Historia

ENTUSIASMO

Entusiasmo es un intenso impulso moral o estado mental de apasionamiento. El término aplicado a la religión designa tanto un noble temperamento de mente y fervor moral como también una intensidad de sentimientos mal dirigidos e incluso destructivos. En el mejor sentido del término, Jesús fue la más elevada ilustración de entusiasmo. Su alma estaba poseída por una afecto sobrepujante hacia los hombres y un intenso impulso para ayudarles. Los apóstoles fueron entusiastas en el mejor sentido. Los primeros monjes, Francisco de Asís, Domingo, Hus, los reformadores o los primeros metodistas, son todos ejemplos de entusiasmo religioso. Las religiones paganas han tenido sus entusiastas, igual que los cristianos.

El entusiasmo cristiano en un sentido se deriva de dos motivos: el amor a los hombres y el amor a Cristo. En el mal sentido, entusiasmo es casi sinónimo de fanatismo y entusiastas de zelotes. Es un fervor del alma producido por malos principios, fundado en juicios equivocados y aplicado a fines erróneos. No necesariamente el egoísmo o motivos impuros prevalecen en tal estado o actividad. Tal entusiasmo puede proceder de un sincero deseo de glorificar a Dios. Pero sustituye la ficción por la verdad y en sus últimas etapas el desorden mental se convierte en enfermedad mental.

El término "entusiastas" ha tenido también un sentido técnico, como en el período isabelino. Jewel, Rogers (Thirty-nine Articles, edición de Parker Society, Cambridge, 1854, p. 158) y otros hablan de "entusiastas" refiriéndose a los anabaptistas. Durante el período de la República y posteriormente el término se aplicó frecuentemente a los puritanos en un tono de desprecio, como lo hizo Robert South, quien predicó un sermón especial sobre el asunto titulado "Entusiastas no dirigidos por el Espíritu de Dios", queriendo decir por "entusiastas" a los puritanos.