Historia
FIESTA DE LOS LOCOS

Biblioteca Nacional, París
Aunque la Iglesia había combatido la costumbre, fue el clero el que la revivió. Entonces fue hecha una festividad religiosa regular. Cada uno de los grupos clericales tenía su día especial: los diáconos el día de San Esteban (26 de diciembre); los sacerdotes el de San Juan (27 de diciembre); los muchachos el día de los Santos Inocentes (28 de diciembre); los subdiáconos el día de año nuevo o Epifanía. Posteriormente las festividades de los diáconos y los muchachos se hicieron especialmente populares y se degradaron en la indecorosa festividad del "niño-obispo". Extravagancias y excesos similares se hallan en las festividades de sacerdotes, diáconos y subdiáconos ya en el siglo XII. Estos últimos, como los muchachos, elegían un obispo, a quien acompañaban a la iglesia en procesión festiva. Allí se celebraba una parodia de la misa, acompañada de chistes y canciones satíricas, algunas veces con reyertas sangrientas.
El primer intento para suprimir esas extravagancias se realizó en París en 1198 por el legado papal, Pedro de Capua. En 1210 Inocencio III prohibió las festividades de sacerdotes, diáconos y subdiáconos y en 1246 Inocencio IV hizo tales observancias punibles con la excomunión. Sin embargo continuaron y en el siglo XIV había incluso rituales para las ceremonias. A veces se requería el obispo-loco para dar el usual banquete "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo." A finales del siglo XIV el clero aparecía en las iglesias disfrazado de animales, mujeres y embaucadores. En lugar de incienso se quemaban salchichas o trozos de viejos zapatos; en lugar de responsos, se cantaban canciones de dudoso carácter y en lugar de obleas se comían salchichas. Había también bailes y juegos, como el de los dados. Las procesiones, en las que muchachos desnudos se burlaban de la chusma con gestos y palabras obscenas, eran incluso peores.
Por una encíclica dirigida a todos los obispos de Francia por la universidad de París, el 12 de mayo de 1444, y hecha efectiva por orden de Carlos VII, el 17 de abril de 1445, esas prácticas sacrílegas fueron finalmente erradicadas, al menos en Francia, donde habían sido más comunes. La festividad de los niños, aunque a veces combatida y prohibida por el concilio de Basilea (1431), fue menos objetable y sobrevivió hasta el siglo XVI. En Colonia la costumbre continuó hasta el XVII y en Reims y Maguncia hasta el XVIII.