Historia
EBIONITAS
Uso primitivo del nombre.
A los cristianos judíos el nombre les fue dado porque generalmente eran pobres (hebreo ebyon, ebyonim) y esta pobreza, especialmente característica de los cristianos de Jerusalén, evocó desde el mundo pagano para toda la secta el peyorativo apodo de 'los pobres' (comp. Minucio Félix, Octavius, xxxvi). Posteriormente su aplicación se limitó a los primeros cristianos judíos (Orígenes, Contra Celsum, ii. 1 ). Cuando una parte de la Iglesia judía se separó y se hizo herética la designación se limitó a esta división exclusivamente. En el siglo IV Epifanio, Jerónimo y Teodoreto la usaban para una facción separada dentro de la Iglesia judía distinta de los nazarenos. Muchos de los Padres derivaron el término de un supuesto fundador de la secta llamado Ebion (Hipólito, Philosophoumena, vii. 34; Tertuliano, Hær., xxxiii.; De carne Christi, xiv.; Epifanio, Hær., XXX. 1), de quien se dice vivió en Pella tras la destrucción de Jerusalén.

Las fuentes para la historia del ebionismo, o del judaísmo cristiano, son muy escasas. Ni el Nuevo Testamento ni la literatura extra-canónica conocen escritos directamente venidos de ellos. Las noticias en los primeros Padres son confusas y en los posteriores, como Epifanio y Jerónimo, pertenecen a un tiempo demasiado tardío para justificar inferencias a una existencia anterior. Varios de los Padres dan una idea de los judíos cristianos de su tiempo, tal como les fue presentada a ellos y según sus intereses subjetivos.
Tres grupos mencionados.
La posición doctrinal en el cristianismo judío no fue tal como para producir grupos diferentes. Solo un fuerte contraste existió entre el cristianismo judío y el cristianismo sincretista gnóstico, aunque los primeros se dividieron en una facción más estricta y en otra menos estricta. En el Nuevo Testamento los tres grupos son manifiestos. Los herejes de la epístola a los colosenses prefiguran a los cristianos judíos gnósticos; los cristianos, llamados ebionitas por Epifanio, aparecen en el Nuevo Testamento como los que observaban la ley de Moisés, pero no la imponían sobre los cristianos gentiles. Además de estos estaban los cristianos judíos fariseos, que insistían en la observancia de la ley de Moisés y en la circuncisión sobre todo, rechazando a Pablo como falso apóstol. Las dos últimas facciones fueron conocidas por Justino (Trypho, xlvii). Entre el tiempo de Justino y el de Ireneo se debió consumar la separación completa del cristianismo judío. Ireneo describe a los ebionitas como cristianos judíos que insistían en la observancia de toda la ley judía, rechazando a Pablo como hereje y usando solo el evangelio de Mateo. Su enseñanza concordaba con la de Cerinto y Carpócrates, al negar el nacimiento virginal y contemplando a Jesús como mero hombre.
Cristología, la doctrina distintiva.
Aunque la importancia de la observancia de la ley judía fue disminuyendo, la cuestión cristológica se convirtió en crucial. Estimar a Cristo como mero hombre fue considerado específicamente ebionita. Orígenes (Contra Celsum v. 61) distinguió entre dos ramas de ebionitas, los que negaban y los que aceptaban el nacimiento virginal, pero de ambos dice que rechazaban las cartas de Pablo (Contra Celsum, L 65). Los dos grupos de ebionitas que moraban en las inmediaciones del Mar Muerto tuvieron poca influencia en la naciente Iglesia católica. El caso fue diferente con el tercer grupo, los cristianos judíos sincretistas gnósticos, a quien solo Epifanio llama ebionitas, aunque él conocía otras facciones relacionadas con ellos. Esos ebionitas representaban un judaísmo sincretista que combinaba la especulación teosófica con tendencias ascéticas. Los elementos paganos derivaron de las religiones asiáticas, combinados con el monoteísmo judío; el Antiguo Testamento se convirtió en objeto de crítica, siendo algunas partes eliminadas y teniendo un gran papel las potestades angélicas. Ese tipo de judaísmo, al absorber elementos cristianos, se convirtió en el cristianismo judío sincretista. Jesús era solo un hombre sobre el que descendió el Espíritu Santo en forma de paloma en su bautismo, convirtiéndolo en profeta. La circuncisión y las abluciones diarias eran importantes, rechazaban los sacrificios y el Antiguo Testamento era reconocido solo en parte. El cristianismo era el pacto mosaico modificado y Pablo fue combatido y rechazado.