Historia

EPISCOPADO

Episcopado es el gobierno de la Iglesia mediante obispos. Algunas iglesias consideran que este sistema es fundamental e intrínseco para la existencia de la Iglesia.

San Basilio dictando su regla, por Francisco Herrera el Viejo
San Basilio dictando su regla, por Francisco Herrera el Viejo
Iglesia católica.
La Iglesia católica sostiene que el episcopado es de origen y autoridad divinos. Su posición fue claramente definida en el concilio de Trento: "Si alguno dice que en la Iglesia católica no hay una jerarquía de ordenación divina instituida, consistente de obispos, sacerdotes y ministros sea anatema. Si alguno dice que los obispos no son superiores a los sacerdotes... o que el poder que poseen es común al de los sacerdotes... sea anatema." (Sesión xxiii. 6, 7). El episcopado es tan esencial como los sacramentos, no pudiendo existir la Iglesia sin el mismo. Las palabras de Cipriano (Epist., lxviii [lxvi, lxix]), "la Iglesia está en el obispo" resumen esta idea. Los obispos son los sucesores inmediatos de los apóstoles, "todos los principales gobernantes mediante ordenación vicaria suceden a los apóstoles" (Cipriano, ut. sup., 4). Otra idea fue bastante prevaleciente en la Edad Media, esto es, que todos los obispos son sucesores de Pedro y están en su lugar ("los dirigentes de la Iglesia, que tienen el lugar de Pedro", Robert Grosseteste, Epist., xxiii, edición de Luard, Rolls Series, no. 25), una idea también sostenida por los Padres de la Iglesia. Es asunto de incertidumbre si los obispos son un orden distinto de los sacerdotes o no (comp. Friedberg, Kirchenrecht, p. 150). Ciertamente son superiores a los sacerdotes y diáconos, no meramente en jurisdicción, sino en la clase de gracia que poseen. En su consagración se les imparte una gracia especial y sólo ellos tienen el derecho de ordenar y conferir una gracia indeleble. Tomás de Aquino una y otra vez afirma que el episcopado no es un orden distinto y que la consagración no tiene carácter sacramental (comp. Sentantiæ, IV. xxiv. 3; Summa, Supp., xi. 5, edición de Migne, iv. 1074). El concilio de Trento habla de la "jerarquía de obispos, sacerdotes y diáconos", pero su lenguaje es susceptible de una doble interpretación, pues clasifica a los diáconos con las ordines majores (sesión xxii. 2). Inocencio III (1198-1216) incluyó a los diáconos en las ordines majores. Si el subdiaconado es un orden en sí mismo entonces el obispo pertenece al orden del sacerdocio y no es un orden distinto.

El papa está a la cabeza de la jerarquía de obispos y, como sucesor inmediato de Pedro, todos los obispos le están sujetos como vicario de Cristo y sucesor de la cabeza de los apóstoles divinamente designada. La confirmación de los obispos por el papa fue hecha norma fija por Nicolás III (1277-80). La teoría de que los obispos son ayudantes del papa la señaló definitivamente Inocencio III. Citando a León I (Epist., vi) declaró que reciben su autoridad para ayudar al papa, pero sin tener "la plenitud del poder". Esta teoría fue defendida por los defensores papales en la primera mitad del siglo XIV y combatida por los anti-papales de la misma época, tales como Pierre Dubois, Gerson y otros dirigentes galicanos en el siglo XV. La idea de Inocencio III limita seriamente la prerrogativa de los obispos y capacita al papa para desposeerlos, haciendo su dimisión válida sólo cuando él lo acepte. Los decretos vaticanos (iv. 3; Schaff, Creeds, ii. 262 sq.) ordenan la obediencia al papa de "todos los pastores" en "todos los asuntos que pertenecen a la fe y moral y también en los que pertenecen al gobierno y disciplina de la Iglesia" y también afirma "que su autoridad espiritual está realmente fortalecida y protegida por el pastor supremo y universal." La batalla entre las teorías galicana y ultramontana de la jurisdicción y autoridad del episcopado quedó teóricamente cerrada por la decisión del concilio Vaticano I.

Iglesia ortodoxa.
La Iglesia ortodoxa igualmente sostiene el origen divino del episcopado, para la trasmisión de la gracia y la sucesión apostólica. Disiente de la Iglesia latina al rechazar reconocer al papa como cabeza espiritual de toda la cristiandad, aunque está dispuesta a reconocerlo como patriarca de la cristiandad occidental, ocupando una dignidad igual con los cuatro patriarcados históricos del este: Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén.

La Iglesia jansenista de Holanda y los Antiguos Católicos.
Ambas concuerdan con la Iglesia católica sobre la cuestión de la autoridad divina del episcopado, pero difieren de ella al sostener la teoría galicana del episcopado, esto es, niegan que el papa tenga una jurisdicción que vaya más allá de la apelación y la supervisión sobre la Iglesia, sosteniendo que puede errar y que los concilios ecuménicos son superiores a él en autoridad. El episcopado de los jansenistas holandeses fue recibido en 1724 de Dominique Marie Varlet, obispo de Babilonia, que vivía entonces en Ámsterdam. Cada nueva consagración desde entonces ha recibido una excomunión especial de Roma. Los Antiguos Católicos recibieron sus órdenes de los jansenistas de Holanda, consagrando el obispo de Deventer al obispo Reinkens (11 de agosto de 1873), quien a su vez consagró al Dr. Herzog obispo para Suiza (18 de septiembre de 1876), de manera que preservan la sucesión apostólica.

episcopado
Iglesia de Inglaterra e Iglesia episcopal protestante.
Ambas iglesias toleran dos clases de opinión: la idea anglo-católica o de la Alta Iglesia y la idea de la Baja Iglesia o de la liberal. (1) La idea anglo-católica del episcopado es esencialmente la de la Iglesia católica. No reconoce la autoridad superior del papa, como vicario de Cristo e infalible sucesor de Pedro, ni siquiera pone la ordenación entre los sacramentos. Pero estima al episcopado indispensable para la misma existencia de la Iglesia, sostiene que la transmisión de la gracia es por imposición de manos, acepta la sucesión apostólica y niega la validez de cualquier ministerio no ordenado por obispos. Los obispos "al ser sucesores de los apóstoles están poseídos del mismo poder de jurisdicción" (J. H. Blunt, Dictionary of Doctrinal and Historical Theology, p,. 85, Londres, 1870). Ellos son, y han sido desde el tiempo de los apóstoles, un orden distinto del sacerdocio y diaconado y más elevado que ambos. En 1618 la autoridad más alta en la Iglesia de Inglaterra, Jacobo I, reconoció la ordenación de las iglesias reformadas del continente cuando envió una delegación constituida en parte de obispos al sínodo de Dort. El arzobispo Laud (1633-45) fue el representante más extremo del derecho jure divino del episcopado que la Iglesia de Inglaterra ha tenido y su intolerancia le llevó al patíbulo. (2) La idea de la baja Iglesia y de la Iglesia liberal estima el episcopado como deseable y necesario para el bienestar, no la existencia, de la Iglesia. El sistema episcopal no es la única forma de gobierno con autoridad bíblica (si es que hay alguno que sea recomendada por la Escritura) pero es el que mejor se adapta al avance del reino de Cristo entre los hombres. Los mejores escritores anglicanos de esta opinión concuerdan que el episcopado evolucionó del presbiterado y que hay sólo dos órdenes del ministerio en el Nuevo Testamento: presbíteros y diáconos. El doctor Lightfoot, obispo de Durham, en su erudita y exhaustiva discusión del asunto (comentarios sobre Filipenses, páginas 180-267), dice: "Está claro, que, al final de la edad apostólica, las dos órdenes más inferiores del triple ministerio quedaron firme y ampliamente establecidas; pero las huellas del episcopado, propiamente denominado, son pocas y ambiguas... el episcopado surgió del orden presbiterial por elevación; y el título, que originalmente era común a todos, finalmente quedó como propiedad del principal de ellos." Y de nuevo dice, "el episcopado se formó del presbiterio." Tras haber sido consagrado obispo señaló que sus ideas sobre el episcopado habían sido mal entendidas. El deán Stanley (Christian Institutions, p. 210) presentando la misma idea dice: "Según las reglas estrictas de la Iglesia derivadas de los tiempos antiguos, no hay más que dos órdenes: presbíteros y diáconos."

Esta idea, que es también sostenida por hombres tales como Arnold, Alford, Jacob y Hatch, era la idea de los teólogos de la reforma inglesa. Cranmer, Jewel, Grindal y posteriormente Field ("los apóstoles no dejaron a nadie que les sucedieran", Of the Church, volumen iv, p. vii), defendían el episcopado como la forma más antigua general de gobierno, pero siempre reconocieron la validez de las órdenes presbiterianas. El obispo Parkhurst contempló la iglesia de Zurich como el modelo absoluto de comunidad cristiana y el obispo Ponet incluso habría abandonado el término "obispo" para los católicos. Hubo eclesiásticos que desempeñaron posiciones en la Iglesia de Inglaterra que habían recibido sólo la ordenación presbiteriana. Tales fueron Whittingham, deán de Durham, Cartwright, profesor de teología en Cambridge, y Travers, preboste de Trinity College, Dublín. Es dudoso si algún prelado de la Iglesia anglicana en el reinado de Isabel sostenía la teoría jure divino del episcopado, aunque el arzobispo Bancroft († 1605) parece haber sido el primer prelado anglicano en reconocerla. Dos de los más elaborados defensores de la idea en la baja Iglesia en el siglo XVII fueron Stillingfleet y Ussher, representando este último al episcopado como sólo una presidencia en el presbiterio sobre sus colegas; no obstante la Iglesia episcopal reordena a todos los ministros que no hayan sido episcopalmente ordenados, si bien acepta sacerdotes de las Iglesias católica y griega sin reordenación.

Las órdenes de la Iglesia anglicana fueron declaradas inválidas por León XIII en la bula Apostolicæ curæ el 13 de septiembre de 1896, estando la decisión basada en ciertos defectos en la forma de ordenación. La apelación de Gladstone al papa para dejar la decisión en suspenso no fue atendida. Los arzobispos de Canterbury y York se unieron en una réplica (1897).

Iglesia episcopal reformada.
Sostiene la conveniencia del episcopado. "Se adhiere al episcopado, no porque sea de derecho divino, sino porque es una forma muy antigua y deseable de política eclesiástica." (Declaration of Principles, 1 de diciembre de 1873). Su fundador y primer obispo fue George David Cummins, quien había sido obispo ayudante de la Iglesia episcopal en Kentucky.

Iglesia morava.
Esta Iglesia merece una mención especial y separada por tres razones. Su episcopado estaba en activo antes de que la Reforma comenzara en el continente y en Inglaterra; tiene sucesión apostólica y su obispado en América precede al de los episcopales (1784) y metodistas (1784) por 40 años, habiendo sido consagrado August Gottlieb Spangenberg en Alemania, 1744, y ejerciendo en Pensilvania desde 1745 a 1762. Los primeros obispos consagrados en América fueron los moravos Martín Mack, en Bethlehem, el 18 de octubre de 1770 y Michael Graff, en Bethlehem, el 6 de junio de 1773. El primer obispo moravo fue consagrado en Lhotka en 1467 por el obispo valdense Stephen regularmente ordenado. El parlamento británico reconoció la validez de la ordenación morava en 1749. Sin embargo, en 1881 el obispo Stevens de Pensilvania reordenó a un presbítero moravo, con el propósito de darle "una más amplia ordenación." Los moravos reconocen la ordenación de otros cuerpos cristianos como válida, admitiendo presbíteros en su ministerio (Law of Book of the Church, ix. 63). Los valdenses medievales tuvieron una organización de obispos o superintendentes generales (majores o majorales), ordenados si era posible por otros majores y en ausencia de un major por presbíteros. Ellos afirmaron la sucesión apostólica para sus majores. Su autoridad para ordenar y ejercer disciplina era mucho mayor que la de los presbíteros. Los anabaptistas moravos tuvieron una política similar con un solo obispo o cabeza de toda la denominación.

Iglesias luteranas.
En su mayor parte han abandonado el episcopado y donde retienen el nombre "obispo" la autoridad se considera una investidura humana. La paridad del ministerio es un principio fundamental de los luteranos. Con raras excepciones (Georg de Polents, obispo de Samland y Echard, obispo de Pomerania) los obispos en el continente, al contrario de los obispos en Inglaterra, se mantienen alejados de la Reforma. Lutero pudo haber tenido la ordenación episcopal para los primeros predicadores luteranos, pero, como señaló, no la quiso. Ordenó con sus propias manos al primer ministro del nuevo orden, su amanuense, G. Rörer. Declaró que el ministerio es un asunto de conveniencia y que las cosas se pueden hacer en una forma ordenada y decente. Un oficial con jurisdicción supervisora de alguna manera similar a la del obispo se denomina en Alemania superintendente. La Iglesia luterana en Suecia tiene obispos; en 1874 se designó un comité por la convención de la Iglesia episcopal en los Estados Unidos para investigar la validez de sus órdenes, pero la convención dejó pasar el asunto no tomándose ninguna decisión. Hay muchas dudas sobre la integridad de la sucesión. Lawrence Peterson fue consagrado en 1575 por Paul Justin, obispo de Abo, arzobispo de Upsala. La evidencia para la validez de la consagración de Justin es defectuosa. Pero las confesiones de la Iglesia sueca reconocen la igualdad del ministerio. Los obispos de la Iglesia de Dinamarca no afirman la sucesión apostólica, aunque los obispos ingleses en la India reconocieron la ordenación danesa. Christian III en 1536 encarceló a los antiguos obispos y los nuevos a quienes él designó fueron al principio llamados superintendentes y ordenados por Bugenhagen.

Iglesias reformadas.
Reconocen dos órdenes del ministerio: presbíteros y diáconos. Creen que los obispos del Nuevo Testamento eran idénticos con los presbíteros y niegan que los apóstoles nombraran sucesores. No niegan que el episcopado, como asunto de conveniencia, pueda justificarse, pero no conceden ni su origen divino ni la transmisión de la gracia por la imposición de manos, ni la sucesión apostólica, en el sentido anglo-católico. Calvino apoyó el episcopado para Polonia y dio su conformidad para Inglaterra. John Knox dividió Escocia en once distritos, escogiéndose para cada uno de ellos un "superintendente"; sus deberes eran los de un misionero supervisor y no se contemplaba la idea de un orden separado del ministerio.

Iglesias episcopales metodistas americanas.
Tienen un episcopado que ni es diocesano ni jerárquico, sino itinerante y presbiteriano. Los obispos constituyen una "superintendencia general itinerante" y son "responsables al conjunto de ministros y predicadores" que pueden desposeerlos de sus oficios. No son un orden distinto del clero, sino sólo presbíteros. La Iglesia episcopal metodista en los Estados Unidos en varias de sus conferencias generales rechazó enfáticamente que el episcopado sea un orden, siendo sólo una función. La Iglesia metodista no podría reclamar la sucesión apostólica si lo hiciera. John Wesley después de haber solicitado en vano al obispo de Londres que ordenara predicadores para América, ordenó él mismo al primer obispo, Thomas Coke en 1784. La Iglesia wesleyana en Gran Bretaña tiene superintendentes. La Asociación Evangélica y la Iglesia de los Hermanos Unidos también tienen un episcopado. Sus obispos son elegidos durante un período señalado y no de por vida.

Episcopado histórico.
Es una expresión usada primero en su sentido técnico por la Iglesia episcopal protestante en su convención trienal en Chicago, 1886. La expresión ocurre en una serie de cuatro artículos adoptada por la convención que procuraban ser un fundamento para la reunión de la cristiandad. Fueron reafirmados por el sínodo pan-anglicano en Lambeth, 1888. En los comunicados que se aprobaron entre el comité señalado por la convención trienal y la Asamblea General presbiteriana de los Estados Unidos de América, se halló que la expresión significaba que hay un orden especial de obispos que retrocede a los tiempos apostólicos, rechazándose la propuesta de unión sobre esas bases (comp. Minutes of the General Assmebly para 1887, páginas 132-134, 154-156 y para 1880, páginas 93-101; también C. W. Shields, The Historic Episcopate (Nueva York, 1894).