Historia

DRUSOS

Drusos es el nombre de los miembros de un grupo que existe en Siria y especialmente en Líbano. Por su uso de la lengua árabe los drusos, que se denominan a sí mismos "confesores de la unidad (de Dios)", parecen ser una mezcla de sirios y árabes. Por otro lado, sus características indicarían que son descendientes de la población aramea pre-musulmana. La firme resistencia de esta comunidad, amante de la libertad ante el Estado, ha ayudado a la preservación de su religión durante siglos, aunque ellos sienten, por otro lado, que son una nacionalidad distinta simplemente por su aislamiento religioso. Mediante su tenacidad, ingenio y valor han resistido todos los intentos de dominio, formando un Estado dentro del Estado.

Un druso del siglo XIX, de Historia del vestido por Albert Racinet
Un druso del siglo XIX, de Historia
del vestido por Albert Racinet
Origen.
El origen de la religión está fuertemente relacionado con el califa egipcio fatimí al-Hakim bi'amri-Ilah (996-1021). Su objetivo primordial era la propagación de los principios de la secta de los ismā'īlíes, principal fuente de las doctrinas de los drusos, en Egipto, donde la población eran seguidores del islam sunita. En 1017 un turco llamado Darazi, miembro de los ismā'īlíes, quien había llegado del este y se había convertido en confidente de al-Hakim, publicó una obra afirmando que el alma de Adán había pasado a Alí, primo y yerno de Mahoma, de quien había descendido a los fatimíes y de ellos a al-Hakim. El hereje a duras penas escapó con vida de la furia del pueblo, pero el califa le ayudó a escapar a Siria, donde en Wadi al-Taim, en el sur del Líbano, fundó la secta que recibió su nombre de él, durus, plural de darazi. Tres años más tarde el sectario persa Hamzah procuró de nuevo difundir doctrinas similares en Egipto, pero se vio obligado a tomar refugio con Darazi, cuya autoridad teológica llegó a ser. Unos pocos años más tarde el califa al-Hakim desapareció misteriosamente y los drusos creyeron que estaba escondido en alguna parte como encarnación de la divinidad y que aparecería al final de los tiempos como el Mahdi.

Precursores musulmanes de los drusos.
En su origen los drusos fueron tanto religiosos como políticos, ya que estaban estrechamente relacionados con los chiítas, los legitimistas estrictos que sostenían las pretensiones de Alí y los primeros tres califas, pero rechazaban a los Omeyas y Abasíes. Esos chiítas, especialmente en Persia, estimaban a Alí y a sus descendientes, los imanes, como encarnaciones de la Deidad, y sostenían que el alma de un imán pasaba inmediatamente a su muerte al cuerpo de su sucesor. Ya que era políticamente peligroso aparecer como imán, se desarrolló la teoría de un imán escondido, de los que el Mahdi será el último. La actividad misionera de las diversas sectas chiítas incluyó el norte de África, siendo aceptada por el califa fatimí. De esas sectas, la ismailita y la karmantiana fueron las más importantes para el desarrollo de los drusos. La ismailita surgió hacia 765. Tras la muerte del imán Jaafar se originó un cisma porque algunos aceptaron a su hijo Musa como el séptimo imán, mientras que otros le dieron este honor a su otro hijo Ismail. El mismo período vio un desarrollo de la teoría de las encarnaciones de la divinidad que habían sido enviadas a la tierra para atraer a los hombres más cerca de Dios y revelar su voluntad. Sus profetas, que eran llamados "oradores" (natik), fueron Adán, Noé, Abraham, Moisés, Jesús, Mahoma y Mahoma al-Mahdi, el hijo de Ismail. Esos profetas, cada uno de los cuales marcó un avance en la enseñanza de sus predecesores, fueron ayudados por un "silente" que no habló nada de su propia autoridad, sino que proclamó y promulgó los principios de los "oradores." Esos "silentes" son los imanes, por lo que Set fue el imán para el profeta Adán, Sem para Noé, Ismael para Abraham, Aarón para Moisés, Pedro para Jesús, Alí para Mahoma y Abdallah ibn Maimun para Mahoma al-Mahdi y entre cada profeta vienen siete imanes. Este sistema total de profetas e imanes lo aceptaron, aunque con modificaciones, los drusos. El Abdallah ibn Maimun mencionado fue adherente de una secta dualista y usó su propaganda de las doctrinas de los ismailitas únicamente para promover sus enseñanzas, que eran una mezcla confusa de zoroastrismo, maniqueísmo e ideas griegas. Sus misioneros estaban encargados de dirigir adeptos idóneos de la nueva fe por diversas etapas (al principio siete y posteriormente nueve) a su propio punto de vista nihilista y materialista, alienándolos no sólo de los musulmanes chiítas, sino de toda religión positiva. La propaganda de Abdallah produjo la hostilidad de las autoridades, viéndose obligado a huir a la ciudad de Salamiyyah en Siria. Muchos adherentes fueron ganados en Persia y en las tierras a lo largo del Éufrates, mientras que en el bajo Éufrates los karmatianos se separaron de los ismailitas y formaron una facción política con principios comunitarios. Los ismailitas también regresaron a África antes del califato de al-Hakim bi'amri-Ilah, existiendo todavía comunidades en Siria.

Oscuridad de la religión drusa.
La doctrina de los drusos marca un avance sobre los principios de los ismailitas y los karmatianos, sus inmediatos predecesores, y contempla las enseñanzas de los ismailitas, como las del chiísmo y el islam en general, superadas por las suyas propias e incluso hostiles a ellas. Por otro lado, los musulmanes consideran a los drusos infieles y los escritos islámicos apenas los mencionan. La dificultad de una clara presentación de las confusas doctrinas de los drusos aumenta por el hecho de que su religión es esotérica, estando prohibido a sus adherentes revelar sus misterios a los no creyentes y exigiéndoseles esconder sus libros religiosos de los demás. Los drusos que han sido iniciados en la fe apenas se convierten a otras religiones y de los no cultivados nada puede aprenderse. Sin embargo, muchos dogmas y costumbres que antiguamente tenían un significado religioso característico, ahora sobreviven como restos ininteligibles, especialmente al ocuparse raramente los drusos en estudios religiosos profundos y el mismo hecho de que la religión sea secreta (como debe ser a causa de la actitud musulmana hacia ellos) hace que sea muy factible el peligro de degenerar en frases y ceremonias sin significado. El carácter polifacético de su religión hace posible para los drusos subrayar los elementos islámicos de su fe al conversar con los musulmanes y seguir una táctica similar con los cristianos o incluso con los masones.

Doctrina de Dios.
Según la enseñanza de los drusos Dios es uno y la confesión de su unidad es el primer deber de la religión. Aunque esto coincide con el Corán, su doctrina de que Dios está desprovisto de todos los atributos, no teniendo limitaciones, definiciones, nombres o antropomorfismos de ninguna clase, les hace muy próximos a los racionalistas mu'tazilíes. Este concepto filosófico de Dios puede llevar al panteísmo, pero su principal resultado fue la teoría de que la Deidad, para acercarse más estrechamente al hombre, se ha revelado en forma corporal y por tanto se escondió en los hombres, aunque el hombre no se convierte en la divinidad. Dios permanece siempre el mismo, incluso en esas formas que le sirven como velo, y es, por tanto, el deber de cada cual alcanzar por esas manifestaciones un conocimiento de Dios y una prueba de su existencia. La última de las diez (nueve) encarnaciones de la divinidad fue el califa al-Hakim.

Sin embargo, los auténticos administradores del mundo y los verdaderos predicadores o sacerdotes para la humanidad son los "vínculos" (hudud), o "revelaciones" (ayyat), que también son denominados por muchos otros nombres. Los principales términos se derivan del hecho de que antes del origen de los drusos el grupo musulmán de los batiníes interpretó cada expresión del Corán alegóricamente y la aplicó a las personas. En el sistema de los drusos tales administradores fueron primordialmente ideas abstractas que posteriormente fueron contempladas como encarnaciones. Las personas en las que moran, que han vivido en diversas ocasiones bajo diversos nombres, son estimadas, sin embargo, meramente como portadores de una idea inmutable. El primero de esos administradores fue Voluntad, una figura de perfecta pureza creada por Dios, de la luz que emana de él y por medio de ella hizo todo lo demás. Es también la Sabiduría universal, de la cual todas las verdades son una emanación. Aunque es un "orador", aparecido en diversas ocasiones como un imán, su última encarnación es Hamzah, quien ayudó a Adán como Shatniel, a Noé como Pitágoras, a Abraham como David y quien fue Eleazar, el auténtico Mesías, en los días de Jesús. No obstante, cuando la Sabiduría vio que no tenía igual, se ensoberbeció y de esta forma nació Tinieblas, el autor de la desobediencia en toda forma. Sabiduría entonces imploró el perdón y por su oración Dios creó como segundo administrador universal a Alma, quien recibió el conocimiento de la verdad de Sabiduría, con quien está en la relación de esposa. Los otros administradores derivan su existencia de ella. El Alma igualmente se ha encarnado en ciertos momentos, como en Enoc y en Hermes, mientras que Hamzah estimó a su contemporáneo Abu Ibrahim Ismail ibn Muhammad, una incorporación de este principio. La unión de Sabiduría y Alma produjo el Verbo (en el sentido neoplatónico), mientras que la necesidad de ayuda de Alma contra el adversario resultó en el cuarto administrador, el "Precedente" o "Ala izquierda.". Sobre este principio los escritos de los drusos son vagos y escasos, aunque están evidentemente derivados del alegorismo de los batiníes. El quinto y último administrador, llamado el "Siguiente" o "Ala derecha" es importante al ser identificado con el último autor notorio de la secta, Abu'l-Hassan Alí, apodado al-Muktanah o Baha al-Din, quien estableció la doctrina de los drusos sobre bases dogmáticas hacia 1038.

Se debe distinguir una jerarquía subordinada de la recién descrita. De "Siguiente" dependen los dirigentes espirituales de los drusos, que son llamados, en orden decreciente, Da'i ("misionero"), Ma'dhun ("a quien le es permitido") y Mukassir ("quebrantador", es decir, de la doctrina de otras creencias). Esas jerarquías subordinadas son contempladas invariablemente como hombres. A los cinco administradores celestiales se les oponen cinco principios del error, que se han encarnado en Mahoma, Alí y otros.

Naturaleza del alma.
Tanto el universo como el hombre fueron creados en su forma presente, por lo que son tan inmutables como Dios mismo. El hombre está compuesto de dos esencias, sabiduría y alma, y un accidente, cuerpo. Las almas han sido creadas desde la eternidad, pero son posteriores a la Sabiduría universal. El número de almas, como de hombres, permanece invariable; cuando un hombre muere su alma entra en otro cuerpo, generalmente sin recuerdo del pasado, siendo de nuevo las almas de los incrédulos, infieles y las almas de los fieles, creyentes. Sin embargo, no entran a cuerpos de animales, sino que se encarnan en mejores o peores formas humanas, según los hechos de su vida anterior. Por tanto, el número de drusos ni aumenta ni disminuye, aunque también creen que en las partes más remotas de China viven correligionarios, donde el alma de un druso muerto puede hallar su reencarnación. Las almas pasan a través de cierto proceso de purificación hasta el final de los tiempos, cuando al-Hakim y Hamzah aparecerán de nuevo y cuando las almas se mezclarán en el imán.

Conocimiento.
El verdadero conocimiento consiste en la percepción de la naturaleza y dogmas del unitarismo, la característica cardinal de la religión de los drusos. Se divide en cinco partes, dos conciernen con la naturaleza, especialmente con la sanidad de hombres y animales, y dos con la religión. La primera de esta última parte se entiende de la religión externa o revelación y fue la función de los "hablantes", Noé, Abraham, Moisés, Jesús y Mahoma. La segunda verdad religiosa es que cada uno de esos "hablantes" tuvo un asas ("fundamento", un sinónimo para el "silente"), que presentó la interpretación de la revelación. Esos "hablantes" tipifican la verdadera religión o el unitarismo de los drusos, que es también enseñado en el Pentateuco, los Salmos, el evangelio y el Corán, aunque esos libros son una mezcla de verdad y falsedad y han sido sobrepasados por la enseñanza de los drusos. En su conocimiento de la religión los drusos se dividen en "iniciados" ('ukkal) e "ignorantes" (juhhal), teniendo los primeros un rango más elevado y los segundos caracterizados por una vestimenta distintiva. Hay también muchos grados intermedios. Los lugares de adoración de los drusos están situados en puntos solitarios fuera de las ciudades. Los iniciados se reúnen allí frecuentemente, pero la naturaleza de la adoración en esas khalwas se desconoce.

En conformidad con su doctrina de la inmutabilidad de cuerpos y espíritus, los drusos no hacen propaganda religiosa. Sin embargo, cuando al-Hakim regrese destruirá o subyugará a los incrédulos y establecerá un reino terrenal en el que sus seguidores gobernarán en riqueza. El tiempo de la venida de este reino mesiánico se desconoce, aunque habrá señales que anunciarán su proximidad, ocurriendo un portento en el período cuando los drusos estén en una situación más difícil y los cristianos hayan obtenido el poder sobre los musulmanes.

Ética y costumbres.
La ética de los drusos está estrechamente relacionada con la práctica de su fe, pero las prescripciones musulmanas de la oración, el ayuno, la peregrinación y semejantes, ya alegorizadas por los batiníes, son totalmente descartadas. Según De Sacy, los siete deberes religiosos de los drusos son los siguientes: hablar la verdad, velar por su seguridad mutua, seguir la religión que han profesado y renunciar a la fe y a la adoración de la vanidad y la falsedad; separarse de los malos espíritus y de los hombres de credos falsos, confesar la unidad de Dios, como ha existido a lo largo de los siglos, tener contentamiento con los actos de Dios, cualesquiera puedan ser y someterse enteramente a la guía divina en lo bueno y lo malo. También son exhortados a abstenerse de ganancia ilícita, a ser dignos y abstenerse de maldecir. El uso del vino y el tabaco están prohibidos, al menos para los iniciados, mientras que los delitos graves se castigadn severamente, incluso con exclusión de la comunidad. Las mujeres son más estimadas entre ellos que entre los musulmanes, siendo usualmente instruidas en la lectura y la religión, aunque, en conformidad con el antiguo uso oriental, usan velo en la presencia de extraños.

Es imposible, con las fuentes conocidas, dar una presentación completa de la religión de los drusos, pues ni ellos mismos poseen un sistema perfecto de todos sus dogmas, ya que en el curso de los siglos se han desarrollado muchas nuevas doctrinas y otras han caído en el olvido. Aunque a su fe no le falta un aspecto oscuro, los drusos han procurado con toda su fuerza preservar sus ideas y costumbres y defender contra las influencias externas su conciencia de nacionalidad, que descansa sobre el fundamento religioso.