Defensa propia es un término de la jurisprudencia, la política y la ética que requiere un tratamiento diferente en cada caso. En derecho es un acto que tiene la forma externa de un delito penal, pero en lugar de ser penal es permisible y justificable, al ser una defensa para conjurar un ataque ilegal en el que el peligro es inmediato. El peligro puede ser la pérdida de vida, daño físico o al honor o la propiedad. La defensa puede llegar a la muerte del agresor, incluso sin consideración al valor del bien amenazado; pero el exceso más allá de una medida razonable de defensa supone culpa, aunque no penal, por la alarma causada en el amenazado. En el campo político la cuestión de la defensa propia asume importancia para decidir la justificación de la guerra o la revolución. En una ponderada discusión de la cuestión (Ethik, II, ii. 265 y sig.) Hans Lassen Martensen se inclina a justificar la revolución de carácter nacional, tal como la revuelta de los Países Bajos contra el dominio de España, al igual que los casos en los que una nación defiende su existencia.