Historia
COVENANTERS
- Primeros acuerdos hasta 1572
- La Confesión del rey y otros acuerdos hasta 1596
- El acuerdo nacional de 1638
- La Liga y el Pacto Solemne de 1643
- Divisiones entre los covenanters
- Persecución bajo Carlos II y Jacobo II
- Los últimos covenanters

En la confusión durante el tiempo de la Reforma en Escocia, cuando la autoridad central, con poco poder en sí misma, fue culpable de caer bajo el control de grupos turbulentos de la pequeña nobleza o ser influenciada por dignatarios eclesiásticos, temerosos de sus intereses seculares, nunca fue clara la posición legal de los innovadores y agitadores. Las facciones protestantes procuraron la sanción y la seguridad en los diversos pasos que tomaron al entrar en covenants (pactos) formales que tenían un doble carácter: religioso y político. Hay una indicación de la existencia de un band en una reunión de caballeros en Forfarshire en 1556; sin embargo, el primero del cual hay detalles definidos, y del que hay una antigua copia en el Museo Nacional de Antigüedades en Edimburgo, el common band (Knox) fue elaborado en 1557 con ocasión de la renovación de la invitación de los reformadores a John Knox para que regresara a Escocia. Otros tres en 1559 marcados por otras tantas crisis en la batalla con la reina regente y un cuarto firmado en 1560 por la nobleza dirigente fueron el preludio de la expulsión de los franceses y el triunfo de la Reforma, ratificada en el parlamento ese año. Alarmados por la política de María, Knox y los gentiles hombres de Ayrshire firmaron un pacto en 1562. La Matanza de San Bartolomé impulsó la idea de otro en 1572, pero posiblemente no fue llevado a cabo.
La Confesión del rey y otros acuerdos hasta 1596.
Pero más importante que esos primeros bands destinados a emergencias especiales fue el elaborado pacto de 1580, llamado la Confesión del rey, la Segunda confesión de fe o la Confesión negativa. Fue preparada por John Craig y suscrita por todas las clases, desde el rey Jacobo VI hacia abajo. El original está ahora en la biblioteca Advocate de Edimburgo. Es un manifiesto extraordinariamente protestante en el que la declaración de lealtad a la corona está cuidadosamente entremezclada con la declaración del deber de la corona a mantener la constitución de la Iglesia reformada y la declaración protestante encarnada en actas previas del parlamento. Fue firmada de nuevo en 1587. La Armada española inspiró un band nacional en 1588. Otro fue firmado en 1589. En 1590 la Confesión del rey y el band de 1588 fueron impresos y circularon, suscribiéndolos multitudes por toda Escocia. El año 1592 se publicó otro band en Aberdeen contra la sospecha de traición. En 1596 un movimiento directamente religioso fue iniciado por la asamblea y se esparció mediante los presbiterios a las parroquias. Hubo, si no firmas formales, al menos encuentros para humillación y confesión en los que se renovaron votos de fidelidad.

National Galleries of Scotland
La diplomacia de la corte se puso en marcha con la intención de reintroducir el episcopado; pero el éxito de Jacobo no interfirió mucho en el fundamento de la práctica presbiteriana y Carlos I y Laud descubrieron, cuando se sintieron libres para ocuparse de Escocia, que la conformidad con el episcopado inglés estaba lejos de ser una realidad. El nuevo libro litúrgico fue enviado a Edimburgo; el deán Hanney intentó leerlo en la catedral de St. Giles y, según la tradición, Jenny Geddes le arrojó su taburete el 23 de julio de 1637. El instinto pactante de una generación previa se manifestó y 1638 vio la entusiasta y casi universal suscripción del Pacto nacional inaugurado en el cementerio de Greyfriars. Este pacto consistía de la Confesión del rey de 1580 seguida por una protesta y declaración legal por Johnston, de Warriston, y una conclusión popular religiosa por Henderson, de Leuchars. Igual que antes, la lealtad al rey y a la religión estaban cuidadosamente entremezcladas: 'La verdadera adoración a Dios y la autoridad del rey están tan estrechamente unidas que... permanecen y caen juntas'. Los organizados presbiterianos eran denominados en este tiempo en la correspondencia real como 'covenanters'. Durante dos años los intentos de Carlos para usar las indispuestas fuerzas inglesas contra los escoceses fueron trastocados por la habilidad de Alexander Leslie, un gran ex-general de Gustavo Adolfo. Leslie evitó cualquier invasión agresiva que excitara el sentimiento inglés y la paz (1641) vio al ejército escocés pacíficamente establecido en Northumberland y Durham, siendo sostenido por el parlamento Largo.
La Liga y el Pacto Solemne de 1643.
En 1643, en su hora más oscura, el Parlamento Largo procuró una alianza definida con los escoceses. Éstos propusieron un pacto religioso en lugar de la liga civil favorecida por los independientes ingleses, elaborándose la Liga y el Pacto Solemne en Edimburgo por Henderson, quedando aprobada y siendo enviada para ser adoptada en Westminster por la asamblea, los lores y los comunes, estando dispuesto la mayoría del parlamento inglés a tantear al presbiterianismo como la única alternativa viable al episcopado. Esta Liga, que fue firmada a lo largo y ancho de toda Inglaterra, obligaba a los suscriptores al mantenimiento de la Iglesia reformada de Escocia y a la Reforma en Inglaterra e Irlanda, hasta la extirpación del papado y la prelatura, a un común esfuerzo en la uniformidad de disciplina y doctrina según la palabra de Dios y en el ejemplo de las mejores iglesias reformadas, así como a la lealtad al parlamento y la corona. Fue renovada en Escocia en 1648 y firmada con el Pacto nacional por Carlos II en 1650 y 1651.
Divisiones entre los covenanters.
Pero el presbiterianismo rígido se hizo impracticable en Inglaterra, completando la ejecución de Carlos I la alienación de los escoceses. Una facción en Escocia firmó un 'compromiso' con Carlos para su liberación y Hamilton dirigió un ejército para derrotar a Cromwell en Preston en 1647. Los 'no comprometidos' encabezados por Argyll, que había protestado contra esta traición al parlamento inglés, se hicieron con el poder y se volvieron contra Cromwell al proclamar a Carlos II, a quien no obstante mantuvieron en estricto tutelaje, aprobando el Acta de Clases excluyendo a 'malignos' o 'comprometidos' de todos los cargos y del ejército. La marcha victoriosa de Cromwell desde Dunbar impuso sobre Escocia un periodo de profunda paz y prosperidad, reprochando a los presbiterianos sus divisiones y hostilidad hacia él mismo y favoreciendo a la facción más evangélica y celosa de los protestantes. En esos días la verdadera religión hizo grandes avances, pero la lucha de 'resolucionarios' y 'protestatarios' continuó dividiendo a los covenanters en facciones enfrentadas. Este cisma y el hecho de que los 'resolucionarios' habían admitido a muchos de corazón dividido en el poder, explica la extraña facilidad con la que Carlos II en la Restauración en 1660 pudo imponer sus emisarios en la Iglesia y reino escocés.

Los 'resolucionarios' fueron traicionados desde el principio por su agente, James Sharp, quien logró convertirse en arzobispo de St. Andrews. Se estableció el tribunal de la Alta comisión y, sin protesta efectiva, el episcopado y la maquinaria que lo imponía. La Liga y el Pacto Solemne fueron quemados en Londres y Linlithgow. Un concurrido parlamento escocés rescindió todas las actas de los veinte años precedentes. Una nueva acta estipulaba la abjuración del Pacto. Otra declaraba vacías todas las designaciones ministeriales desde 1649, ordenando que tales ministros solicitaran la presentación del patrono y del obispo. Cuatrocientos ministros, principalmente en el oeste y el sur, escogieron heroicamente ser expulsados. El país contempló atónito el espectáculo. Pocos esperaron las ministraciones de los nuevos clérigos. Se elaboraron listas de parroquianos y se envió a los soldados para que impusieran la asistencia mediante multas. La gente afluía en número y entusiasmo creciente a los conventículos en graneros o páramos. Tres sucesivas 'indulgencias' a ministros 'expulsados', que fueron aceptadas por algunos a pesar de la transigencia que involucraban, cumplieron el propósito de sembrar la división. Al mismo tiempo las medidas contra los leales se hicieron cada vez más duras y Argyll y Guthrie fueron ejecutados en 1661. Hombres como Graham, de Claverhouse, y Lauderdale se ganaron infamia imperecedera. Durante los siguientes veinte años hubo una larga lista de mártires: Hugh Mackail, Cargill, John Brown, de Priesthill, las dos valientes mujeres que murieron lentamente ahogadas por la marea alta en Wigtown, el predicador Renwick e incontables anónimos. Cientos fueron vendidos como esclavos en Barbados, entre ellos muchas mujeres. Otros murieron de enfermedades y abandono. Muchos fueron horriblemente torturados. En total fueron varios miles los que perecieron. Los delitos eran el rechazo a abjurar del Pacto o no asistir a la iglesia parroquial, frecuentar conventículos y relacionarse con la gente que asistía a ellos. Era delito dejar un niño sin bautizar por el clérigo de la parroquia. La lucha tuvo lugar en Rullion Green, Drumclog y Bothwell Bridge. Richard Cameron, quien proclamó una rebelión definitiva en Sanquahar en 1680, fue derrotado y degollado en Ayrsmoss. Por otro lado, Sharp fue asesinado en 1679 por nueve covenanters. Cada soldado del gobernador tenía potestad de matar, centrándose su crueldad en mujeres y niños además de hombres. Ha sobrevivido un pacto de niños firmado en la localidad de Pentland por quince niñas, la primera de la lista tenía diez años. La ascensión de Jacobo II trajo algo de alivio. Otro Argyll pereció en un abortado levantamiento en 1685. Finalmente, con la huída de Jacobo en 1688, cesó la persecución.
Los últimos covenanters.
Guillermo de Orange creía en la tolerancia y dejó a los Estados escoceses resolver sus propios asuntos religiosos. La prelacía fue derribada y el parlamento de 1690 renovó el acta de 1592, estableciendo el presbiterianismo. Al quedar solo noventa ministros supervivientes de los expulsados en 1661, a los pastores amistosos se les permitió continuar. El agresivo ideal presbiteriano de 1638 y 1643 se abandonó. Una parte de la ofensiva legislación quedó sin rescindir. De ahí que una sección estricta, denominada cameronianos o Iglesia reformada presbiteriana de Escocia, que sostenía que la nación estaba comprometida por el gran pacto nacional de la generación anterior rechazó aprobar la declaración y protestó contra la constitución del Estado y la Iglesia. Por supuesto no hubo más persecución y ellos y sus descendientes mantuvieron su testimonio sin perturbación. Casi todos se unieron a la Iglesia libre en 1876, aunque varias congregaciones se quedaron dentro de la Iglesia reformada estatal.