Historia
CREACIÓN Y PRESERVACIÓN DEL MUNDO
- Doctrina bíblica y teológica
- Las cosmogonías del paganismo antiguo y moderno
- La creación en el Antiguo Testamento y en el cristianismo de los Padres y teólogos modernos
- Teoría media entre las posturas judía y pagana
- Preservación del mundo
Doctrina bíblica y teológica.
La idea del origen del universo por el poder creativo de Dios es inseparable de la noción fundamental de monoteísmo. Nada puede venir a la existencia sino a través de la voluntad de Dios. En ninguna parte se expresa más claramente esta idea que en el Antiguo y Nuevo Testamento. Según el registro de Génesis, Dios creó "los cielos y la tierra", esto es, el universo natural completo, "en el principio" de todo ser temporal. En seis días llamó a la existencia a todos los seres inorgánicos y orgánicos por el simple poder de su palabra (1 1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. 3 Y dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz. 4 […]Génesis 1:1-2:3). Del mismo modo, Dios no es menos el creador absoluto del mundo para los autores de los 1 Cantad de júbilo en el SEÑOR, oh justos; apropiada es para los rectos la alabanza. 2 Dad gracias al SEÑOR con la lira; cantadle alabanzas con el arpa de diez cuerdas. 3 Cantadle cántico nuevo; tañed con arte, con voz de júbilo. 4 Porque la palabra […]Salmos 33 y 104 y 1 Entonces el SEÑOR respondió a Job desde el torbellino y dijo: 2 ¿Quién es éste que oscurece el consejo con palabras sin conocimiento? 3 Ciñe ahora tus lomos como un hombre, y yo te preguntaré, y tú me instruirás. 4 ¿Dónde estabas tú cuando yo echab[…]Job 38. Con la misma definición la literatura apócrifa del judaísmo pre-cristiano subraya la naturaleza monoteísta de la idea de la creación (Eclesiástico xvi. 26-xvii. 9; 2 Macabeos vii. 28; Sabiduría xi. 17 y sig.). En el Nuevo Testamento el contenido de la cosmogonía de Génesis se presupone en numerosos dichos de Cristo y sus apóstoles, como en la mención a la fundación del mundo (Los que habían sido enviados eran de los fariseos.[…]Juan 1:24; Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: "Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste,[…]Mateo 25:24; para que la sangre de todos los profetas, derramada desde la fundación del mundo, se le cargue a esta generación,[…]Lucas 11:50; según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de El. En amor[…]Efesios 1:4; Porque El estaba preparado desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros[…]1 Pedro 1:20; Porque los que hemos creído entramos en ese reposo, tal como El ha dicho: COMO JURE EN MI IRA: "NO ENTRARAN EN MI REPOSO", aunque las obras de El estaban acabadas desde la fundación del mundo.[…]Hebreos 4:3), la creación del hombre y la mujer (4 Y respondiendo El, dijo: ¿No habéis leído que aquel que los creó, desde el principio LOS HIZO VARON Y HEMBRA, 5 y añadió: "POR ESTA RAZON EL HOMBRE DEJARA A su PADRE Y A su MADRE Y SE UNIRA A SU MUJER, Y LOS DOS SERAN UNA SOLA CARNE"? 6 Por consigu[…]Mateo 19:4-6; 24 El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay , puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres , 25 ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que El da a todos vida y alie[…]Hechos 17:24-26; Porque Adán fue creado primero, después Eva.[…]1 Timoteo 2:13) y el sábado, en el que Dios descansó (Porque así ha dicho en cierto lugar acerca del séptimo día: Y DIOS REPOSO EN EL SEPTIMO DIA DE TODAS SUS OBRAS;[…]Hebreos 4:4; comp. Pero El les respondió: Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo.[…]Juan 5:17). De Dios se habla repetidamente como Señor de cielo y tierra, que hizo ambos (En aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños.[…]Mateo 11:25; En aquella misma hora El se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado.[…]Lucas 10:21; El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay , puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres ,[…]Hechos 17:24; comp. Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.[…]Apocalipsis 4:11); como fuente primordial, de quien proceden todas las cosas (sin embargo, para nosotros hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para El; y un Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por medio del cual existimos nosotros.[…]1 Corintios 8:6; y así, todo Israel será salvo; tal como está escrito: EL LIBERTADOR VENDRA DE SION; APARTARA LA IMPIEDAD DE JACOB.[…]Romanos 11:26; comp. un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.[…]Efesios 4:6); como el Padre eterno, que a través del Hijo hizo el mundo (Todas las cosas fueron hechas por medio de El, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.[…]Juan 1:3; 15 El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en El fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido crea[…]Colosenses 1:15-18; en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo.[…]Hebreos 1:2); como el Dios invisible, que revela su eterno poder y Deidad por las obras de sus manos (Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.[…]Romanos 1:20; y sin embargo, no dejó de dar testimonio de sí mismo, haciendo bien y dándoos lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenando vuestros corazones de sustento y de alegría.[…]Hechos 14:17). La creación del mundo de la nada se menciona al menos una vez en el Nuevo Testamento (Por la fe entendemos que el universo fue preparado por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve no fue hecho de cosas visibles.[…]Hebreos 11:3).

Sobre la base de esta enseñanza bíblica se desarrolló la teología dogmática de la Iglesia. Los Padres más importantes, los escolásticos y los antiguos teólogos protestantes estuvieron en acuerdo esencial sobre la doctrina de la creación milagrosa del mundo de la nada. La distinción se hace entre una creación primera o inmediata y una segunda o mediata. La primera es la creación de "los cielos y la tierra", es decir, de la sustancia del universo tanto dentro como fuera de este mundo, así como de las esencias puramente espirituales o inmateriales. La segunda es el desarrollo y organización gradual de la materia inmediatamente creada de la nada. Como causa operativa de la creación se menciona a la Trinidad, el Padre creando el mundo por el Hijo en el Espíritu Santo (Por la palabra del SEÑOR fueron hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca.[…]Salmos 33:6; Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.[…]Génesis 1:2; Todas las cosas fueron hechas por medio de El, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.[…]Juan 1:3; en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo.[…]Hebreos 1:2; Porque en El fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de El y para El.[…]Colosenses 1:16; comp. también Porque de El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria para siempre. Amén.[…]Romanos 11:36; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.[…]Efesios 4:6). Como propósito final de la creación la teología dogmática coloca la glorificación de Dios o la revelación completa de su poder, sabiduría y bondad, con el fin intermedio de la beatificación de los hombres a través de su unión con Dios (comp. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y fue la mañana: el sexto día.[…]Génesis 1:31; ¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles, y lo coronas de gloria y majestad![…]Salmos 8:5; 19:2; 115:16; Porque así dice el SEÑOR que creó los cielos (El es el Dios que formó la tierra y la hizo, El la estableció y no la hizo un lugar desolado, sino que la formó para ser habitada): Yo soy el SEÑOR y no hay ningún otro.[…]Isaías 45:18; y de uno hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la faz de la tierra, habiendo determinado sus tiempos señalados y los límites de su habitación,[…]Hechos 17:26; Y el último enemigo que será abolido es la muerte.[…]1 Corintios 15:26). Las variantes de esta doctrina que han hecho su aparición en la historia de la especulación humana se relacionan o bien con el sujeto creativo o con la forma de la creación, modificando ya sea la noción de un creador personal o la de un determinado proceso de creación, que surge por una progresión definida hasta el hombre.
Para el pensamiento pagano, la creación en su esencia es un lento proceso que tiene su origen en sí mismo, en el que entra el elemento teogónico, si es que entra, solo en las etapas finales. Su resultado es el universo considerado como mera thusis, o naturaleza, no como ktisis, o creación. Lo mismo es cierto de los sistemas politeísta, dualista y panteísta del paganismo no cristiano, de las tendencias panteístas modernas con forma cristiana y de su lógica consecuencia, el materialismo ateo.

Musées Royaux des Beaux-Arts, Bruselas
Se caracterizan por alguna noción de emanación; consideran el mundo y la sustancia dentro del mismo como efluvios de la Deidad y por tanto sugieren una cierta coherencia de la materia y el mundo creado de los espíritus con Dios. Lo mismo es cierto también de las religiones dualistas, según las cuales el mundo se originó por la acción conjunta de las emanaciones del dios bueno de la luz con las del dios de las tinieblas, ya sea en la forma de un conflicto de los dos principios, como en la leyenda persa, o en la del desarrollo paralelo de ambos, como en las mitologías de los pueblos eslavos, y en cierta medida de los germanos. En ambos penetraron muchos de los sistemas dualista y panteísta que originalmente eran politeístas. Es útil bosquejar una clasificación completa de las cosmogonías paganas; para ello será suficiente captar las principales características, comenzando con las más relacionadas con el Antiguo Testamento.
Según el mito persa en el Bundahishn, Ormuz, con los Amshaspands, creó el mundo en seis períodos por su palabra. El orden usual es los cielos y la luz, el agua, la tierra, los árboles, los animales y los hombres como descendientes del hombre arquetípico Gayomart. La división del proceso en períodos definidos de 1.000 años es evidentemente posterior, pero tanto en fuentes anteriores como posteriores se afirmó una creación absoluta de la nada. Aún más concretamente el relato tradicional de los etruscos parece señalar una relación original con el Antiguo Testamento. El mundo ha sido creado por Dios en seis periodos de 1.000 años, primero cielos y tierra, luego el firmamento, el mar y otras aguas, el sol, la luna y las estrellas, los animales y finalmente el hombre. Ya que la autoridad más antigua para esta creencia es Suidas, es difícil evitar la conclusión de influencia cristiana o judía en el relato. Más repletas de elementos mitológicos oscuros son las cosmogonías de varios pueblos de Asia occidental. En la antigua Babilonia, según Beroso (hacia 300 a. C.) el caos primitivo estuvo dominado por la diosa del mar Markaya o Homoroka, es decir el océano; que el dios supremo Bel-Zeus la dividió en dos y de una mitad hizo los cielos y de la otra mitad la tierra; entonces de la cabeza cortada de Bel fueron formados los hombres de la sangre que fluía de él, mezclada con la tierra. Algunas similitudes confusas con el relato del Antiguo Testamento, con una gran mezcla de mitos teogónicos se encuentran en las leyendas fenicias, proporcionadas por la dudosa autoridad de Sanjuniatón. Según las mismas, el espíritu que, como un oscuro viento, sopló sobre el caos primario primordial quedó en alguna manera unido con la materia de este caos y de esta unión, que es llamada Deseo, se originó primero un barro húmedo que escondía la semilla de todas las cosas; luego el cielo, en forma de huevo, del que surgió el sol, la luna y las estrellas, el aire y el mar, las nubes y el viento, el trueno y el relámpago y finalmente, despertados por el trueno, los seres intelectuales de ambos sexos. En las cosmogonías de los griegos y los egipcios, parcialmente relacionadas con ellas, los dioses se originan junto con el mundo formado. Según las más antiguas leyendas griegas en Hesiodo, del caos procedió primero Gaia, Tártaros, Eros (la tierra, el abismo y el amor); luego la pareja Erebos y Nyx (oscuridad y noche), que produjeron a Aither y Hemera (la luz del cielo y del día). Gaia entonces produjo a intervalos otros poderes cósmicos y los Titanes, de los que Zeus, los otros dioses del Olimpo y los hombres descienden. Una cosmogonía en cierta manera similar, aunque más bien influenciada por mitos orientales, se encuentra en Aristófanes.
Según la cosmogonía egipcia, tal como aparece en Diodoro Sículo, los elementos originalmente mezclados en el caos fueron separados por un movimiento del aire; el más fuerte separó gradualmente la tierra del mar, bajo el continuo impulso de este movimiento. De la tierra que todavía retenía un carácter semifluido, el calor del sol generó los animales. La mitología egipcia más antigua es más monoteísta. Amun, o Chnum o Thoth aparece como el Dios creador supremo, que produce los cielos, la tierra y su vegetación, los animales, el hombre y los dioses.
En la literatura religiosa más antigua de la India, como en el Rig-Veda, hay también huellas de monoteísmo. El muy posterior libro de Manú es más fantástico. Según su relato el universo fue una vez una caótica oscuridad confusa; Dios, el gran originador de todas las cosas, apareció y arrinconó las tinieblas por su luz, creando primero el agua y luego la semilla de la luz. De dicha semilla surgió un huevo de oro, en el que Brahma se sentó todo un año en calma y meditación, rompiéndolo finalmente y haciendo el cielo y tierra de sus mitades. Un proceso similar se describe en el Mahabarata y generalmente en las fuentes posteriores de la mitología india, algunas de las cuales son más detalladas, al inducir varios elementos de las diferentes partes del cuerpo de Brahma. La noción del huevo primordial se encuentra en otras mitologías, tales como la china, japonesa, finlandesa (en la antigua epopeya Kalewala la formación de cielo y tierra de las dos mitades del huevo es descrita como la de Manú) e incluso las de las islas de los Mares del Sur. El relato del origen de las diferentes partes del mundo de los miembros cortados de un hombre primitivo gigantesco o dios antropomórfico se encuentra también en la cosmogonía germana y escandinava antigua.
Como línea común a todas esas cosmogonías mitológicas se puede mencionar el desarrollo de la formación desde lo menos perfecto a lo más perfecto o desde el caos original a la creación final del hombre; el predominio del agua en la condición original de la tierra; la evolución de un principio luminoso o espiritual que actúa sobre el agua primordial y finalmente el énfasis puesto sobre el origen divino del hombre, o su relación mediata con la divinidad, como base de superioridad sobre los animales generados de la tierra por fuerzas elementales.

de Mikhail Aleksandrovich Vrubel. Museo Pushkin, Moscú
La filosofía de jonios y dorios es esencialmente natural y por tanto en gran medida cosmológica. Los filósofos jónicos buscaron el principio material de las cosas, que definieron invariablemente. Tales lo encontró en el agua o mezcla abstracta; Anaximandro en el apeiron, es decir, la sustancia primordial infinita e indefinida; Anaxímenes en el aire; Heráclito en el fuego etéreo; Anaxágoras en la semilla de las cosas, mezclada en su momento inextricablemente en el caos, luego separada y formada en un bien ordenado cosmos por el espíritu divino, el nous absolutamente simple, indivisible e impasible; Leucipo y Demócrito en los átomos, cuerpos infinitamente pequeños, indivisibles, que han de distinguirse entre sí no por sus cualidades, sino sólo por la forma geométrica, posición y ordenamiento y cuya suma constituye la plenitud abstracta, en costrate con el otro principio primordial del vacío o nada. Los filósofos dóricos en la Magna Græcia y Sicilia dirigieron su atención hacia el descubrimiento de un principio ideal o formal de las cosas. Los pitagóricos la encontraron en los números, formas geométricas y relaciones; los eleáticos (Jenófanes, Parménides, Zenón, Meliso) en la unidad conceptual del ser. Un inteligente intento para combinar las posiciones jónica y eleática lo hizo Empédocles, quien definió cuatro elementos materiales y dos ideales o raíces de las cosas, siendo los primeros la tierra, el agua, el aire y el fuego y los segundos los poderes directrices del amor y el odio, al que se atribuye al uno el proceso de unión de todas las cosas y al otro el de separación en la formación del mundo.

Museo Ruso, San Petersburgo
Llegando a los movimientos filosóficos que surgieron al término de la vida intelectual independiente en Grecia (siglo primero a. C.,) los escépticos declararon que todo conocimiento certero sobre esos asuntos es imposible, mientras que los eclécticos, como Cicerón, intentaron combinar varios elementos de la cosmología platónica, estoica y epicúrea. Esos problemas los acometieron con mayor interés las escuelas teosófico-sincretistas del siglo anterior y posterior a Cristo, especialmente la escuela judeo-alejandrina, la neo-pitagórica y la neoplatónica. Según Filón, principal representante de los primeros, en contraste con Dios como principio activo absoluto está la materia sin forma o cualidad como principio de pasividad absoluta; Dios produce primero el mundo de las ideas (el Logos o kosmos noetos) y luego imprime el tipo de este mundo ideal en la materia eterna. El Logos, o mundo divino ideal, que según esta doctrina fue la causa mediata de la existencia del mundo, se convirtió en los neo-pitagóricos, parcialmente en el sistema gnóstico de Numenio de Apamea (c. 170), en el demiurgo, un segundo Dios además del Dios supremo y puramente espiritual o Nous. Este segundo Dios, que obtiene por contemplación de los arquetipos trascendentales el conocimiento que le permite ejercer el poder creativo sobre la materia, construye de ella el mundo como una especie de tercer Dios, de la simiente de los dos más elevados. Finalmente, en el neoplatonismo, especialmente con Plotino y Porfirio, el principio en la formación del universo es de nuevo el mundo de las ideas, que no es, sin embargo, como con Platón, identificado con la divinidad, sino que aparece como una emanación o radiación del Dios supremo. Genera almas a su imagen, junto con los cuerpos dependientes y las gobierna, así como a los otros seres perceptibles por el sentido o material. La materia en sí misma es una existencia sin forma, negativa, que logra forma y vida primero por la entrada de los poderes superiores, los logoi, que proceden del Nous y sus ideas.

acuarela y lápiz de color, de León Spilliaert.
Musée des Beaux-Arts, Ostende
El tratamiento ideal y abstracto de la cuestión examinada en la especulación de esos filósofos, junto con muchas más fantásticas y arbitrarias soluciones del problema que surgen de las cosmogonías míticas del periodo más antiguo, se iba hasta cierto punto a combinar con las ideas cristianas en las teorías gnósticas. Todas aparecen como perversiones paganizadas de la revelación cristiana. Tienen más o menos una actitud hostil hacia el Antiguo Testamento, aunque usualmente tratan de encontrar un lugar para su enseñanza monoteísta sobre la creación el gobierno del mundo en sus prácticamente sistemas paganos. Para este propósito hacen uso de la peculiar figura del demiurgo. Pero el demiurgo de los gnósticos no es un principio divino superior, como el Logos platónico, sino más bien un representante de la vida del mundo distinguido de Dios. Generalmente se le considera desde el punto de vista del mundo natural, debiendo ser vencido y elevado a una forma superior de existencia en el reino espiritual de Cristo. La creación que realiza es sólo un preliminar imperfecto para la redención, no siendo capaz de llevarla a cabo ni por sí mismo ni por el Mesías físico enviado por él. Para ello se requiere el Cristo espiritual, el eón más elevado que se reveló más fuerte que el Mesías demiúrgico en su bautismo en el Jordán, llegando a ejecutar su misión mediante una vida y muerte docética. La especulación gnóstica tomó dos formas distintas: la occidental, o greco-egipcia, basada principalmente sobre el pensamiento platónico, y la oriental, o sirio-persa, siguiendo más el pensamiento dualista de los parsis. En la primera transición desde el ser y la vida divina al desarrollo del mundo aparece una emanación o producto de una serie de efluvios hipostáticos del mundo de la luz (el Pléroma), disminuyendo su divinidad a medida que se alejan, llegando hasta el demiurgo que es el inferior, al que se le atribuye la formación de la materia informe. La segunda clase consideró el mundo esencialmente un producto del conflicto entre los eones del reino de la luz y Satanás y sus demonios, en el que la materia, creada y dominada por Satanás y por tanto un efluvio positivo del principio maligno, forma el escenario de la batalla y es parcialmente sacado de él por los eones buenos.
La historia del maniqueísmo, una teoría del mundo cuyo fundamento es más pagano que cristiano, se ha demostrado que tuvo especial importancia en el desarrollo del pensamiento cristiano en su lado herético. Las raíces de esta destacada religión sincretista alcanzan a la época primitiva del cristianismo y están relacionadas con las sectas judeocristianas y gnósticas de los elkaisitas y mandeos; los brotes del desarrollado maniqueísmo persa del tercer siglo aparecen en la posterior historia de las sectas medievales, tanto orientales como occidentales, priscilianistas, euquitas, bogomiles y albigenses. Algunas de sus ideas, especialmente las relativas a la creación del mundo y del hombre, incluso tuvieron su influencia sobre los sistemas de algunos modernos teósofos cristianos, tales como Weigel y Jakob Böhme. Tanto el maniqueísmo antiguo como el medieval evitó la figura del demiurgo y concibió toda la creación terrenal o material, incluyendo la humanidad, tanto cuerpo como alma, un producto de Satanás y sus demonios, siendo imitadores de la actividad creativa del Dios de la luz.

de Mikhail Aleksandrovich Vrubel. Galería Tretiakov, Moscú
A estas cosmogonías no les faltan puntos de contacto con las teorías cosmológicas de los antiguos filósofos griegos e incluso con las de los gnósticos y las antiguas mitologías paganas. La principal diferencia es que el moderno paganismo panteísta excluye más completamente la operación creativa y formativa de una voluntad personal. En este sentido lo más exhaustivo es el materialismo propiamente dicho o el sensualismo lógico, tal como se encuentra en los sistemas de los librepensadores ingleses y deístas desde Hobbes, los enciclopedistas franceses del siglo XVIII y las teorías atomistas alemanas conocidas especialmente por Haeckel. Estas, excluyendo un creador personal, junto con la libertad, inmortalidad y principios éticos, reconoce sólo las materias abstractas, las divide en un número infinito de hipotéticos átomos, infinitamente pequeños, como causa operativa y explicación de todos los fenómenos presentes y pasados de la vida. Esta idea fue desarrollada lógicamente en la obra de Czolbe, Neus Darstellung des Sensualismus (Leipzig, 1855), según la cual el mundo no tiene principio ni fin, la materia existe desde la eternidad, en sus más pequeños átomos así como en sus formas orgánicas, es absolutamente sin principio, coigual con el alma del mundo, que puede considerarse el principio que la sostiene y vivifica.
En contraste con esta sensual teoría de la eternidad del mundo, el panteísmo considera que el universo es, tanto en materia y forma, temporal, pero lo considera el efluvio o la evolución inevitable de un poder eterno de la idea que lo sustenta. Donde se considera esta idea absoluta una unión primordial de espíritu y naturaleza, o de pensamiento y sustancia extendida, separada en la creación, desemboca en la forma realista de la teoría panteísta representada por Spinoza y Schelling; donde se concibe como ser enteramente sin sustancia, como espíritu absoluto, resulta en la forma idealista, representada por Fichte y Hegel. Para ambas escuelas la aceptación de un acto creativo real es imposible, ya que niegan cualquier trascendencia de Dios sobre la naturaleza y la consideran una forma especial de la existencia divina, una fase de desarrollo o método de manifestación del principio divino inmanente y por tanto que se realiza plenamente en sí misma. Para todos esos filósofos el mundo es prácticamente una emanación del espíritu divino primordial, una sucesiva auto-potenciación de la idea absoluta, según la cual esta nada original se desarrolla a través de las fases del éter, en materia cósmica, materia planetaria y sustancia orgánica hasta la existencia, tanto material como espiritual, de los organismos animales y humanos. Para la formación del espacio de la tierra como un conjunto se toma como base la hipótesis nebular de Kant y Laplace; para el origen de la estructura geológica de la tierra se asume la teoría quietista de Lyell y su escuela y para el desarrollo análogo de las especies orgánicas de los reinos vegetal y animal, se echa mano de la teoría de la evolución de Darwin y Spencer.
En contraste con los sistemas ya discutidos, que subrayan el elemento cosmogónico a expensas del monoteísta, estos otros tratan exclusivamente de la acción de Dios en la creación.
En el judaísmo propiamente dicho.
No sólo la creación de cielo y tierra de la nada se subraya fuertemente, sino que se pone énfasis especial en la relativa vaciedad o debilidad de la criatura en comparación con Dios (Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR moraré por largos días.[…]Salmos 23:6; Ciertamente mi mano fundó la tierra, y mi diestra extendió los cielos; cuando los llamo, comparecen juntos.[…]Isaías 48:13; Como cera se derritieron los montes ante la presencia del SEÑOR, ante la presencia del Señor de toda la tierra.[…]Salmos 97:5; y las estrellas del cielo cayeron a la tierra, como la higuera deja caer sus higos verdes al ser sacudida por un fuerte viento.[…]Apocalipsis 6:13). En armonía con el sobrenaturalismo incondicional no sorprendente encontrar que los seis días creativos de Génesis se tomen en el sentido literal estricto, o incluso minimizados en meros puntos de tiempo en una secuencia previamente arreglada. Este último es el caso especialmente con Filón, quien a pesar de su aceptación platónica de la eternidad de la materia, contempla su formación en un cosmos ordenado como una obra que Dios pudo haber cumplido en un momento y que dividió en seis días meramente para hacer un procedimiento ordenado.

de San Luis. Catedral de Toledo
Aquí la absoluta nada de la que Dios creó el mundo se subraya firmemente, como lo hacen Tertuliano, en oposición al dualismo gnóstico de Hermógenes, y los representantes posteriores del creacionismo eclesiástico, tales como Ambrosio, Jerónimo y los escolásticos desde Pedro Lombardo. De nuevo aparece la afirmación de que Dios no necesitó más que un instante para la creación del mundo. La escuela alejandrina especialmente siguió a Filón en este punto; Clemente incluso niega que el mundo fuera creado en el tiempo, ya que el tiempo vino a la existencia con las cosas creadas. Orígenes, afirmando lo mismo, lo sitúa frente a una actividad creativa eterna de Dios, que, de hecho, confina a la producción del mundo espiritual. Atanasio, Basilio y Gregorio de Nisa afirman la misma creación prácticamente instantánea y extratemporal, haciendo lo mismo Ambrosio y Agustín en el oeste. El pensamiento subyacente de una creación no gradual sino terminada de una vez y la proposición acompañante de que el mundo fue hecho "no en el tiempo, sino con el tiempo" procedió desde Agustín y los escolásticos hasta la enseñanza ortodoxa común.
En tiempos posteriores.
Incluso aquí ha de hacerse notar un cierto tratamiento monoteísta del asunto, no sólo entre los teólogos católicos, sino también dentro de los límites del protestantismo, donde la interpretación literal de los seis días como seis periodos de 24 horas es generalmente la ortodoxa desde Lutero, reteniendo el carácter sobrenaturalista extremo, no dejando espacio para los elementos orgánicamente independientes y entrando en un inevitable conflicto con la geología y la astronomía. Esas ciencias han demostrado el origen de los cuerpos celestiales antes de la tierra; el lento y gradual origen de las montañas y los estratos de la superficie terrestre y una larga sucesión de muchos organismos, que en su mayor parte ahora han desaparecido y son evidentes sólo por restos fósiles. Por otro lado, se ha entendido que el relato de Génesis, hasta donde exige una interpretación literal de los seis días, tiende a la explicación de períodos indefinidos de tiempo, una idea que está apoyada por los pasajes cosmogónicos en 1 Bendice, alma mía, al SEÑOR. SEÑOR, Dios mío, cuán grande eres; te has vestido de esplendor y de majestad, 2 cubriéndote de luz como con un manto, extendiendo los cielos como una cortina. 3 El es el que pone las vigas de sus altos aposentos en las […]Salmo 104 y 1 Entonces el SEÑOR respondió a Job desde el torbellino y dijo: 2 ¿Quién es éste que oscurece el consejo con palabras sin conocimiento? 3 Ciñe ahora tus lomos como un hombre, y yo te preguntaré, y tú me instruirás. 4 ¿Dónde estabas tú cuando yo echab[…]Job 38. De las diversas hipótesis expuestas por los apologistas modernos para reconciliar el relato de Génesis con la geología y la astronomía hay dos que merecen atención: la que admite la necesidad de largos períodos exigidos para la formación de la tierra y los concibe como precedentes a la obra de los seis días y la que niega la gran duración de las épocas primigenias y considera las formaciones geológicas, con las especificaciones contenidas en ellas, originadas tras el proceso creativo descrito en 1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. 3 Y dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz. 4 Y […]Génesis 1. Este último se apoya en el diluvio descrito en 6 1 Y aconteció que cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, 2 los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron para sí mujeres de entre todas las que les gustaban. 3[…]Génesis 6-9, con su cataclismo del que testifican muchas tradiciones por todo el mundo. Sus ideas raíces se encuentran ya en Tertuliano e Hipólito y numerosos escritores modernos han adoptado el mismo modo para explicar la presencia de esqueletos de animales y conchas petrificadas en formaciones geológicas. Pero aunque esa teoría tiene su valor como una protesta contra las afirmaciones extravagantes de los geólogos, con sus períodos formativos de miles o incluso millones de años, es también insostenible sobre bases puramente científicas. La otra, a veces conocida como teoría de la restitución, que sitúa el periodo formativo, de una longitud suficiente para satisfacer a los geólogos, antes de la obra de los seis días y contempla ésta como una restauración o puesta en orden de los resultados caóticos de cataclismos frecuentes es objetable más bien sobre bases exegéticas. Esta hipótesis, que comúnmente incluye algunas huellas de la idea parcialmente gnóstica o maniquea de la interferencia de Satanás y sus demonios en el proceso de la creación, parece haber encontrado su primera expresión en el teólogo arminiano Episcopius; su defensa científica fue acometida primero por J. G. Rosenmüller en su Antiquissima telluris historica (Ulm, 1776), mientras que al mismo tiempo y posteriormente varios escritores usaron la idea de restitución en relación con la especulación de Böhme. Cualesquiera que sean sus ventajas para responder a las objeciones de la ciencia moderna, está abierta a la obvia objeción de que la narrativa del Génesis es claramente la de una creación primitiva, no la de una recreación, y en más de un detalle es irreconciliable con esa teoría.

de Francisco de Hollanda
En lugar de la teoría de la restitución, ahora usualmente abandonada, ha habido en tiempos modernos un intento de armonizar las conclusiones de la ciencia y la religión mediante un paralelo directo entre los días de la creación, tomados como períodos de longitud indeterminada, y las épocas principales de desarrollo geológico. Esto lo hicieron primero algunos de los apologistas antideístas de finales del siglo XVIII y fue asumida por Cuvier, el fundador de la paleontología moderna. Fue seguido por un gran número de teólogos y científicos, entre otros Hugh Miller, J. D. Dana, F. de Rougemont, G. B. Panciani, Delitzsch, Güttler, Secchi y Pesnel. Este paralelo, que es desarrollado en detalle minucioso por algunos de sus abogados, remueve al menos una parte de las dificultades ofrecidas tras un primer vistazo del relato bíblico. Por ejemplo, la objeción de que la luz fue creada antes del sol, que existió tras la tierra, se responde con la presunción de que la narrativa de 14 Entonces dijo Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, y sean para señales y para estaciones y para días y para años; 15 y sean por luminarias en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. […]Génesis 1:14-19 es puramente óptica o fenomenológica. Es cierto que algunas dificultades todavía permanecen sin resolver, tales como la relación de los seis días o períodos ante su duración diferente y su separación entre sí, que es diversamente explicada por diferentes armonistas. El número total de las épocas geológicas es considerablemente mayor que seis (según algunos geólogos son 20 o 30), por lo que una combinación directa de las mismas con los seis días es sólo posible mediante una gran reducción. En la vía de una armonización demasiado específica aparece también el hecho de que el relato de Génesis postula una gradual progresión de la vida vegetal a la animal y dentro de ésta de una clase a otra, mientras que según la historia geológica las plantas y animales deben haber estado simultáneamente presentes desde el principio. En cualquier caso, una armonización demasiado estricta queda prohibida por el carácter de la narrativa bíblica. No es de poco valor poder incluir en esta armonía las verdades fundamentales del relato revelado: (1) La prioridad de los elementos inorgánicos de la constitución de la tierra a la creación de organismos; (2) el origen separado, de acuerdo con un plan definido, de las diversas especies, órdenes y clases de plantas y animales y (3) el surgimiento constante de esos representantes de la creación orgánica hasta el hombre como corona y fin dominante del proceso total.
Si la idea cristiana o teísta concreta ha de recibir su desarrollo adecuado, es de la mayor importancia concebir el acto de la creación como un producto de la libre autodeterminación trinitaria de Dios. Esto supone una utilización plena y exhaustiva de la doctrina bíblica de la creación de todas las cosas por el Hijo como arquetipo absoluto de un universo que obtiene su perfección en la libre vida intelectual del hombre hecho a imagen de Dios (1 En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 2 El estaba en el principio con Dios. 3 Todas las cosas fueron hechas por medio de El, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. […]Juan 1:1-3; en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo.[…]Hebreos 1:2; sin embargo, para nosotros hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para El; y un Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por medio del cual existimos nosotros.[…]1 Corintios 8:6; Porque en El fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de El y para El.[…]Colosenses 1:16); y no menos en un cuidadoso desarrollo especulativo de la idea de la creación del Espíritu de Dios, o, en la frase bíblica "por el aliento de su boca", por el principio formativo vivificante del que procede la disposición orgánica, diferenciación y desarrollo del mundo creado según la imagen y por la palabra del Hijo (Por la palabra del SEÑOR fueron hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca.[…]Salmos 33:6; 104:30; El Espíritu de Dios me ha hecho, y el aliento del Todopoderoso me da vida.[…]Job 33:4; comp. Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.[…]Génesis 1:2). Por la noción de la creación a través del Hijo es posible establecer la verdadera naturaleza de la trascendencia de Dios y su actividad creativa, mientras que la idea de una creación en el Espíritu de Dios suscita vívidamente ante la mente la inmanencia de esta actividad.
Preservación del mundo
En la forma bosquejada, la idea de creación por Dios está inseparablemente relacionada con la idea de la preservación del mundo. El "descanso" de Dios en el séptimo día no ha de entenderse en contraste con su actividad en los seis precedentes, como una transición a la inactividad ociosa, sino que meramente, de acuerdo con el sentido radical de la palabra hebrea, denota la terminación de la obra. El Nuevo Testamento no deja duda de esta interpretación del descanso de Dios (Pero El les respondió: Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo.[…]Juan 5:17; 1 Por tanto, temamos, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. 2 Porque en verdad, a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva, como también a ellos; pero la palabra que ellos […]Hebreos 4:1-10; 2:3). La doctrina de la Iglesia proporciona la misma idea de la relación de la actividad de Dios como creador y preservador. Los escolásticos estimaron la conservación del mundo como una continuidad de la creación. Esta conservación no es meramente negativa. Lo que demanda es, en palabras de Baier, "una acción divina que comporta una influencia continua sobre las cosas creadas, tal como es conveniente y necesario acorde según su naturaleza, con el propósito de que puedan ser capaces de continuar en su esencia y poder." Esta influencia es de fundamental importancia; junto con la trascendencia de Dios se debe afirmar su inmanencia. La creación, la preservación y el gobierno del mundo son un grupo inseparable de actividades divinas.