Historia

DISCO DE TEODOSIO

Disco de Teodosio es la denominación para el objeto metálico en forma circular que representa al emperador Teodosio y que fue encontrado en Almendralejo, villa de la provincia de Badajoz.

Invención y descripción del disco.
El jornalero Juan Aguilar, el 25 de agosto de 1847, estaba ocupado en desarraigar de malas hierbas una tierra de labor situada a 1 kilómetro al sudestes de la población, en el sitio llamado Sancho. Como al practicar este trabajo fuese preciso ahondar más de lo ordinario, el sonido de un golpe fuerte reveló al jornalero la existencia de un cuerpo metálico, y, en efecto, descubrió y extrajo el disco de plata y con él dos pequeñas tazas del mismo metal, de forma sencilla. Presenciaron este descubrimiento Bartolomé Giraldo, Pedro Lepa y José García, jornaleros que trabajaban también con Aguilar, según resulta de la nota auténtica que para comprobar el descubrimiento se tomó en la Academia de la Historia. Se hizo público el hallazgo, y conforme a lo legislado para estos casos, convino el inventor, con Antonio Martínez, dueño de la tierra, en enajenar los objetos extraídos y aplicarse por mitad su valor. El marqués de Monsalud, capitán general del ejército, que residía en dicha villa, conoció el mérito de este monumento, y por conducto del marqués del Socorro dio de ello conocimiento a la Academia de la Historia, la cual entró en tratos con los dueños y lo adquirió pagándolo a más del duplo de su peso.

Disco de Teodosio
Disco de Teodosio
«El disco, según la descripción que de él hace Antonio Delgado, es completamente circular, y el diámetro de 32 pulgadas; es de plata de ley de 976 milésimas, o sea de 11 dineros y 17 granos, y pesa 533 onzas y 5 ochavas. La plancha de que está formado tiene de grueso desde 1'5 a 3 líneas. Se encontró doblado por la mitad, y para ello el que en lo antiguo lo enterró tuvo que partirlo a golpes casi en todo su diámetro; más afortunadamente el anverso, o sea el lado superior, que es donde tiene las figuras de bajorrelieve y demás emblemas, al doblarlo ocupó la parte interior, y asíi se preservó de la oxidación que, por el contacto con la humedad de la tierra, ha adquirido el lado inferior o sea reverso del disco. Por el anverso representa un pórtico de cuatro columnas estriadas, cubierto con un frontón triangular. En el intercolumnio del centro está la figura de un emperador romano sentado de frente en una silla de pies rectos sobre un suppedaneum. Aparece vestido de una túnica con mangas hasta la mano, toda adornada de bordados por el pecho, los hombros y los puños, y la ciñe al cuerpo un cíngulo, de manera que es muy parecida a las albas de nuestros sacerdotes. Encima de esta túnica lleva la chlamide, adornada también de bordaduras, sujeta al hombro derecho con una fíbula y cubriendo el costado y brazo izquierdo, dejándole descubierto sólo el derecho. Se halla calzado con sandalias bordadas, que parecen incrustadas de piedras o perlas. En la cabeza tiene una diadema, y alrededor, figurada con puntos sobre el fondo de la plancha, la aureola llamada nimbus, a la manera que vemos adornadas las cabezas de los ángeles y de los santos en las pinturas de la Edad Media. Tiene alzado el brazo derecho como en acción de entregar un volumen o pergamino que lleva en la mano. En cada uno de los intercolumnios del pórtico, a la derecha y a la izquierda del emperador, que se halla en el centro, aparecen asimismo otros dos emperadores, también sentados de frente en sillas sobre suppedaneos. Visten túnicas de igual forma que la ya descrita, cubiertas con la chlamide. Llevan en la cabeza diademas, orladas del mismo nimbus que la del frente, y sus calzados son también de sandalias ricamente adornadas. El sentado a la diestra es de aspecto juvenil, y tiene en la mano derecha un cetro largo que termina en una empuñadura, y en la izquierda un globus dividido por dos círculos máximos, que se cruzan en ángulos rectos. El que está sentado a la izquierda parece de edad todavía más tierna que el anterior, tiene en la mano siniestra otro globus, del mismo modo dispuesto, y la derecha alzada delante del pecho, y sobre dicho emblema. Fuera de los intercolumnios se ven cuatro soldados, dos a la derecha y dos a la izquierda de las figuras de los emperadores; tienen grandes escudos ovalados en el brazo izquierdo, que les cubren la mayor parte del cuerpo, y cada uno una lanza en la mano derecha; están con la cabeza descubierta, el cabello largo, peinado y recortado por delante; visten túnicas cortas que parecen acolchadas y pespuntadas con muchos dibujos, que deben representar al toraxcomachus, y calzan sandalias de forma sencilla. Todos estos soldados son imberbes. Además de los emperadores y de los soldados, se ve también, como en acción de dirigirse a recibir el volumen del emperador del centro, un personaje con la cabeza descubierta, vestido de una túnica corta y sobre ella la chlamide también bordada, aunque con menos lujo que las descritas, sujeta al hombro derecho con un broche largo de forma distinta que las fíbulas de los emperadores: la chlamide abierta por este lado le deja descubierto el costado, pero le cubre ambos brazos. Sus sandalias están también bordadas.»
Hasta aquí la parte principal del dibujo en bajorrelieves del disco; mas al pie del basamento o gradería del pórtico, es decir, en lo que puede llamarse exergo, hay una figura de mujer recostada, que tiene un manto cubriendo únicamente la parte inferior del vientre y sus piernas, entre sus brazos una cornucopia llena de frutos y de flores, y la cabeza coronada de laurel, la apoya en el brazo y mano derecha. De su regazo sale un niño alado en actitud de volar y de ofrecer al emperador del centro una flor con la mano derecha y que parece tomada de otras que tiene recogidas sobre la alicula, entre el cuerpo y el brazo izquierdo. Otros dos niños, también desnudos y alados, están delante de la mujer, al parecer rompiendo el vuelo para ofrecer al mismo emperador que está en el centro, el uno una copa, y el otro todas las flores y frutos que lleva asimismo sobre la aliada entre sus manos. En el campo donde está recostada la mujer aparecen grabadas varias cañas de trigo con espigas granadas y algunas plantas con flores. Además de las figuras alegóricas descritas, se notan dibujados de bajorrelieve en los ángulos del ático que corona al pórtico otros dos niños volando, uno a cada lado y como conduciendo al emperador del centro flores sobre paños; por manera que son cinco los genios así figurados. En toda la circunferencia del disco hay una media caña de 1 pulgada de ancho, y entre ésta y el pórtico se encuentra la inscripción circular que dice así:

D N THEODOSIVS PERPET discot AVG
OB DIEM FELICISSIMVM discoim

Las letras están marcadas con líneas profundas, y laboreadas con puntos en su rededor, por manera que con tales adornos aparecen gruesas. Dentro del grabado de las letras se perciben algunos pequeños residuos de hojuelas de oro con que sin duda estuvieron cubiertas.

El reverso del disco está completamente liso; pero en el centro tiene un aro o anillo del diámetro de 11 pulgadas, que resalta sobre el fondo 11 líneas, lo cual indudablemente demuestra que sólo podía servir para engastarlo o sujetarlo en alguna otra pieza separada. El inventor del disco procuró desdoblarlo, y como estaba partido en casi todo su diámetro, concluyó por dividirlo en dos partes casi iguales, resultando que la rotura le atraviesa entre las palabras THEODOSIUS y PERPET, corta el ángulo derecho del tímpano, la diadema y nimbo del emperador del mismo lado, la cabeza del personaje que se acerca al del centro, y destruye casi completamente el cuerpo del niño alado que en el exergo, frente a la mujer recostada, ofrece la copa. Además, sea por los golpes que en lo antiguo llevó para doblarlo, o sea por los que recientemente le dieron para desdoblarlo, es lo cierto que la Academia de la Historia lo adquirió todo abollado, sin que pudieran cómodamente unirse las partes, para formar concepto de sus dibujos y emblemas. José Navarro, a quien se encargó la difícil restauración, la ejecutó satisfactoriamente, consiguiendo que puedan estar en contacto las partes divididas.

Respecto a la manera como fue construido este disco, si la tesura de su fondo y la superficie de los objetos representados no conservan rastros de las irregularidades del vaciado, tampoco se encuentran señales que marquen los golpes de! instrumento, si hubiera sido todo él cincelado, a causa de lo cual Delgado tiene por más probable que el conjunto del disco con el aro del reverso fue fundido, porque de otra manera no podría haber recibido el relieve que tiene en algunas partes, y muy especialmente en la cabeza del emperador del centro. Es presumible también que fueron troquelando cada figura de por sí, y terminando a buril escrupulosamente las letras, los adornos y los bordados de los paños, así como claramente se conoce que el reverso y la circunferencia fueron torneados. De esto se deduce que el disco de Teodosio no fue construido solo, sino con otros muchos, pues para uno no parece verosímil se hubiesen formado moldes ni abierto cuños. Su mérito artístico es escaso. Los personajes principales que en él figuran están pasivos y sin acción, por manera que más parece se procuró retratarlos y darlos a conocer con sus atributos, que prestarles aquella animación que constantemente se observa en las figuras de los mejores tiempos; pero en los personajes accesorios, y sobre todo en la figuras alegóricas, se descubre bastante expresión y vida. El dibujo en general puede decirse que es incorrecto, aunque las ropas están bien entendidas, las carnes tienen morbidez y dulzura, y particularmente los niños son bastante bellos. El gusto arquitectónico del pórtico participa del descuido en las reglas de Vitruvio, que se introdujo en el Bajo Imperio, porque de las columnas y capiteles, y del arquitrabe y cornisamento que sostienen el ático, no puede venirse en conocimiento del orden a que pertenece. En una palabra, al paso que hay en el dibujo de los emblemas del disco buena composición y un conjunto agradable, revela desde luego la transición del estilo grecorromano al bizantino.

Interpretación de su inscripción.
Puede dividirse en dos partes. La primera contiene en nominativo el nombre y títulos de la persona agente; la segunda, regida por la preposición OB, indica el motivo de la acción; pero falta en ella el verbo calificativo de esta acción, y el acusativo, o sea el objeto de la misma. La interpretación de la primera parte de la inscripción es fácil se refiere al emperador Teodosio, a quien por sus hechos y virtudes llamaron el Grande, no debiendo equivocarse con Teodosio II o el Joven, que subió a la dignidad imperial cuando la península española era presa de la hordas bárbaras del Norte. Las siglas que preceden al nombre de Theodosius sirvieron para expresar los títulos y los cognombres que usaron generalmente los emperadores del Bajo Imperio: D. N. indica Dominus noster. Se califica también a Teodosio en esta inscripción con el epíteto de perpetutis, expresado así: Perpet, cuya calificación fue usual en aquel tiempo unida a la de Augustus, y equivalía a llamar a los emperadores eternos, expresándose así el deseo de que su mando durase siempre. Terminan los dictados de Teodosio con el principal de Augustus, que era el que verdaderamente designaba su elevada dignidad, y era tan frecuente expresarlo con sólo las tres primeras letras como se ve en esta inscripción, que en pocos monumentos antiguos se encuentra por completo. La segunda parte de la inscripción ofrece más dificultad, pero del estudio de Delgado se deduce que el disco fue construido con motivo de una de las funciones quinquenales que celebró Teodosio, y que de aquéllas fueron precisamente las quindecenales las que se quiso expresar por medio de la discoim, a la manera que las de otros plazos se designaban con otros signos numéricos.

Ilustración de sus figuras y emblemas.
Las figuras del disco representan el nombramiento de un magistrado en el acto de las quindecenales. Sentado Teodosio en su tribunal, acompañado de sus hijos Arcadio y Honorio, entrega a un personaje el volumen con los preceptos para el mando de una provincia. Las alegorías aluden a las felicitaciones que se dirigían a los emperadores en estos actos, y el cortejo militar que le acompaña asimismo lo demuestra. Que el personaje principal es Teodosio, no puede ponerse en duda, ni tampoco que los emperadores accesorios representan a sus hijos Arcadio y Honorio. En la época en que debieron de celebrarse los quindecenales de aquel príncipe, sólo pudo tener a sus hijos de colegas en el imperio, puesto que sus anteriores asociados habían dejado de existir: Graciano, el 23 de julio del año 383; Magno Máximo, el 27 de agosto del año 388, y Valentiniano el Joven, el 15 de mayo del año 392; y como, además, consta que Teodosio no reconoció a Eugenio, es indudable que necesariamente debieron de ser sus hijos los que le acompañaron en aquel acto. Está sentado a la derecha Arcadio, a quien su padre declaró augusto el 16 de enero del año 383, y después le confió el mando del oriente cuando ocurrió la guerra con Máximo; por eso está no sólo vestido con la púrpura y orlado con la diadema y el nimbo, sino con el cetro imperial, insignia de mando efectivo. El sentado a la izquierda es Honorio, porque su aspecto es el de un joven de ocho a diez años, edad que se ajusta precisamente con la que este príncipe tenía cuando se celebraron las quindecenales de Teodosio, y porque en aquel día consta que se hallaba revestido de la dignidad imperial. Como quiera que varios escritores han puesto en duda esta fecha, diciendo unos que dicha elevación ocurrió el mismo día de las quindecenales, y otros la fijan el 20 de noviembre de aquel año, Delgado aduce varias razones para demostrar que el disco decide este punto cronológico. Con motivo de haber expresado Próspero y el conde Marcelino, en sus respectivas crónicas, que cuando Honorio fue declarado augusto hubo tinieblas sobre las nueve de la mañana, y como, además, el poeta Claudiano hizo notar más marcadamente estas oscuridades, añadiendo que las tinieblas fueron tan grandes que pudo verse una estrella tan clara como la luna, Dionisio Petavio, en su obra de Rationarium temporum, cree que provinieron de un eclipse; y de esto deduce que no pudo ocurrir la elevación de Honorio hasta el expresado día 20 de noviembre de aquel año, en el cual, según sus cálculos, debió de verificarse un eclipse de sol visible en Constantinopla a dicha hora. Guiados de estas conjeturas, otros cronologistas han figurado en este día la elevación de Honorio, desestimando el dicho de Sócrates; aunque Tillemont, en su Historia de los Emperadores Romanos, quiere combinar ambos datos, diciendo que pudo Honorio ser declarado césar por su padre Teodosio el 10 de enero, y augusto el 20 de noviembre, pareciéndole indestructible el cómputo de Petavio. A pesar de estos cálculos astronómicos, cree Delgado que debe seguirse la fecha expuesta por la Miscella historiae y por Sócrates, escritor casi contemporáneo, cuyos datos exactísimos se encuentran rara vez alterados, y, además, en todas las leyes de los códigos teodosiano y justinianeo promulgadas en este año y fechadas antes del 20 de noviembre se hallan unidos al nombre de Teodosio los de Arcadio y Honorio como emperadores y augustos; argumento muy positivo para demostrar la exactitud de aquella fecha. Por otra parte, los atributos con que en el disco está adornada la efigie de Honorio lo confirman. Se encuentra con iguales insignias imperiales a las de su padre y hermano, y tiene la cabeza orlada con el nimbo, distintivo con que no se adornó ni a los césares ni a los Nobilisimi pueri, sino sólo a los augustos. Estando, pues, Honorio orlado con el nimbo y llevando el globo en la mano izquierda, es evidente que el día de las quindecenales era ya emperador; y como estas se celebraron el 19 de enero del año 393, su elevación ocurrió necesariamente antes. A cada lado de los emperadores hay dos soldados de pie, los cuales aparecen con la cabeza desnuda, pero armados con escudos y lanzas. Representan a los jóvenes palatinos llamados domésticos, que daban la guardia a los emperadores. En sus armaduras y continente se parecen a los legionarios de la decadencia del imperio; pero se diferencian de la tropa ordinaria, y parecen de graduación superior, porque tienen en el cuello el torques, o sea el collar de oro, formado de tres ramales, que servía de insignia en aquellos tiempos. En lo antiguo fueron concedidos como premio a los victoriosos, y por eso el célebre Tito Manlio llevó la denominación de Torcuato; pero en la decadencia del imperio no sólo lo usaron todos los oficiales y la guardia escogida de los emperadores, sino que hasta se confería, como insignia de dignidad, a los empleados civiles, apareciendo así con el tiempo convertido, más bien que en recompensa de acciones militares, en distintivo de clases privilegiadas. Es notable también que estos oficiales llevasen la cabeza descubierta y el cabello largo y recortado por delante, lo cual puede inducir a creer que pertenecían a familias distinguidas entre los bárbaros del norte, que acostumbraban usar de este distintivo para no confundirse con las demás clases. Bien sabido es que Teodosio compuso cuerpos de su guardia de soldados escogidos entre los godos.

La acción principal del disco representa el acto de nombrar a un magistrado de provincia en las quindecenales, pues aparece que un personaje se acerca al emperador Teodosio como en acción de besarle la mano y de recoger un volumen que él mismo le entrega. Guido Panciroli, en sus comentarios al anónimo titulado Notitia dignitatum, dice que la principal insignia que se entregaba a los prefectos, vicarios y presidentes de las provincias era la de un libro que contenía los preceptos a que habían de arreglarse para desempeñar sus oficios. Estos libros, que servían simultáneamente de título para poder desempeñar sus cargos, se colocaban en el tribunal donde aquéllos ejercían sus actos, y, como si fuese un simulacro, solían adornarlo con luces de cera sobre candelabros dorados, sin duda porque entonces a los preceptos de los augustos se les daba tanta veneración como a sus personas. En los códigos romanos se encuentran varias leyes recomendando el respeto que se debía a estos mandatos de los príncipes, y Godofredo, en sus eruditas notas al Teodosiano, confirma en cierta manera cuanto sobre el particular escribió Panciroli. Nada más natural, en verdad, que designar por un medio semejante el ejercicio de la potestad imperial, que se suponía prorrogada en cada lustro, y por eso en las quindecenales de Teodosio ha querido figurarse, sin duda, el acto más importante de la soberanía, a saber, la delegación del poder en los magistrados que mandaban a las provincias. Esta ceremonia aparece celebrarse dentro de un pórtico, al que puede llamarse tribunal, porque, aun cuando no tiene la forma de hemiciclo que le dio Vitruvio, sino que aparece con líneas rectas figurándolo cuadrado, en ellos se celebraban los actos más importantes de la dignidad imperial. Probable es que esta variedad de forma dependa de la decadencia de las reglas arquitectónicas de los mejores tiempos, o de que en el dibujo adoptaran la forma cuadrada porque fuera más fácil o se prestase así más a la composición del artista. Como se sabe que Honorio fue nombrado augusto en el tribunal de Hebdomón, o sea del séptimo miliario, situado extramuros de Constantinopla, y que en este mismo lugar se celebraron otras solemnidades análogas, por ser el sitio de residencia ordinaria de los emperadores, se puede creer que en este punto Teodosio celebraría también sus funciones quindecenales y el nombramiento de los diferentes magistrados de las provincias sujetas a su dominio.

En cuanto a las figuras alegóricas, se observa, como se ha dicho, en el exergo la de una mujer recostada con una cornucopia entre sus brazos, y, además, varios genios o niños alados en la forma descrita. Representa la felicidad del imperio, pues la cornucopia es símbolo de la abundancia; y por esta misma razón Guido Panciroli, tratando de la figura de una mujer recostada y esculpida bajo las imágenes de los emperadores, la llama también Felicitas Imperii, porque tenía igual atributo entre sus brazos; y es natural que en estos actos se tratase de adular a los emperadores encomiando su buena administración con dichos emblemas. Los cinco niños pueden aludir a los cinco años transcurridos desde el anterior quinquenal, de la misma manera que en otras alegorías cuatro niños alados representan las estaciones del año llevando en sus manos los frutos correspondientes a cada una de ellas; por manera, que cuando tuvieron que simbolizar épocas siempre se valieron de análogos emblemas. Eusebio, en su panegírico a Constantino, dijo que las provincias remitían a los emperadores para estos actos coronas formadas de tantos círculos como años felices habían transcurrido, es decir, compuestas de cinco círculos, y por la misma razón es creíble que en esta alegoría el número de los genios debía de referirse al lustro cumplido. Además, fue costumbre en estos actos, como en las aclamaciones de los príncipes, que éstos recibiesen coronas y flores, según refiere de Cómodo el historiador Herodiano: talem igitur Imperatorem faustis omnibus, acelamationibusque, et coronarum florumque sparcíonibus exceperunt, y por esto los niños halagan al emperador obsequiándole con aquellos dones. Otra interpretación más fácil no puede darse a esta alegoría, y parece natural que el pueblo, feliz por la buena administración del príncipe, le obsequiase con las producciones más bellas de la Naturaleza.

Objeto del disco.
Los pocos monumentos arqueológicos análogos al disco de Teodosio que se encuentran en los museos son conocidos con el nombre de disco, sin otra razón para ello que la de su forma circular; pero cuando estuvieron en uso se llamaban clypea, o más bien clupea, y se formaban de grandes piezas de metal en que se esculpían las imágenes de los príncipes y las de las personas notables. El gramático Charisio hizo notar la distinción que se hacía para diferenciarlos del arma defensiva de una denominación análoga: clypeus masculino genere, in significationis scuti ponitur, ut Labienus ait; neutro autem genere, imaginem significat; e Isidoro dice más terminantemente: clypeus scutum; clupeum imago. También Trebellio Pollion admitió la misma distinción, porque tratando de Claudio el Gótico, dijo: illi clypeus aureus, vel ut grammatici loquuntur, clypeum aureum, senatus totius judicio in romana curia collocatum est, ut etiam munc videtur. Expressa thorace vultus ejus imago. Por manera que las imágenes de los príncipes esculpidas en grandes piezas de metal, según estos datos concluyentes, se llamaban clupeos y clypeos, sin duda porque tenían, como aquellos escudos, una forma circular; y de aquí provino que en muchos casos clypeum y clupeum fuese sinónimo de imago. También se llamaron vultus, porque representaban retratos, y por la misma razón en los escritores griegos se conocen alguna vez con el nombre de discop. Muy antigua fue la costumbre de esculpir los retratos en clupeos. Refiere Tito Livio que al distribuir entre los romanos el botín adquirido en una batalla contra los cartagineses, se tuvo en cuenta un clupeo de plata del peso de 138 libras con la imagen de Asdrúbal Barcino. En un decreto de los atenienses se habla de discof (imágenes esculpidas en clupeos), y en un mármol de Cymeo se encuentra discom (imágenes esculpidas en clupeos de oro). Entre los romanos fue también muy antiguo el presentar los retratos de sus grandes hombres en la misma forma; y así vemos que hallándose Cicerón de procónsul en Cilicia, según refiere Macrobio, vio grabada en un clupeo la imagen de su hermano Quinto, y como éste fuese de baja estatura y su busto de grandes dimensiones, dijo: frater meus dimidius, major est quam totus. De estos datos se deduce no sólo la costumbre antigua de presentar los retratos en la forma dicha, sino también que eran de grandes dimensiones. Durante el Imperio romano era muy frecuente que los particulares mandasen esculpir o dibujar sus imágenes y las de sus predecesores en clupeos, unas veces pintadas al encausto y otras esculpidas en metal, los cuales colocaban en las casas y capillas privadas, y algunos tenían el privilegio de poderlos mostrar en los parajes públicos, a lo cual se refieren varias leyes de los Códigos; pero, además, los emperadores mandaban construir clupeos con sus imágenes, que después de consagrados con las mismas palabras que las efigies de sus dioses, tenían destinos oficiales. Por esta razón, y por la de que después algunas de estas mismas imágenes se vendían a crecido precio en beneficio del tesoro imperial, se castigaba severamente a los que las contrahacían, entendiéndose que cometían crimen de lesa majestad los que para lucrarse se fingían agentes del gobierno. A distintos usos se destinaron las sagradas imágenes de los emperadores esculpidas en clupeos. Como objeto de veneración se colocaban en los templos y en los parajes públicos. Josefo, en su tratado De bello judaico, refiere que cuando Pilato pasó de presidente a Judea hacia el año 27 de J. C, colocó secretamente en el templo de Jerusalén las imágenes de Tiberio, a las que da precisamente el nombre de protomas, lo cual dio ocasión a una sublevación entre los judíos, porque éstos, celosos de su religión, creyeron insultado el templo de Dios con retratos profanos. Y se confirma que dichas protomas eran de la forma expresada, porque Filón, en su legación a Cayo, dijo, atenuando dicha sedición, que aquellos clypeos auratos no tenían figuras. Los emperadores cristianos continuaron en la misma costumbre de colocar sus imágenes en los templos, si bien prohibieron que se les diese adoración, en lo que les habían precedido algunos emperadores paganos, especialmente Tiberio. Así lo mandó Teodosio en la ley segunda de statuis et imaginibus y después Arcadio, según la ley única de operibus publicis, dio licencia para que, cuando fuese necesario reedificar los templos, sin necesidad de consultarle, se recogiesen con reverencia tanto sus imágenes como las de sus antecesores, y que estando hecha la reparación, volvieran a colocarse en el mismo lugar. Pero además de estos usos sagrados, tenían los clupeos imperiales otros destinos militares y civiles. Se remitían a los ejércitos, y cada legión llevaba uno de ellos, el cual se colocaba entre los signos militares, llamándose imaginiferi los encargados de conducirlos, y a estas imágenes, según Modesto, se las veneraba como a las deidades y se las reverenciaba como a las mismas personas a quienes representaban. Así, Suetonio, hablando de Calígula, refiere que Artabano, rey de los partos, pasó el Éufrates para adorar las águilas, las insignias romanas y las imágenes de los césares. Otros muchos casos se podrían citar para comprobar este uso; pero bastará decir que los emperadores cristianos lo continuaron. Eusebio, al describir el lábaro o estandarte imperial, señala el lugar que en el mismo ocupaban los retratos de Constantino y de sus hijos, en esta forma: «Una pica larga revestida de oro estaba atravesada a cierta altura por una pieza de madera, cuyos brazos formaban una cruz. En la parte superior que se alzaba sobre esta cruz estaba asida sólidamente una corona brillante de oro y pedrería, en medio de la cual aparecía el monograma de Cristo. De los brazos pendía un paño o bandera cuadrada, y del tamaño de la misma cruz, toda cubierta de bordaduras y de piedras cuyo resplandor quitaba la vista, y fijo en la misma asta, inmediatamente debajo del paño, Constantino hizo colocar su imagen y la de sus hijos.» Después añade que «hizo ejecutar otros por el mismo modelo, pero no con tanta magnificencia, para que sirviesen de insignias militares a todos los cuerpos de su ejército». Se ve, pues, que también las imágenes de los emperadores cristianos se colocaban en el estandarte imperial, y necesariamente esculpidas en clupeos, porque de otra manera no puede concebirse su colocación debajo de la cruz del lábaro o del paño que de ella pendía. Esto mismo creyó Eckhel, tratando de las imágenes que se colocaban en los signos militares. Verosimile plane est, has principum protomas saepe laminis aureis vel argenteis in clypei formam faberfactis insertas fuisse. Todavía se conservan en las iglesias y se usan por las hermandades religiosas estandartes con paños pendientes de una cruz, unas veces cuadrados y otras terminados en puntas, que en el centro llevan la efigie de la Virgen o de santos, esculpidas o pintadas en cuadro en forma de discos; por manera que así en esto como en otros usos, la Iglesia católica conserva casi sin variación las primeras insignias, y en su pri- mitiva forma los estandartes usuales en los primeros tiempos del cristianismo. No sólo a estos ejércitos sino también a las provincias cuidaban los emperadores de remitir sus imágenes en la misma forma de clupeos cuando eran elevados al poder, para que los pueblos las adorasen y los reconociesen. Además, consta que los emperadores los remitían a los magistrados para que en su nombre ejerciesen la justicia y los demás actos del poder supremo, que en ellos delegaban, dándoles así un objeto civil y judicial, y esto también, sin duda, desde el tiempo de Diocleciano, que reasumió definitivamente en sí la potestad proconsular. Es terminante el texto de Casiodoro dirigiéndose a los prefectos: vultus quin etiam regnantium geniata obsequii pompa praemillit; ut non solum summi Judices, sed et Dominorum reverentia cumulatus orneris. Por manera que estos magistrados llevaban delante de sí, siempre que salían en público, la imagen del emperador, de la misma manera que preceden a los arzobispos y patriarcas cruces de oro o de plata. Es, además, doctrina corriente, que en los tribunales presidían estos clupeos los actos de administrar justicia. Tal vez en ninguno de los museos de antigüedades de Europa se encuentre un disco cuyas formas indiquen igual aplicación a la del disco de Teodosio. El de la Biblioteca de París no debió de tener objeto igual, pues bien represente a Escipión en el acto de entregar al celtíbero Alucio su prometida esposa, según creyó Spon, y después de él Montfaucon, o bien figure el pasaje de la Ilíada en que Agamenón devuelve a Aquiles la hermosa Briseida, según rectificaron Winckelman y Lenormand, lo que dicho disco figura no tiene relación con ningún acto público. Pudo servir de objeto de adorno en el aparador de algún rico romano, como han creído varios, o más bien, como supone Delgado, para colocarlo en algún templo con el fin de aumentar su ostentación; pero el disco de Teodosio no guarda con él más analogía que la de su forma circular. Tampoco tiene relación con el llamado de Aníbal, que en el mismo Museo se conserva, porque, según la opinión más reconocida, ha sido construido posteriormente para que formase juego con el atribuido a Escipión, cuando se creyó que éste era un escudo usado por los romanos en la segunda guerra púnica. Más relación tiene con el de Valentiniano encontrado en Ginebra, pero éste tuvo un uso exclusivamente militar, mientras que el que se describe, según lo demuestra Delgado, lo tuvo civil, judicial y político.

Resta tratar del modo cómo este clupeo o imagen imperial se colocaba para los usos a que se supone fue destinado, atendiendo a su forma, dimensiones, y especialmente al círculo que aparece en el reverso. Este círculo, o más bien aro o anillo, no pudo servir de asiento o de base al clupeo para colocarlo de plano u horizontalmente, porque para ello su diámetro no guarda la debida proporción; y porque teniendo escasamente de altura 2 pulgadas, tosco y sin adornos, no podía servir de pie a esta preciosa alhaja. Además, se observa que el reverso del disco y su borde por la parte interior no está adornado de figuras, sino liso, conociéndose las incisiones del torno de que usaron para quitarle las irregularidades del vaciado, lo cual supone que debía engastarse de tal modo que sólo dejase descubierta la parte decorada con los emblemas y la inscripción. Como se ha expuesto, las imágenes de los emperadores las usaban los magistrados en la curia, y conduciéndolas delante de sí cuando salían en público. Dice Panciroli que en el tribunal se fijaban en una columnita sostenida por un trípode; pero no explica el modo cómo los hacían llevar los jueces delante de sí en los actos solemnes. Probable es que los llevaran colocándolos en un estandarte de forma análoga al lábaro de Constantino descrito por Eusebio, porque esta era la única manera decorosa y fácil de poder mostrar las imágenes al pueblo. Así, pues, atendiendo a la forma particular del aro, asegura Delgado que este disco sirvió para los dos usos; pues que sin grandes esfuerzos se concibe que es la forma más sencilla para engastar el disco en cualquiera otra pieza, sin que objeto tan estimable pudiera padecer detrimento, aunque fuera necesario trasladarlo repetidamente de un punto a otro. Esta razón se corrobora con la observación de que en dicho aro o anillo no se han practicado nunca agujeros ni incisiones para fijarlo de clavo, tornillos o cosa semejante, lo cual sin duda hubiera ayudado a la fijeza del engaste si hubiera sido destinado a conservar posición invariable. Aunque para hacerlo llevar delante de sí los magistrados era objeto de mucho peso, si se atiende a que Constantino destinó para que condujesen el lábaro o estandarte imperial 50 hombres de los más robustos del ejército, que debían por su orden llevarlo sobre los hombros, es evidente que estos estandartes fueron entonces de mucho más peso del que podría suponerse, comparandolos con los que en el día se usan. Se confirma más el doble uso de este disco considerando que los emperadores remitían a todas las provincias clupeos, cuya materia, número y peso los hacia necesariamente muy costosos, y no es presumible que mandasen, sin necesidad, uno para cada objeto determinado.

Respecto a la inscripción griega que se encuentra figurada en la parte interior del aro o anillo del reverso con los caracteres discol su situación en la parte interior del aro, y por consiguiente en sitio donde no pudieran estar a la vista, porque deberían cubrirse con la pieza donde se engastara el disco, y el estar formados con puntos y de manera burda, hacen creer que sirvieron únicamente de signos convencionales para expresar el nombre del artífice, el de la oficina donde se construyó, el peso o ley de la plata, o el valor que se le regulaba, a fin de que los collatores no pudieran excederse al distribuirlo en las provincias. El ser estos caracteres griegos induce a creer que este monumento fue construido en Constantinopla. Además, estas imágenes eran propiedad del fisco de la moneda, se construían en sus oficinas, y las leyes de aquellos tiempos prohibieron se fundiesen en las provincias, a fin de que se pudiera inspeccionar la corrección y exactitud de los retratos. Se ha indicado al principio que el disco fue construido con otros muchos. Y aunque sea notable a primera vista que no se haya encontrado hasta aquí alguno de los muchos clupeos iguales que se labraron en aquellos tiempos, sí se considera la decadencia progresiva de la cultura en los siglos que se siguieron, y la materia de que se formaban, nunca tan abundante que dejase de excitar la codicia humana, poco cuidadosa de conservar en su estado primitivo monumentos de esta especie, debe desaparecer dicha prevención. El citado Antonio Delgado termina aventurando algunas conjeturas sobre el tiempo en que se enterró y la causa que para ello pudo dar motivo. Como fue destinado para que sirviese de insignia al magistrado que en nombre de Teodosio gobernó Lusitania desde principios del año 393 a igual época del 95, en que este emperador falleció, sólo pudo servir dos años; pero terminado su principal objeto, como sagrado, probablemente debiera colocarse en el foro o en algún templo de Mérida. Mas cualquiera que hubiera sido su ulterior destino, es lo cierto que a los pocos años los bárbaros del norte se derramaron por las provincias de España y se las distribuyeron entre sí; y verosímil es que en aquellos tiempos de turbulencias, cargado con este disco y demás objetos encontrados, algún raptor, al pasar por las inmediaciones del lugar que ocupa hoy Almendralejo, las enterrase a fin de sacarlas después más oportunamente, cuya esperanza, por algún accidente, se le hubiera frustrado. Por manera que, según estos cálculos, el disco estuvo enterrado catorce siglos.

Resumen.
Este disco fue mandado construir por el emperador Teodosio el Grande en el día de sus quindecenales, celebradas el 19 de enero del año 393 de la era cristiana. Con estas funciones coincidió, si no en el mismo día en los próximos anteriores, el nombramiento de augusto y consiguiente elevación del imperio, hecha por Teodosio a favor de su hijo menor Honorio. En este tiempo, Teodosio con sus hijos Arcadio y Honorio, fueron reconocidos en Lusitania como únicos soberanos legítimos, después de muerto Valentiniano el Joven. Representa el acto de entregar a un magistrado de provincia el libro de los preceptos para desempeñar su cargo, lo cual debió de verificarse en el acto de las quindecenales, porque entendiéndose que estas funciones aludían a la prorrogación del imperio, de la misma manera los emperadores debían también prorrogar o conferir de nuevo el mando de las provincias a los delegados de su poder. Este disco es un clupeo o dypeo de aquellos que los emperadores mandaban construir con sus imágenes para sus aclamaciones y para que sirviesen a los magistrados en los actos públicos, llevándolos delante de sí y teniéndolos presentes al juzgar en los tribunales. Debía colocarse en la curia sobre una columnita, sostenida en un trípode; y también en el vexilo o estandarte que precedía a la persona de los rectores o presidentes de provincia en los actos públicos. Fue construido en Constantinopla, precisamente como otros que tenían un destino análogo, porque en este punto residía Teodosio, y era donde únicamente podían fundirse y labrarse, pues allí estaban los empleados encargados de que se construyesen con perfección y decoro.

La utilidad de su descubrimiento para los estudios históricos, y aun para los artísticos, es grande: 1º porque da a conocer la importancia que conservaba» las funciones quinquenales en tiempo del emperador Teodosio, respetando, si bien por fórmula, la prorrogación del imperio, como cuando por primera vez fue confiado a Octaviano César; 2° porque demuestra que en estas funciones los emperadores procuraban hacer los nombramientos de los delegados de su poder en las provincias; 3º porque ha transmitido en buena conservación y con los mayores pormenores el traje que los emperadores vestían en aquellas solemnidades y los que asimismo usaban los domésticos y palatinos; 4° porque prueba terminantemente que Honorio fue nombrado augusto el 10 de enero del año 393, conforme el texto del escritor eclesiástico Sócrates y de la Miscella historiae; 5° porque demuestra que Teodosio fue aclamado como emperador en Lusitania después de la muerte de Valentiniano el Joven, y que en esta provincia no reconocieron al tirano Eugenio, como algunos han creído; 6º porque presenta la forma que tenían las imágenes imperiales que se remitían a las provincias, y de que usaban los magistrados desempeñando sus cargos, y, en fin, porque da idea exacta del estado de las artes en tiempo de Teodosio y de la transición del estilo grecorromano al bizantino. De todo lo expuesto, resulta que el disco de Teodosio corrige y fija la cronología de algunos hechos, e ilumina con datos importantes la historia y costumbres de los tiempos en que fue construido.