Historia
EPIKLESIS
El servicio bautismal.
La evidencia más antigua para la epiklesis en la forma de oración de consagración para el agua bautismal se halla en Tertuliano (De baptismate, iv, pero no hay duda de que era una característica constante del rito bautismal tanto en el este como en el oeste durante los siglos III y IV. En el oeste la siguiente evidencia más antigua es Cipriano, quien habla sólo de una "limpieza y santificación" del agua bautismal (Epist., lxx. 1), pero es más bien el sínodo de Cartago de 256 quien se refiere a ella con mayor decisión, con su frase "el agua santificada por la oración." Ambrosio afirma (De spiritu sancto, I. vii. 88) que el descenso del Espíritu Santo, efectuado por la oración del sacerdote, santifica el agua y Jerónimo (Contra Luciferum, vi y vii) es incapaz de concebir un verdadero bautismo sin tal descenso. Agustín da indudable testimonio del mismo uso; sin embargo fue, junto con Ambrosio, en gran medida responsable de modificar la universal creencia en la eficacia de la epiklesis al reemplazarla, al ser el punto central en la acción de la eucaristía al menos, por las palabras de la institución. En su conflicto con los donatistas se sintió obligado a poner el poder consagrante menos en una oración de epiklesis, que en su tiempo no era claramente uniforme en su formulación, que en una fijada y autoritativa fórmula, tal como la del bautismo, descansando en las palabras de la institución del sacramento. Esto abrió el camino para una nueva idea de la consagración, que en la eucaristía especialmente llegó a ser de importancia decisiva.
En la eucaristía.
En el caso de la eucaristía, hay plena evidencia desde los siglos cuarto y quinto, tanto en el este como en el oeste, de atribuir la consagración de los elementos a la epiklesis; pero el acuerdo no es tan universal como en el caso del bautismo, ni es seguro asumir que la epiklesis estaba en uso desde el principio como oración de consagración, tal como vino a ser considerada en el este. El testimonio más antiguo para la epiklesis eucarística es Ireneo, quien dice (IV, xviii, 5) "el pan que recibe la invocación de Dios ya no es más pan, sino la eucaristía"; pero que la frase no puede forzarse se muestra por la ocurrencia en la sección precedente de otra en la cual el pan es denominado cuerpo del Señor "sobre el cual se han dado gracias", mostrando el contexto que esta acción de gracias (eucharistein) no se ha de tomar como un término general de consagración. La epiklesis se menciona de nuevo en el denominado segundo fragmento Pfaff de Ireneo, no mucho más tardío que su tiempo y en Firmiliano de Cesarea (Cipriano, Epist., lxxv). En el siglo cuarto las evidencias son más numerosas; es mencionada por Basilio el Grande, más frecuente y decididamente (teniendo fuerza de consagración) por Cirilo de Jerusalén, de nuevo por Gregorio de Nisa, Atanasio, Teófilo, Crisóstomo y Efrén Sirio. Pero la prueba más destacada de la posición que ocupa en el este es el hecho de que no hay una sola liturgia oriental en la cual esté ausente o en la cual no se contemple como poder consagrador.
La autoridad occidental más antigua para la epiklesis en la eucaristía es Ambrosio (De spiritu sancto III. xvi. 112 y De fide, IV. x. 124), que muestra en esos pasajes no sólo su familiaridad con ella sino su creencia en su poder consagrador. En otros dos pasajes parece atribuir esta fuerza a las palabras de la institución, que sólo muestran cuán poco definida estaba la cuestión en ese período. Agustín se vio obstaculizado por su concepción simbólica de la eucaristía para adoptar plenamente las ideas de Ambrosio en este punto, pero ciertas frases suyas fueron tomadas posteriormente como decisivas en contra de la virtud consagrante de la epiklesis. Sin embargo, hasta el siglo séptimo se encuentran autores que todavía atribuyen a ello su importancia, tales como Fulgencio de Ruspe, Optato de Milevi, Gaudencio de Brescia e Isidoro de Sevilla.
Liturgias occidentales.
Las conclusiones indicadas por los pasajes referidos quedan confirmadas por las liturgias occidentales más antiguas, que muestran la epiklesis en uso universal como una oración de consagración para la eucaristía en los siglos IV y V, desapareciendo luego o siendo alteradas y quitadas de su posición original inmediatamente tras las palabras de la institución. Las más antiguas liturgias galicanas conocidas no muestran huellas de este proceso, cuyo punto central estuvo probablemente en Roma. Es verdad que Gelasio I (492-496) todavía conocía y aprobaba la epiklesis, pero la obra simplificadora y unificadora le ganó renombre de reformador de la liturgia a él y a Gregorio Magno, al eliminarla o transformarla en la liturgia romana, cuya aceptación en la Galia y posteriormente en España acabó por producir el mismo resultado también.
Conclusión.
Como conclusión se puede decir con seguridad que la epiklesis no es primitiva y su origen se puede atribuir a una combinación de términos bíblicos con nociones populares paganas. La fórmula bíblica "invocar el nombre del Señor" (Y sucederá que todo aquel que invoque el nombre del SEÑOR será salvo; porque en el monte Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho el SEÑOR, y entre los sobrevivientes estarán los que el SEÑOR llame.[…]Joel 2:32, citado en Y SUCEDERA QUE TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR SERA SALVO.[…]Hechos 2:21 y porque: TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR SERA SALVO.[…]Romanos 10:13; 14 y aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. 21 Y todos los que lo escuchaban estaban asombrados y decían: ¿No es éste el que en Jerusalén destruía a los que invocaban este nombre, y el que h[…]Hechos 9:14,21; 22:16; a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con todos los que en cualquier parte invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:[…]1 Corintios 1:2) se repite en muchos casos de epiklesis. Entre los gnósticos el nombre, como una poderosa fórmula mística, era de la mayor importancia; su posición capacitaba a alguien para hacer descender a la Deidad. Nada era empleado en la adoración cristiana que no hubiera sido previamente "santificado" de las influencias demoníacas, debiendo por tanto ser invocado el Espíritu Santo, como poder santificador, sobre las criaturas del agua, aceite, pan y vino. La teoría de que la epiklesis definitiva se origina en círculos gnósticos, donde incuestionablemente se usó ampliamente, y luego halló su camino en la práctica de la Iglesia, no es demostrable; pudo haberse originado en ambos círculos al mismo tiempo y que hubiera tenido un desarrollo más rápido entre los gnósticos. Si fuera cierto que los existentes papiros mágicos de los posteriores cultos de misterio eran de origen puramente pagano, no influenciados por ideas gnósticas, ello reforzaría el paralelismo pagano para la epiklesis cristiana; porque en ellos las palabras epiklesis, epikleisthai son los términos técnicos para invocar a la Deidad sobre toda clase de dones, tales como vino, agua y miel. Al menos una idea análoga se puede claramente mostrar en el paganismo posterior en la consagración de las estatuas de los dioses, para lo cual de nuevo se usaba una epiklesis.