Historia

EMANACIÓN

Emanación es la doctrina que sostiene que todo lo derivado o las causas secundarias proceden o fluyen de lo más primario.

Sonata del ángel, 1908, temple sobre cartón de Mikolajus Čiurlionis, Museum Čiurlionis, Kaunas
Sonata del ángel, 1908, temple sobre cartón de
Mikolajus Čiurlionis, Museum Čiurlionis, Kaunas
Distinciones.
Se distingue de la doctrina de la creación por su eliminación de una voluntad definida en la primera causa, de la cual todas las cosas son hechas emanando según leyes naturales y sin volición consciente. Difiere de la teoría de la formación a manos de un artesano supremo que encuentra su materia dispuesta en su mano, al enseñar que todas las cosas, ya sea real o sólo aparentemente materiales, fluyen del principio primigenio. De nuevo, a diferencia de la evolución que incluye el principio total del mundo, material y espiritual, y el proceso de desarrollo, la emanación sostiene la inmutabilidad del primer principio, tanto en cualidad como en cantidad, y también en la tendencia del desarrollo, implicando la evolución lo que va de menos a más, mientras que la emanación supone una serie de pasos descendientes. La evolución se puede clasificar bajo el encabezamiento general de panteísmo; la emanación no, ya que su esencia primordial no entra en el mundo. La ambigüedad prevaleciente en la definición de emanación se debe parcialmente al constante uso de las metáforas al describirla; de hecho el término de emanación mismo es una metáfora tomada de los líquidos que fluyen. De esas analogías tal vez la mejor es la tomada de la luz, cuyos rayos salen continuamente sin ninguna disminución de la fuente original, haciéndose más débiles a medida que se alejan de ella.

Fases hindú, persa y griega.
En los Upanishads de los Vedas hay no pocos pasajes que señalan, aunque oscuramente, a esta doctrina. Uno citado frecuentemente afirma que "de este Atman se originó el espacio y del espacio el viento y del viento el fuego y del fuego el agua y del agua la tierra y de la tierra las plantas y de las plantas los alimentos y de los alimentos la simiente del hombre y de ésta él mismo". Sin embargo, esto no supone claramente una emanación, sino que meramente señala las etapas de descenso que separan al hombre del Atman. Se han hecho intentos para derivar las doctrinas gnósticas de la emanación del Avesta, pero sin éxito. Incluso si asumimos otro poder más alto anterior a los dos poderes hostiles expuestos en ese sistema dualista y comprendiéndolos a ambos, todavía la independencia de los dos, así como la de los ángeles o seres semi-divinos que los rodean, no está claramente afirmado que deban su emanación del principio primordial. En la antigua religión egipcia, en la que apareció el politeísmo, no existe la disyuntiva de emanación o evolución. En la filosofía griega las emanaciones (aporrhoiai) suceden en un período antiguo, como en Empédocles, quien cuenta las percepciones sensuales como emanaciones o efluvios procedentes de los objetos percibidos.

Similarmente, Demócrito habla de efluvios de átomos de las cosas percibidas, por las cuales las imágenes (eidola) se producen, cuando golpean nuestros sentidos. Pero esas ideas no caen bajo el encabezado general de emanación, ya que no tocan el origen de los átomos. Ni la enseñanza de los hylozoistas, como Heráclito, con su doctrina de la transformación de todas las cosas en fuego y luego del fuego en las otras cosas. Lo mismo es cierto de los estoicos; algunos de los posteriores, como Marco Aurelio, hablan del alma como una aporrhoia de Dios, pero esto significa una parte de Dios, no una emanación de una fuente íntegra. La primera mención real de la doctrina en la filosofía griega o helenista está en la Sabiduría de Salomón, donde la sabiduría es descrita como "el aliento del poder de Dios y una influencia pura (aporrhoia) que fluye de la gloria del Todopoderoso." Ésa y las expresiones siguientes pueden, de hecho, ser poéticas, no significando una personificación de la sabiduría aparte de la Deidad, pero la forma en la que se habla de la sabiduría por todo el libro propone la concepción de un poder cósmico independiente, que es un efluvio de la divinidad.

Doctrina de Filón y doctrina cristiana antigua.
La doctrina de la emanación es un poco más explícita en Filón, aunque no la enseña clara y conscientemente, mucho menos pura y lógicamente. Asume su forma decidida de la filosofía griega en las obras de los neoplatónicos, aunque sus especulaciones se derivan principalmente de los sistemas mitológicos gnósticos de Basílides y Valentín, en los que la emanación jugó una parte prominente. Según Basílides una serie completa de eones emanaron en etapas sucesivas del Padre ingenerado; y los valentinianos hablaron de la esencia primordial "arrojando" (proballein) sin disminución, lo que se derivaba de ella. En el sistema neoplatónico, el principio más elevado, el Uno, fluye sin un acto consciente, meramente por una ley de su naturaleza, no perdiendo nada de su plenitud y este proceso no acaba en el tiempo. Va de lo más perfecto a lo menos perfecto y la Unidad inefable es la fuente de toda pluralidad. El Nous (intelecto), la primera etapa del proceso, piensa, y de esta forma emana el alma y el logos (palabra). De esta manera el proceso que continúa hasta las etapas más inferiores llega hasta la materia sin esencia. La noción de emanación fue usada frecuentemente por los primeros escritores cristianos en un intento de expresar la relación del Hijo y el Espíritu Santo con el Padre, aunque el simbolismo no fue llevado demasiado lejos. La frase sobre el Hijo de El es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,[…]Hebreos 1:3 recuerda a la del libro de la Sabiduría. La idea es similarmente usada por Atenágoras, Orígenes y Arnobio; Tertuliano incluso se aventura a emplear el término valentiniano probole para la relación del Hijo y el Padre, mientras que repudia la separación que Valentín enseñó entre sus eones. En el establecimiento final de la doctrina trinitaria la idea de emanación indudablemente tuvo una parte, al estar puesto el énfasis sobre el ser del Hijo "engendrado, no hecho" (credo niceno) y la "procesión" del Espíritu Santo; pero falta la idea de descenso hacia la imperfección, de la que no hay asomo en la Trinidad.

Doctrina dionisiaca, escolástica y mística.
Un malentendido común sobre Dionisio el Areopagita es de importancia en la historia de la doctrina de la emanación. Enseña un efluvio de Dios; pero la jerarquía celestial, con sus varios grados de perfección, no surge por una emanación de uno del otro; todo tiene su origen directamente en Dios, como el más alto bien. Erígena, refiriendo mucho de su doctrina a Dionisio, hace uso de una especie de creación que recuerda la emanación neoplatónica. Su mundo de causæ primordiales es eterno, aunque no con la eternidad de Dios, sino con la eternidad creada por o procediendo de Dios. La creación es una processio hacia las criaturas visibles e invisibles; también es eterna; Dios está en la creación y la creación está en Dios. De Erígena la costumbre de considerar la creación como una especie de emanación pasó al escolasticismo; pero en el pasaje de Tomás de Aquino más frecuentemente citado en este aspecto (I,qu. xlv, art. 1), el carácter específico de emanación está tan debilitado que es sólo perceptible en el hecho de que no establece una clara línea divisoria entre Dios y sus poderes y el mundo. En los místicos, a pesar de sus conexiones con el escolasticismo, la doctrina de la emanación puede escasamente ser hallada en su forma pura. Pero en la Cábala judía el origen emanacionista del mundo se enseña claramente; la conexión con el gnosticismo cristiano, con los neoplatónicos y con Dionisio es evidente. Con los fundadores de la moderna metafísica, Descartes y Spinoza, la emanación no tiene parte prominente; pero los lógicos de los siglos XVI y XVII hicieron uso del término causa emanativa en contradicción a causa activa. En la filosofía posterior la antigua idea de emanación desaparece, aunque se halla en la concepción de Leibniz de la relación entre Dios y las mónadas simples; Dios es la unidad primigenia, la monas primitiva, que produce las mónadas creadas y derivadas "par des fulgurations continuelles de la Divinité de moment à moment". Pero desde el tiempo de Leibniz ha sido imposible combinar la doctrina con las ideas más claras prevalecientes en cosmología, por no decir nada de la teología y metafísica, habiendo sido ocupado su lugar por la doctrina de la evolución.