Historia

FILIPISTAS

Filipistas fue la designación usualmente aplicada en la segunda mitad del siglo XVI a los seguidores de Philipp Melanchthon.

Probablemente se originó entre la facción opositora de Flacius, aplicándose al principio a los teólogos de las universidades de Wittenberg y Leipzig, que eran todos adherentes de las ideas distintivas de Melanchthon, especialmente aquellas en las que se aproximaba a la doctrina católica sobre el libre albedrío y el valor de las buenas obras y a los reformados suizos en cuanto a la Cena. Posteriormente se usará en Sajonia para designar una facción distinta organizada por el yerno de Melanchthon, Caspar Peucer, con George Cracovius, Johann Stössel y otros, para trabajar por una unión de todas las fuerzas protestantes, para cuyo fin intentaron romper, mediante esta actitud, con las barreras que separaban a luteranos y calvinistas. Melanchthon había ganado, por sus evidentes capacidades como maestro y su claridad en la formulación escolástica de la doctrina un gran número de discípulos, entre los que estaban algunos de los más celosos luteranos, tales como Matthias Flacius y Tileman Hesshusen, que posteriormente se contarían entre los vehementes oponentes del filipismo, aunque ambos, formal y materialmente, recibieron las formas de doctrina modeladas por Melanchthon. Mientras Lutero vivió, el conflicto con los enemigos externos y el trabajo de edificar la Iglesia evangélica absorbió tanto a los reformadores que las diferencias internas que ya habían comenzado a mostrarse quedaron en un segundo plano.

Philipp Melanchthon, por Lucas Cranach el Joven
Philipp Melanchthon, por Lucas Cranach el Joven
Oposición a Melanchthon.
Pero tan pronto como Lutero hubo muerto la paz interna y externa de la Iglesia luterana declinó. Fue una desgracia no sólo para Melanchthon, sino para todo el conjunto, que él, que había permanecido firme como maestro al lado de Lutero, el verdadero dirigente, se viera súbitamente obligado a tomar la posición de dirigente no sólo de la universidad en Wittenberg sino de toda la Iglesia evangélica de Alemania. Había en varios de los asociados de Lutero, especialmente en Nikolaus von Amsdorf, un desafecto para aceptarle como dirigente. Cuando se pusieron en marcha las negociaciones sobre el Interim de Augsburgo por el elector Mauricio en 1548, se mostró cada vez más dispuesto a hacer concesiones, lo que arruinó su posición ante una gran parte de los teólogos evangélicos de su tiempo; se formó una facción opositora en la que el liderazgo lo asumió Flacius en vista de su saber, capacidad controversial y firmeza inflexible. Por otro lado, Melanchthon, con sus fieles seguidores (Camerarius, Major, Menius, Pfeffinger, Eber, Cruciger, Strigel) y otros no vieron en los autodenominados luteranos genuinos nada sino una estrecha y contenciosa clase que, ignorando la enseñanza evidente de Lutero, procuraban dominar sobre la Iglesia y además afirmar su propio ambicioso ego. Por otro lado, los filipistas se veían a sí mismos como los fieles guardianes del saber contra el supuesto "barbarismo" y como el medio entre los extremos. Los luteranos genuinos también afirmaron ser los representantes de la doctrina pura, defensores de la ortodoxia y herederos del espíritu de Lutero. Las animosidades personales, políticas y eclesiásticas ampliaron la brecha; al igual que la rivalidad entre la rama Ernestina de la casa sajona (excluida ahora de la dignidad electoral) y la Albertina, los celos entre la nueva universidad ernestina de Jena y las universidades electorales de Wittenberg y Leipzig, en las cuales los filipistas tenían la mayoría, y el duro antagonismo personal que se sentía en Wittenberg hacia Flacius, quien atacó a sus antiguos profesores duramente, hizo toda reconciliación imposible.

Matthias Flacius Illyricus
Matthias Flacius Illyricus
Conflicto abierto.
El conflicto comenzó con la controversia sobre el Interim y la cuestión de la adiáfora en 1548 y los años siguientes. En las negociaciones sobre el Interim de Leipzig los teólogos de Wittenberg y también Johann Pfeffinger y el íntimo de Melanchthon, Jorge de Anhalt, estuvieron del lado de Melanchthon, atrayéndose la violenta oposición de los luteranos estrictos, bajo el liderazgo de Flacius, quien ahora rompió su relación con Wittenberg. Cuando los filipistas Georg Major en Wittenberg y Justo Menius en Gotha expusieron la proposición de que las buenas obras eran necesarias para la salvación, o como Menius prefería decir "la nueva obediencia, la nueva vida, es necesaria para la salvación", no sólo eran conscientes del peligro de que la doctrina de la justificación por la fe sola desembocara en el antinomianismo y la laxitud moral, sino que manifestaron una tendencia a exponer la conexión necesaria de la justificación y la regeneración, esto es, que la justificación como posesión de la gracia perdonadora por la fe no está condicionada por la obediencia; pero también que la nueva vida presupone la obediencia y que las obras surgen de la misma justificación. Pero ni Major ni Menius eran lo suficientemente firmes para permanecer en su idea contra la acusación de negar la doctrina de la justificación y pasarse al campo católico, por lo que regresaron a la proposición general de la justificación por la fe sola. La Fórmula de Concordia cerró la controversia evitando ambos extremos, pero fracasó en ofrecer una solución final a la cuestión demandada por el motivo original de la controversia. La controversia sinergista, que estalló hacia el mismo tiempo, también surgió del interés ético que Melanchthon había inducido, al denunciar la doctrina del libre albedrío en oposición a su previo predestinacionismo. Tras el choque en 1555 entre Pfeffinger (quien en sus Propositiones de libero arbitrio había permanecido cercano a la fórmula de Melanchthon) y Amsdorf y Flacius, Strigel fue más allá en el asunto en 1559 e insistió en que la gracia trabajaba sobre los pecadores en tanto personas, no como objetos naturales sin voluntad y que en la posición de que había una cooperación espontánea de los poderes humanos liberados por la gracia, había una distancia respecto a la idea católica. Las sospechas, que iban dirigidas ahora contra Melanchthon y su escuela, se avivaron rápidamente por el renovado estallido de la controversia sacramental en 1552. Joachim Westphal acusó a Melanchthon de estar de acuerdo con Calvino y desde ese tiempo los filipistas quedaron bajo la sospecha de cripto-calvinismo. Cuanto más consideraban los luteranos alemanes el temor de la invasión del calvinismo, peor interpretaban cada anuncio de una fórmula de la Cena del Señor, según la forma de la doctrina de Lutero. La controversia sobre este tema, en la cual el amigo de Melanchthon, Hardenberg de Bremen quedó involucrado con Timann y luego con Hesshusen, terminó con su destitución en 1561, elevando la doctrina de la ubicuidad a enseñanza esencial luterana. El pronunciamiento de Wittenberg sobre el tema prudentemente se limitó a las expresiones bíblicas, siendo precavido contra disputas innecesarias que sólo podían fortalecer la sospecha de simpatía encubierta con Calvino.

Luteranos estrictos.
Los luteranos estrictos procuraron dar un golpe decisivo al filipismo. Esto se hizo manifiesto en el encuentro de Weimar de 1556 y en las negociaciones de Coswig y Magdeburgo en ese año y los siguientes, que mostraron una tendencia a trabajar no tanto por la reconciliación de las partes contendientes, sino por una humillación personal de Melanchthon. Él, aunque profundamente herido, mostró gran restricción en sus declaraciones públicas, pero sus seguidores en Leipzig y Wittenberg les pagaron a sus oponentes con la misma moneda. El ardor del sentimiento partidista se mostró en la conferencia de Worms en 1557, donde la facción de Flacius no vaciló, incluso en presencia de los católicos, en mostrar su enemistad hacia Melanchthon y sus seguidores. Tras varios intentos bien intencionados de pacificación por parte de los príncipes luteranos, sucedió la ruptura más apasionada en el último año de la vida de Melanchthon, 1559, en relación con la "Confutación de Weimar" publicada por el duque Juan Federico, en la que junto a los errores de Servet, Schwenckfeld, los antinomianos, Zwinglio y otros, las doctrinas principales especiales de los filipistas (sinergismo, majorismo, adiaforismo) fueron denunciadas como errores y corrupciones peligrosas. Ello desembocó, sin embargo, en la discordia entre los teólogos de Jena mismos, ya que Strigel defendió contra Flacius la doctrina de Melanchthon sobre el pecado y la gracia, atrayéndose en su contra el duro trato del impetuoso duque. Pero el resultado final fue el declive de la universidad de Jena, la destitución de los profesores luteranos estrictos y su sustitución por los filipistas. Parecía que la oposición turingiana al filipismo de la Sajonia electoral se había roto, pero con la caída de Juan Federico y el ascenso de su hermano Juan Guillermo al poder, las tornas se cambiaron; los filipistas en Jena fueron de nuevo desplazados (1568-69) por los luteranos estrictos, Johann Wigand, Cölestin, Kirchner y Hesshusen, articulándose la oposición de Jena a Wittenberg una vez más, hallando eco en el Bekenntnis von der Rechtfertigung und guten Werken de 1569. El elector Augusto estaba ahora deseoso de restaurar la paz en los territorios sajones, y Juan Guillermo estuvo de acuerdo en convocar una conferencia en Altenburgo (21 de octubre de 1568), en la cual los principales representantes del filipismo fueron Paul Eber y Caspar Cruciger el Joven y por el otro lado Wigand, Cölestin y Kirchner. No produjo resultado alguno, aunque continuó hasta marzo siguiente. Los filipistas afirmaron la Confesión de Augsburgo de 1540, los Loci de Melanchthon de las últimas ediciones y el Corpus Philippicum, siendo confrontados por el desafío del otro lado, de que era un ataque contra la pura enseñanza y autoridad de Lutero. Ambas partes proclamaron su victoria y los filipistas de Leipzig y Wittenberg publicaron una justificación de su posición en el Endlicher Bericht en 1571, con la cual estuvo relacionada la protesta de los teólogos de Hessen en la conferencia de Ziegenhain en 1570 contra el luteranismo de Flacius y en favor del filipismo.

Caída de los filipistas.
El luteranismo puro quedó fortificado en varias iglesias locales por el Corpora doctrinæ, de naturaleza estricta, y el trabajo para la concordia siguió más y más en la línea de eliminar las ideas de Melanchthon. Los filipistas, totalmente alarmados, intentaron no sólo consolidarse en la Sajonia electoral, sino también ganar ascendencia en toda la Iglesia evangélica alemana, pero su caída se produjo primero en la Sajonia electoral. La conclusión del coloquio de Altenburgo impulsó al elector, en agosto de 1569, a ordenar que todos los ministros en sus dominios deberían sostener el Corpus doctrinæ Philippicum, para evitar las exageraciones de Flacius y retener la doctrina original pura de Lutero y Melanchthon en los días de su unión. Pero los hombres de Wittenberg lo interpretaron como una aprobación de su filipismo, especialmente en lo tocante a la Cena del Señor y la persona de Cristo. Pacificaron al elector, quien estaba incómodo, mediante el Consensus Dresdensis de 1571, un documento redactado inteligentemente; como a la muerte de Juan Guillermo, en 1574, Augusto asumió la regencia en la Sajonia Ernestina y comenzó a expulsar no sólo a los luteranos estrictos como Hesshusen y Wigand, sino a todos los que rechazaban su suscripción al Consensus, los filipistas pensaron que estaban en el camino a una victoria que les entregaría toda Alemania. Pero la incuestionablemente calvinista obra de Joachim Cureus, Exegesis perspicua de sacra coena (1574) y una carta confidencial de Johann Stössel que cayó en manos del lector le abrieron los ojos. Los cabezas de la facción filipista fueron encarcelados y tratados duramente y la Confesión de Turgau de 1574 completó su caída. Por la adopción de la Fórmula de Concordia su causa quedó arruinada en todos los territorios que la habían aceptado, aunque en algunos otros sobrevivió bajo el aspecto de un luteranismo modificado, como en Nuremberg, o como en Nassau, Hesse, Anhalt y Bremen, donde quedó más o menos identificada definitivamente con el calvinismo. Levantó cabeza una vez más en la Sajonia electoral en 1586, con el ascenso de Christian I, pero su muerte cinco años más tarde llevó a un súbito sangriento final con el asesinato de Nicolaus Krell, víctima de este impopular avivamiento del calvinismo.

Evaluación del filipismo.
Aunque puede lamentarse que el espíritu moderado, pacífico e iluminador de Melanchthon no pudo tener más influencia en la Iglesia luterana y que sus estimables puntos en los que se apartó de Lutero no fueron reconocidos, no puede negarse que el filipismo era sólo algo a medio camino, aunque proclamaba guardar las ideas religiosas genuinas y los motivos de la Reforma mejor que la doctrina de la Fórmula de Concordia. No se debe olvidar el hecho de que donde, tras la promulgación de la Fórmula, el filipismo todavía mantenía su base, no produjo resultados en el dominio de la teología que puedan ser comparados ni por un momento con aquellos que procedieron de la escuela más estricta. Ésta obtuvo la victoria en gran medida porque dio a luz el mayor número de escritos popularmente efectivos y contó con las personalidades literarias más poderosas. Sin embargo, el espíritu de Melanchthon todavía permaneció operativo en el siglo XVII, aunque a finales del XVI su influencia fue grandemente sobrepasada por la de los luteranos ortodoxos. El movimiento iniciado por Georg Calixto muestra no sólo considerable afinidad con su tendencia, sino que tiene una conexión histórica directa por sus profesores de Helmstedt, especialmente Johann Caselius, quien fue discípulo personal de Melanchthon.