Historia

EVOLUCIÓN

Evolución (o evolucionismo) es la idea de que el mundo y todo lo que contiene no fue establecido de una vez por todas, sino que está en un estado de perpetuo movimiento y desarrollo.

Ilustración de Alfred Kubin
Ilustración de Alfred Kubin
Alcance del término.
Como teoría metafísica la evolución se ha de distinguir de la doctrina de la emanación, porque según ésta el principio primordial permanece inmutable en cantidad y cualidad a pesar de todo efluvio y desarrollo procedente del mismo, mientras que según la teoría del desarrollo en su totalidad lógica nada queda excluido del proceso de desarrollo o cambio, ni siquiera el principio original mismo, si el tal es asumido. Otro punto de diferencia es que en la doctrina de la emanación el desarrollo procede mediante diversas etapas desde lo superior hasta las fases más inferiores, mientras que la evolución trabaja continuamente en la dirección de lo que es más elevado y perfecto. Ambas teorías, y especialmente la segunda, se oponen a la de la creación, según la cual el mundo entero y la materia contenida en el mismo son el producto de un acto consciente y libre de Dios; también se oponen igualmente a la clase de dualismo, principalmente platónico, que concibe un mundo permanente de ideas en contraste con una materia mudable todavía siendo formada, derivando los fenómenos visibles de la influencia de lo primero sobre los segundos. En un sentido biológico reducido evolución a veces significa el desarrollo de los seres orgánicos desde la materia inorgánica y su posterior descenso de lo uno a lo otro. En las ideas de la escuela evolucionista se han de distinguir dos diferentes tendencias. Una es teleológica, o más ampliamente orgánica, que deduce la moción y el cambio de las causas internas o propósitos inherentes en las cosas sujetas al proceso. Esta idea se halla no raramente en los más antiguos filósofos y también en los modernos, especialmente los idealistas alemanes. La otra puede ser llamada mecánica, ya que atribuye los cambios a causas externas. Esta es la sostenida principalmente por los evolucionistas modernos.

Los términos evolución y desarrollo en ese sentido son de origen comparativamente reciente y cuando hicieron su primera aparición no se relacionaban con el universo entero sino con algún proceso parcial especial. Sin embargo, la doctrina que ahora se entiende por esos términos aparece en las primeras etapas de la filosofía griega, pudiéndose encontrar huellas de la misma en el pensamiento oriental. Los términos evolución y evolucionismo, aunque se hallan en un sentido parcialmente análogo ya en Nicolás de Cusa, Leibniz y otros filósofos de los siglos XVII y XVIII en un sentido aún más cercano al moderno, parece que obtuvieron su importancia plena primero en Inglaterra. Tales términos designan la característica primordial de la concepción moderna del mundo.

Anaximandro, representado con el reloj de sol, mosaico del siglo III d. C. Rhineland Museum, Trier, Alemania
Anaximandro con el reloj de sol, mosaico del
siglo III d. C. Rhineland Museum, Trier, Alemania
Anaximandro y Epicuro.
La evolución no es un moderno descubrimiento tal como algunos de sus defensores nos quieren hacer creer. Hizo su aparición en la filosofía griega y mantuvo su posición más o menos, con las más diversas modificaciones, y frecuentemente fue confundida con la idea de emanación, hasta el final del antiguo pensamiento. Los griegos no tenían, es verdad, un término exactamente equivalente a "evolución", pero cuando Thales afirma que todas las cosas se originaron del agua, cuando Anaxímenes llama al aire el principio de todas las cosas, han de haber considerado a los seres individuales y al mundo de los fenómenos un resultado de la evolución, aunque no elaboraran el proceso en detalle. Anaximandro es a veces conceptuado como un precursor de la moderna teoría del desarrollo. Él deriva a los seres vivientes, en un desarrollo gradual, de la condensación por la influencia del calor y sugiere la idea de que los hombres se originaron de animales de otra clase, ya que si hubieran venido a la existencia como seres humanos necesitados de cuidados durante largo tiempo, no habrían sido capaces de mantener su existencia. En Empédocles, como en Epicuro y Lucrecio, que siguen sus huellas, hay sugerencias rudimentarias de la teoría darwiniana en su más amplio sentido; y aquí también, como con Darwin, entra el principio mecánico; el proceso se adapta a un determinado fin por una especie de selección natural, sin que la naturaleza forme deliberadamente sus resultados para esos fines.

Heráclito y los estoicos.
Si la idea mecánica se halla en esos filósofos, la teológica ocurre en Heráclito, quien considera el proceso un desarrollo racional, de acuerdo con el Logos, y menciona los pasos del proceso, desde el aire ígneo al agua y de ahí a la tierra. Los estoicos siguieron a Heráclito en las principales líneas de su física. El principio primordial es, como con él, el aire ígneo, sólo que éste es llamado Dios por ellos con mucha mayor definición. La Deidad tiene vida en sí misma y se desarrolla en el universo, diferenciando primordialmente dos clases de elementos, el ligero o activo y el pesado o pasivo. La formación o desarrollo ocurre continuamente, bajo el impulso del principio formativo, cualquiera que sea su nombre, hasta que todo sea disuelto una vez más mediante la ekpyrosis en el principio fundamental y todo el proceso comience de nuevo. Su concepción del proceso análoga al desarrollo de la semilla halla expresión especial en su término del logos spermatikos. En un punto los estoicos difieren esencialmente de Heráclito. Para ellos todo el proceso se cumple según ciertos fines residentes en la Deidad, que es una inteligencia cuidadora, providente, mientras que Heráclito no asume tal providencia.

Demócrito; colección del conde de Pembroke, Wilton House, Wiltshire, Inglaterra
Demócrito; colección del conde de Pembroke,
Wilton House, Wiltshire, Inglaterra
Empédocles y Demócrito.
Empédocles afirma decididamente que el sphairos, plena reconciliación de opuestos, se opone, como superior, a los seres individuales traídos a la existencia por el odio, los cuales son unidos una vez más por el amor a la esencia primordial, continuando indefinidamente el intercambio de períodos indefinidamente. El desarrollo se halla también en el filósofo atomista Demócrito; en una forma puramente mecánica sin ningún propósito, los cuerpos surgen de los átomos a la existencia y en última instancia el mundo entero aparece y desaparece desde y hasta la eternidad. Como sus predecesores, Demócrito, deduce los seres orgánicos de lo que es inorgánico, la tierra húmeda o el cieno.

Platón y Aristóteles.
El desarrollo, al igual que el proceso en general, fue negado por los filósofos eleáticos. Su doctrina, diametralmente opuesta al antiguo evolucionismo, tuvo su influencia para determinar la aceptación de las ideas inmutables, o formas, por Platón y Aristóteles. Aunque Platón reproduce la doctrina de Heráclito en cuanto al flujo de todas las cosas en el mundo de los fenómenos, niega cualquier cambio continuo en el mundo de las ideas. El cambio es permanente sólo en tanto las formas eternas se imprimen en los objetos individuales. Aunque esto, como norma, sólo tiene lugar imperfectamente, la masa resistente queda de tal forma afectada que todo trabaja hasta donde es posible para lo mejor. El demiurgo quiso que todo llegara a ser, hasta donde fuera posible, como él mismo y por eso el mundo finalmente fue bello y perfecto. Aquí encontramos un desarrollo, aunque el principio que tiene la mayor existencia real no cambia; las formas, o ideas arquetípicas, permanecen eternamente como son.

Aristóteles, busto de mármol, copia romana (siglo II a.C.)
de un original griego (c. 325 a. C.);
en el Museo Nazionale Romano, Roma
En Aristóteles también las formas son la existencia real, que trabajan en la materia pero permanecen eternamente las mismas, siendo a la vez la causa y motivo y el fin efectivo de todas las cosas. Aquí la idea de evolución es más clara que en Platón, especialmente para el mundo físico, que está totalmente dominado por el propósito. La transición de lo inerte a la materia viva es gradual, por lo que la línea divisoria entre ambas es apenas perceptible. Tras la materia inerte viene el reino vegetal, que parece, comparado con lo inorgánico, tener vida, pero parece inerte comparado con lo orgánico. La transición de la planta al animal es de nuevo gradual. Los organismos más inferiores se originan del cieno primigenio, o de la diferenciación animal; hay una continua progresión desde lo simple, desarrollándose en tipos hasta el estado más elevado y perfecto. En la etapa más elevada, fin y propósito de todo el proceso, aparece el hombre; todas las formas inferiores son meramente intentos infructuosos de producirlo. El mono es una etapa transitoria entre el hombre y otros animales vivíparos. Si el desarrollo tiene un papel tan importante en la física de Aristóteles, no es menos importante en su metafísica. Toda la transición desde la potencialidad a la realidad (desde dynamis a entelecheia) no es sino una transición de lo inferior a lo superior, procurando todo asimilarse a lo absolutamente perfecto, en lo divino. Así pues Aristóteles, como Platón, contempla el orden entero del universo como una especie de deificación. Pero la parte desempeñada en el desarrollo por la Deidad, la forma absolutamente inmaterial, es menor que la de las formas que operan en la materia, ya que, siendo ya todo, es incapaz de ser algo más. De esta forma Aristóteles, a pesar de sus nociones evolucionistas, no asume la idea de un evolucionismo completo en cuanto al universo, ni lo hacen los neoplatónicos, cuyo principio más elevado permanece totalmente inmutable, aunque todas las cosas emanan del mismo.

Agustín, Erígena y Cusa.
No más inequívoca que con Platón y Aristóteles fue la idea de evolución aceptada por la teología y filosofía patrística y escolástica, tanto a causa del dualismo que penetra en ellas como un eco de los dos grandes maestros griegos, como a causa de la teoría cristiana generalmente aceptada de la creación. Sin embargo, la evolución no es generalmente negada, tomándola Agustín (De civitate dei, xv. 1) como base para una filosofía de la historia. Erígena y algunos de sus seguidores parecen enseñar una especie de evolución. El asunto de seres finitos procedentes de Dios es llamado analysis o resolutio, en contraste con la reversio, o deificatio, el regreso a Dios, quien una vez más asimila todas las cosas. Dios mismo, aunque denominado el comienzo, medio y fin, el todo en todo, permanece sin mezcla en su propia esencia, trascendente aunque inmanente en el mundo. La enseñanza de Nicolás de Cusa es similar a la de Erígena, aunque contiene una cierta cantidad de pitagorismo. El mundo muestra explícitamente lo que la Deidad implícitamente contiene; el mundo es un todo animado y ordenado, en el que Dios está presente en todas partes. Ya que Dios abarca todas las cosas en sí mismo, él une todos los opuestos, él es la complicatio omnium contradictoriorum. La idea de evolución aparece en Nicolás en una forma más bien panteísta, pero no es lógicamente llevada a sus últimas consecuencias.

Giordano Bruno
Giordano Bruno
Giordano Bruno.
A pesar de algunas oscuridades en su concepción del mundo, Giordano Bruno es algo más claro. Según él Dios es la primera causa inmanente en el universo;no hay diferencia entre la materia y la forma; la materia, que incluye en sí misma la forma y el fin, es la fuente de todo lo que está en proceso de ser y de todo lo que es. El éter infinito que llena el espacio infinito esconde dentro de sí mismo el núcleo de todas las cosas y actúa según determinadas leyes, aunque en una forma teleológica. De este modo el mundo se origina no por un acto arbitrario, sino por una necesidad interna de la naturaleza divina. Es natura naturata, distinguida de la naturaleza operativa de Dios, natura naturans, que está presente en todas las cosas como el ser de todo lo que es, la belleza de todo lo que es hermoso. Igual que en la enseñanza estoica, con la que la filosofía de Bruno tiene mucho en común, la concepción de la evolución surge claramente tanto de la física como de la metafísica.

René Descartes, litografía, siglo XIX
René Descartes,
litografía, siglo XIX
Descartes, Leibniz, Herder.
Leibniz intentó reconciliar las ideas mecánico-físicas y las teleológicas, después de que Descartes, en su Principia philosophiæ, excluyera todo propósito, explicando lo natural, tanto inerte como vivo, como un mero mecanismo. Sin embargo, es correcto señalar que Descartes tenía una metafísica por encima de su física, en la que la concepción de Dios tuvo un importante lugar y que por tanto la noción mecánica de evolución no incluía realmente todo. En Leibniz los principios de mecánica y física dependen de la dirección de una inteligencia suprema, sin la cual serían inexplicables a nosotros. Sólo por tal postulado preliminar somos capaces de reconocer que una cosa ordenada sigue a otra continuamente. Es en este sentido que ha de entenderse la ley de la continuidad, lo cual es de gran importancia en Leibniz.
Gottfried Wilhelm Leibniz
Gottfried Wilhelm Leibniz
En el fondo es la misma que la ley del desarrollo ordenado. La generación de todos los seres sigue continuamente una tras otra y entre las principales clases, como entre animales y vegetales, debe haber una secuencia continua de seres intermedios. Sin embargo, aquí de nuevo la evolución no se enseña en su forma completa, ya que la mónada divina, de Dios, no penetra en el mundo sino que lo trasciende.

Entre los filósofos alemanes del siglo XVIII hay que mencionar a Herder como el primero de los pioneros del evolucionismo moderno. Él establece la doctrina de un desarrollo continuo en la unidad de la naturaleza desde lo inorgánico a lo orgánico, desde la piedra a la planta, desde la planta al animal y desde el animal al hombre. Lo natural se desarrolla según leyes y condiciones naturales fijas, al igual que la historia, que es sólo una continuación del proceso de lo natural. Tanto lo natural como la historia trabajan para educar al hombre en una humanidad perfecta, pero como esto raramente se obtiene, se sugiere una vida futura. Lessing había concebido la educación del género humano como un desarrollo hasta lo más elevado y perfecto. Sólo recientemente la importancia de Herder, en lo que respecta al concepto y tratamiento del desarrollo histórico, ha sido adecuadamente reconocida. Goethe también siguió la idea de la evolución en sus investigaciones zoológicas y botánicas, con su teoría de la metamorfosis de las plantas y su intento para descubrir la unidad en los diferentes organismos.

Immanuel Kant, grabado
Immanuel Kant, grabado
Kant, Schelling y otros.
Kant es a veces también mencionado como maestro de la moderna teoría de la evolución. Es cierto que él considera la analogía de las formas que encuentra en varias clases de dualismo como una base para suponer que deben haber tenido originalmente una fuente común. Denomina a la hipótesis de que seres específicamente diferentes se han originado uno del otro "una aventura atrevida de la razón." Pero considera el pensamiento de que en una época posterior "un orangután o un chimpancé pudo desarrollar los órganos que sirven para caminar, coger objetos y hablar, en resumen, que pudo evolucionar hasta la estructura del hombre, con un órgano para el uso de la razón, desarrollándose gradualmente mediante la cultura social." Aquí se anticipan importantes ideas de Darwin; pero el sistema crítico de Kant fue tal que el desarrollo no tuvo un papel predominante.
Retrato de Schelling
Retrato de Schelling
La idea de evolución surge con más vigor en sus sucesores idealistas alemanes, especialmente en Schelling, quien consideraba la naturaleza como una etapa preliminar hacia la mente y el proceso de desarrollo físico continuando en la historia. Las producciones inconscientes de la naturaleza son sólo intentos infructuosos para reflejarse sí misma; la naturaleza inanimada es una inteligencia inmadura, por lo que en sus fenómenos sólo inconscientemente aparece un carácter inteligente. Su objetivo más alto, el de ser un objeto para sí misma, lo logra solo en la reflexión más elevada y final, en el hombre, en lo que nosotros llamamos razón, por la cual, por vez primera, la naturaleza regresa perfectamente a sí misma. Todas las etapas de la naturaleza están relacionadas por una vida común y muestran en su desarrollo una unidad conclusiva. El curso de la historia como un todo debe concebirse como una progresiva revelación del Absoluto. Para ello cita tres períodos: el del destino, el de la naturaleza y de la providencia, de los cuales ahora estamos en el segundo. Los seguidores de Schelling llevaron la idea del desarrollo algo más adelante que su maestro. Lo cual es especialmente verdad de Oken, quien concibe la ciencia natural como la ciencia de la transformación eterna de Dios en el mundo, de la disolución del Absoluto en la pluralidad y de su continua operación en esta pluralidad. El desarrollo continúa a través de los reinos vegetal y animal hasta el hombre, que en su arte, ciencia y política, establece completamente la voluntad de la naturaleza. Es cierto que Oken concibió al hombre como el único objeto de todo el desarrollo animal, por lo que las etapas más inferiores son sólo intentos abortivos de producirlo, una teoría posteriormente controvertida por Ernst von Baer y Cuvier, estando el primero en cierta oposición a Darwin y siendo de gran interés para el estudiante de la historia de la teoría de la evolución.

Friedrich Schleiermacher, detalle de un grabado de F. Lehmann, mediados del siglo XIX
Friedrich Schleiermacher,
detalle de un grabado
de F. Lehmann,
mediados del siglo XIX
Georg Wilhelm Friedrich Hegel, óleo pintado por Jakob von Schlesinger, c. 1825; en Staatliche Museen de Berlín
Georg W. Friedrich Hegel,
óleo pintado por Jakob
von Schlesinger, c. 1825;
Staatliche Museen de Berlín
Schleiermacher y Hegel.
Algunas ideas evolucionistas se hallan en Krause y Schleiermacher; pero Hegel, con su idealismo absoluto, es el representante más notable de ellas. En su sistema la filosofía es la ciencia del Absoluto, de la razón absoluta que se desarrolla o revela a sí misma. La razón se desarrolla primero en el elemento abstracto del pensamiento, luego se expresa externamente en la naturaleza y finalmente regresa de esta externalización a sí misma en la mente. Como Heráclito había enseñado que lo eterno estaba en proceso, así Hegel, que resueltamente aceptó todas las proposiciones del filósofo de Éfeso en su lógica, enseñó el proceso eterno. La diferencia entre el griego y el alemán fue que el primero creyó en el flujo de la materia, del fuego transmutándose a sí mismo mediante grados en todas las cosas, y en la naturaleza como la única existencia, fuera de la cual no hay nada; mientras que el segundo concibe la idea abstracta o razón como lo que realmente es o llega a ser y a la naturaleza como una fase necesaria pero transitoria en el proceso del desarrollo. Con Heráclito la evolución significa el regreso de todas las cosas al principio primordial seguido por un nuevo desarrollo; con Hegel es un proceso eterno de pensamiento, no dando respuesta a la cuestión sobre el fin del desarrollo histórico.

Lamarck y Darwin.
Mientras que Heráclito estableció su doctrina del desarrollo eterno más por intuición que por la experiencia y el proceso evolutivo de Hegel había sido expresamente concebido basándose en el pensamiento puro, la doctrina de Darwin descansa sobre una vasta masa de hechos establecidos.

Jean-Baptiste de Monet, caballero de Lamarck, detalle de un grabado por W.H. Lizars
Jean-Baptiste de Monet,
caballero de Lamarck,
detalle de un grabado
por W.H. Lizars
Charles Darwin, c. 1867
Charles Darwin, c. 1867
Por supuesto, él no fue el primero en establecer el origen de las especies una de otra como doctrina formal. Además de sus predecesores, a los cuales ya se ha aludido, se pueden mencionar otros dos: su padre, Erasmus Darwin, quien subrayó la variabilidad orgánica y todavía más Lamarck, quien negó la inmutabilidad de las especies y formas y proclamó haber demostrado por observación el desarrollo gradual del reino animal. Lo que es nuevo en Charles Darwin no es su teoría de la descendencia, sino su confirmación mediante la teoría de la selección natural y la supervivencia de los más aptos en la lucha por la existencia. De esta manera se produce un resultado que se corresponde hasta donde es posible con un fin racional en un proceso puramente mecánico, sin ninguna cooperación de principios teleológicos, sin ninguna tendencia innata en los organismos para proceder hacia una etapa superior. Esta teoría postula en los organismos posteriores desviaciones de los primitivos y que esas desviaciones, en tanto son mejoras, se perpetúan y se convierten en marcas genéricas de diferenciación. Sin embargo, esto contiene una dificultad, ya que el origen de la primera de esas desviaciones es inexplicable. La diferencia de la humanidad, a quien Darwin, llevado por la fuerza de la analogía, deduce de una especie de monos, consiste en cualidades intelectuales y morales, pero llega a la existencia sólo por grados. Las sensibilidades morales se desarrollan del impulso social original innato en el hombre; este impulso es un esfuerzo para procurar no tanto la felicidad individual, sino el bienestar general.

Haeckel, Fouillée, Guyau.
Sería imposible nombrar a todos los que, en diferentes países han seguido los pasos de Darwin, primero en el campo biológico y luego en el de la psicología, ética, sociología y religión. Han llevado su enseñanza más allá en diversas direcciones, modificándola en cierta medida y haciéndola productiva, mientras que el positivismo se ha aliado con la misma. En Alemania se ha de mencionar a Ernst Haeckel con su ley biogenética, según la cual el desarrollo del individuo es un epítome de la historia de la raza y con su menos segura noción del mundo-éter como una deidad creativa. En Francia Alfred Fouillée dio a luz una teoría de idea-fuerza, una combinación de idealismo platónico con evolucionismo (aunque no específicamente darwiniano) inglés. Marie-Jean Guyau entendió por evolución una vida dirigida según la ley fundamental en la que la vida más intensiva es también la más extensiva. Desarrolla su ética totalmente de los hechos de la existencia social de la humanidad y su religión es un sociomorfismo universal, el sentimiento de la unidad del hombre con el cosmos entero.

Herbert Spencer
Herbert Spencer
Herbert Spencer.
El más cuidadoso y completo desarrollo del sistema tuvo lugar en Inglaterra. Durante largo tiempo estuvo representado principalmente por la obra de Herbert Spencer, quien había llegado al principio de la evolución incluso antes de la publicación del libro de Darwin Origin of Species. Él expone la idea en todo el rango de la filosofía en su System of Synthetic Philosophy, proponiéndose demostrar que el desarrollo es la ley más elevada de toda la naturaleza, no meramente de lo orgánico. Como fundamento de todo lo que existe, aunque inconcebible en sí mismo y revelado solo a sí mismo en formas materiales y mentales, él sitúa un poder, el Absoluto, del cual tenemos sólo una concepción indefinida. Los procesos individuales del mundo de los fenómenos están clasificados bajo el encabezamiento de evolución, o extensión del movimiento, con el que la integración de la materia, la unión en un todo sencillo, está relacionada, siendo la disolución o absorción del movimiento, que incluye la desintegración de la materia, la ruptura de la relación. Ambos procesos van simultáneamente e incluyen la historia de cada existencia que podamos percibir. En el curso de su desarrollo los organismos incorporan la materia con ellos mismos; las plantas crecen al tomar en sí elementos que ha existido previamente en la forma de gases y el animal al asimilar elementos hallados en las plantas o en otros animales. La misma clase de integración se observa en los organismos sociales, como cuando las familias nómadas se unen en una tribu, o los súbditos bajo un príncipe y los príncipes bajo un rey. En manera similar la integración es evidente en el desarrollo del lenguaje, el arte y la ciencia, especialmente la filosofía. Pero al unirse los individuos en un todo, se manifiesta al mismo tiempo una diferenciación fuertemente marcada, como la distinción entre la superficie y el interior de la tierra, o entre los diversos climas. La selección natural no se considera necesariamente para explicar la diversidad de las especies, sino las condiciones graduales de vida que las crean. El objetivo del desarrollo es mostrar una condición de equilibrio perfecto en el conjunto; cuando se obtiene, el desarrollo, en virtud de la operación continuada de poderes externos, pasa a la disolución. Esas épocas de desarrollo y de disolución se siguen alternativamente la una a la otra. Esta idea de Spencer sugiere el hodos anō y hodos katō de Heráclito, y su reflujo de las cosas individuales al principio primordial.

Similares principios los llevan a cabo no sólo los fenómenos orgánicos sino también los mentales y sociales, alcanzándose sobre la base de la teoría de la evolución una destacada combinación de intuicionismo y empirismo. En sus principios de sociología Spencer establece las leyes de la evolución hiperorgánica y de las diversas etapas de las costumbres humanas, especialmente de las ideas religiosas, deduciendo toda religión de una demasiada parcial adoración del antepasado. La creencia en un inmortal "segundo ser" se explica por fenómenos tales como sombras y ecos. La noción de los dioses se supone que surge de la idea de una vida fantasmal tras la muerte. En su Principles of Ethics intenta un compromiso similar entre el intuicionismo y el empirismo, deduciendo la conciencia del deber de innumerables experiencias acumuladas. El elemento compulsivo en las acciones morales, que surge originalmente del temor al castigo religioso, civil o social, desaparece con el desarrollo de la verdadera moralidad. No hay oposición permanente entre egoísmo y altruismo, pero éste se desarrolla simultáneamente con el primero.

Modificaciones a Spencer.
Los principios éticos de Spencer fueron modificados especialmente por Sir Leslie Stephen y S. Alexander, aunque con constante adhesión a la idea del desarrollo. Mientras que la doctrina de la evolución en Huxley y Tyndall está asociada con el agnosticismo, y por tanto está liberada de toda relación con la metafísica, como de hecho fue el caso de Spencer, a pesar de su reconocimiento del Absoluto como base necesaria para la religión y para el pensamiento, en otra dirección se hizo un intento para combinar evolucionismo con metafísica, en el que la idea de Dios fuera prominente. De este modo la teoría de la evolución de Clifford y Romanes les llevó a un monismo absoluto y la de J. M. F. Schiller al pluralismo. Según este último una vida personal, limitada en poder, existe junto a una multitud de seres intelectuales, que existieron antes de la formación del mundo en un estado caótico como individuos absolutamente aislados. El proceso de formación del mundo comienza con la decisión del Espíritu divino de poner armonía en el cosmos de esas muchas existencias. Aunque la influencia de Spencer en el desarrollo filosófico no fue tan grande en Alemania como en Inglaterra, la idea del desarrollo ha continuado ejerciendo no poco poder. Se puede hacer mención en forma resumida del idealismo teleológico de Lotze, del monismo absoluto de Von Hartmann, en el que la meta del desarrollo teleológico del universo es la reversión de la voluntad en no-voluntad; de la metafísica de la voluntad de Wundt, según la cual el mundo es un desarrollo, llegando a ser eternamente, en el que la naturaleza es una etapa preliminar a la mente, y del individualismo de Nietzsche, cuya cima es el superhombre. En el siglo XX Teilhard de Chardin procuró amoldar la evolución a la fe cristiana o vicerversa.

Relación con la teología.
Cuando la hipótesis darwiniana se publicó en Gran Bretaña y América causó poco menos que pánico en casi todos los círculos del pensamiento religioso. El temor fue que si era verdad resultaría en la transformación de todos los valores religiosos. Aquí y allí fue defendida por distinguidos teólogos y científicos en interés de la fe, pero en su mayor parte fue combatida firme y prolongadamente. Las siguientes creencias se convirtieron en el centro del debate y han mantenido la tensión hasta el día presente. (1) El relato bíblico de la creación; si tuvo un principio; si Dios fue el creador o el mundo estaba eternamente en proceso de llegar a ser; más aún, si el relato del Génesis puede armonizarse con la geología, astronomía, biología, arqueología y otras ciencias. (2) El relato bíblico del hombre; si fue total y directamente creado por Dios, o, incluso si su cuerpo estuvo orgánicamente relacionado con el mundo animal, siendo su mente una creación directa, o finalmente, si ambos, cuerpo y mente, partieron del desarrollo de formas inferiores de vida. (3) Sobre la historia personal del hombre; si comenzó en un estado de "justicia original" del que cayó sólo para ser recuperado por una intervención milagrosa, o comenzó desde abajo, distinguiéndose en el principio a duras penas de la conciencia animal más elevada que existe. (4) Envuelta en la historia personal del hombre está una profunda modificación del origen y desarrollo de la idea de Dios, desde el fetichismo más inferior o animismo a través del politeísmo hasta el monoteísmo ético, de la idea de las Escrituras no como inerrantes e infalibles, sino como el registro de las etapas a través de las cuales la conciencia del hombre ha pasado en su percepción del significado ético y religioso de la vida y del rango entero de creencias cristianas: Providencia, pecado y mal, la persona y obra de Cristo, la vida cristiana, la Iglesia y el futuro. Un cambio similar de valores ha ocurrido en otras regiones del pensamiento. (5) En psicología y ética lo estático ha dado paso a lo genético y al punto de vista histórico. (6) En apologética la concepción tradicional de la profecía predictiva y los milagros aparte de las leyes naturales ha sido sustituida por la doctrina espiritual y dinámica del hombre y el mundo. (7) La filosofía de la religión ha encontrado en la religión comparativa la clave para su interpretación de la religión como un hecho de experiencia humana universal. (8) Aunque la singularidad del cristianismo se reconoce, ahora más que nunca, su relación orgánica con tipos pre-cristianos de experiencia es asunto de investigación exhaustiva y su desarrollo como sistema de creencias, instituciones e ideales se hace más claramente evidente para los estudiantes de su historia.

Dos posturas.
Aunque desde el campo ateo la evolución fue, y es, saludada como una confirmación de su tesis, eso no quiere decir que es patrimonio exclusivo de los que no creen. Entre los cristianos hay quienes piensan que es posible una reconciliación entre la fe y la evolución; que no es necesario escoger entre creación o evolución, porque las dos palabras se refieren a dos niveles de un discurso complementario: la voluntad de Dios en la creación para traer todo a la existencia y el entendimiento científico de la forma en que lo hizo. Por otro lado hay cristianos, también desde el terreno científico, que consideran la evolución como una teoría sin demostrar, lo cual pone en entredicho su carácter científico. Estos cristianos consideran que la razón de su difusión es que se trata de una hipótesis de trabajo más conveniente para no tener que aceptar la alternativa: que hubo una creación especial.