Historia

EXORCISMO

Exorcismo es el término que describe la expulsión de malos espíritus mediante el conjuro, la magia o ejercicios religiosos.

Exorcismos para desendemoniar a fieles, miniatura de un manuscrito medieval. Biblioteca del Vaticano
Exorcismos para desendemoniar a fieles, miniatura de un
manuscrito medieval. Biblioteca del Vaticano
Este artículo se limita al exorcismo en relación con el bautismo.

Es fácil entender cómo la Iglesia primitiva llegó a usar el rito del exorcismo sobre sus catecúmenos; también es obvio que al hacerlo se apartaba de la posición bíblica. Apoyándose en la liberación de endemoniados por Cristo, se propuso liberar mediante exorcismos a un gran número de personas con condiciones mórbidas que se consideraban de origen diabólico. Para ello hubo una clase de clérigos apartados para esta función, aunque no mediante una forma determinada de ordenación; según las Constituciones Apostólicas (viii, 26) poseían un "don de sanidad" y su labor consistía en el ejercicio de un don y no en el desempeño de un cargo. Su método de tratamiento incluía la oración y la imposición de manos. En el siglo tercero esta clase de exorcismo se aplicó a los catecúmenos que venían del paganismo, sobre la teoría de que el mundo pagano era la esfera de espíritus malos y que los que entraban en la Iglesia debían ser liberados del poder del maligno. Al abandonar la base original del exorcismo, la práctica entró progresivamente en una línea que desembocaba en la magia fantástica. A Satanás se le demandaba salir fuera de los catecúmenos y el pensamiento de que cada nuevo convertido del paganismo al cristianismo era una manifestación de la victoria de Cristo sobre el príncipe de este mundo encontró una dramática expresión en estos exorcismos.

La primera evidencia cierta del empleo del exorcismo en el caso de catecúmenos la proporciona Cipriano en el año 256; se hallaba en uso tanto en la Iglesia católica como entre los herejes, por lo que evidentemente no era algo nuevo. Otra mención a ello, posiblemente algo más antigua, se halla en los Cánones de Hipólito. Es dudoso si Tertuliano conocía la práctica o si las homilías clementinas (iii, 73) se refieren a ella en la descripción de la cotidiana imposición de manos durante la preparación para el bautismo. En el concilio de Cartago de 256, cuando se menciona con claridad por primera vez, ciertos obispos solicitaron que, junto con el bautismo, debería emplearse el exorcismo a la recepción de herejes en la Iglesia; la razón aducida es que "los herejes son peores que paganos", lo que muestra que definitivamente el exorcismo estaba todavía conectado con el paganismo. En el mismo contexto es interesante que una forma antigua griega para la recepción de un convertido del judaísmo contiene una renuncia, pero no un exorcismo (Assemani, Codex liturgicus, I. 105 y sig.). Cuando el exorcismo se relacionó de este modo con el bautismo, se aplicó al bautismo de niños en la misma irreflexiva forma, igual que las otras ceremonias originalmente pertenecientes al bautismo de adultos. De esta manera se introdujeron en el servicio para el bautismo infantil los diversos actos litúrgicos de la preparación del catecúmeno, estando entre ellos también los diversos exorcismos que tenían lugar. Al principio venía la exsufflatio, un soplo repetido tres veces en la cara del niño, con las palabras: "Apártate de él, espíritu inmundo y deja el lugar al Espíritu Santo, el Paracleto"; tras la sal había un largo exorcismo, repetido tres veces y cada vez con un mandato diferente al diablo para que se aparta del niño. Esta práctica permaneció sustancialmente igual hasta finales de la Edad Media. El Rituale Romanum de 1614 lo condensó considerablemente, reteniendo sólo la exsufflatio al principio, con el último de los tres exorcismos y su introducción.

Lutero no puso objeción al exorcismo en el oficio bautismal, que retuvo en el suyo propio de 1523, abreviándolo, de hecho, pero no por razones teológicas. En el de 1526 lo abrevió más aún y la exsufflatio quedó omitida; pero restos del acto católico pasaron de allí a la mayoría de los libros de servicio luteranos, lo que provocó enconadas controversias posteriormente dentro de las filas luteranas y fue asunto de reproche por parte de los calvinistas. Cuando no fueron forzados por tales ataques a defender la práctica, los teólogos luteranos admitieron que no era esencial y en la conferencia de Cassel de 1661 expresaron su disposición a cambiarlo por una oración de liberación del poder de Satanás. En el periodo racionalista, a finales del siglo XVIII, desapareció finalmente uno tras otro de los libros de servicios, hasta que fue abandonado generalmente por los luteranos, no teniendo lugar en las ceremonias de ninguna Iglesia protestante.