Historia

EUCARISTÍA

Eucaristía es un término empleado para la celebración de la Cena del Señor, especialmente en la Iglesia primitiva, a la que este artículo se reduce.

Plato bizantino para el pan de la comunión
Plato bizantino para el pan de la comunión
Sin embargo, en la literatura cristiana antigua la palabra también se aplicó (1) a la oración de acción de gracias pronunciada sobre los elementos (en el este; sólo una vez en el occidente latino, Tertuliano, De oratione, xxiv); (2) a los elementos mismos; (3) por extensión del significado a cualquier elemento consagrado o sacramentum, como en Cipriano, Epist. lxx. 2, al óleo consagrado. La aplicación a la celebración completa de la Cena continuó sólo mientras fue una comida (comp. especialmente Ignacio), reapareciendo luego sólo en la Edad Media.

Combinación del ágape vespertino y el servicio matutino.
La celebración eucarística de la Iglesia primitiva experimentó un importante cambio hacia mediados del siglo segundo. Originalmente, ya fuera una comida comunitaria o en relación con una comida, formó una observancia separada que tuvo lugar por la tarde, mientras la congregación se reunió por la mañana para escuchar la Palabra. En la fecha mencionada esas dos celebraciones se fundieron en un servicio, un cambio que hizo posible el desarrollo de la misa posterior y que todavía ejerce influencia incluso en los conceptos litúrgicos protestantes. El primer testigo de esta combinación de la eucaristía con el servicio matinal es Justino (I Apol. lxv-lxvii, escrita c. 150). Aunque la famosa carta de Plinio (x. 96, c. 113) atestigua sobre la prevalencia de la antigua costumbre en Bitinia, la Didaché (ix, x) al menos para Egipto, y Clemente (1 Cor. xliv) para Roma, Justino muestra la nueva costumbre ya universalmente adoptada, aun cuando la antigua existió durante un tiempo junto a ella. Las bases para el cambio se han buscado en las calumnias de los paganos, que acusaban a los cristianos con la comisión de abominaciones odiosas en sus ágapes. Pero se trata de una improbable teoría, pues ambos, el ágape vespertino y las calumnias paganas, continuaron después de eso. Es más probable que razones religiosas y prácticas produjeran el cambio. La manera más antigua de celebrar la eucaristía amenazó la unidad de la iglesia local y no concordaba con la creciente importancia del sacerdocio. Donde esas reuniones se habían celebrado a veces independientemente en casas privadas, prevaleció el aforismo de Ignacio: "No hay eucaristía legítima sin el obispo" (Smyrn. viii. 1). En el servicio matinal el clero se reunía y se leían las Escrituras solemnemente, lo cual suponía un centro de unidad para la iglesia local y siendo el desarrollo religioso suplido por el cambio, así como por la dificultad práctica de reunir a una asamblea ampliamente dispersa para ambos servicios.

El desarrollo litúrgico antiguo.
Al estudiar el desarrollo litúrgico, la primera etapa está envuelta en la oscuridad. Aparte de las narraciones de los evangelios sobre la institución de la Cena, las únicas fuentes son Por tanto, cuando os reunís, esto ya no es comer la cena del Señor,[…]1 Corintios 11:20 y sig. y los capítulos noveno, décimo y decimocuarto de la Didaché. La interpretación tradicional del pasaje paulino (sostenida por Harnack, Zahn y otros) contempla la eucaristía como la conclusión de una comida tenida en común o ágape. Una idea posterior, sostenida por Jülicher, Spitta, Haupt y Hoffmann, sostiene que el pasaje se refiere a una comida sencilla, designada en conjunto por el nombre "Cena del Señor." Esta teoría es confirmada por el hecho de que Ignacio usa el término ágape y eucaristía indiscriminadamente para la misma fiesta sagrada (Smyrn. viii. 2, vii. 1; Rom. vii. 3; tal vez también Philad. iv; Eph. xiii. 1). Pero queda aún la cuestión abierta en cuanto a la manera en que esta fiesta fue dirigida. Ya que Cristo no había dejado instrucciones precisas, los primeros cristianos eran libres de ordenar su eucaristía como mejor les pareciera. Lo más natural era seguir las tradiciones de las comidas sagradas del judaísmo. De ellas la elección más natural habría sido la cena de Pascua, si se asume que la institución tuvo lugar en esta ocasión; pero ni esta presunción, ni 1 Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo. 2 Os alabo porque en todo os acordáis de mí y guardáis las tradiciones con firmeza, tal como yo os las entregué. 3 Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de[…]1 Corintios 11, ni la Didaché muestran relación entre ambas. Parece más probable que se buscó un modelo en la mayoría de esas observancias comunes, celebrándose la comida del sábado en cada casa judía al principio del sábado, el viernes por la noche. Podemos hacernos una idea a partir de la Mishná (especialmente Berakot vi-viii), que muestra que estaba marcada por la unidad y caracterizada por la participación de una copa y un pan bendecidos. Al principio de la comida la copa, bendecida con oración por uno de la familia, preferiblemente el padre, era pasada, aunque esta bendición podía venir posteriormente y, de hecho, se prescindirá de la copa totalmente. Entonces el pan era bendecido y partido, siendo comido durante la comida, siguiendo una acción de gracias a la que la compañía respondía con "amén" y tras la comida, en la cual ningún "extranjero" podía participar, había otra acción de gracias. La dependencia de la forma eucarística respecto a esta observancia está apoyada por la Didaché, donde (ix, x) se encuentra la misma secuencia de costumbres: tras el acto de reconciliación venía la denominada exomologesis (xiv), la bendición de la copa y el pan por una corta oración (ix), la participación común (griego emplesthenai, x. 1) y una acción de gracias final (x). Las fórmulas de bendición son de hecho puramente cristianas, pero la doble bendición de la copa y el pan y colocar la copa primero señalan claramente un origen judío. Igual que la comida del sábado, la ceremonia completa es una; la pretensión de Zanh, Weizsäcker y Haupt de que las oraciones por el ágape se hallan en el capítulo ix y las de la eucaristía en el x no pueden sostenerse. La participación de los elementos consagrados no era (como se ha supuesto de una mala interpretación de 1 Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo. 2 Os alabo porque en todo os acordáis de mí y guardáis las tradiciones con firmeza, tal como yo os las entregué. 3 Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de[…]1 Corintios 11) el final sino el acto inicial; era la bendición del pan y del vino lo que hacía a la comida "la Cena del Señor." Investigando cómo la unidad quedó disuelta, parece que la recepción de los elementos consagrados al principio se hizo más y más la cuestión principal, mientras que, por otro lado, la comida posterior se convirtió más y más en un ágape, o acto de caridad por parte de los creyentes ricos hacia sus hermanos pobres. Esto, privado de su acompañamiento más importante, para lo que la posterior eulogia ofrecía un equivalente insuficiente, decayó y pereció gradualmente, mientras que la eucaristía sobrevivió con poder en su nueva forma, tomando precedencia en el servicio de la lectura de las Escrituras y la predicación y finalmente, como misa, se convirtió en el acto supremo de adoración.

Laicos llevando las primicias a la iglesia. Additional MS 20787, f. 104v.
Laicos llevando las primicias a la iglesia.
Additional MS 20787, f. 104v.
El servicio en tiempo de Justino y posteriormente.
Pero mientras tanto, cuando estuvo unida con el otro servicio, el de la lectura de la Escritura y la oración, tomó naturalmente las formas esenciales que hasta ese tiempo la habían constituido. Algunos notables cambios tuvieron lugar; las dos oraciones de bendición sobre los elementos se fundieron en una y la ofrenda del pan y del vino, por miembros de la Iglesia, tomó ahora la dignidad de una función litúrgica. El orden de las diversas partes de este período lo sabemos por Justino: (1) El beso de paz; (2) la oblación (griego prosphora); (3) la oración eucarística del "presidente" (griego proestos), es decir, el obispo, con intercesiones y la respuesta "amén"; (4) la comunión; (5) el pago de la contribución (stips) de la congregación y la distribución a los pobres. Esto último se abandonó en tiempos posteriores y se añadió un responso (prefacio), que puede, de hecho, haber sido usado ya en tiempos de Justino, aunque no lo menciona. El mismo método se muestra en Tertuliano y Cipriano. También, hacia el año 348, Cirilo de Jerusalén describe sustancialmente el mismo orden: (1) Lavado de manos del obispo y presbíteros; (2) beso de paz; (3) prefacio con el Trisagion y Epiklesis, o invocación del Espíritu Santo; (4) intercesiones; (5) oración del Señor; (6) comunión y (7) oración final.

La oblación.
Tras el beso de paz venía la oblación, que era realizada por los diáconos recibiendo las ofrendas y llevándolas al obispo. Cuando eran muy numerosas se necesitaban mesas, que estaban a cada lado del altar, para ponerlas encima. Además del pan y el vino se presentaban otros tipos de alimentos, como leche, aceite, miel, etc., que se usaban para ayudar a los pobres. Esas ofrendas se bendecían y los donantes eran mencionados por nombre. Al languidecer la primitiva generosidad espontánea y tomarse el Antiguo Testamento progresivamente como modelo, se requirió la ofrenda de toda clase de primicias. La interrupción en el servicio al traer esas diversas ofrendas dio origen a algunos intentos para limitarlas, a principios del siglo cuarto, a pan y vino u otros elementos usados en las funciones eclesiásticas, tal como aceite para la santa unción, leche y miel para la recepción de los neófitos y semejantes. En el tiempo de Crisóstomo apenas nada sino pan y vino se traía (comp. Agustín, Serm. lxxxii. 3, 5) y la ofrenda no era hecha cada domingo por todos los miembros, sino en festividades especiales y en honor de los fallecidos. La Iglesia proporcionó el pan y el vino de sus propios recursos.

Fresco del siglo V en Nápoles
Fresco del siglo V en Nápoles
Las oraciones.
La oración central (originalmente oraciones), como se aprecia en la Didaché (ix), al principio contenía la acción de gracias tanto por la nutrición física como por la espiritual, en libre actuación de las fórmulas ordinarias judías ya mencionadas. Posteriormente esta oración fue partida por el Trisagion (de Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el SEÑOR de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria.[…]Isaías 6:3), cantado por la congregación. Tertuliano es la primera evidencia de esto; Orígenes parece haberlo conocido; en el tiempo de Atanasio estaba en uso general aunque no universal, tanto en el este como del oeste. Probablemente surgió en Siria, donde la liturgia muestra una auténtica conexión orgánica con la oración a la que seguía. Esta oración usualmente contiene una acción de gracias por los beneficios de la redención, desembocando en una recitación de las palabras de la institución. Que eso formaba parte de la antigua liturgia cristiana no puede concluirse satisfactoriamente de Porque yo recibí del Señor lo mismo que os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan,[…]1 Corintios 11:23 y sig., pero es posible que la costumbre fuera conocida por Justino, como ciertamente lo era por Orígenes, Cipriano, Cirilo de Jerusalén y Crisóstomo y ninguna antigua liturgia ha sido preservada que no contenga esas palabras. Bajo la influencia de Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que El venga.[…]1 Corintios 11:26 seguía lo que fue llamado la anamnesis o conmemoración y luego la anaphora, en la que los elementos consagrados eran ofrecidos a Dios, viniendo a continuación la epiklesis. La consagración auténtica nunca se consideró que tuviera lugar por las palabras de la institución sola, antes de Agustín y Ambrosio, sino que se atribuía a toda la oración eucarística, aunque también se encuentra la idea de que la epiklesis tiene este poder. Si originalmente la exomologesis o reconocimiento del pecado precedía o seguía a la adoración eucarística no se puede determinar; posteriormente vino después y estuvo usualmente relacionada con la epiklesis. A partir del siglo tercero o cuarto, seguía una gran intercesión por toda la Iglesia. Se encuentra en Cirilo de Jerusalén y en otros, pero no en Tertuliano o Cipriano. También tuvo su origen probablemente en Siria, ya que no se encuentra en la liturgia egipcia más antigua conocida. El uso del Padrenuestro como parte de la liturgia parece haber sido conocido por Tertuliano y Cipriano, pero ciertamente es atestiguado en primer lugar por Cirilo de Jerusalén, Crisóstomo, Agustín y Jerónimo. No se menciona en las Constituciones Apostólicas.

La comunión.
La auténtica comunión, en tanto la eucaristía tuvo forma de comida, se realizaba pasando los elementos consagrados de mano en mano. Cuando se convirtió en un acto formal iba precedido (demostrado ya a finales del siglo segundo) por el obispo diciendo: "Las osas santas para las personas santas" (de la Septuaginta, Y será para Aarón y para sus hijos, y lo comerán en un lugar santo; porque lo tendrá como cosa muy sagrada de las ofrendas encendidas para el SEÑOR, por derecho perpetuo.[…]Levítico 24:9; comp. No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las huellen con sus patas, y volviéndose os despedacen.[…]Mateo 7:6). La congregación respondía: "Uno sólo es santo" etc., y entonces se acercaba al altar donde recibía los elementos en sus manos, de pie. Se ponía gran cuidado para impedir que una partícula del pan santificado o una gota de vino consagrados cayeran al suelo; en la recepción del primero era usual poner la mano izquierda bajo la derecha en forma de cruz. Se prescribía el cuidadoso lavamiento de manos antes de la comunión y Cirilo de Jerusalén instruye a sus catecúmenos para que reciban el cáliz inclinados. La distribución de los elementos era realizada en tiempos de Justino por los diáconos; pero esta función se retiró de ellos ante el crecimiento gradual de la reverencia por los elementos y la creencia en la dignidad y poder sacerdotal. En una etapa de transición los diáconos se encuentran en algunos lugares al cargo de la administración del cáliz, como menos importante. Es incierto cuándo entró una fórmula concreta de administración, aunque no hay huellas en la era apostólica. La más antigua fue la simple declaración Hoc es corpus Christi, Hic est sanguis Christi. En las Constituciones Apostólicas (VIII, xiii. 4) aparece "cuerpo de Cristo" para el pan y "sangre de Cristo, copa de vida" para la copa. En Marcos el Ermitaño (c. 410) ocurre una fórmula más larga: "La santa sangre de Jesucristo para vida eterna" y en la Galia del siglo séptimo hay una todavía mayor: "El cuerpo y la sangre de nuestro Señor te otorguen la remisión de pecados y la vida eterna" (concilio de Rouen, canon ii). Cada participante respondía "amén", como expresión de fe. Que el uso más antiguo fue dar la copa primero y luego el pan se muestra por la Didaché y posiblemente por Y habiendo tomado una copa, después de haber dado gracias, dijo: Tomad esto y repartidlo entre vosotros;[…]Lucas 22:17 y La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la participación en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la participación en el cuerpo de Cristo?[…]1 Corintios 10:16.

Sólo los cristianos bautizados podían recibir la comunión, siendo ésta una práctica universal desde el principio. Los herejes, cismáticos e impenitentes sin reconciliar quedaban excluidos, aunque era dada a veces a los lapsed al morir. Era práctica general darla a los niños. La costumbre de ponerla en la boca de personas muertas debe haber estado profundamente arraigada, a juzgar por el número de concilios que se vieron en la necesidad de prohibirla. El ayuno antes de la comunión es una práctica antigua y bastante universal; de hecho una ley eclesiástica, a la que se refirió Agustín como mandato apostólico; se hizo una excepción el Jueves Santo, cuando la eucaristía se celebraba por la tarde. Se puso mucho énfasis, siguiendo "Pero la persona que coma la carne del sacrificio de las ofrendas de paz que pertenecen al SEÑOR, estando inmunda, esa persona será cortada de entre su pueblo.[…]Levítico 7:20 y De manera que el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor.[…]1 Corintios 11:27, en la pureza del cuerpo y el alma como preparación para la comunión. Crisóstomo, quien subraya especialmente este punto, exige una preparación particular mediante la penitencia, oración, limosna y ejercicios espirituales, durante varios días.

Frecuencia de la celebración.
En cuanto a la frecuencia de la celebración lo más que se puede decir para la época antigua con alguna certeza es que sucedía al menos cada domingo, habiendo pruebas de ello en el siglo segundo. La tendencia fue hacia una frecuencia mayor, señalándose los días de observancia religiosa (sábados, días de ayuno, aniversario de mártires). La celebración diaria se hizo costumbre en el oeste a principios del siglo tercero en África, lo que evidencia Cipriano; en Roma como poco en el tiempo de Jerónimo, o mucho antes si aceptamos como genuinos los fragmentos sobre Proverbios atribuidos a Hipólito. Jerónimo da la misma evidencia para España; Casiano para Galia; Ambrosio para Milán. En el este (salvo Egipto), el sábado y domingo eran los días regulares. Pero también aquí comienza a prevalecer una frecuencia mayor. Según Basilio (Epist. xciii) la norma en Cesarea de Capadocia fue cuatro veces a la semana, aunque él deseaba verla diariamente. En Egipto y Tebaida la celebración del domingo permaneció como norma durante largo tiempo, aunque una expresión de Cirilo de Alejandría indica que en su tiempo se estaba introduciendo la práctica occidental.

Los elementos.
Los elementos usados en la eucaristía eran pan y vino, en todas partes de la Iglesia. El pan era de harina con levadura común, hecho en pequeñas hogazas redondas, con una incisión cruciforme para facilitar partirlo. El vino, blanco o tinto, estaba mezclado con agua. Cipriano menciona (Epist. lxiii) la recepción de agua pura sin vino como una costumbre africana ampliamente esparcida. Pero esta práctica, que no es primitiva ni está basada en principios ascéticos sino simplemente en una insistencia exagerada en la costumbre prevaleciente de no beber vino por la mañana, nunca se difundió y desapareció completamente. Leche, miel y sal se usaron en varios momentos (para la sal comp. las homilías clementinas, xiv. 1). El uso de leche y miel se mencionan primero en relación con la comunión de los neófitos. Una costumbre similar, una purificación por miel, se hace en el culto de Mitra; pero difícilmente pudo haber pasado de esa fuente al uso cristiano si pasajes como para confirmar el juramento que juré a vuestros padres, de darles una tierra que mana leche y miel, como lo es hoy.'" Entonces respondí y dije: Amén, SEÑOR.[…]Jeremías 11:5 (comp. también Todos los sedientos, venid a las aguas; y los que no tenéis dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad vino y leche sin dinero y sin costo alguno.[…]Isaías 55:1) no parecen recomendarla. De la comunión de los neófitos la costumbre se esparció a un uso más general; algunas veces la miel se mezclaba con vino (concilio de Auxerre, 585 o 578, canon v); o la miel sustituía al vino, como en las antiguas provincias españolas de Galicia y Asturias, donde el vino era escaso (cuarto concilio de Braga, hacia 675, canon ii; también el canon lvii del segundo concilio de Trullo, 692).

Diversas costumbres.
Una recepción regular cada domingo fue indudablemente la costumbre normal en la época primitiva. Esto es evidente por la declaración de Justino (I Apol. lxvii) de que los elementos consagrados eran llevados por los diáconos a las casas de aquellos que no podían estar presentes en la celebración. La práctica de la participación de la congregación en conjunto, que continuó hasta el siglo tercero, desapareció con sorprendente rapidez en el cuarto. Crisóstomo se queja más de una vez de los pocos participantes; Eusebio de Emesa amonesta a aquellos que dejan la iglesia antes de la comunión, siendo tales personas amenazadas con excomunión por los Cánones Apostólicos (ix) y el concilio de Antioquía (341, canon ii). En el este prevaleció gradualmente la costumbre de recibir el sacramento sólo una vez al año, siendo Pascua y Epifanía los días más usuales. En el oeste la comunión frecuente fue lo usual. No pocos concilios antiguos en Galia y España (por ejemplo, Elvira, 305, Toledo, 398 o 400; Agde, 506) amenazaron con castigos a los que se abstuvieran de la comunión; pero esto iba dirigido contra las sectas crípticas, cuyos miembros venían a la iglesia, pero tenían su propia comunión en sus reuniones secretas.

Parece que fue primero en el oeste donde surgió la costumbre de llevar al hogar fragmentos del pan consagrado o la porción completa recibida, en cajitas especiales llamadas arcæ (Tertuliano, Cipriano). Basilio atestigua sobre la existencia de la misma costumbre en Egipto, que debe haberse esparcido rápidamente. Con esas partículas se realizaba una especie de celebración doméstica (concilio de Laodicea, canon lviii; de Gangra, hacia 350, canon x; de Toledo, 400, canon xiv). También eran llevadas por la persona como protección contra peligros, como muestra la evidencia de Ambrosio y Gregorio de Nacianzo. A los enfermos y prisioneros se llevaba la eucaristía no sólo por los sacerdotes sino también por los laicos e incluso mujeres.

La conmemoración de los aniversarios de los mártires tenía lugar en sus tumbas y difícilmente pudo consistir en algo que no fuera la eucaristía. La costumbre se hizo más general en el siglo cuarto, construyéndose altares sobre las tumbas. La práctica debió también haber surgido pronto en la conmemoración de otros muertos, ya sea al tercer (noveno, cuadragésimo) día tras la muerte o en el aniversario.

Las sectas heréticas.
En cuanto a la celebración eucarística entre las sectas antiguas no ha llegado mucha información. La más conocida es sobre los gnósticos. En la Pistis Sophia se da una descripción de una función que difícilmente se puede identificar con la eucaristía o el bautismo, pues los dos sacramentos se han fundido en uno. Más cercana sustancialmente a la práctica de la Iglesia era la celebración descrita en los Hechos de Tomás y los Hechos de Juan; aquí la eucaristía es una función independiente, separada del ágape y que tiene lugar por la mañana, pero no relacionada con la lectura de la Escritura y la predicación; aquí también aparece la oblación, la oración de consagración, el partimiento del pan y la administración con una fórmula definida, a la que el receptor responde con "amén." Pero hay duda sobre hasta dónde esos escritos originalmente gnósticos han sido cambiados por la revisión católica. La consagración entre los gnósticos era efectuada no por la recitación de las palabras de la institución, sino por una oración (de acción de gracias en los Hechos de Juan, de súplica a Cristo, por una bendición de la fiesta en los Hechos de Tomás, mientras que hay una epiklesis en Ireneo I, xiii. 2 y en otras parte de los Hechos de Tomás). Lo que se sabe de la eucaristía entre las otras sectas se reduce casi enteramente a los elementos usados por ellas. El agua reemplazó al vino muy generalmente fuera de los círculos gnósticos. Epifanio relata que algunas sectas (Encratitæ, Apostolici) usaban pan, sal y agua, afirmando él y Agustín que los montanistas usaban pan y queso, sin vino, costumbres que señalan a la costumbre original de la eucaristía como auténtica comida.