Historia

DIACONISA

Diaconisa es el término que denota una función que procede del período antiguo de la Iglesia, aunque el término técnico en la forma femenina (griego, diakonissa, latín, diaconissa, diacona), no ocurre hasta un periodo posterior.

En la edad apostólica.
Febe fue diaconisa de la iglesia de Cencrea, aplicándosele la forma masculina, diakonos, a ella (Os recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea;[…]Romanos 16:1). Las mujeres cuyos nombres aparecen en 16:12 fueron probablemente de la misma clase. No es probable que hubiera un orden distinto de diaconisas en la Iglesia apostólica en el sentido moderno. No obstante, el modo de Pablo de referirse a Febe implica que era reconocida en Cencrea y por él mismo en el desempeño de una obra y el ejercicio de una autoridad especial. Es posible que las diaconisas sean mencionadas en De igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.[…]1 Timoteo 3:11. Si así fuera, eran distinguidas de las "viudas" (3 Honra a las viudas que en verdad son viudas; 4 pero si alguna viuda tiene hijos o nietos, que aprendan éstos primero a mostrar piedad para con su propia familia y a recompensar a sus padres, porque esto es agradable delante de Dios. 5 Pero la que e[…]1 Timoteo 5:3-16), que no debían ser catalogadas en esa clase hasta que hubieran alcanzado 60 años de edad. Desde los primeros tiempos se sintió la necesidad de una clase especial de mujeres que se dedicaran al servicio cristiano en tiempos de bautismo, visitaran las partes de las casas separadas para mujeres y realizaran otros deberes. Aunque Febe es la única persona en el Nuevo Testamento a la que se llama diaconisa, hay indicaciones, como en el caso de Dorcas (Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita (que traducido al griego es Dorcas); esta mujer era rica en obras buenas y de caridad que hacía continuamente.[…]Hechos 9:36) y otros casos, de que el servicio de las mujeres era tenido en alta estima por la Iglesia y tuvo un carácter distintivo.

Diaconisas y viudas.
La primera referencia en la edad subapostólica a mujeres funcionarias en la Iglesia la hace Plinio el Joven en su carta (x, 96) a Trajano hacia el año 110 d. C. Habla de "mujeres jóvenes que son llamadas ministræ", esto es, "diaconisas." Las noticias en la literatura de los siglos segundo y tercero son muy raras antes de las Constituciones Apostólicas, que contienen frecuentes referencias a las viudas y diaconisas y a directrices para su trabajo e instalación en el oficio. Cuando se escribieron las Constituciones Apostólicas las viudas y las diaconisas eran órdenes distintos (ii, 26), ocupando las viudas una posición inferior a las diaconisas y estando sujetas a ellas (iii, 7). Había diferentes normas para la consagración de unas y otras (vii, 19,25). Por otro lado, no está claro que en el siglo segundo se mantuviera esta distinción. Pero por otra parte, hay evidencia de que en el siglo cuarto el orden de las viudas quedó abandonado, mientras que el de diaconisas permaneció. El concilio de Nicea (325) habla sólo de "diaconisas." El concilio de Orleáns (533) habla de las viudas "que son llamadas diaconisas."

En la literatura del siglo segundo, con la excepción del pasaje de Plinio, no hay referencia a las diaconisas por nombre y ninguna referencia distintiva a ninguna clase sino a la de las viudas. Cuando Tertuliano, a comienzos del siglo tercero, habla de "vírgenes" y las distingue de las "viudas" (De virginus velandis, ix; De monogamia, xi, etc.) no tiene en mente una clase de funcionarias en la Iglesia. Ignacio en su carta a Esmirna (xiii; comp. Lightfoot, ii. 322 y sig.) habla de "vírgenes que son llamadas viudas" y Policarpo en su carta a los Filipenses (iv; Lightfoot, ii.912) llama a "las viudas prudentes" el altar de Dios. Esta expresión, que también se usa en las Constituciones Apostólicas (ii, 26), quería decir mujeres dedicadas a la oración y santos pensamientos. Policarpo habla de viudas en su relación oficial, ya que las menciona antes de los diáconos y presbíteros. Al principio del siglo tercero la institución de las viudas parece haber prevalecido ampliamente. Clemente (Hom., xi. 36, Recognitiones, xv) y Tertuliano se refieren a ellas repetidamente. Luciano en su Muerte de Peregrino también habla de viudas de edad avanzada que ministraron a Peregrino en la cárcel, trayendo huérfanos con ellas. Pero un cambio tuvo lugar y a mediados del siglo tercero las "viudas" en Roma eran simplemente una clase de mujeres pobres dependientes del apoyo de la Iglesia (Eusebio, Hist. eccl., VI. xliii. 11).

Aunque el orden de las viudas fue abandonado en el oeste, continuó existiendo en el este. Pero no puede ser seguido más allá del tiempo de la composición de las Constituciones Apostólicas. El término "viuda" parece haber desaparecido. Por otro lado, el de diaconisa aparece con prominencia y es mencionado en las decisiones conciliares del este y el oeste y en la legislación de Justiniano (Novellæ, vi. 6, cxxiii. 30). En el oeste, Ambrosio, comentando sobre De igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.[…]1 Timoteo 3:11, declaró que a las mujeres les estaba prohibido desempeñar oficios en la Iglesia y Jerónimo al comentar Os recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea;[…]Romanos 16:1 y De igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.[…]1 Timoteo 3:11 habla de mujeres funcionarias que existían todavía en el este, pero da la impresión de que habían cesado de existir en el oeste. Sin embargo, parece haber habido diaconisas en la Galia hasta por lo menos el siglo sexto, como atestigua el segundo concilio de Orleáns en 533. Una inscripción en Ticinum, fechada en 539, lleva el nombre de la "diaconisa (diaconissa) Teodora." Las diaconisas continuaron en la Iglesia oriental hasta el siglo octavo. Los términos "diaconisa" y "archidiaconisa" se usaron como designaciones de las oficiales en los conventos y todavía se hallan en el siglo XII en Constantinopla ayudando en la comunión.

La razón por la que las órdenes de viudas y diaconisas caen en desuso es en parte por los abusos de los montanistas, que permitieron a las mujeres predicar, mientras que Montano mismo iba con dos mujeres, cosa que provocó mucho escándalo. Algunos de los herejes, siguiendo a Simón el Mago, se mezclaban con profetisas que supuestamente eran sujetos de revelación y enseñaban, contrariamente a la enseñanza de Pablo. Otras razones fueron los peligros morales asociados a tales mujeres. Se establecieron normas prohibiendo a los clérigos de las órdenes menores visitar viudas y diaconisas sin permiso especial del obispo o sacerdote y no sin un acompañante (sínodo de Hipona, 393; comp. Hefele, Conciliengesichte, ii. 58). Otras razones fueron el crecimiento de las casas monásticas para monjas que ofrecían un refugio seguro, así como un llamamiento distintivo religioso y clerical para mujeres y la cesación de la necesidad de ministros femeninos, una vez que el bautismo de adultos dio paso al bautismo de niños.

Edad.
La edad en la que las mujeres podían entrar a la clase de viudas se redujo de los 60 años (Constituciones Apostólicas, 3:1). Tertuliano (De virginubus velandis, ix) habla de una virgen que había sido admitida al orden de la viudedad a la edad de 20 años, pero lo menciona como una irregularidad notoria. El código de Teodosio de 390 (comp. Hefele, ut. sup. ii. 519) exige obediencia a la norma paulina que requiere la edad de 60 años. En cuanto a las diaconisas, el concilio de Calcedonia (451; canon 15) permitía su consagración a la edad de 40 años, pero sólo tras prueba. El código de Justiniano (Novellæ, cxxiii. 13) igualmente prescribe la edad de 40 años. Si una diaconisa se casaba, ambos, ella y el marido, debían ser anatematizados. Según el código de Justiniano, si se casaba o se dejaba seducir, se hacía culpable de pena de muerte y el hombre sufría la muerte por la espada (Pfannmüller, ut. sup. p. 72). Olimpias († 420), la diaconisa de Constantinopla alabada por Crisóstomo y a quien dirigió 17 cartas, fue viuda a los 18 años y parece haber entrado inmediatamente en la función diaconal.

Deberes.
La declaración de las Constituciones Apostólicas (iii, 15) es reguladora de las funciones de esas mujeres: "Una diaconisa ha de ser ordenada para el ministerio hacia las mujeres." Es llamada la ayudante o ministra del diácono (vii, 28). Era enviada a ciertos servicios para los cuales expresamente se manda que el diácono no debía ir (iii, 15). En el bautismo ayudaba al presbítero "por causa de la decencia" (viii, 28). El obispo era instruido para ungir sólo la cabeza de una mujer y la unción de las otras partes era dejada a la diaconisa (iii, 15). Sin embargo, se produjo un cambio y esta costumbre se abandonó deliberadamente. El sínodo de Dovin en Armenia (527; Hefele, ut, sup., p. 718) prohíbe el ministerio de las diaconisas en el bautismo. La prohibición probablemente surgió de la negativa a permitir ni siquiera la presencia de mujeres realizando servicios clericales. Tertuliano (De baptismo, xvii) permite a los laicos bautizar, pero expresamente prohíbe a las mujeres bautizar y enseñar. Las Constituciones Apostólicas (iii, 9; también Orígenes, Homilías sobre Isaías 6) señalan expresamente que las diaconisas no han de servir en el altar y se les prohibe enseñar y bautizar o ejercer cualquiera de las funciones del sacerdote. Otro deber de las diaconisas era permanecer a la entrada de la iglesia por la que las mujeres pasaban a su propio lugar en el auditorio y saludar a aquellas que entraban, para mostrarles sus asientos y preservar el orden (Constituciones Apostólicas, ii, 57).

Ordenación.
Los eruditos católicos al interpretar las declaraciones patrísticas sobre la instalación de las diaconisas en el oficio niegan que hubiera un rito de ordenación. Esta interpretación tiene en su favor el canon 19 del concilio de Nicea (Hefele, ut. sup., i. 427), que señala "las diaconisas lo son sin imposición de manos y están catalogadas con el laicado". El sínodo de Laodicea, una generación o dos más tarde, que habla de presbutides y prokathēmenai, esto es, mujeres presbítidas (no presbíteras; comp. Epifanio, lxxix) y supervisoras, parece negarles posición oficial en la Iglesia, pero el significado del pasaje es vago (comp. Hefele, i. 757). Por otro lado, hay ciertas declaraciones claras de que se realizaba un rito de ordenación. Había una imposición de manos (Epifanio, ut. sup.) y tal imposición era hecha por el obispo y en presencia del presbiterio, los diáconos y aquellas que ya pertenecían al orden de las diaconisas (Constituciones Apostólicas, viii, 19). El código de Justiniano trata de su ordenación (comp. Pfannmuller, ut. sup., p. 72). La forma de oración usada en tales ocasiones se da en las Constituciones Apostólicas (viii, 20). El sínodo de Orange en 441 (canon 26; Hefele, ii. 295) prohíbe la ordenación de mujeres y les permite sólo la consagración impartida al laicado. Por el sínodo de Epao en 317 (Hefele, ii. 684) tal ordenación quedó prohibida en toda Burgundia. Similarmente el segundo sínodo de Orleáns en 533 (Hefele, ii. 758) niega a las mujeres "a causa de la debilidad de su sexo" la bendición diaconal. Esto parece ser similar a la ordenación al diaconado. Durante la Edad Media las sectas heréticas ordenaron diaconisas (comp. Döllinger, i. 186, 203 y en otros lugares).

En las Iglesias protestantes.
Los reformadores no dispusieron el reconocimiento oficial de mujeres como funcionarias en la Iglesia. Entre las raras noticias de diaconisas están aquellas en relación con la iglesia de Wessel desde 1575 a 1610 y la iglesia puritana de Ámsterdam. Uno de los primeros actos de la iglesia de Wesel fue decidir emplear a mujeres. Tras larga demora el sínodo de Middelburg en 1581 se pronunció contra la proposición "a causa de varios inconvenientes que pueden surgir, salvo en tiempos de peste y otras enfermedades, cuando se requiere el servicio entre mujeres enfermas, que sería inadecuado para los diáconos pero que pueden ayudar en esto a través de sus esposas u otras cuyo servicio pueda ser apropiado." Las conclusiones elaboradas por Thomas Cartwright y Walter Travers como resultado de diversas confesiones de ministros puritanos en 1575, contienen una cláusula "tocante a diáconos de ambas clases, esto es hombres y mujeres." Ambos habían de ser escogidos por la congregación y "ser recibidos en su oficio con las oraciones generales de toda la iglesia" (comp. D. Neal, History of the Puritans, i, Nueva York, 1805, p. 140). En el Dialogue de Bradford se señala que había una diaconisa que visitaba a los enfermos, ayudaba a los pobres y se sentaba en un lugar conveniente en la congregación, con una pequeña vara de abedul en su mano, para mantener a los niños en orden sin perturbar a la congregación. Frecuentemente visitaba a los enfermos y débiles, especialmente a las mujeres y si había pobres ella recolectaba ayuda de los que podían o lo ponía en conocimiento de los diáconos; era obedecida como una madre en Israel y un oficial de Cristo." (A. Young, Chronicles of the Pilgrim Fathers, Boston, 1841, páginas 445-446). El congregacionalismo americano antiguo reconoció el oficio y ordenó las "viudas antiguas (donde pueda haberlas) para ministrar en la iglesia, ayudar a los enfermos y darles socorro y a otros en necesidades semejantes." (Cambridge Platform, 1648, vii. 7). Esta teoría no fue puesta en práctica (comp. W. Walker, History of the Congregational Churches in the United States, Nueva York, 1894, p. 230). Los menonitas de Holanda parecen haber tenido la costumbre de designar diaconisas para servir entre los enfermos y pobres y hacer otras obras cristianas y caritativas.

Theodor Fliedner
Theodor Fliedner
La organización y preparación oficial de mujeres para la obra cristiana en las Iglesias protestantes se desarrolló en la primera mitad del siglo XIX y halló su primera expresión en la institución de diaconisas fundada por el pastor Theodor Fliedner, que ha sido el modelo para organizaciones similares en todo el mundo protestante. Esta institución se fundó en 1836 en Kaiserswerth en el Rin, cerca de Düsseldorf. Fliedner no fue movido en primera instancia por la idea piadosa de revivir el orden apostólico de ayudantes femeninas, aunque él creía que habían estado en existencia en tiempos primitivos. Se sintió impulsado por la consideración práctica de cubrir una necesidad apremiante de su tiempo, el cuidado apropiado de los enfermos y la instrucción de niños abandonados. Existía un sentimiento en ciertos círculos alemanes piadosos de que la Iglesia necesitaba un orden de mujeres preparadas, similar a las fraternidades de la Iglesia católica. Este sentimiento halló expresión en un tratado publicado por el pastor Klönne de Bislich cerca de Wesel en 1820, titulado "El avivamiento de las diaconisas de la Iglesia antigua en nuestras sociedades de damas." En 1835 el piadoso conde Adalbert von der Recke-Volmerstein comenzó la publicación de un periódico "Diaconisas, o vida y labores de las doncellas de la Iglesia en enseñar y preparar y en cuidar a los enfermos." Sin embargo, fue Fliedner quien dio expresión plástica a este sentimiento. Antes de 1836, en sus visitas a Holanda en 1823 y 1832, quedó impactado con el empleo de diaconisas entre los menonitas. Eran nombradas por las juntas oficiales de las iglesias y realizaban su trabajo sin remuneración. En su descripción de sus experiencias en Holanda escribió: "Esta digna institución de diaconisas debería ser revivida por otras comuniones protestantes." Quedó también impresionado, en su visita a Inglaterra en 1832, con el contraste entre la delicada arquitectura de los edificios hospitalarios y la incompetencia de los ayudantes. Impresionado por la necesidad de mujeres preparadas, tras esas visitas elaboró la constitución para "el orden de las diaconisas para las provincias renanas", que fue firmado en la casa del conde Stolberg en Düsseldorf en 1836. En octubre de ese mismo año la primera diaconisa, Gertrud Reichard, ingresó en el Instituto. Dos años más tarde envió las primeras diaconisas al hospital de Elberfeld.

Mapa de los establecimientos de diaconisas en Europa en el siglo XIX según el modelo en Kaiserswerth
Mapa de los establecimientos de diaconisas en Europa en el siglo XIX según el modelo en Kaiserswerth

Elizabeth Fry
Elizabeth Fry
La influencia de Kaiserswerth sobre las iglesias protestantes de Inglaterra y Escocia resultó en una discusión general del asunto de las diaconisas y en el establecimiento de instituciones. Con Elizabeth Fry y Florence Nightingale se puede decir que comienzan los esfuerzos permanentes en organización, quedando bajo inmediata influencia del pastor Fliedner y la obra en Kaiserswerth. Florence Nightingale hizo un curso completo de preparación en Kaiserswerth, antes de hacerse cargo del centro femenino en Londres y Elizabeth Fry, tras una visita a la ciudad alemana, estableció la primera institución inglesa para la preparación de enfermeras en Londres en 1840. En 1846 Fliedner llevó cuatro diaconisas al hospital alemán en Londres.

Un nuevo desarrollo se hizo posible en las fraternidades establecidas dentro de la Iglesia anglicana. Se debió en alguna medida al movimiento anglo-católico dirigido por Pusey y los tractarianos y no es improbable que con la gran reverencia que esa facción tenía por las instituciones católicas establecieran fraternidades, aunque no hubiera habido diaconisas antes. La primera fraternidad protestante fue establecida o consagrada por el Dr. Pusey en 1847 en Park Village, cerca de Londres. El mismo año Priscilla Lydia Sellon organizó la Fraternidad de la Misericordia en Devonport, comprometiéndose con otras tres damas en una asociación para la ayuda de los pobres. Adoptaron una vestiduras, el uso de la cruz, etc. Fundaron en Devonport una casa para niños abandonados, una "Casa de Paz" para muchachas y una escuela industrial. La señorita Sellon era saludada como madre superiora. Desde entonces muchas fraternidades con diversos nombres se fundaron en la Iglesia de Inglaterra; por ejemplo la fraternidad de San Juan Bautista en Clewer, fundada en 1849, que se dedicó más especialmente a la reforma de prostitutas. La diferencia entre las fraternidades de la Iglesia de Inglaterra y el orden de las diaconisas consiste en que la fraternidad tiene en su organización al convento como modelo. Las hermanas toman votos, viven estrictamente en comunidades, reconocen una madre superiora y a veces hallan refugio en la fraternidad por causa de la devoción piadosa más que por la actividad filantrópica.

La idea desarrollada en Kaiserswerth fue formalmente recomendada por el Dr. Tait, entonces obispo de Londres, en su puesto el 2 de mayo de 1850. Desde 1858 a 1871 la obra de mujeres fue asunto de animada discusión en la convocación de Canterbury. En 1861 el obispo Tait ordenó a Elizabeth Catherine Ferard († 1883) en el oficio de diaconisa, lo que fue generalmente estimado como un avivamiento del oficio apostólico. Ferard había sido preparada en Kaiserswerth y con la ayuda del deán Champneys y otros abrió la institución de diaconisas al norte de Londres, una institución fundada según el modelo alemán. En 1871 se establecieron normas para las casas diocesanas de diaconisas, firmadas por el arzobispo de Canterbury y 18 obispos. El primer principio exponía "que una diaconisa es una mujer apartada por el obispo bajo este título para servicios en la iglesia. Está en la libertad de dimitir de su comisión o puede ser privada de ella por el obispo." Era una auxiliar para la labor pastoral y no una conventual. El deán Howson luchó por esta idea y vio su triunfo. La institución fue tratada como un asunto diocesano y en 1904 había hogares de diaconisas en las diócesis de Canterbury, Chester, Ely, Londres, Salisbury, Winchester, Llandaff, Exeter y Rochester.

Atuendo de diaconisa alemana
Atuendo de diaconisa alemana - Museo de Bad Windsheim
Fotografía de Wenceslao Calvo
Fliedner visitó Escocia en 1846 y se reunió con Chalmers. En 1886 la Iglesia de Escocia tomó el asunto de la obra de las diaconisas seriamente y en 1887 la asamblea recomendó el establecimiento de escuelas de preparación de diaconisas y más especialmente la casa de Edimburgo, un hogar para diaconisas establecido ese mismo año. Archibald H. Charteris fue la persona más influyente en llevar esto a cabo.

Los wesleyanos de Inglaterra fueron activos en promover la obra de las diaconisas. En 1888 el reverendo Hugh Price Hughes formó una organización llamada "las Hermanas del Pueblo", con una casa cerca del Museo Británico, llamada Catherine House, según el nombre de su esposa; en 1891 se trasladó a un lugar más amplio en Viceroy Street. Las hermanas hacen toda clase de obra misionera, visitan a los pobres, dirigen misiones nocturnas, enseñan en jardines de infancia, etc. La institución wesleyana de diaconisas se fundó en 1890 por el reverendo T. B. Stevenson y tuvo dos escuelas en Leicester.

Prácticamente todas las denominaciones en los Estados Unidos han adoptado en una forma u otra la preparación especial de mujeres para la obra cristiana. Algunas hicieron de la obra del diaconado una parte de su constitución o han reconocido oficialmente al diaconado femenino como un oficial en la iglesia local nombrado por la iglesia local. Los padres del movimiento del diaconado femenino en Estados Unidos fueron los reverendos W. A. Passavant y W. A. Muhlenberg, el primero luterano, el segundo un episcopal de origen luterano. La Iglesia luterana reconoció primero el movimiento de Kaiserswerth. A la edad de 24 años el doctor Passavant fue enviado como delegado al encuentro en Londres en 1846, que resultó en la fundación de la Alianza Evangélica y después visitó Kaiserswerth. En su informe anual del 1 de enero de 1847, Fliedner dijo: "Se nos ha solicitado urgentemente enviar diaconisas desde aquí a Norteamérica." En 1849 acompañó a cuatro diaconisas a Pittsburg, donde quedaron en un hospital ya abierto por el doctor Passavant y dedicado el 17 de julio de 1849, estando Fliedner presente. El 28 de mayo de 1850 la primera diaconisa americana, Katherine Louisa Marthens, instruida por el doctor Passavant, fue ordenada.

La Iglesia episcopal protestante siguió a la luterana en la obra de diaconisas en América. En 1843 el reverendo W. A. Muhlenberg organizó una fraternidad, que, sin embargo, no fue formalmente constituida hasta 1852, cuando se construyó una casa junto a la iglesia. Se comenzó un dispensario que acabó siendo el hospital de San Lucas. La segunda organización fue la fraternidad del Buen Pastor en Baltimore, formada en comunidad en 1863, pero su historia retrocede hasta 1855, cuando, con la aprobación del obispo de la diócesis, el reverendo Horace Stringfellow de la iglesia de San Andrés inauguró el movimiento. La fraternidad de Santa María en Nueva York se fundó en 1865, siendo consagradas cinco hermanas para su obra el 2 de febrero por el obispo de la diócesis en la iglesia de San Miguel. Las hermanas tomaron los votos y ninguna, sino miembros de la Iglesia episcopal protestante, fue admitida a ese trabajo.

Los metodistas de Estados Unidos hicieron más que ninguna otra denominación americana para utilizar el movimiento comenzado por el pastor Fliedner y modificándolo de acuerdo a sus necesidades. En la conferencia general de 1888, debido especialmente al impulso del reverendo J. M. Thobourn, posterior obispo de la India, se reconocieron a las diaconisas como oficiales de la Iglesia. No tomaban votos; "su deber es ministrar a los pobres, visitar a los enfermos, orar por los moribundos, cuidar de los huérfanos, buscar a los perdidos, consolar a los afligidos, salvar a los pecadores y, renunciando a cualquier otra actividad, entregarse en forma general a las formas de tarea cristiana que pueden ser apropiadas para sus capacidades." Cada conferencia anual mediante una junta, compuesta parcialmente de mujeres, ejerce la supervisión sobre la obra y emite certificados diaconales a mujeres propiamente acreditadas. Las diaconisas son licenciadas y ordenadas para su oficio tras dos años de probación continua y examen.

Igualmente las diaconisas se hallan presentes en la Iglesia reformada alemana, en los Hermanos Unidos, en los congregacionales, en los bautistas, en los presbiterianos y en general en prácticamente todos los cuerpos protestantes.