (desde 1074) aligeraron las cargas de sus correligionarios. Pero la indulgencia provocó una renovación de la animosidad musulmana. Bajo tales condiciones la Iglesia no pudo mantener un alto código de moral o conducta. La relativa suavidad gubernamental de los sultanes aiyubitas (desde 1169) no parecía sino dar libertad a la mala conducta del clero, del cual el peor ejemplo fue el infame patriarca Cirilo III. Con la muerte de Cirilo (1243) se pierde incluso la guía de la historia del patriarca Severo y el conocimiento del posterior período medieval es de naturaleza muy pobre. En 1440 uno de los patriarcas coptos estuvo en el concilio de Florencia y en los siglos posteriores los papas hicieron varios intentos para tener el dominio sobre la Iglesia copta.

Dominio turco y moderno.
Ni la conquista turca (1517) ni la francesa (1798) tuvieron mucho efecto sobre la condición de los cristianos nativos; pero Mohamed Alí (1805) dio libertad a todos los credos, lo que desembocó en el comienzo de la misión extranjera entre los coptos y permitió un movimiento iniciado por Cirilo IV (1854) para su mejora en asuntos de gobierno eclesiástico y educación. Se creó un consejo compuesto de clérigos y laicos, con la esperanza de controlar la acción patriarcal, pero su lugar fue posteriormente tomado por un comité más pequeño, mientras que la educación del clero quedó suplida mediante el establecimiento de seminarios.
Constitución, derecho eclesiástico, etc.
El obispo de la capital no tardó mucho en extender su autoridad sobre los distritos inmediatos (Mareotis) y gradualmente sobre el resto del valle del Nilo, incluyendo Nubia y (indirectamente) Etiopía al sur y Libia al oeste. Nombrado originalmente, parece ser, por presbíteros el papas o patriarca fue, en todos los tiempos posteriores, escogido por el clero, con la concurrencia del pueblo de Alejandría o El Cairo y eventualmente con la del gobierno musulmán. Desde el siglo séptimo ha residido en El Cairo, ocupando el resto de los obispos las capitales de los antiguos nombres con que sus sedes fueron generalmente denominadas. La existencia en tiempos antiguos de metropolitanos intermedios es incierta. Los obispos diocesanos se reunieron bajo Demetrio († 231) y Atanasio pudo ya contar un centenar de sedes. Sin embargo, la pobreza y la persecución redujeron gradualmente su número por la amalgama de vecinos pobres, hasta que en el siglo XVII Wansleben pudo contar sólo 17. Los patriarcas y obispos han sido escogidos invariablemente de los monasterios. El resto de las órdenes clericales son: arcipreste (hegoumenos), kummus), sacerdote, diácono, lector y en tiempos antiguos también las órdenes menores. La ley canónica por la que la Iglesia se gobierna se basa en documentos pseudo-apostólicos y en decisiones conciliares y patriarcales (externas tanto como nativas), resumidas por eruditos medievales en monocánones o preservadas independientemente, siempre en traducciones árabes. Un poder judicial considerable todavía queda en manos del patriarca y los obispos.
Liturgia, edificios, etc.
Entre las fuentes más antiguas para un conocimiento de la liturgia egipcia están los denominados cánones Hipolitanos. Los que llevan el nombre de Basilio y Atanasio también tienen evidencia antigua. Tras el cisma de 451 la Iglesia egipcia se vio obligada a revisar su liturgia en conformidad con la posición dogmática que había tomado. A partir de ahí surgió un número de libros de servicio griegos, luego greco-coptos, y finalmente copto-árabes, de los cuales las anáforas de Basilio, Gregorio y Cirilo son las supervivientes más notorias. Desde el siglo XIII ésos y otros libros litúrgicos han sido leídos en el dialecto septentrional copto; pero existen suficientes restos para mostrar que una serie independiente existió en la lengua más antigua del sur. Además del misal (o euchologion) hay libros aparte para los sacramentos y servicios pascuales, leccionarios (kata meros), synaxaria (vidas de santos para ser leídas en la Iglesia), con varios salmos e himnarios en uso constante. Las festividades de la Iglesia van precedidas por largos ayunos, que suman en total hasta siete meses del año.
Doctrina y práctica.
El clero comulga frecuentemente, los laicos escasamente, pero en ambas especies; se exige la confesión previa. La transubstanciación, la eficacia de las reliquias, las oraciones por los muertos y la intercesión de los santos son doctrinas aceptadas. El bautismo es por triple inmersión, siendo los niños frecuentemente circuncidados de antemano y la confirmación sigue inmediatamente. Los servicios son generalmente de longitud no fijada, comenzando a veces a las seis de la mañana. La magia ha tenido siempre un papel en la creencia de los coptos, como en sus antecesores paganos, y entre los menos educados es todavía ampliamente ejercida.
Iglesias.
De las antiguas iglesias en el bajo Egipto (como la de Alejandría, iglesias de San Marcos, de Teonas, de Dionisio, de Atanasio), no quedan huellas. Muchas fueron destruidas en tiempos antiguos o convertidas posteriormente en mezquitas. En el sur son todavía visibles los lugares de iglesias (Philæ, Tebas, Heracleópolis, etc. y en el oasis exterior). Tumbas de roca paganas también se han utilizado como capillas (Tebas, El-Amarna, Der Aba Hennis). Entre las más viejas iglesias todavía en uso están las del antiguo Cairo. Sus formas son usualmente la basílica, con tres ábsides paralelos y varias cúpulas.

Un incentivo primordial para la vida mística pudo haber sido la persecución; el deseo por la reclusión contemplativa en cualquier grado dirigió a muchos en Egipto a retirarse a la soledad, ya fuera individualmente o en comunidades. Entre los primeros estuvo Antonio (c. 270) y, más al sur, Pacomio (c. 315). El monasticismo copto desde el concilio de Calcedonia (451), sin embargo, ha recibido poca atención; los materiales para su estudio están, en gran parte, todavía sin publicar, mientras que las autoridades usuales (Moschus, Leoncio de Neápolis, Sofronio, el Acta Sanctorum) son católicas e ignoran a los monofisitas. Una forma suave de cenobitismo parece haber sustituido al tipo ermitaño. La regla de Pacomio fue reavivada en forma reformada por Shenute († 451), el fundador del gran Monasterio Blanco, cerca de Achmim. No se sabe nada de otras reglas, siendo la de Antonio una producción relativamente posterior. Sin embargo, los monjes coptos actuales afirman vivir por la regla de Antonio. Los votos ya no se profesan, aunque observan ciertos preceptos generales como obediencia, ayuno, etc. El schema (askim), que fue en su momento la señal de una rigurosidad de vida superior, lo llevan ahora todos. Los internos de los monasterios están exentos de impuestos y de servicio militar, un privilegio que ha sido objeto de abusos. Los monasterios fueron antiguamente susceptibles de interferencia episcopal y en el siglo séptimo parece que estuvieron bajo el control de los obispos. En tiempos posteriores el patriarca se hizo cargo de su dirección y de los ingresos de ciertas casas para su propio uso. Los oficiales monásticos todavía llevan los mismos títulos que en tiempos antiguos. Los del Monasterio Blanco del siglo XII eran: archimandrita o hegoumenos (en otras partes proestos), deuterarios, œconomus, (administrador), archidiácono y didaskalos. La propiedad de los monasterios aumentó por donaciones piadosas y el número de sus internos por la "oblación" de niños (en cualquier edad en el siglo octavo). El abad puede a veces disponer del monasterio a voluntad o puede venderlo, como cualquier propiedad secular. De los incontables monasterios y conventos de monjas que una vez llenaron Egipto quedan pocos en uso. Entre ellos, hay siete notorios; cuatro del que fuera un numeroso grupo en el oasis de Nitria; los de Antonio y Pablo en el desierto oriental y el de Moharrak en el Egipto medio.
Literatura eclesiástica.
Una descripción de la literatura eclesiástica copta es equivalente a un relato de la literatura del Egipto cristiano en general, pues de todas las naciones del oriente cristiano los coptos fueron los más pobres en obras seculares. Los primeros frutos de la traducción fueron presumiblemente las versiones bíblicas, hechas independientemente en al menos los cuatro dialectos, hacia el siglo IV. De casi igual antigüedad serían las traducciones, por un lado, de varias obras gnósticas que han llegado hasta nosotros (Pistis Sophia, Libros de Jesús, etc.) y, por otro, de los Padres apostólicos (Hermas, Ignacio) y los evangelios y Hechos apócrifos, de los cuales muchos fragmentos muestran varios grados de divergencia de las formas primitivas. La filosofía cristiana del siglo tercero (Orígenes, Clemente) no está representada; tales obras podían encontrar poco favor en un sacerdocio que reverenciaba a Teófilo y Cirilo. Pero desde la edad nicena hasta el cisma final de 451, los principales escritores griegos están representados en la traducción. La gran masa de obras supervivientes, todas fragmentarias, consisten de homilías y acta, destinadas todas ellas a ser leídas en el servicio de la iglesia, siendo posteriormente abreviadas de las últimas las synaxaria. El único escritor cuyas obras están en su forma copta original es Shenute, al haber sobrevivido su biblioteca monástica preservándose intactos muchos de sus escritos, así como casi toda la literatura del dialecto (sahídico) meridional, más antiguo. El septentrional (bohaírico) es de menos importancia, aunque su posición geográfica, alrededor de la metrópolis civil y eclesiástica, aseguró su supervivencia después de que su más interesante rival meridional se hubiera extinguido. El copto fue escrito hasta el siglo XIV, pero antes de eso su lugar lo había usurpado el árabe, lengua en la cual varios escritores cristianos han dejado sus obras originales, o, lo que es de mayor valor ahora, traducciones de textos coptos que de otra manera se habrían perdido.