Historia
ETÍOPE, IGLESIA
- Historia tradicional
- Introducción del cristianismo
- Estrecha relación con Egipto en doctrina
- El canon y el credo
- Organización de la Iglesia
- Creencias y prácticas
- Los falashas
- Misiones cristianas

La tradición nativa atribuye el nombre del país y la fundación del Estado a Etiop, hijo de Cus, hijo de Cam. La reina de Saba que visitó a Salomón se identifica con una reina abisinia, Makeda, diciéndose que su visita desembocó en la conversión del pueblo al judaísmo. La tradición continúa diciendo que tuvo un hijo de Salomón, Menelik, quien fue educado en Jerusalén por su padre. Luego regresó a la antigua capital, Axum, trayendo con él sacerdotes judíos y el arca, que fue llevada del templo de Jerusalén y depositada en la capital etíope, afirmándose que desde entonces los etíopes han sido gobernados por una dinastía salomónica, habiéndose quebrado la sucesión sólo aquí y allá por usurpadores y conquistadores. Por supuesto, todo esto no tiene valor histórico. Que el judaísmo precediera al cristianismo no se demuestra por la observancia de ciertas costumbres judías (tales como la circuncisión, las leyes mosaicas de alimentos, el sábado, etc.); todo eso pudo ser introducido desde el antiguo Egipto o la Iglesia copta. Sin embargo, hay una emigración judía que pudo haber tenido lugar, como se demuestra por la presencia en el país de numerosos judíos, los llamados falashas, pero el tiempo, manera y magnitud de esta emigración no pueden fijarse.
Introducción del cristianismo.
No hay una tradición nativa independiente de la conversión de los etíopes al cristianismo. Según los historiadores eclesiásticos griegos y romanos (Rufino, i. 9; Teodoreto, i. 22; Sócrates, i. 19; Sozomeno, ii. 24), en el tiempo de Constantino el Grande (hacia 330), Frumencio y Edesio, acompañaron al tío del primero desde Tiro en un viaje por el Mar Rojo. Naufragaron en la costa etíope y fueron llevados por los nativos a la corte en Axum. Allí se ganaron la confianza y el respeto, siéndoles permitido predicar el cristianismo. Edesio regresó poco después a Tiro, pero Frumencio continuó la obra, yendo a Alejandría, donde Atanasio ocupaba la sede patriarcal, logrando colaboradores misioneros y siendo consagrado por Atanasio obispo y cabeza de la Iglesia etíope con el título de Abba Salama, "Padre de la paz", que todavía está en uso junto con el posterior abuna (padre nuestro). No es improbable que el cristianismo fuera conocido a los etíopes antes del tiempo de Frumencio (cuya fecha ha sido fijada por Dillmann en 341); pero él es considerado el fundador de la Iglesia etíope. En los siglos quinto y sexto la misión recibió un nuevo impulso por la inmigración de monjes (monofisitas) del alto Egipto.
Estrecha relación con Egipto en doctrina.
La estrecha conexión entre la Iglesia etíope y Egipto es muy evidente en la esfera de la doctrina. Igual que la Iglesia copta, la etíope sostiene una idea monofisita de la persona de Cristo. Esta cuestión quedó resuelta hace mucho, pero todavía se debate si Cristo tuvo un doble o triple nacimiento. Los abunas y la mayoría de los sacerdotes sostienen la idea doble, que es la más puramente monofisita. La triple fue introducida por un monje a principios del siglo XIX y es prevaleciente en Shoa (el distrito sudoriental y meridional). También las cuestiones de la persona y dignidad de María, si ella realmente engendró a Dios, o fue solamente la madre de Jesús; si tiene el mismo derecho de adoración que Cristo, etc., son vehementemente discutidas, aunque parece que la idea general es que una adoración casi divina se debe a la Virgen y que ella y los santos son mediadores indispensables entre Cristo y el hombre. Algunos incluso afirman que los santos, que no murieron por sus propios pecados, lo hicieron como Cristo por los pecados de otros.
El canon y el credo.
Los libros eclesiásticos están todos en la lengua ge'ez, que es una lengua muerta, estudiada sólo por los sacerdotes y no entendida a través de ellos. El canon etíope, llamado Semanya Ahadu, "Ochenta y uno", porque consiste de 81 libros sagrados, comprende, además de los 66 libros del canon usual, los apócrifos, las cartas de Clemente y el Synodus (que contiene los decretos del concilio apostólico de Jerusalén). Sin embargo, sólo se hace una ligera diferencia entre este canon y algunas otras obras de literatura eclesiástica, como la Didascalia o las Constituciones Apostólicas; la Haimanot-Abo, que proporciona citas de los concilios y los Padres; los escritos de los Padres orientales, Atanasio, Cirilo y Crisóstomo y el Fetha-Nagast, el libro real de la ley. En su conjunto, la tradición de la Iglesia tiene la misma autoridad que las Escrituras. De los concilios, sólo se reconocen los anteriores al de Calcedonia (451), porque en Calcedonia se condenó la herejía monofisita. El Credo de los Apóstoles se desconoce, usándose el niceno.
Organización de la Iglesia.
A la cabeza de la Iglesia está el abuna, que reside en Gondar. Es nombrado por el patriarca copto de El Cairo y según una ley que data del siglo XIII, ningún etíope, sino sólo un copto, puede ser abuna. Es el único que tiene derecho a ungir reyes y ordenar sacerdotes y diáconos. Tanto en asuntos seculares como eclesiásticos tiene gran poder. Los deberes de los sacerdotes son dirigir el servicio divino tres o cuatro veces al día y durante tres o cuatro horas en domingo, atender a los asuntos de la Iglesia y purificar las casas y utensilios. Sacerdotes, monjas y estudiosos celebran la comunión cada mañana. Los diáconos cuecen el pan de la comunión y realizan deberes menores. Cualquiera que pueda leer puede ser ordenado diácono y a un sacerdote se le exige meramente que recite el credo niceno. Sin embargo, para aprender las largas liturgias se necesitan años. Es normal casarse antes de la ordenación, ya que el matrimonio no se permite después. Además de sacerdotes y diáconos, la Iglesia tiene su alaka, que cuida de la propiedad y se ocupa de los asuntos seculares. Los debturas cantan en el servicio divino y las iglesias más grandes tienen un komofat, que resuelve las disputas entre el clero. Además del clero secular está el monástico, bajo la dirección del Etsh'ege, quien está después del abuna y decide muchas cuestiones eclesiásticas y teológicas junto con él. El número de monjes y monjas (que viven bajo la regla de Pacomio) es muy grande. Una parte de sus deberes es la educación de los jóvenes. Los edificios eclesiásticos son extremadamente numerosos, generalmente pequeños, bajos, de estructura circular, con un techo cónico y cuatro puertas, una hacia cada punto cardinal. Rodeando el edificio hay un atrio, ocupado durante el servicio por los laicos y que a veces sirve de noche como lugar de refugio para caminantes. El interior, en ocasiones sucio y descuidado, se divide en dos secciones: el santo, para los sacerdotes y diáconos y el Santo de los santos, donde está el arca. Este arca es el principal objeto en la iglesia. Ni los diáconos, ni los laicos ni los no cristianos se atreven a tocarla, pues si lo hicieran la iglesia y el cementerio adyacente quedarían contaminados y deberían ser purificados. Cuadros de numerosos santos, la Virgen, los ángeles y el diablo adornan el interior, pero las estatuas están prohibidas. Hay cruces, pero no crucifijos.

Fuego sagrado, iglesia del Santo Sepulcro
El culto consiste en el canto de salmos, recitación de partes de la Biblia y la liturgia y oraciones, especialmente a la Virgen y a los santos hacedores de milagros; creen que cada uno tiene un espíritu guardián y por tanto veneran a los ángeles. El arcángel Miguel es considerado especialmente santo. Dividen a los ángeles buenos en nueve clases, que originalmente eran diez, pero una cayó bajo Satanás. Se preservan las reliquias y se veneran como en la Iglesia católica. Tienen dos sacramentos, el bautismo y la comunión. Se bautizan adultos y niños, los primeros por inmersión, los últimos mediante aspersión. A los niños se les bautiza 40 días después del nacimiento, a las niñas a los 80. El propósito del bautismo es el perdón de los pecados. La comunión va precedida por un riguroso ayuno, trayéndose ofrendas de incienso, aceite, pan y vino. Se guarda el sábado y el domingo, habiendo en total unos 180 días sagrados en el año. El ayuno, observado con gran rigor, juega un papel prominente en la disciplina, siendo nominalmente la mitad de los días del año días de ayuno.
Los falashas.
No todos los habitantes de Etiopía son cristianos y no todos los cristianos pertenecen a la Iglesia estatal. Los zalanas, una tribu nómada, se consideran judíos y se mantienen a distancia de los cristianos, aunque son descritos como cristianos. Los chamantes se bautizan y tienen sacerdotes cristianos, pero en realidad son casi paganos y celebran muchos ritos totalmente paganos. Los auténticos judíos, los falashas, vivían en la orilla septentrional del lago Tsana, en las inmediaciones de Gondar y Shelga, donde se dedicaban a la agricultura y el comercio. Son notablemente más industriosos que los cristianos, pero también más ignorantes y espiritualmente melancólicos. Muchos de ellos emigraron a Israel en los años ochenta del siglo XX. El islamismo está haciendo progresos. Para diferenciarse de los no cristianos, los cristianos reciben en el bautismo un cordón de seda o algodón azul, llamado mateb, que siempre llevan alrededor del cuello.
Misiones cristianas.
La primera obra misionera que la Iglesia occidental acometió en Etiopía fue la misión jesuita de 1555, que trabajó allí durante casi un siglo; pero la actividad misionera de los jesuitas estaba profundamente mezclada con la política del país y su principal propósito parece haber sido establecer la autoridad de la Iglesia católica. Al final consiguieron su objetivo. Tras una terrible masacre de la facción opositora, el rey Sasneos declaró a la Iglesia católica Iglesia del Estado. Sin embargo, en 1640, los jesuitas, con su arzobispo católico, fueron obligados a salir del país y la antigua religión con su antigua Iglesia fue restablecida. Con el nuevo abuna, tras ese interregno católico, llegó al país un misionero protestante, Peter Heyling, de Lübeck, aunque su gran celo sólo produjo pequeños resultados. La Church Missionary Society tuvo más éxito en la primera mitad del siglo XIX. La circunstancia de que un piadoso monje etíope, Abi-Ruch o Abreka, quien había sido guía del viajero Bruce, tradujera toda la Biblia a la lengua amhárica (1808-18), proporcionó la primera ocasión para este intento. La British and Foreign Bible Society compró e imprimió la traducción y en 1830 los misioneros Gobat y Kugler fueron enviados a Etiopía. El segundo fue sucedido por Isenberg y Gobat por Blumhardt en 1837. Más tarde llegó Krapf. La obra fue parcialmente expoliada por la oposición de los sacerdotes nativos y las intrigas de católicos recién llegados, siendo expulsados los misioneros en 1838. Krapf pasó tres años en Shoa, pero fue expulsado en 1842. Los católicos fueron expulsados en 1854. En 1858 un sacerdote copto, quien había frecuentado la escuela de un misionero protestante en Alejandría y favorecía la misión protestante, fue hecho abuna, y la St. Chrischona Society de Basilea envió varios misioneros protestantes al país. Trabajaron con considerable éxito, pero las perturbaciones del reinado de Teodoro los hostigaron y casi destruyeron su obra. Fueron encarcelados y liberados únicamente tras la victoria de los británicos.
Desde ese tiempo, se han hecho intentos misioneros en Etiopía. Los suecos tuvieron uno o dos puntos en el país y también los católicos retomaron sus esfuerzos. Hay un vicario apostólico para Etiopía y una Iglesia uniata geez, cuenta con varios miles de miembros.
Bibliografía:
Makrisi, Historia Coptorum Christianorum, ed. T. Wüstenfeld, Göttingen, 1845; H. Ludolf, Historia æthiopica and Commentarius, Frankfort, 1681, 1693; J. Lobo, Voyage d’Abyssinie (traducción inglesa, with continuation of the history of Abyssinia . . . by M. L. Grand, . . . Londres, 1735; J. Stæcklein, Allerhand so Lehr- als Geist-reiches Brief, schriften und Reis-Beschreibungen . . . von denen Missionariis der Gesellschaft Jesu, I. viii., Augsburgo, 1728; V. de la Croze, Histoire du Christianisme d’Ethiope, . . . La Haya 1739; J. Bruce, Travels to Discover the Sources of the Nile, 1768-1773, Edimburgo, 1790; G. A. Hoskins, Travels in Ethiopia, Londres, 1835; C. W. Isenberg y J. L. Krapf, Journals detailing their Proceedings in the Kingdom of Shoa, Londres, 1843; C. W. Isenberg, Abessinien und die evangelische Mission, Bonn, 1844; J. L. Krapf, Travels in East Africa, Londres, 1860; idem, Travels and Missionary Labours in Africa and Abyssinia, ib. 1867; Lady Mary E. Herbert, Abyssinia and its Apostle, ib. 1868; J. M. Flad, The Falashas of Abyssinia, ib. 1869; idem, Zwölf Jahre in Abessinien, 2 vol., Basilea, 1869-87; A. Dillmann, Die Anfänge des axumitischen Reiches, Berlín, 1879; A. Raffray, Les Églises monolithes de la ville de Lalibéla, París, 1882; T. Waldmeier, Autobiography, Londres, 1890; J. T. Bent, The Sacred City of the Ethiopians, ib. 1893; A. B. Wylde, Modern Abyssinia, ib. 1901; H. Vivian, Abyssinia, ib. 1901; M. Fowler, Christian Egypt, cap. vii., ib. 1901: J. A. Giles, Codex apocryphus Novi Testamenti, ib. 1852; E. Trumpp, Das Taufbuch der æthiopischen Kirche, Munich, 1878; C. A. Swainson, Greek Liturgies, Cambridge 1884; C. von Arnhard, Liturgie zum Tauf-Fest der æthiopischen Kirche, Munich, 1888.