Historia

DESPERTAMIENTO

Despertamiento es la expresión que se emplea para referirse a la condición espiritual de una comunidad cristiana, más o menos limitada en extensión, en la que se produce un inusitado florecimiento espiritual, acompañado con una notoria manifestación del poder y la gracia divina que se traduce en el avivamiento de creyentes, recuperación de apóstatas y la conversión de los incrédulos.

La luz del mundo, óleo sobre lienzo de William Holman Hunt, 1853. Keble College, Oxford
La luz del mundo, óleo sobre lienzo de William
Holman Hunt, 1853. Keble College, Oxford
Teoría de los despertamientos.
El progreso del cristianismo en el mundo raramente, en ningún lapso de tiempo, ha sido uniforme. Su crecimiento individual y comunitario está caracterizado por obvias fluctuaciones. Como todas las cosas, está sujeto a cambios constantes y expuesto a las influencias más variadas y antagonistas. En cierto momento hace rápidos avances en su conflicto con las tendencias pecaminosas, luego queda sujeto a obstrucciones e impedimentos que detienen su avance, resultando en retroceso espiritual. El crecimiento en la gracia es sostenible sólo por una vigilancia incesante, incansable diligencia, conflicto sin tregua y un aprovechamiento de las oportunidades y medios de crecimiento espiritual. Cualquier relajación en la lucha con el mal moral tiende a aumentar el retraso espiritual, obteniendo ventaja lo malo sobre lo bueno, abatiéndose el fervor religioso y debilitándose y enfriándose el alma. Lo que pasa con los creyentes individuales ocurre también con las comunidades. Una iglesia o una fraternidad de iglesias que cubren un gran sector de un país, por razón de la influencia predominante de algún interés mundano, la codicia de ganancia en una época de gran prosperidad comercial, la lucha de facciones durante una campaña política acalorada, el dominio de un espíritu marcial en tiempo de guerra o la búsqueda de placeres en un tiempo de deleite mundano o cualquier pasión absorbente de bienes meramente temporales, pueden desviar tanto la obtención de la santidad y el avance de la obra del reino de Cristo, que pueden perder en una considerable extensión, el poder, si no la vida, de la piedad. Lo espiritual y eterno queda subordinado a lo mundano y temporal. La decadencia espiritual echa raíces, creciendo persistentemente año tras año. Tal ha sido la historia de las Iglesias cristianas en todas partes. Ahora bien, si éste es el testimonio de la experiencia universal dada la propensión de los seres humanos a apartarse de lo espiritual y del poder de la piedad, la pregunta es ¿puede esta tendencia frenarse? Obviamente el único remedio efectivo y apropiado para una época de declive espiritual es una época de despertar espiritual. Tal época, se puede denominar, independientemente de la mayor o menor extensión que tenga y de los medios e instrumentos usados, "un avivamiento de la religión." Esas manifestaciones son resultado de una especial y peculiar efusión del Espíritu Santo. Toda vida espiritual, todo progreso en la vida divina, ya sea en la individual o en la comunidad, en la iglesia o en la nación, es del Espíritu de Dios. El período completo de la gracia, desde el día de Pentecostés hasta el día del juicio, es justamente denominado "la dispensación del Espíritu Santo." Cada verdadero convertido es engendrado del Espíritu y se convierte en hijo de Dios. El Espíritu está siempre dentro de la Iglesia y con ella, llevando adelante la obra de redención.

Despertamientos antiguos

En tiempos bíblicos.
En las Escrituras se mencionan derramamientos especiales del Espíritu Santo y efusiones copiosas del Espíritu en tiempos particulares de refrigerio de la presencia del Señor: "Y después de esto derramaré de mi Espíritu sobre toda carne." El cumplimiento de esta predicción del profeta Joel comenzó, como el apóstol Pedro testifica, el día de Pentecostés. Tan grande y tan eficaz fue este derramamiento del Espíritu que unas 3.000 almas fueron ese día hechas partícipes de la naturaleza divina por la regeneración. Y esto fue sólo el inicio de una dispensación maravillosa y demostración de la gracia divina en la renovación y santificación de una gran multitud de almas que se extendió durante una serie continuada de años, por lo que la Iglesia cristiana fue plantada, echó raíces y llenó la tierra de Israel con sus benditos frutos. Fue un gran y glorioso avivamiento de la religión. Fue el primer gran avivamiento en la historia de la Iglesia. Incontables veces, en periodos particulares, Dios ha intervenido para la redención de la Iglesia y para el avance triunfante del evangelio de Cristo. Tras una época de declive espiritual, cuando la iniquidad ha entrado y arrasado la tierra como un diluvio desolador, una ola de renovación y gracia se ha esparcido sobre una región entera o un país, de manera que la atención de la multitud ha sido estimulada, grandes números de los descuidados e indiferentes han sido puestos bajo convicción salvadora y miles de convertidos han sido llevados a la Iglesia. Cambios maravillosos se han fraguado, creándose grandes comunidades, afectando favorablemente al carácter y resultados de la predicación de la Palabra, de las devociones particulares, de la familia y del interés tomado por las multitudes en asuntos espirituales y externos, con el resultado de una renovación extraordinaria de los afectos religiosos, un estímulo general de la gracia cristiana y la regeneración de almas que están muertas en delitos y pecados. No sólo en Jerusalén, sino en todas partes de la región alrededor donde los apóstoles y los hombres apostólicos predicaron aquellos días, hasta llegar a los gentiles, hubo tales escenas. Tan poderosas y tantas fueron esas manifestaciones especiales del poder y la gracia del evangelio, en razón de tales efusiones del Espíritu, que Tertuliano pudo decir ya a comienzos del siglo tercero, en su apelación a las autoridades civiles, "Llenamos todos los lugares de vuestros dominios: ciudades, islas, corporaciones, concilios, ejércitos, tribus, el senado, el palacio, la judicatura." "Tan poderosamente creció y prevaleció la obra de Dios."

Despertamientos protestantes.
Pasando por alto los siglos intermedios, se puede preguntar ¿qué fue la Reforma protestante, que, en sus preludios en el siglo XIV bajo Wycliffe y continuando bajo Hus en el XV, culminó finalmente en el siglo XVI bajo Lutero y Calvino y una hueste de espíritus inflamados? Fue una dispensación especial del Espíritu, por la que las mentes de los hombres en todas partes en tierras cristianas se volvieron a la proclamación de la Palabra divina, quedando expuestos los errores del papado y siendo rechazados, a la vez que la verdad que es en Jesús era captada y abrazada por multitudes y las iglesias edificadas en la fe del evangelio. Fue un gran y general avivamiento de la religión, por el que convertidos a millares nacieron del Espíritu de Dios. Tan completas y amplias fueron esas conversiones, que los fuegos de la persecución se encendieron en vano. A pesar de príncipes y prelados, los convertidos a la fe del evangelio se multiplicaron por toda Alemania, Suiza, Francia, Holanda y Gran Bretaña, no habiendo pocos en España e Italia. Era el mayor avivamiento de la religión que el mundo nunca había conocido y que la Iglesia disfrutaba desde los días de Constantino. Desde ese día, a lo largo de los siglos, los anales de la Iglesia abundan en testimonios de la realidad y eficacia de esas efusiones especiales del Espíritu. La Iglesia de Escocia renació en el gran avivamiento bajo Knox y sus colaboradores. "La nación entera", dice Kirkton, "fue convertida en bloque." Cerca de finales del siglo XVI, bajo el ministerio de teólogos como Wishart, Cooper y Welsh, toda Escocia fue visitada por una efusión extraordinaria del Espíritu Santo. Tan poderosamente fueron los hombres afectados que toda la Asamblea General, 400 ministros y ancianos, a la vez que renovaban su acto solemne, con suspiros, gemidos y lágrimas, fueron arrebatados por el Espíritu, como las hojas del bosque por el viento de una tempestad impetuosa. Escenas similares se dieron posteriormente en Escocia, al comienzo de 1625 en Stewarton, extendiéndose por el país y el norte de Irlanda y manifestándose en esa forma notoria de gracia divina en la Iglesia de Escocia, donde en junio de 1630, bajo la predicación de Bruce y Livingston, "casi 500" almas en un día quedaron bajo convicción de pecado y nacieron a la luz y libertad del evangelio. Lo mismo también, en 1638, con ocasión de la firma del pacto, el país entero quedó sacudido por la poderosa mano de Dios. Tal fue la preparación en Escocia y en Inglaterra, también, por la gran reforma que se propagó en la República bajo Cromwell y el predominio del puritanismo en la Iglesia de Inglaterra.

De igual importancia es lo que se conoce como el avivamiento evangélico bajo los Wesleys en Gran Bretaña, que también se difundió en América bajo Francis Asbury y Philip Embury, resultando en la fundación y edificación del metodismo.

Despertamientos en América. Bajo Edwards.

Jonathan Edwards
Jonathan Edwards
Avivamiento de 1734-35.
El primer período de la historia de Nueva Inglaterra fue un tiempo de casi constante avivamiento, pues la religión era de principal interés de las iglesias peregrinas y puritanas y despertamientos de un tipo más o menos continuo no fueron infrecuentes en los últimos años de su primer siglo y comienzos del siguiente. Increase Mather fue un poderoso predicador. Tanto el padre como el abuelo (Solomon Stoddard) de Jonathan Edwards tuvieron avivamientos en sus iglesias. La historia de los despertamientos americanos, como elemento distintivo de la vida religiosa, comienza propiamente en 1734, con la predicación de una serie de sermones por Edwards en Northampton, sobre la justificación por la fe. Hasta esa fecha no había habido considerable crecimiento en la iglesia de la localidad durante largo tiempo y la condición religiosa de la iglesia había llegado a ser baja y la de la comunidad en su alrededor peor. El interés comenzó entre los jóvenes y se difundió a los viejos. Cinco o seis personas fueron convertidas y entonces, de súbito, la comunidad en conjunto comenzó a manifestar un interés absorbente en la religión personal. Las reuniones religiosas se llenaban de gente. Medio año después unas 300 personas se convirtieron, abarcando a casi todos los habitantes de la localidad por encima de 16 años. El avivamiento no se limitó a Northampton, sino que se expandió, parcialmente con la cooperación activa de Edwards, a la mayoría de las localidades de alrededor, luego a Connecticut e incluso a New Jersey. Los medios para extender el avivamiento fueron los servicios simples y ordinarios en la casa de Dios, especialmente reuniones de predicación por el ministro, seguidas por reuniones de oración, reuniones de jóvenes y ancianos y entrevistas personales del pastor con personas especialmente interesadas. Los sermones sobre la justificación iban en la línea tradicional de la teología calvinista, poniéndose gran énfasis sobre la "justicia" que Dios demanda en sus tratos con el hombre y sobre la profunda carencia de derechos que cualquier pecador tiene para un trato favorable de Dios. La soberanía de Dios también era enfatizada, hasta dar la impresión de que, incluso después de que el pecador se ha arrepentido, puede enteramente ser incierto si Dios le perdonará o no. No obstante, Edwards aprovechó la ocasión para animar a los inseguros con la seguridad de la bondad de Dios, siendo ello su "modo" de procurar la diligencia. Sin embargo, el gran motivo empleado era el temor. El propósito de Edwards era producir convicción de pecado y un sentido del gran peligro que corre el alma ante los tormentos de un infierno eterno.

George Whitefield predicando
George Whitefield predicando
Primer gran despertar, 1740.
En la primavera de 1740 el espíritu de avivamiento estaba de nuevo presente en el ambiente. Se apreciaba la misma seriedad que se había hecho hegemónica en el avivamiento anterior. Ocurrieron algunas conversiones y en octubre George Whitefield, quien había llegado a Nueva Inglaterra desde Georgia y estaba predicando de lugar en lugar con gran poder, a inmensas asambleas de gente, llegó a Northampton. Aunque su llegada no parece haber tenido una influencia revolucionaria, fue en gran medida decisiva para producir la hegemonía general de un despertar que no estaba limitado a ninguna parte del país y atraer la cooperación activa de un gran número de predicadores eficaces. De ellos uno de los más famosos fue Gilbert Tennent. Edwards mismo se unió en la obra itinerante en la que Whitefield tomó el mando. En este avivamiento, como en el anterior, la gran apelación era el temor. Fue en este tiempo que Edwards predicó el famoso sermón Sinners in the Hands of an Angry God, en Enfield, Connecticut. "Antes de que el sermón hubiera acabado, la asamblea quedó profundamente impresionada y se doblegó con una profunda convicción de pecado y peligro. Hubo tales manifestaciones de aflicción y lágrimas que el predicador se vio obligado a apelar a la gente y a pedir silencio para que pudiera ser oído. Este fue el comienzo de la gran conmoción con la que la colonia en general fue visitada."

El despertamiento bajo crítica.
Si el despertamiento hubiera quedado confinado a los lugares bajo influencia de Edwards y sus más inmediatos asociados, habría generado comparativamente poca crítica. Es necesario mencionar ciertos fenómenos que surgieron en la recién fundada iglesia presbiteriana de New Jersey. Estaba compuesta de un elemento escocés-irlandés, asociado a las formas y métodos de una iglesia establecida que hacía poco examen para la evidencia de la regeneración entre los cristianos profesantes, y un elemento congregacional de Nueva Inglaterra, para el cual la realidad de la experiencia de la regeneración era el gran prerrequisito para la membresía de la iglesia, así como el gran fundamento de la vida religiosa. William Tennent del lado de Nueva Inglaterra, había fundado una institución en su iglesia para educar a hombres para el ministerio, cosa que los escoceses miraban con cierta sospecha y cuando su hijo, Gilbert Tennent, arremetió contra un "ministerio inconverso" y se puso a predicar el evangelio a todos los que pudo reunir, la crítica fue todavía mayor. Tennent y sus amigos fueron a parroquias de muchos que no tenían simpatías con sus doctrinas ni con sus métodos. Y en un sínodo de 1741 se hizo una "protesta" contra sus "principios anárquicos", sus "irrupciones irregulares en la congregación con la que no tenían relación inmediata", "sus principios y prácticas de duro juicio y condena de todos los que no concordaban con sus medidas, tanto ministros como pueblo", su doctrina de la necesidad de un llamamiento interior divino para el ministerio, "su predicación de los terrores de la ley" y su doctrina de la experiencia religiosa consciente. Era natural que la predicación de Tennent en Nueva Inglaterra despertara fuerte oposición en hombres de mentalidad del "lado antiguo" de su propia iglesia.

James Davenport.
La primera gran dificultad en Nueva Inglaterra estuvo, sin embargo, relacionada con James Davenport, de Southold, Long Island. Las nuevas del éxito de Whitefield le habían guiado en 1740 a comenzar una exhortación especial a su gente y al año siguiente comenzó un itinerario en Easthampton que le llevó por Connecticut y finalmente hasta Boston. Aunque su piedad era genuina, no hay duda de que estaba trabajando bajo una aberración mental que aumentó durante su ministerio itinerante. Él consintió la crítica cáustica de la mayoría de los ministros con los que se encontró. En New Haven el resultado final de su obra fue la formación de una iglesia separada. Incluso la legislatura en Hartford se dio cuenta de sus excesos y le envió a su lugar de origen como un hombre de mente desordenada. En junio de 1742 apareció en Boston y allí comenzó la oposición al avivamiento que continuó largamente y afectó gravemente a toda la historia posterior, no sólo en esa ciudad sino en toda América. La asociación de ministros publicó una declaración en la que daban un reconocimiento generoso a las excelencias de Davenport, pero a causa de sus irregularidades, juzgaban su "deber presente no invitar a Mr. Davneport a nuestros lugares de adoración pública." El resultado de esta declaración fue que hubo predicaciones sobre lo común, una gran cantidad de controversia y perturbación y finalmente una denuncia ante la corte general, por la cual Davenport fue declarado no culpable porque non compos mentis. Tras un intervalo Davenport se marchó. A su llegada a su hogar, con la mejora de su salud, se dio cuenta de sus errores y publicó sus "retractaciones" en las que se apartaba de sus declaraciones y explícitamente reconocía sus errores. Es sobre tal trasfondo que la historia del avivamiento de Whitefield en Nueva Inglaterra se describe. Fue acusado de ser un "entusiasta", es decir, uno que actúa por estímulos provocados por sueños y súbitos impulsos bajo la pretensión de inspiración, con métodos desordenados, manipulación y engaño de la gente.

Defensa de Edwards; estadísticas.
La defensa de Edwards del despertamiento no ignoró las "imprudencias", "irregularidades", "celo indiscreto", ni "aullidos, agitaciones y desmayos". Pero defendió el despertamiento no obstante, porque había producido "una destacada y general alteración de la faz de Nueva Inglaterra" en asuntos tocantes a la religión y la moral. Defiende a los evangelistas respecto a muchas cosas por las que habían sido injustamente culpados y mantiene que hay una apropiada apelación a las emociones y que la predicación del terror es justificable, pues el estado del hombre no regenerado es de hecho terrible. Tampoco rechazó ver en los aspectos físicos de la predicación "probables señales de la presencia de Dios." Edwards dejó datos muy completos e importantes en cuanto al número de influenciados por este avivamiento y sus edades, en los que no hay distinción entre hombres y mujeres que fueron convertidos, según la declaración explícita de Edwards, en igual proporción. Los resultados numéricos del despertamiento en el país en conjunto se pueden estimar solo sobre la base de información parcial; una estimación conservadora sitúa el número de adhesiones a las iglesias en Nueva Inglaterra a consecuencia del despertamiento en 25.000 personas, lo que supone el diez por ciento de la población de esa colonia, que en aquel entonces era de 250.000. No obstante, esto no cubre completamente el número de conversiones, pues un gran número se produjeron dentro de las iglesias por la operación del Pacto del Medio Camino, que también estaban necesitados de conversión, y de hecho fueron convertidos. Por tanto, el número total de conversiones contando esos miembros eclesiásticos nominales debe haber sido cercano a los 50.000. Se formaron 150 iglesias congregacionales en menos de 20 años, la mayoría de las cuales se pueden acreditar al despertamiento. Un considerable número de iglesias separatistas se formaron, muchas de las cuales contribuyeron poderosamente a la influencia de la religión a la vez que las fuerzas bautistas y presbiterianas aumentaron grandemente. Al tomar, pues, una perspectiva amplia de los resultados numéricos se hace evidente que el refuerzo de las filas religiosas del país fue muy grande.

avivamiento
Despertar hacia el año 1800.
Desde el término del "Primer Gran Despertar", como fue denominado apropiadamente el avivamiento, no hubo avivamientos generales en América hasta el año 1800. Fue el período de la guerra, con la consecuente pérdida de moralidad. Pero a medida que el nuevo siglo se acercaba, los avivamientos aislados ocurrieron en diversos lugares. En 1781 hubo uno en Dartmouth College, extendiéndose a localidades que estaban a 20 millas alrededor; en 1783 en Yale College se incrementó la membresía hasta un punto que nunca había obtenido. Sin embargo, doce años más tarde los efectos visibles habían desaparecido. Princeton estaba en una condición bastante similar a Yale. Desde 1778 a 1787 había habido un avivamiento, bajo la dirección de un laico, Joseph Patterson, en Pensilvania occidental y más de 1.000 personas profesaron la conversión. En el invierno de 1798 hubo un gran avivamiento en Nueva York occidental y en 1796-1798 en Connecticut y Massachusetts. Pero en Massachusetts oriental no hubo avivamiento desde 1745 hasta mucho después de 1800. El centro más importante de este avivamiento fue Yale College bajo Timothy Dwight. Cuando llegó a la presidencia en 1795 se encontró con que la infidelidad eran muy prevaleciente entre los estudiantes, mientras que la iglesia del colegio languidecía. Dwight comenzó a discutir los fundamentos de la teología con los estudiantes mayores y pronto la infidelidad comenzó a ceder. Pero el "avivamiento" propiamente dicho no surgió en Yale College hasta 1802. Un estudiante destinado a jugar un gran papel en los despertamientos posteriores, Lyman Beecher, fue convertido en 1795-96, pero era un caso de interés religioso solitario, comenzado en casa a consecuencia de una observación de su madre, pero mantenido en progreso grandemente por los sermones de Dwight en el púlpito del colegio y desarrollándose gradualmente en el propósito de servir a Dios. Había otros casos aislados, pero el colegio por algún tiempo retrocedió más que avanzó. En 1799 sólo 4 o 5 de los estudiantes eran miembros de la iglesia. Pero en 1801 el deseo de un avivamiento comenzó a manifestarse y en la primavera de 1802 la obra creció hasta que 75 de los 230 estudiantes se habían convertido, de los cuales la mitad llegaron a ser ministros del evangelio. Hubo despertamientos posteriores en 1808, en 1812-13 con 20 convertidos, en 1815 con 80, en 1831 y así hasta llegar a 1837, habiendo 17 avivamientos en Yale College.

Lyman Beecher
Lyman Beecher
Lyman Beecher.
Que Dwight fue un avivamentista se puede ver más claramente por la obra de su discípulo, Lyman Beecher. Afincado en Easthampton en 1799, su actividad en los despertamientos comenzó inmediatamente. El interés se generó esa primavera y en 1800 un notorio avivamiento, que continuó durante seis semanas, resultó en la conversión de 80 personas y en la incorporación de 50 a la iglesia. Pero el avivamiento de 1807-08 produjo los principios sobre los que Beecher siempre dirigió tal obra y mostró la clase de hombre que él era. De la Asamblea General en Newark regresó con "fuego en su corazón" y comenzó con los jóvenes; pero cuando nada parecía que iba a quedar, planificó una serie de sermones sobre la elección. Predicó "cortante y claro, sin pelos en la lengua", siendo una nueva doctrina de la elección la que enseñó, bajo la influencia de Dwight y Taylor, por la que su eminente razonamiento quedó subrayado. La doctrina del castigo eterno fue también predicada hasta presentar "el reino de la oscuridad... como la prisión del universo... pequeño en comparación con las esferas de luz y gloria." Eso suponía la emancipación de la congregación del dominio de la emoción instintiva del temor sobrecogedor.

Camp-meeting
Camp-meeting
Despertamiento en Kentucky.
Mientras este avivamiento en Yale se producía de forma calmada, evitando excesos de toda clase, en Kentucky en el año 1800 se producía otro que ilustraba los peligros que acechaban a la suprema apelación al temor en una población de bajo grado de vida intelectual. La inmigración escocesa-irlandesa a América había traído a las montañas de Kentucky y Tennessee una población que había degenerado en el aislamiento de esas remotas regiones. La religión había perdido su fuerza sobre ellos. Las "inhibiciones" de naturaleza intelectual y moral quedaron removidas y al mismo tiempo una condición de equilibrio inestable se había establecido en el sistema nervioso. Tenían que estar siempre alerta contra los indios. Por tanto vivían en un entorno de aprensión, donde el poder del "temor latente" era por tanto muy grande y se daban manifestaciones excesivamente emocionales. A medida que el tiempo pasó esta población de las montañas despachó un número de emigrantes que hacia el año 1800 se habían congregado en Logan County, en el suroeste de Kentucky, en la frontera con Tennessee, mezclándose un gran número de esta población con ciertos indeseables violentos y endurecidos. Un gobierno irregular se había establecido para procurar la ley y el orden, estallando una miniatura de guerra civil hasta que finalmente los mejores elementos se hicieron con el poder. El ministerio de James McGready, que llegó a esta región en 1796, fue desde el principio ejercido con gran poder. Su predicación parece haber recordado la de Edwards. "Desplegaba de tal manera el infierno ante los malos" se dice, "que temblaban, imaginando un lago de fuego y azufre que los engullía y la mano del Todopoderoso arrojándolos al horrible abismo." En 1799 celebró un encuentro en Red River, comenzando a darse violentas demostraciones físicas en la audiencia, de manera que la gente se caía de sus asientos al suelo. Éste fue el comienzo de una gran época de excitación nerviosa en relación con los avivamientos. La obra se esparció por Pensilvania y Ohio y violentos fenómenos físicos denominados "sacudidas" prevalecían. Grandes camp-meetings se organizaron y, como por contagio, la excitación se difundía entre las muchedumbres reunidas. La gente continuaba durante horas en un estado inmóvil, cayéndose uno de cada seis al suelo y siendo un hombre sacudido tan violentamente que murió al golpearse el cuello. No fue hasta el verano de 1803 que tales manifestaciones terminaron.

Teología de esos despertamientos.
La teología había pasado a través de un desarrollo regular desde el tiempo de Edwards. El tratado sobre la libertad de la voluntad, en el que el gran dirigente se había pronunciado por el determinismo, había llevado a una discusión constante sobre la psicología de los avivamientos y aunque estaba dirigida según el plan universal de aquel tiempo, la consulta de la conciencia del individuo había llevado a una gradual modificación del determinismo en favor de una libertad auténtica, como en la enseñanza de Nathaniel William Taylor, de que la voluntad tiene siempre, en cada caso de elección, un "poder para lo contrario". Como resultado del desarrollo de su teología, el predicador en esos avivamientos sentía que estaba influyendo verdadera y poderosamente a sus oyentes al arrepentimiento y ellos sentían que sobre ellos solos descansaba la responsabilidad de escoger o rechazar el servicio de Dios, ya que poseían una capacidad perfecta para escoger o rechazar y tanto el predicador como el convertido alababan la gracia de Dios como agente eficiente y benefactor divino en la salvación de cada persona (comp. F. F. Foster, Genetic History of the New England Theology, Chicago, 1907).

Asahel Nettleton
Asahel Nettleton
Despertamientos posteriores. Asahel Nettleton.
Entre los congregacionales y las denominaciones asociadas continuaron los despertamientos sin la ayuda de nadie que se dedicara exclusivamente a esta obra. El período de los avivamentistas profesionales no había comenzado. Los primeros estudios de Asahel Nettleton eran limitados y, como sus padres no eran cristianos profesos, no fue hasta que tuvo 18 años que fue cristiano. Inclinado primero a la obra misionera foránea, se sintió gradualmente atraído a los trabajos de avivamiento, no pudiendo eludir nunca las responsabilidades que asumió. Viajó por una gran parte de Connecticut, con frecuentes tareas en Massachusetts y Nueva York, llevándole en el sur su viaje hasta Charleston, Carolina del Sur. Durante 23 años fue una de las figuras más activas y conspicuas en el servicio de las iglesias en la dirección de avivamientos. De su preparación especial para su obra, obtenida por experiencia en la obra misma, sus observadores hablaban frecuentemente. A causa de su familiaridad con las experiencias de muchos hombres diferentes en muchos lugares distintos, él a veces parecía estar describiendo la experiencia de sus oyentes como si tuviera personalmente conocimiento de sus pensamientos más internos. "Cuando comenzaba sus trabajos en cualquier lugar, primero intentaba imprimir en la gente el hecho de que su ayuda debía venir de lo alto y que no debían poner su confianza en el brazo de carne." Tan sincero era en este llamamiento que si hubiera pensado que estaban dependiendo demasiado de él los había dejado durante un tiempo. Comenzaba su obra procurando profundizar la seriedad de la iglesia y el sentido de responsabilidad. Predicaba sobre los pecados de los cristianos y por su búsqueda y métodos personales de aplicación procuraba llevar la convicción a ellos primero. Luego estaba listo para predicar a los pecadores. Su estilo era simple pero impactante. No intentaba despertar gran emoción, sino que prefería un avivamiento sosegado. Predicando seriamente, junto con charlas familiares en la sala de clase y añadiendo la conversación privada fiel y el trabajo personal, recogió el fruto "a mano", como alguien ha descrito felizmente su método personal de trabajo. Sin embargo, su conversación era usualmente breve y compartía de alguna manera la naturaleza de las prescripciones de un médico. Un deber y sólo uno imponía sobre los buscadores, el del arrepentimiento inmediato. Les exhortaba a arrepentirse porque nada podían hacer, aparte de eso, que mejorara en alguna manera su condición. De esta manera se posicionaba en la mejor línea de la enseñanza de Nueva Inglaterra. En un aspecto esos avivamientos fueron muy defectuosos. Al final, la senda peculiar que Nettleton había recorrido cuando entró al reino, continuó ejerciendo una influencia sobre él y sobre la experiencia religiosa de sus convertidos. Había un largo período de aflicción por el que la mayoría de ellos tenían que pasar y un gran grado de penumbra y misterio e incertidumbre sobre el hecho de la conversión misma. Era el resultado de una mala enseñanza, que consistía en el esfuerzo supremo (y estéril) por el que uno de los jóvenes de Edwards pasó: ¡Arrepentirse de su pecado en Adán! No es posible encontrar en ninguna parte una clara explicación de la naturaleza de la fe en sus sermones. En ninguna parte le dice al pecador exactamente lo que ha de hacer en términos que posean claridad, porque descansa en una clara psicología del arrepentimiento y la fe. El día para esto no había llegado. Producía fe verdadera porque presentaba poderosamente los motivos bajo los cuales surge; pero lo que sucedía en el decisivo momento en su alma, ni el pecador ni el predicador realmente lo sabían.

Charles G. Finney
Charles G. Finney
Charles Grandison Finney.
Charles Grandison Finney, que vivía en Nueva York central, entonces una tierra fronteriza, fue criado con escasas posibilidades en cuanto a educación y todavía con menos en cuanto a la religión; estudió leyes y ejerció su práctica, en Admas, Nueva York, sin ningún conocimiento real del evangelio. Había tenido algunas oportunidades educativas en su juventud posterior, habiendo pasado un breve tiempo en una escuela superior en Connecticut; pero los privilegios religiosos que entonces tuvo le habían traído poca luz a su mente. Él dice de sí mismo, cuando comenzó a estudiar leyes, que era "casi tan ignorante de la religión como un pagano." Su primera Biblia se la compró por las referencias a la misma que halló en sus libros de leyes. Había un elemento nuevo en la obra de avivamiento que la conversión de Finney le guió a acometer que retrocede a su propio proceso mental y experiencia espiritual. El día que fue convertido obtuvo una nueva idea de la naturaleza de la fe. Él había sostenido que era una creencia intelectual, pero ahora entendió que era una confianza voluntaria. Echó mano del acto directo de su voluntad y tras ello sucedió su conversión, aunque él no entendió inmediatamente que estaba convertido, repitiendo en este particular la experiencia de muchos convertidos del tiempo de Edwards en adelante. Pero la aplicación de este principio a la filosofía y métodos del avivamiento no permanecieron ocultos para él, ni quedó sin afectar su propio modo de procedimiento. El desarrollo de este principio se manifestó primero en el campo de la teología. Finney era un teólogo nato. Poseía el interés en la verdad abstracta, el poder del pensamiento analítico y el amor por la prueba convincente, que unidos hicieron al teólogo y le constituyeron, al mismo tiempo, en un teólogo avanzado, original e investigador. Se vio por tanto involucrado en discusiones añadidas con su pastor, siendo guiado paso a paso sustancialmente a la misma posición tomada por Nathaniel William Taylor, con quien había tenido una breve relación. Pronto consiguió la licencia para predicar del presbiterio local, siendo posteriormente ordenado, aunque no sin crítica por sus peculiares ideas. Sin embargo, sus labores habían sido demasiado fructíferas como para negarle la ordenación. Tras su obra en Adams, Finney fue a Evans' Mills y comenzó esa larga serie de reuniones de avivamiento por las cuales ejerció una influencia más poderosa y de mayor alcance que la de ningún hombre de su generación. La fascinante historia relatada por él mismo en sus Memoirs está repleta de incidentes notorios y destacado éxito. Desde el principio estaba evidentemente preparado y totalmente maduro. Su elocuencia era deslumbrante, sus métodos originales y efectivos, su poder personal extraordinario y los resultados no tenían comparación. El abierto secreto de su habilidad para dirigir hombres era la claridad perfecta con la que entendía la naturaleza de la conversión y la naturaleza humana. Su perfecta confianza también en las principales doctrinas del plan del evangelio y la sorprendente viveza con que las presentaba guiaban al más profundo auto-examen y consagración personal. A través de ellas corría la vena de la racionalidad, pues Finney estaba siempre explicando y defendiendo doctrinas y tenía el arte de hacerlas aparecer auto-evidentes y sus contradicciones inconcebibles. Se puede poner en duda si en alguna parte, en algún periodo de la historia de la Iglesia, hubo más profundas experiencias o una captación más firme y más inteligente de los pasos esenciales del proceso por el que alguien llega a la paz con Dios.

Crítica de los métodos de Finney.
La oposición se hizo sentir muy pronto en varias formas, pero se dirigió sobre aquellas características de los métodos de Finney que hoy se entienden como sus méritos principales, su uso de ilustraciones caseras, su omisión de un estilo retórico y sus charlas improvisadas. Todo ello era la misma razón de su éxito y si hubiera escuchado los consejos de los de su alrededor habría sido tan ineficaz como ellos. Pero no había oposición de los que conocían la obra a causa de ninguna irregularidad, tal como sí ocurrió en el antagonismo de los hermanos en Nueva Inglaterra, en particular Asahel Nettleton. Las objeciones de Nettleton a los métodos de Finney fueron la "irreverencia" mostrada en la oración, el "espíritu de denuncia" mostrado parcialmente contra los ministros, "la práctica de mujeres orando en asambleas promiscuas", la creación de discordia en las iglesias y "orar por la gente por nombre." En sus propias cartas nada se dice contra la práctica de pedir a los buscadores que pasaran adelante, aunque ésta es una de las nuevas medidas contra los cuales el biógrafo de Nettleton, Bennet Tyler, le objeta. En conjunto, parece que la idea de Tyler sobre el asunto es algo exagerada y que no tuvo fuentes correctas de información; Nettleton también parece haber obtenido su información principalmente indirectamente y parece exagerada e incorrecta. La obra de Finney no estaba abierta a las acusaciones con las que ambos hombres se volvieron contra él. El antagonismo entre Finney y Nettleton era un asunto de temperamento, pues el uno era tan contenido como el otro era informal. Era parcialmente un asunto de civilización: el establecido este contra el nuevo oeste; parcialmente un asunto de facción: la conservadora Nueva Inglaterra contra un hombre que reproducía en el oeste el taylorismo contra el que Tyler y Nettleton estaban contendiendo en el este. Pero en el fondo era un antagonismo de ideas, excitado por la incapacidad de Nettleton y otros para construir su sistema por las consecuencias e implicaciones de una nueva teoría de la voluntad.

El despertamiento de Finney cubrió un amplio e interesante campo, que incluyó Filadelfia, Nueva York (donde fundó el Broadway Tabernacle y conoció a los hombres que le ayudaron en Oberlin), Oberlin mismo y la intensa y extraordinaria historia de sus primeros años en Londres y su regreso a las ciudades americanas de mayor o menor celebridad. Los avivamientos en Rochester estuvieron entre los más grandes y dejaron una huella duradera sobre esa ciudad. El del año 1842 fue principalmente entre los abogados de la ciudad, de los cuales un gran número fueron convertidos. La predicación era argumentativa y cubría el abanico de la doctrina cristiana. Que Finney ganara hombres no es tan extraño cuando se recuerda que los hombres se ganan eminentemente por el ideal, por convicciones en cuanto al deber y el temor racional. Las estadísticas probablemente son semejantes a las del despertamiento de Edwards en 1734-35.

Moody predicando en Brooklyn, Nueva York
Moody predicando en Brooklyn, Nueva York
Dwight Lyman Moody.
La filosofía de los despertamientos bajo los cuales este servidor del evangelio trabajó fue, en su mayor parte, la filosofía del sentido común. Él creía en grandes asambleas de gente y estaba deseoso de tener un pueblo cristiano grande en número. Conocía los peligros de una multitud y rápidamente suprimía todo lo que fuera excitación indebida. Su método consistía en predicar el evangelio tan sabiamente como podía, reunir a los interesados para instrucción especial y ánimo, descansar grandemente en la oración y emplear a los convertidos en diversas obras cristianas. Su doctrina era del tipo evangélico antiguo y enseñaba como parte esencial el castigo eterno de los perdidos. Esta posición le daba energía en sus esfuerzos para la salvación de los hombres, pero no enfocaba esa salvación consistiendo primordialmente en el rescate del castigo. Predicaba la doctrina de la expiación mediante la sustitución de Cristo por el pecador; pero esto no hacía de la salvación que Cristo forjó un asunto meramente externo y forense que deja al hombre en su interior sin tocar. Ambas doctrinas fueron transfiguradas por la concepción de la fealdad del pecado como alienación de Dios y la gloria de la salvación como la restauración de las relaciones personales y amantes entre el hijo pecador y el Padre celestial. La doctrina del amor divino había encontrado su lugar. Moody usaba predominantemente el amor de Dios como la gran razón para el arrepentimiento. Era eminentemente razonable que el hijo regresara a su Padre, pues fuera de él no había más que miseria, constituyendo el amor de Dios un atractivo sobre el hombre que no podía ser ignorado, consideraciones todas ellas a las que Moody recurría con gran poder y efusión, guiado por el instinto de un gran corazón inflamado con el amor de Dios. Predicó particularmente a pecadores desesperados, pecadores que se sabían tales y que no podían creer que la gracia de Dios fuera para ellos. Probablemente sus más grandes sermones fueran sobre este tema general.

Panorámica general de los siglos XIX y XX.

Además de los avivamientos del año 1800 y los años inmediatamente siguientes, ha de destacarse que el período de la controversia unitaria en Nueva Inglaterra (1819 y sig.) fue también de avivamiento. Durante los primeros 30 años del siglo los presbiterianos cuadruplicaron su membresía, principalmente por avivamientos, los congregacionales la duplicaron, los bautistas la triplicaron y los metodistas la multiplicaron por siete. En los seis años que van desde 1826 a 1832 se estima que 200.000 personas se unieron a las principales iglesias evangélicas, de las cuales 60.000 eran jóvenes. Los pánicos financieros de 1837 y 1857 fueron seguidos por avivamientos, el segundo de gran poder. La excitación adventista de 1843 produjo una reacción desfavorable a los avivamientos. Pero tras 1857 hubo durante dos años un avivamiento general en todo el país, dirigido por la mayor parte de los pastores en sus ministraciones regulares, teniendo su principal expresión en reuniones de oración, que atrajeron unas 300.000 personas a las iglesias. El período de la guerra civil fue desfavorable a los avivamientos, no siendo hasta 1874 que la tendencia cambió en relación a los grandes avivamientos bajo Moody, George Frederick Pentecost y otros. La década desde 1870 a 1880 vio un incremento de más de 3 millones de miembros en las iglesias evangélicas, uno de los mayores en la historia del cristianismo americano. Nada es más notorio que los avivamientos en los centros docentes.

Benjamín Fay Mills.
En la perspectiva de la historia de los avivamientos a finales del siglo XIX y comienzos del XX hay tres personas, todos clérigos, que destacan: Benjamin Fay Mills, Reuben Archer Torrey y J. Wilbur Chapman, siendo dirigentes en un movimiento especialmente notorio por la parte prominente que tomaron los laicos. Los tres recibieron su estímulo de su trabajo especial con Dwight L. Moody, con quien estuvieron en estrecho contacto. De él tomaron su mensaje, sencillo, bíblico, urgente y hecho efectivo por una profunda convicción, adornado con anécdotas, incidentes y experiencias y desprovisto de argumentación trabajada o de embellecimientos retóricos.

El primero de ellos, Benjamin Fay Mills, fue compañero de clase, en la universidad Lake Forest, Illinois, de Chapman, con quien también durante un tiempo estuvo asociado posteriormente con destacado éxito en campañas de avivamiento. Comenzó su obra evangelizadora en 1886 y durante 10 años continuó en ella ininterrumpidamente, visitando muchos de los principales centros de población en Estados Unidos y Canadá. Su principal e inmediata tendencia era una alocución popular a las masas congregadas, en la que era un maestro, pero aparte de eso se puede decir de él que fue el primero en programar el "éxito organizado." Su sorprendente método era su "plan de combinación de distritos", por el que las ciudades quedaban divididas en sectores sobre los que una red de servicios se esparcía. Él era sistemático, tomando tiempo y trabajo para preparar y suscitar el interés, reclutando apoyo y formando y multiplicando círculos de oración. Y luego, cuando contundentemente hacía su apelación en el evangelio, echaba la red mediante el método de sus tarjetas de firma, que fue el primero en introducir, asegurándose de esta forma una decisión inmediata.

Reuben Archer Torrey
Reuben Archer Torrey
Reuben Archer Torrey.
Tras él, un evangelista de personalidad arrolladora fue Reuben Archer Torrey. El surgimiento de Torrey procede de la fundación en 1889 en Chicago del Instituto Bíblico Moody, siendo su propósito un estudio práctico completo de la Biblia. Su relación estrecha y personal con Moody en esta obra bíblica le hizo, como Moody mismo, un "hombre de la Biblia." Torrey se eleva por encima de Mills y CHhapman por un dominio y uso completo de la Biblia. El Instituto Bíblico, bajo Moody, Torrey y otros se convirtió en una auténtica "casa de poder" en la gran Exposición Mundial de Chicago en 1893. Y desde entonces,Torrey acometió muchas empresas de avivamiento.

J. Wilbur Chapman.
Pero el más importante de los tres citados es J. Wilbur Chapman. Fue producto de un entorno más amplio y por lo tanto logró una influencia más amplia, hasta tocar una periferia mucho mayor. Estuvo al principio asociado con Moody como vicepresidente del Instituto Bíblico y en la obra evangelizadora. Sus tareas pastorales fueron un instituto donde fue puesto para preparar a los atletas más capaces y traer pecadores a Dios, en Albany, Nueva York, donde en un avivamiento cosechó más de 100 almas, incluyendo algunos de los hombres más prominentes de la ciudad; posteriormente en un sostenido avivamiento congregó a más de 500 convertidos en cinco años; en Filadelfia, añadió 1.100 a la membresía de la iglesia en tres años y en Nueva York, cuando dimitió de la labor pastoral en 1902, era director del comité evangelizador de la Asamblea General de la Iglesia presbiteriana en los Estados Unidos de América.

Su posterior registro es brillante. Su famosa campaña de Boston, por magnitud, poder y permanencia de resultados no tuvo paralelo. A principios de 1910 regresó de una gira evangelizadora por todo el mundo, en la que visitó once países, habló en sesenta ciudades de Australia, China, Japón e Inglaterra. El período de estos tres hombres ha sido uno de los más fructíferos en la historia de los despertamientos en el cristianismo americano.

El despertamiento de Gales de 1904-1906.

El pueblo galés.
Gales es bien conocido por ser tierra de avivamientos. Debido al intenso espíritu nacional del pueblo galés esos avivamientos poseen características que los distinguen de los movimientos religiosos generales de Gran Bretaña. A través de los siglos de dominio sajón los habitantes de Gales han preservado su independencia en lengua, literatura y conciencia nacional. Una estirpe brava e imaginativa de montañeses, imbuidos con un fuerte espíritu religioso, han experimentado de tiempo en tiempo grandes resurgimientos espirituales que han hecho época en la vida de la nación. El avivamiento del siglo XVIII bajo Daniel Rowlands y Howel Harris fue un renacimiento nacional que liberó las fuerzas democráticas e introdujo una nueva era de progreso y educación.

El avivamiento descrito.
El avivamiento religioso conocido como "El gran avivamiento de Gales" es uno de los de más amplio alcance de esos avivamientos nacionales. Duró dos años, desde principios de 1904 a comienzos de 1906 y durante ese tiempo se estima que más de 100.000 personas hicieron profesión de fe. De este número unos 60.000 eran en 1910 miembros estables en las iglesias protestantes de Gales. Los resultados éticos inmediatos del movimiento fueron destacados. Una gran ola de sobriedad recorrió el país por lo que el comercio de licor sufrió enormes pérdidas financieras; la disminución en casos criminales fue no menos destacable; bienes robados 15 o 20 años antes fueron devueltos a sus dueños; se produjo un fenomenal incremento en la demanda de buena literatura y el sectarismo, una gran herencia de la vida nacional galesa, quedó suavizado por una mayor amplitud y una concienciación más profunda de la unidad. El movimiento no debe confundirse con las organizaciones misioneras que funcionaban durante ese tiempo en varias partes de Gran Bretaña. El genio del avivamiento galés fue muy distinto de cualquiera de esas misiones. Fue espontáneo, no convencional y sin organización de ninguna clase. Ninguno de sus "dirigentes" tenía más de 30 años de edad y ninguno era un gran predicador. La mayoría de los obreros eran de extracción humilde y apenas tenían preparación. Algunos de los más fructíferos eran muchachas jóvenes, de menos de 20 años, que ayudaban en las reuniones con exhortaciones e himnos. En método, o en ausencia del mismo, los servicios han sido denominados un triunfo del cuaquerismo; "la obediencia al Espíritu" era la única condición sobre la que se insistía. Sólo muy raramente se pronunciaba un sermón; las reuniones se dedicaban a la oración, cantos, testimonios y exhortación y terminaban poco antes de las primeras horas de la mañana. Se caracterizaron por demostraciones mucho menos violentas que los anteriores avivamientos. La carga del mensaje era el amor de Dios. Como es usual del caso en Gales había muchos fenómenos sobrenaturales: visiones, voces y señales en los cielos.

Su origen.
Hasta donde se puede trazar el origen del movimiento, parece haber comenzado en febrero de 1904 en New Quay, Carmarthenshire, Gales del Sur. Las primeras manifestaciones se dieron en la iglesia metodista calvinista local de la que Joseph Jenkins era pastor. Posteriormente, en una convención celebrada en Blaenanerch hubo muchas indicaciones de avivamiento espiritual. A esta convención asistió un joven que sería conocido posteriormente como el "dirigente" del despertamiento, Evan John Roberts, que en ese tiempo era candidato para el ministerio presbiteriano galés y estudiante en una escuela preparatoria en Newcastle Emlyn, Gales del Sur. En el otoño de ese mismo año la llama del avivamiento que se había quedado parpadeando en New Quay y otros lugares, se inflamó y esparció rápidamente por todo el país, desde el sur a las extremidades montañosas del norte de Gales. Las destacadas escenas citadas fueron recogidas en la prensa inglesa y despertaron el interés en muchos países. Durante ese tiempo Evan Roberts se había convertido en la figura central del avivamiento, aunque designarle a él como "dirigente" es contradecir el auténtico genio del avivamiento, que, en su totalidad, fue sin organización o dirección ejecutiva. El despertamiento comenzó realmente antes de que Roberts empezara su apostolado; pero indudablemente él llegó a ser el principal y más honrado representante del movimiento.

Evan Roberts
Evan Roberts
Evan Roberts; primeros años.
Evan John Roberts nació el 8 de julio de 1878. Era de humilde extracción, siendo el noveno hijo de una familia de catorce. Su lugar de nacimiento fue Bwlchymynydd, Loughor, Gales del Sur, una pequeña localidad de 3.000 o 4.000 habitantes. Fue criado en el calvinismo galés al que sus padres pertenecían y al que él mismo se unió a la edad de 13 años. Cuando tenía 11 años Roberts dejó la escuela y se fue a trabajar en una mina local, donde su padre también trabajaba. Allí estuvo a punto de morir en un accidente y más tarde en una explosión. Un tercer incidente sucedió hacia el final del avivamiento cuando estuvo a punto de caerse por un precipicio. A la edad de 24 años dejó las minas y aprendió el oficio de su tío, Evan Edwards, un herrero. Un año más tarde fue aceptado como candidato para el ministerio presbiteriano y en 1904 entró en una escuela preparatoria en Newcastle Emlyn, Gales del Sur. Antes de esto había tenido algunas experiencias de tipo místico. Dedicaba muchas horas cada día a la oración. Oía "voces" y veía "visiones" y se sentía arrebatado por encima de las limitaciones del tiempo en la inmediata presencia de Dios. Esta experiencia la tuvo dos veces al día en horas regulares y continuó durante algún tiempo. Fue incapaz de continuar sus estudios satisfactoriamente en Newcastle Emlyn. Sus libros de texto le parecían, como él dijo, que le quemaban en sus manos, produciéndole violento dolor físico hasta que los dejaba y tomaba su Biblia. Sus amigos temieron por su salud mental. El 29 de septiembre de 1904, en la capilla metodista calvinista de Blaenanerch pasó por una crisis espiritual, en la cual, en sus propias palabras, la "Fuerza viviente" entró en él con casi violencia física, impartiéndole intenso gozo, fuerza corporal e iluminación mental, así como sinceridad espiritual y poder.

Tarea en el avivamiento.
El 31 de octubre regresó a su hogar en Loughor y comenzó su obra, primero entre su propia familia y luego en la iglesia de la cual era miembro. Al principio se le miró con sospecha y se le consideró demente, pero el poder de sus reuniones era irresistible y rápidamente se convirtió en una figura nacional, como antorcha del avivamiento. En sus reuniones se limitaba casi exclusivamente a la lengua galesa. A veces daba alocuciones de una hora u hora y media de duración, pero usualmente hablaba durante menos de 10 minutos cada vez. Su estilo era conciso y epigramático, abundando en metáforas e ilustraciones caseras. Poseía clarividencia y ocasionalmente la ejerció en las reuniones. Al término del avivamiento se encerró en el hogar de un amigo y observó un silencio de siete días, aislándose del mundo exterior y rechazando comunicarse con cualquiera salvo por escrito. Esto lo hizo, según dijo, en obediencia a la voz divina. Salió de esta experiencia mucho más fuerte físicamente y en un estado de gran exaltación mental y espiritual. Su única misión fuera de Londres estuvo en Liverpool (donde asistió a un banquete público por el lord mayor el 7 de abril de 1905). En esta misión se dirigió principalmente a la gente en galés y raramente habló en inglés. Cuando estuvo en Liverpool, para acallar críticas adversas sobre la cuestión de su salud mental, fue examinado por cinco especialistas ingleses que emitieron un certificado de su equilibrio mental. En 1906, al final del despertamiento, Roberts sufrió un severo colapso nervioso. Se retiró a casa de unos amigos residentes en Leicestershire, donde su salud mejoró. Fue un buen músico y un poeta de cierta capacidad. El despertamiento religioso produjo en Gales un despertar del espíritu nacional que procuró encontrar expresión en la legislación de la reforma general. Indudablemente contribuyó en el movimiento para la independencia política de Gales.