Historia

DIDACHÉ

Didaché es la primera palabra de una obra cristiana cuyo título completo es Didache ton dodeka Apostolon, descubierto por Bryennios en Constantinopla en un manuscrito (escrito en 1056 por un notario llamado León), del que editó en 1875 la carta de Clemente, encontrándose la Didaché entre las cartas de Clemente y las de Ignacio, que el descubridor publicó en 1883, mostrando al mismo tiempo que la obra pertenecía a la primera mitad del siglo segundo y es idéntica con la "Enseñanza de los apóstoles" que Clemente de Alejandría, Eusebio, Atanasio y otros Padres conocían.

Contenido y arreglo.
La obra se divide en dos o tal vez tres partes. La primera contiene preceptos de moralidad cristiana y breves instrucciones para los actos eclesiásticos específicos que dan carácter cristiano a la Iglesia (1-10); la segunda, directrices para la vida eclesiástica (11-15) y el capítulo final (16) es una exhortación para estar preparados para la venida del Señor. La primera parte, a su vez, contiene, 1-6, bajo la forma de una descripción de los "dos caminos" el camino de la vida y el camino de la muerte, las leyes de moralidad cristiana; la 7 trata con el bautismo; la 8 con el ayuno y oración diaria y la 9 y 10 con las oraciones eucarísticas. Sobre puntos específicos el bautismo debería ser precedido por el ayuno; el Padrenuestro se da en las palabras de Mateo con ligeras alteraciones y con la doxología, debiendo decirse tres veces cada día. La Cena del Señor debería ser participada sólo por los bautizados, estando los "profetas" en libertad de usar, en lugar de las oraciones eucarísticas dadas, acciones de gracias espontáneas. La segunda parte establece normas para el tratamiento de los maestros de la Palabra y de los hermanos itinerantes, proporcionando pruebas de su carácter (11-13) y también los usos que cada congregación debería observar (14-15).

Título, destinatarios y propósito.
El manuscrito tiene dos títulos: "Enseñanza de los doce apóstoles" y "Enseñanza del Señor a través de los doce apóstoles a los gentiles." Por "gentiles" se indica los cristianos que procedían del paganismo, igual que la epístola "a los hebreos" fue dirigida a cristianos que procedían del judaísmo. Por tanto, el documento no está dirigido a catecúmenos, pues no está adaptado para guiar a personas al cristianismo, sino a aquellos que ya son cristianos, para que puedan aprender cómo conducir sus vidas bajo los principios del evangelio.

Transmisión e integridad.
El texto actual tiene comparativamente pocos errores, aunque la aparición del documento en recensiones posteriores ha creado sospechas sobre si está libre de interpolaciones, como parece estarlo. Las sospechas están causadas sólo por obras derivadas citadas en fuentes patrísticas.

Lenguaje y vocabulario.
El idioma es helenista, más exactamente el idioma de la Septuaginta de los libros poéticos y de los apócrifos del Antiguo Testamento. Hay numerosos hebraísmos, pero el griego es mejor que el de Hermas. El estilo es simple, popular y conciso, aunque tiene algo de rítmico y litúrgico. El documento contiene 2.190 palabras, de las cuales 552 son diferentes. De éstas 504 están en el Nuevo Testamento; 38 de las 48 restantes en la Septuaginta, Bernabé u otros escritos griegos antiguos.

Fuentes; escritos bíblicos.
No hay ningún escrito primitivo cristiano conocido que, con originalidad en el arreglo y forma, combine tanta dependencia de escritos más antiguos. El autor reconoce su dependencia, pues procura meramente exponer la enseñanza del Señor a través de los doce apóstoles, y no encuentra cabida para sus propias ideas. Hay ocho citas expresas: dos (14:3; 16:7) son del Antiguo Testamento (11 Porque desde la salida del sol hasta su puesta, mi nombre será grande entre las naciones, y en todo lugar se ofrecerá incienso a mi nombre, y ofrenda pura de cereal; pues grande será mi nombre entre las naciones--dice el SEÑOR de los ejércitos. 14[…]Malaquías 1:11,14; Y huiréis al valle de mis montes, porque el valle de los montes llegará hasta Azal; huiréis tal como huisteis a causa del terremoto en los días de Uzías, rey de Judá. Y vendrá el SEÑOR mi Dios, y todos los santos con El.[…]Zacarías 14:5); cinco de los evangelios, introducidos por ciertas fórmulas (8:2; 9:5; 11:3; 15:3,4) y una (1:6) de alguna desconocida "Sagrada Escritura." El Antiguo Testamento es frecuentemente mencionado en los primeros cinco capítulos, usándose el Decálogo y la literatura sapiencial (Proverbios, Eclesiastés, Tobías). Sólo el Antiguo Testamento es "Sagrada Escritura"; del canon del Nuevo Testamento no hay huella. El autor en los cinco pasajes citados no extrae del evangelio escrito solo; entreteje en sus escritos referencias y citas más largas o cortas, 23 en total, de lo que llama "el evangelio" que presupone que sus lectores conocen. Diecisiete de las 23 citas deben referirse a Mateo, pero las otras son combinaciones del texto de Mateo y Lucas, que se parecen al texto del Diatessaron de Taciano. En las citas no hay huella del evangelio de Juan; pero el servicio eucarístico está concebido en la línea de 1 Después de esto, Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. 2 Y le seguía una gran multitud, pues veían las señales que realizaba en los enfermos. 3 Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. 4 Y estaba cerca la Pas[…]Juan 6 y 17, sin, sin embargo, tomar prestado nada. Las epístolas de Pablo no se citan, aunque aparecen huellas de su conocimiento. Más importantes son ciertos parecidos con Judas y 2 Pedro. No hay huella de conocimiento de las epístolas pastorales.

Bernabé.
Sobre la muy disputada cuestión de la relación de la "Enseñanza" con la epístola de Bernabé y el pastor de Hermas es muy probable que Bernabé sea anterior a la "Enseñanza"; 1:1-2; 2:2-7; 3:7-6:2 de la "Enseñanza" concuerdan sustancialmente, si no verbalmente, con Bernabé 18-20, pero el orden de las frases es diferente y mientras Bernabé es confuso, en la "Enseñanza" es claro. En la descripción de los "dos caminos" la "Enseñanza" ofrece además (a) 1:2-5 una serie de dichos evangélicos; (b) en 1:6 un fragmento de un escrito de otra manera desconocido; (c) en 3:1-6 una sección imitada de la literatura proverbial del Antiguo Testamento; (d) en 2:2-3,5,6; 3:8; 4:2,8,14 una serie de adiciones a las secciones comunes a ella y a Bernabé. Por otro lado, Bernabé ofrece en los capítulos en cuestión sólo un par de frases (19:2,3,8), una ininteligible sentencia (19:4) y algunas palabras más en 19:10. Además 16:1,3-8 de la "Enseñanza" es confesadamente una compilación de pasajes evangélicos y Y huiréis al valle de mis montes, porque el valle de los montes llegará hasta Azal; huiréis tal como huisteis a causa del terremoto en los días de Uzías, rey de Judá. Y vendrá el SEÑOR mi Dios, y todos los santos con El.[…]Zacarías 14:5, junto con una tradición sobre el Anticristo. Sin embargo, el versículo 2 no es derivado sino que tiene en Bernabé IV,10:9 un paralelo casi verbalmente exacto. Si Bernabé hubiera sido posterior se habría apropiado del único verso en este pasaje que es peculiar de la "Enseñanza". De ahí que sea probable que, ya que los demás versículos del capítulo 16 son prestados, este verso (16:2) también lo sea. Más aún (y esto parece todavía más decisivo sobre la anterioridad de Bernabé), el autor de Bernabé está convencido de que los últimos tiempos ya han llegado (4:3,9); por otra parte, el autor de la "Enseñanza" no sostiene eso. La decisión por tanto debe ser que el uso de la "Enseñanza" como ahora está en el manuscrito de Constantinopla es posterior a Bernabé y es o bien dependiente de Bernabé o de materiales que ya usó Bernabé; queda excluida la posibilidad de que Bernabé copiara de la "Enseñanza" tal como existe en el manuscrito de Constantinopla. La anterioridad de Bernabé está defendida también por Bryennios, Hilgenfeld y Krawutzky, mientras que la prioridad de la Didaché la defienden fuertemente Zanh, Funk, Langen, Farrar y casi todos los escritores ingleses y americanos sobre el tema. Una tercera opinión la sostienen Lightfoot, Holtzmann, Massebieau, Lipsius, Warfield, McGiffert, de que Bernabé y el escritor de la Didaché usaron una fuente común que se ha perdido.

Hermas y los escritos judíos.
La relación entre la "Enseñanza" y Hermas es más incierta. Hay sólo dos paralelos, "Enseñanza" 1:5; comp. Mand. 2:4-6 y la muy dudosa "Enseñanza" 5; comp. Mand. 8:4-5. Que la "Enseñanza" tuvo a Hermas como fuente no puede afirmarse satisfactoriamente en vista de las diferentes variantes de sus pasajes y reflexiones; pero lo opuesto ciertamente queda excluido. Schaff sostiene que la Didaché es anterior al Pastor de Hermas, pues en su breve sección paralela Hermas es probablemente una expansión de las declaraciones más simples de la Didaché. Posteriormente eruditos americanos, ingleses y franceses han presentado numerosos paralelos a 1-5 de Filón, Pseudo-Fokilides, los libros sibilinos, el Talmud y el Midrash. Si de esos capítulos se omite 1:3-6, el resto casi no tiene nada específicamente cristiano sobre ello y lo poco se puede mostrar por el uso de otros documentos originales que son adiciones. Por tanto es una extremadamente probable conjetura que los "dos caminos" es una producción judía, dirigida a prosélitos, derivada del Decálogo y una ampliación de sus mandamientos que, junto con el Antiguo Testamento, pasó a la Iglesia cristiana.

La posición del autor; no era ebionita.
Este punto en discusión no ha sido resuelto. La "Enseñanza" se ha contemplado como judía-cristiana anti-paulina (Sabatier), como judía-cristiana, pero no ebionita (Schaff), como anti-paulina y saducea, herética y anticristiana (Churton), como ebionita, semi-ebionita o anti-ebionita (comp. Krawutzky, KL, iii, 1869 y sig.), como cristiana-helenista, como anti-montanista y anti-gnóstica (Bryennios), como montanista (Hilgenfeld y Bonet-Maury), etc. No es necesario refutar esas ideas, pero es necesario oponerse a la noción de que el autor de la "Enseñanza" era un judío cristiano que pertenece a un círculo separado de los cristianos gentiles y asociado en alguna manera a los judíos como nación. Los hechos son que el autor mantiene silencio sobre la circuncisión y todos los demás ritos judíos, que en dos lugares donde los menciona llama a los judíos "hipócritas", no habiendo una palabra sobre la observancia de la ley de Moisés; en la larga sección escatológica (16), derivada de Mateo, falta el pasaje referente a Jerusalén, el pueblo judío y el templo, no habiendo mención de un reino glorioso en Tierra Santa, aunque el autor presupone un reino visible de Cristo, así como lo demuestra su creencia en una doble resurrección; se usan Mateo y Lucas, o una recensión de ellos, y no el Evangelio de los Hebreos, tal vez también las epístolas paulinas; Jesús no es llamado el Hijo, sino el Dios de David; el libro pasó al uso de la Iglesia católica. Esas consideraciones exoneran al autor de ser ebionita. Pero algunos afirman el carácter judío-cristiano pero no anti-paulino del autor. Schaff ha exhibido el argumento de que son nombrados sólo los doce pero no el apóstol Pablo; pero en este aspecto el autor no difiere de muchos autores cristianos ordinarios antes del cierre del canon del Nuevo Testamento. El estilo y la fraseología son arcaicos, pero eso no es destacable en vista del origen judío del cristianismo y el uso del Antiguo Testamento en la Septuaginta. El autor llama a los profetas "sumos sacerdotes", pero esta era la norma entre los cristianos gentiles. Demandan las primicias para los profetas, pero eso hicieron Pablo y la Iglesia cristiana gentil de los primeros tiempos, especialmente después de los días de Justino. Avisa contra ayunar con los judíos el lunes y jueves, impulsando el ayuno en miércoles y viernes y llama al viernes paraskeuē, "preparación." Pero incluso si el autor hubiera puesto los ayunos en los días de ayunos judíos esto habría sido nada más que un signo de judaísmo cristiano, como fue la práctica de los cuartodecímanos. La discusión del autor de la semana en un sentido religioso explica el uso de los nombres judíos para los días, guardando totalmente silencio respecto al sábado. El mandato de repetir diariamente tres veces la oración del Señor está plenamente adoptado de la costumbre judía. Además de lo que se ha dicho, debería tenerse en cuenta que no se sabe qué horas para la oración estaban en la mente del autor, y que, incluso si pensaba en las horas judías no habría sido específicamente judío-cristiano. El autor estima el cristianismo sustancialmente como la moralidad más elevada; es un moralista en el mejor sentido de la palabra. Consecuentemente parece haber sido un judío cristiano. Para responder a este argumento el autor no ataca a la religión judía, como hace Bernabé, ya que como norma no ataca nadie. No sólo subraya la prohibición (judía-cristiana) de la carne ofrecida a los ídolos, sino que establece la observancia de las leyes dietéticas judías como la cumbre de la perfección cristiana. La prohibición de comer carne ofrecida a los ídolos era universal en las congregaciones en el imperio desde finales del siglo tercero y en cuanto al segundo punto nadie hizo nunca tal afirmación, pues por brosis, "alimento" (6:3), se quiere decir ciertamente, no la regulación dietética judía, sino una restricción ascética en el uso de la carne, como Schürer también mantiene. El punto de vista del autor es el del cristianismo gentil común. Su posición es muy cercana a la del autor de la segunda epístola de Clemente; él no es un judío cristiano, ni un seguidor de Pablo, sino un universalista, no haciendo distinción entre pueblos; en sus oraciones reconoce a Dios, creador de todas las cosas y Padre de todos los hombres, quien les provee alimento y bebida; reconoce a Jesús, el Hijo de Dios, el Dios de David, la viña de David y el Señor que habló por los profetas y espera su venida; también reconoce al Espíritu Santo, quien ha preparado a aquellos a quienes Dios llamó. Cree en el Antiguo Testamento y el evangelio; reconoce el bautismo y la Cena como actos importantes; se llega ser cristiano por el bautismo y se permanece como cristiano participando de la celebración eucarística.

Tiempo y lugar de composición.
La obra ha sido situada en todas las décadas desde el año 50 al 190 d. C. e incluso hasta el siglo cuarto. Generalmente las tres generaciones de 70-100, 100-130, 130-160 son las más favorables. La evidencia interna no puede decidir el tiempo, porque la "Enseñanza" es confesadamente una compilación y alguna de sus fuentes son muy antiguas. La evidencia externa demuestra que debe ser anterior al año 165, pues Clemente de Alejandría la conocía como "Escritura." Un número de hechos negativos tomados en conjunto muestra que debe ser anterior al año 160; no muestra huellas de un canon del Nuevo Testamento o de la autoridad de las epístolas de Pablo; ni de una (regula fidei) o de una instrucción doctrinal regular; tampoco de un episcopado monárquico; los profetas eran los principales maestros y no estaban sustituidos por los obispos; ni de un servicio eclesiástico estipulado, como el que Justino testifica, o de un administrador regular del bautismo, mientras que da a la congregación autoridad para desposeer obispos y diáconos; ni de ceremonias simbólicas que acompañan al bautismo o de la festividad anual de la Pascua, ni de la prohibición de sangre y cosas estranguladas, ni del montanismo y la caracterización de los herejes. Otra marca parece adaptarla mejor al tiempo entre los años 80 y 120 que a 120-160, como su tratamiento de apóstoles, profetas y maestros. Pero hay que tener cuidado para no dar fechas definidas a documentos del cristianismo primitivo, pues no se conocen todas las etapas del desarrollo del cristianismo durante el imperio hasta el cristianismo católico en la mayoría de las provincias y en ninguna provincia el desarrollo se conoce plenamente. Habiendo puesto los límites para la "Enseñanza" entre 70 y 160, se puede hacer la pregunta de si hay algo que demuestre que debe haber sido escrita después de que algunas generaciones de cristianos hubieran pasado. Con la mayor probabilidad se pueda dar una respuesta afirmativa: los apóstoles y profetas no ocupan la posición primitiva inaccesible, de ahí que se tomen las medidas conservadoras más fuertes; el respeto por los profetas está en declive, de ahí las demanda exorbitantes sobre la Iglesia y las más severas amenazas; el texto presente muestra en los "dos caminos" cierta disminución de las demandas evangélicas y en el apéndice al mismo hay un contraste entre una moralidad cristiana más elevada y otra más baja; el mandato acerca de las primicias, las oraciones fijadas y los ayunos en un ambiente cristiano gentil son indicaciones de un tiempo posterior; el mandato de que obispos y diáconos ministren a las congregaciones "el ministerio de los profetas y maestros" que por tanto no los desprecia, no puede aplicarse al primitivo estado de cosas; la regulación del ayuno antes del bautismo; la sección escatológica final no tiene el brillo que tienen las oraciones trasmitidas por el autor y falta una descripción del glorioso reino de Cristo sobre la tierra. Esas observaciones son fortalecidas al notar el uso de Mateo, y tal vez también de Lucas, en una forma comparativamente tardía; igualmente por la relación de la "Enseñanza" con Bernabé, que probablemente pertenece al tiempo de Adriano (antes de Bar Kochbá). Todas esas consideraciones muestran que el escrito no puede con certeza ser anterior al año 120 o anterior al 100 con alguna probabilidad, sino que los límites probables son 127 y 160 y dentro de esos límites las fechas más antiguas están en la mayor parte de los casos más libres de dificultad que las posteriores. Tomado en conjunto, el "tiempo de Adriano" tiene la mayor probabilidad en su favor. El lugar de composición fue probablemente Egipto, como los testimonios externos y la fuente parecen probar. Los argumentos para Siria, derivados de la mención del pan "sobre las colinas" (9:4) y de la adopción de la "Enseñanza" con las "Constituciones Apostólicas" no son decisivos, pues la mención ocurre en una oración copiada lo más probable por el autor, teniendo el falsificador sirio a su alcance la biblioteca de Eusebio.

Historia del documento.
Un libro llamado "Los dos caminos" fue compuesto por los judíos en el primer siglo o tal vez antes, para la instrucción de los prosélitos. Comprendía lo que se encuentra en la "Enseñanza", 1:1-3; 2:2-5:2, que pasó a la Iglesia cristiana y fue usado como una alocución en el bautismo. El autor de la carta de Bernabé incorporó este escrito en el suyo sin conocerlo como "Enseñanza de los apóstoles." Otro cristiano desconocido hizo de las instrucciones judías una "Enseñanza de los (doce) apóstoles" y añadió 7-16. Esta edición se ha perdido. La presente, la Didaché del manuscrito de Constantinopla, la contiene, para dar un colorido evangélico al original judío, capítulos 1:3-2:1, por la que el tono de los "dos caminos" quedó totalmente cambiado. Este pasaje al ser una interpolación significa que la forma original de la "Enseñanza" cristiana se puede situar considerablemente antes que la presente recensión.

Testigos.
Antes de Clemente de Alejandría no se puede demostrar un uso directo de la "Enseñanza". Por otro lado, Clemente lo emplea en varios lugares y en uno (Stromata, i. 20= "Enseñanza" 3:5) lo llama "Escritura", contándolo entre los escritos sagrados. Evidencia de su uso se halla en Orígenes (Hom. vi. in lib. Jud.; De principiis, iii. 2,7) quien también lo llamó "Sagrada Escritura", pero la cita puede haber sido tomada de la epístola de Bernabé. Eusebio (Hist. eccl., III. xxv) es el primero en mencionar el libro por nombre, "la denominada Enseñanza de los apóstoles" y la coloca entre los antilegomena. Atanasio (Epistola festalis, xxxix, del año 367) menciona la "Enseñanza, llamada de los apóstoles" entre los libros que no son canónicos, pero útiles para la instrucción de los catecúmenos. Rufino repite esta declaración de Atanasio (Comment. in Sym. Apost., xxxvi-xxxviii), pero en lugar de "Enseñanza, así llamada, de los apóstoles" pone "los dos caminos" o "el juicio de Pedro" o "según Pedro" para la "Enseñanza de los apóstoles." Jerónimo (De vir. ill., i) igualmente menciona "el juicio de Pedro" entre los cinco libros apócrifos atribuidos a ese apóstol. La última mención de la "Enseñanza de los apóstoles" hasta donde llega nuestro conocimiento actual, la hizo en el siglo noveno por Nicéforo, quien habla del libro entre los apócrifos del Nuevo Testamento, consistente de 200 líneas. El manuscrito descubierto por Bryennios cuenta 203.

Importancia de la obra.
Desde el capítulo siete hasta el final cada sección de la "Enseñanza" es una fuente de primer rango para los puntos que cubre: bautismo, ayunos, oraciones, eucaristía, apóstoles, profetas, maestros, domingo, episcopado y diaconado. Pero su mayor importancia yace en el hecho de que proporciona un magnífico entendimiento de la organización de las primitivas iglesias cristianas, donde radica el interés del cristianismo antiguo y cómo fue en asuntos literarios heredero del judaísmo.