Historia

EXTREMAUNCIÓN

Extremaunción es uno de los sacramentos menores de las Iglesias católica y ortodoxa.

Clérigo asistiendo a un moribundo
Mesa de los pecados mortales, detalle
por el Bosco. Museo del Prado, Madrid
Historia.
Pedro Lombardo menciona la extremaunción como quinto sacramento y la pone en relación estrecha con el sacramento de la penitencia. Él usa dos pasajes como autoridad bíblica, Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.[…]Marcos 6:13 y 14 ¿Está alguno entre vosotros enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor; 15 y la oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si ha cometido pecados le se[…]Santiago 5:14-15. Sin embargo, esos pasajes tienen poco que ver con el sacramento tal como está desarrollado en la Iglesia católica. La extremaunción no se menciona a menudo en la Iglesia antigua. Agustín, Crisóstomo e Ireneo hablan de ella, pero no la tratan como sacramento. Sin embargo, el aceite lo usaron frecuentemente los cristianos en la vida privada, especialmente para la unción de los enfermos. Por ejemplo, Tertuliano menciona la sanidad de Severo, el padre del emperador Antonino, con aceite. La superstición popular pronto explotó esas experiencias, usándose el aceite en las lámparas de las iglesias. Algunos obispos, como Crisóstomo y Decencio no pusieron objeciones, pero limitaron el empleo a miembros de buena posición. Inocencio I también menciona la unción de los enfermos, pero no de los moribundos; en el caso de que no hubiera disponible un sacerdote, los laicos podían realizar la ceremonia. Hacia el fin del siglo VIII la extremaunción tomó un curso decidido de desarrollo, quedando asociada con la remisión de los pecados; consecuentemente, recibió un carácter sacramental en relación con la penitencia. La cuestión de la repetición de la extremaunción surgió en el siglo XII. Una superstición popular sostenía que un cristiano que tras ser ungido hubiera recuperado la salud, debía ser estimado como uno que hubiera partido; no tenía que tocar el suelo con los pies descalzos, ni comer carne ni cohabitar con su esposa. Cuando Teodulfo de Orleáns recomendó que la unción debería tener lugar en la iglesia, tenía en mente que fuera exclusiva o principalmente la aplicación al moribundo. Hugo de San Víctor (Summa sententiarum, vi. 15) fue el primer teólogo en tratar sistemáticamente la extremaunción. Sin embargo, sólo tiene dos cosas en cuenta, la institución y la repetición del sacramento. A partir de ese tiempo, la extremaunción recibió atención más detallada, particularmente de Buenaventura y Tomás de Aquino. Este último la trata desde dos puntos de vista: (1) el sacramento mismo, su efecto, materia y forma; (2) su administración y uso, los receptores, repetición y partes que han de ser ungidas. Las principales características del sacramento quedaron así fijadas y recibieron sanción eclesiástica en el concilio de Florencia (1439) por Eugenio IV y su forma final y decidida en el concilio de Trento.

Doctrina.
La extremaunción fue instituida, según Pedro Lombardo, por los apóstoles; según Alejandro de Hales por Cristo; según Buenaventura por el Espíritu Santo a través de los apóstoles y según Tomás de Aquino por Cristo, pero promulgada por los apóstoles. El concilio de Trento declara que según Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.[…]Marcos 6:13, Cristo sugirió el sacramento y que Jacobo, su hermano, lo promulgó y recomendó. El material que ha de usarse en la extremaunción es aceite de oliva consagrado por un obispo y según una decisión de Pablo V dada en 1655, el aceite no es eficaz a menos que esté consagrado. Gregorio XVI (1842) confirmó y limitó esta decisión al declarar que ni siquiera en caso de extrema necesidad puede un sacerdote consagrar aceite para ese propósito. La forma del sacramento se resolvió después de muchas discusiones. Con la creciente tendencia a estimar la unción como sacramento, se cambió la forma de oración de imprecatoria a declarativa, lo cual fue confirmado por el concilio de Florencia. El propósito específico y efecto de la extremaunción de alguna manera quedó indefinido. El concilio de Trento declara que este sacramento complementa no sólo la penitencia, sino toda la vida cristiana. Sin embargo, su posición es de escasa importancia en el sistema doctrinal de la Iglesia católica, que está ocupado por el bautismo, la misa y la penitencia. Es meramente un anexo a este último sacramento que le da el carácter de preparación para la muerte. Nunca le ha sido atribuido oficialmente un efecto específico. Pedro Lombardo propone como propósito la remisión de pecados y la mejoría de la enfermedad física. Alberto Magno declara que la extremaunción puede purificar sólo los restos de pecado que impiden la entrada del alma al descanso eterno. Tomás de Aquino define esos restos como una debilidad espiritual que descalifica al hombre para el pleno gozo de la vida de gracia y gloria y señala que la extremaunción es una medicina para ambos. Habla de la sanidad física como efecto secundario, que tiene lugar cuando el propósito primario no es obstaculizado sino promovido. Buenaventura, por otro lado, enseña que el efecto específico de la extremaunción es la remisión de los pecados veniales que eran completamente eludidos por este sacramento debido a su fortalecedor efecto sobre el alma y el cuerpo. El concilio de Trento repitió todas las doctrinas positivas de los teólogos y añadió la doctrina de la unción con el Espíritu Santo como efecto específico. Esas diferencias sobre el efecto y el propósito de la extremaunción fueron insatisfactorias, haciéndose intentos de mayor precisión. El catecismo católico asume dos efectos, la remisión de los pecados veniales y la remoción de la debilidad espiritual y de cualquier huella restante de pecado. Finalmente, Bellarmino intenta una definición precisa de "restos de pecado"; son pecados mortales o veniales que el hombre puede cometer tras la penitencia y la eucaristía; o pecados que no fueron expiados propiamente, porque el enfermo la ha recibido inconscientemente en forma impropia y por lo tanto sin el debido efecto.

Preparación y administración.
El aceite usado en la extremaunción es consagrado durante la misa de Jueves Santo, distribuyéndose entre las parroquias. El aceite que no se usa en el plazo de un año se quema en las lámparas del santuario; si hay peligro de que se acabe antes del año, se pueden añadir pequeñas cantidades de aceite no consagrado. Sólo un sacerdote o dignatario más alto puede administrar el sacramento. Ni siquiera el papa puede autorizar a los diáconos y laicos a hacerlo, aunque Inocencio I implica que pueden hacerlo en caso de necesidad. El administrador actúa como representante de toda la Iglesia y por esta razón es deseable que varios sacerdotes estén presentes tomando parte en la ceremonia. Las regulaciones sobre el grado de enfermedad que capacita a una persona para recibir el sacramento varían, pero concuerdan en la particularidad de que la probabilidad de recuperación esté excluida y que el receptor esté consciente. El aceite ha de aplicarse en los ojos, oídos, manos, nariz y boca y en el abdomen y pies de los varones pero no de las mujeres. Los sacramentos de la penitencia y la eucaristía deberían, como norma, preceder a la extremaunción.

En la Iglesia ortodoxa.
El uso en la Iglesia ortodoxa difiere ampliamente del católico, tanto en método de administración como en doctrina. Es simplemente una unción del enfermo y su propósito es la restauración de la salud, física y espiritual. El lugar de administración es la iglesia, si es posible. El ritual es elaborado y requiere siete sacerdotes que están disponibles. El aceite es consagrado en cada ocasión por el sacerdote mayor, repitiendo cada sacerdote toda la ceremonia mientras que se leen siete selecciones cada vez, de las epístolas, evangelios y oraciones. El Jueves Santo se celebra la fiesta de euchelaion ("aceite de la unción"), en la que toda la congregación es ungida. Se recomienda el uso frecuente del sacramento.

Los nestorianos nunca usan la extremaunción; la Iglesia armenia ha dejado de practicarla.