Historia

DEGRADACIÓN

Degradación es la pena infligida por la antigua disciplina eclesiástica a clérigos que han delinquido. Hacia finales del siglo XII la doctrina del carácter indeleble de las órdenes sagradas había sido generalmente aceptada y en conexión con ella y con la lucha de la Iglesia para las inmunidades eclesiásticas, la antigua pena de destitución fue dividida en lo que ahora se denomina deposición (la remoción de un clérigo de su oficio y beneficio con la prohibición de ejercer sus órdenes) y la degradación, que adicionalmente le quita todos los privilegios del estado clerical. La degradatio verbalis suponía el pronunciamiento de las antiguas penas y era realizada por el obispo con el consentimiento del capítulo en el caso de las órdenes menores, de los tres obispos en el caso de los diáconos y de seis obispos, abades mitrados y otras dignidades en el caso de sacerdotes. La solemne degradatio actualis fue más lejos y supuso la observancia de formalidades especiales, el rasgado de las vestiduras del culpable, el afeitado de la cabeza para eliminar la tonsura y el raspado de los pulgares y dedos para quitar la unción que les fue otorgada en la ordenación. Esas ceremonias se suponían que debían celebrarse en presencia de la autoridad secular, a cuya jurisdicción el infractor pertenecía, ya que al ser ahora nada más que un laico, estaba bajo su dominio.