Historia
ESMALCALDA, ARTÍCULOS DE

con las firmas de los teólogos
Tras las insistentes demandas de los estados alemanes durante varias décadas y la presión renovada del emperador, Pablo III publicó una convocatoria para un concilio a celebrarse en Mantua el 8 de mayo de 1537. Surgió la cuestión de la actitud de los evangélicos. El elector Juan Federico de Sajonia, que se tomó el interés más activo, apareció en Wittenberg el 24 de julio de 1536 y mediante su canciller sometió cuatro artículos para opinión de los teólogos y juristas, de modo que fuera de apoyo para sí y los confederados en el concilio. Dos días más tarde el elector propuso que el concilio fuera totalmente rechazado, pues la recepción de la convocatoria implicaría el reconocimiento del papa como cabeza de la Iglesia. Tras una sesión que acabó el 6 de agosto, se presentó la opinión preparada por Melanchthon de que si el papa citaba a los Estados protestantes como al resto, es que ya no estimaba a sus príncipes como herejes y que por dar audiencia al nuncio papal no se estaba haciendo ningún reconocimiento del poder papal, y por tanto la invitación no debía rechazarse. El elector, asumiendo que los teólogos habían prevalecido sobre los juristas, hizo que Melanchthon trasladara una protesta en latín al efecto de que en el caso de aceptar la invitación, el concilio debía ser libre y abierto y no limitado a los prejuicios papales, convocando de nuevo para una reunión a eruditos a fin de considerar ciertas cuestiones. Al mismo tiempo a Lutero se le asignó una tarea especial, aunque parece que ya estaba trabajando en los artículos de fe. La ausencia de Melanchthon retardó la réplica de los eruditos y el 1 de diciembre el elector aprovechó la ocasión para renovar su llamamiento de rechazar un concilio papal, fortalecer la tendencia en Wittenberg sobre la cuestión de celebrar un concilio evangélico opuesto e insistió en la tarea solicitada a Lutero, estimando necesario que éste, al menos para el 25 de enero de 1537, preparara un documento que fuera el resumen de todo lo que había enseñado, predicado y escrito como testamento final. Lutero iba también a indicar en qué artículos, no esenciales, se podía hacer algún compromiso, siendo los teólogos de Wittenberg invitados a avanzar su acuerdo o desacuerdo con los artículos propuestos, independientemente de la autoridad de Lutero, no pudiendo haber disidencias posteriores. El 11 de diciembre los eruditos de Wittenberg entregaron su segunda y satisfactoria opinión, pero como los artículos de Lutero no habían aparecido todavía el elector le recordó por escrito y nombró particularmente a Nikolaus von Amsdorf y Johann Agrícola entre aquellos teólogos que serían llevados secretamente a Wittenberg desde los territorios del elector y su hermano, Juan Ernesto, a expensas del elector, para dar su aprobación a los artículos o exponer sus objeciones por escrito. Lutero se puso a trabajar para preparar sus artículos, que fueron sometidos a sus colegas y adoptados antes de terminar el año, adjuntando Melanchthon con su firma la declaración de que la supremacía papal fuera reconocida para la libertad del evangelio. La copia oficial se envió al elector el 3 de enero de 1537, quien expresó gran satisfacción por el acuerdo de los artículos con la Confesión de Augsburgo y la unanimidad de sus teólogos; envió a su canciller para procurar las firmas de los principales pastores para que en el caso de la súbita muerte de Lutero sus ideas permanecieran sin adiciones de ellos.
Contenido.
Los artículos fueron arreglados en tres divisiones. La primera discute brevemente la indisputable majestad de Dios. En la segunda, sobre el oficio y obra de Cristo, o redención humana, afirmando el artículo primero y principal que el hombre, sin ningún mérito por su parte, sino por la obra redentora de Jesucristo, es justificado por la fe sola. En el segundo artículo, la misa se condena por ser contraria a la Escritura, denunciándose las variedades de idolatría, el purgatorio, los oficios de santos, las peregrinaciones, las órdenes monásticas, las reliquias y las indulgencias. El tercer artículo demanda la entrega de las propiedades monásticas para la educación de la juventud y el uso de las iglesias y el cuarto ataca al papa como el Anticristo. El mejor gobierno para la Iglesia es vivir bajo una cabeza, Cristo, y para los obispos cooperar sinceramente en una doctrina común, fe, oración, sacramentos y obras de amor. En la tercera división se incluyen los artículos sobre los que Lutero pudo haber esperado algún grado de conciliación, al menos por parte de los católicos más ilustrados, tales como la doctrina de la redención, el pecado, la ley, el arrepentimiento, en fuerte contraste con la penitencia de la Iglesia papal. En contraste con la ley y su importancia para el camino de salvación, se expone en debida prominencia el consejo de ayuda de Dios ofrecido contra el pecado en el evangelio en varias formas: predicación oral, principalmente; el bautismo, el sacramento, el poder de las llaves y la confesión, a lo cual se relacionan los artículos sobre la excomunión, consagración y vocación, sobre la Iglesia y sobre cómo ser justo ante Dios, así como sobre los votos monásticos y las ordenanzas humanas.
Historia.
La intención del elector era presentar los artículos de Lutero ante una convención "para acuerdo unánime", a ser celebrada en Esmalcalda el día de la Candelaria, 2 de febrero de 1537, siendo todos los Estados evangélicos convocados para enviar uno o dos teólogos. En la primera sesión, el canciller Brück propuso la discusión de los artículos en preparación del venidero concilio. Pero Melanchthon, que no había estado en total acuerdo con los artículos de Lutero sobre el ataque al papado, lo obstaculizó al informar a Felipe de Hesse el mismo día que Lutero había alterado, por influencia de J. P. Bugenhagen, el contenido original del artículo sobre la Cena, por lo que ahora estaba en conflicto con la Concordia de Wittenberg. A consecuencia de eso y para evitar una división se decidió por las ciudades (11 de febrero) rechazar la proposición sajona y quedarse con las confesiones que estaban ahora en manos del emperador y sobre las que se había alcanzado unanimidad. Los príncipes estuvieron de acuerdo en general, con la provisión de que los eruditos repasaran de nuevo la Confesión y la Apología de Augsburgo y la fortalecieran con nuevos argumentos de las Escrituras y los Padres, pero que no hicieran cambios internos en ellas o en la Concordia salvo para denunciar más positivamente al papado. Mientras, por falta de libros, se suspendió la aprobación para una prueba posterior, escribiendo Melanchthon, durante la grave enfermedad de Lutero, su Tractatus de potestate et primatus papæ, que terminó el 17 de febrero, en el que, bajo la influencia del cada vez más fuerte sentimiento anti-papal, escribió en términos más drásticos de lo que era su costumbre. Se opuso enfáticamente a la presuposición del derecho divino del papa, quien, como protector de falsas doctrinas y adoración impía, tenía que ser resistido como Anticristo. En la segunda parte expuso la auténtica idea del episcopado y de la ordenación evangélica, y que la obligación de lealtad a los obispos sujetos al papa refuerza la doctrina impía y la falsa adoración. Este tratado, tras ser considerado y aprobado por los Estados, fue suscrito, juntamente con la Confesión y Apología de Augsburgo, por los teólogos asistentes.
En el Libro de Concordia.
Los artículos de Lutero serían leídos ante la convención el 18 de febrero, pero, debido a su enfermedad, no tuvo lugar. Finalmente, cuando todos los asuntos habían sido tratados, Bugenhagen extendió la invitación a firmar los artículos de Lutero; pero como Martín Bucero declinó hacerlo, no porque encontrara ninguna objeción sino porque no estaba autorizado, y otros siguieron su ejemplo, el asunto se abandonó en pro de la paz. Los teólogos asistentes y otros posteriormente estamparon sus firmas simplemente para dar constancia por escrito de su expresión de concordia individual, sin pensar, al ser rechazado el concilio, publicar una documento confesional de la Liga de Esmalcalda. Un año más tarde Lutero publicó su documento con un prefacio más largo y varias ampliaciones de los artículos y deducciones más estrictas. Evidentemente no bien informado de lo que se respiraba en Esmalcalda durante su enfermedad, Lutero estimó sus artículos como un instrumento oficial. En el prefacio los presentaba adoptados, conocidos y resueltos por su facción como instrumento de defensa ante el concilio. Esto pudo contribuir a que, aunque el tratado de Melanchthon quedó restringido más y más a un segundo plano, los artículos de Lutero tuvieran mayor estimación. En primer lugar fueron colocados en el mismo plano que la Confesión de Augsburgo por los teólogos de Hesse en 1544. Cuando el elector regresó de la cautividad destacó que toda la confusión dogmática se podía haber evitado, si el acuerdo propuesto en Esmalcalda en 1537 hubiera sido respaldado. En las controversias de la quinta década, se hizo más evidente clasificarlos con las confesiones formales, siendo expresión del luteranismo más genuino, para combatir las opiniones filipistas reales o supuestas. Adoptados en casi todos "los cuerpos de doctrina" comenzando con Brunswick, 1563, se entendió que habían recibido reconocimiento por los autores de la Fórmula de Concordia, mientras que el tratado de Melanchthon, cuya autoría parece que había sido olvidada, se colocó en el apéndice de los artículos de Esmalcalda en el Libro de Concordia. Los artículos de Lutero escritos en alemán fueron traducidos por el danés Petrus Generanus al latín, Articuli a Reverendo D. Doctore Martino Luthero scripto, Anno 1538 (Wittenberg, 1541; edición mejorada, 1542).