Historia
DIOGNETO, EPÍSTOLA A
La carta está dirigida a un tal Diogneto, en respuesta a su pregunta de cómo puede distinguirse el cristianismo del paganismo y el judaísmo, por qué vino tan tarde al mundo y de donde extraen sus adherentes el coraje y desprecio del mundo. En respuesta a la primera cuestión, el autor considera al paganismo como mera idolatría, admitiendo que los judíos tienen la ventaja de un conocimiento puro de Dios, aunque sus sacrificios materiales y triviales ceremonias son tan insensatos como el sistema pagano. En la segunda parte describe la adoración y ética cristiana y en la tercera explica la posterior llegada de esta revelación por voluntad de Dios, para permitir que el mundo viera cuán débiles eran los poderes humanos para obtener la corona celestial. Cuando la medida de sus pecados rebosó Dios reveló por la encarnación de su Hijo, quien, aunque sin pecado, pagó el precio del pecado, para que los hombres, ahora justificados puedan confiar en la bondad paternal de Dios. De ahí surge el amor que eleva a los cristianos por encima de las recompensas o castigos mundanos y la fraternal devoción que hace de su vida en la tierra un anticipo del cielo.
No hay mención de la carta en ningún escritor antiguo, aunque aquí y allá, como en el Apologeticus de Tertuliano, algunos eruditos han querido ver alusiones. Nadie pareció haberla conocido hasta la edición de Stephanus, ni la epístola contiene ninguna indicación que pueda proporcionarnos un indicio de su fecha o autoría. Su atribución a Justino se aceptó originalmente, pero Semisch demostró que no puede ser suya. La lengua y el estilo literario son demasiado correctos, la actitud de la carta hacia el judaísmo y el paganismo no es la de Justino y en su cosmología no hay huella de su pensamiento favorito de la operación del "Logos espermático" en el mundo no cristiano.
Sin embargo, hay menos certeza sobre la fecha de composición. Aunque Semisch, Bunsen y otros se adhieren al período de Justino, se han hecho intentos para retrasarla, con Ewald al período de Adriano, o con Hefele al de Trajano, o incluso al primer siglo. Hilgenfeld y Keim la asignan al segundo y Zahn la sitúa entre los años 250 y 310. Una nueva etapa de la investigación se abrió con el descubrimiento de la "Apología" de Arístides, a la que la carta apunta en una relación secundaria y derivada, aunque no lo suficientemente para que Arístides haya sido el autor, como Krüger pensó. Esta relación ayuda a clarificar la base para una decisión en cuanto a la fecha, situándola entre la de la "Apología" (desde 138 a 161, probablemente 147) y la de Constantino. Secberg está probablemente en lo cierto cuando supone que pasó algún tiempo entre las dos obras y, por otro lado, el autor de la epístola no parece haber experimentado una persecución general. Hacia comienzos del siglo III sería una fecha segura. La importancia de la epístola se sobreestimó en el pasado. Su fuerza retórica y delicadeza han ayudado posiblemente a evocar este entusiasmo, que, sin embargo, ha desaparecido en gran medida, no contribuyendo en casi nada a nuestro conocimiento de la historia del dogma.