Historia
FLORENSIANOS
Florensianos (Ordo Florensis; Orden de Flore) es el nombre de una orden católica fundada en Flore (la actual San Giovanni en Fiore) por el abad y profeta cisterciense Joaquín hacia 1192, unos tres años antes de haber cambiado la administración de su monasterio de Corazzo por la vida de ermitaño en el monte Sila. Para los internos de su monasterio de San Juan, Joaquín elaboró reglas que eran similares a la de los cistercienses, aunque eran independientes y constituían una reforma benedictina más estricta. Esta regla recibió la sanción de Celestino III el 25 de agosto de 1196 y tuvo también patrocinio secular, tal como el de Enrique VI y su esposa Constancia. La orden recibió gradualmente varios monasterios en Nápoles y ambas Calabrias aunque quedó expuesta a la persecución, ya que su fundador se hizo sospechoso de herejía. Los milagros que se creían realizados en la tumba de Joaquín dieron un rápido ímpetu a los florensianos, hasta el punto de tener 34 casas, incluyendo cuatro de monjas, siendo la más importante la de Santa Elena cerca de Amalfi. En 1227 Gregorio IX prohibió a los cistercienses admitir a los florensianos en su orden por causa de la laxitud comparativa con la regla cisterciense, generando así la envidia y enemistad de los monjes de Cîteaux. Los florensianos mantuvieron su alta posición hasta el nombramiento de abades in commendam, el primero en 1470. Entonces la orden declinó y la mayoría de sus monasterios, como la casa madre en 1505, quedaron incorporados a los cistercienses, aunque unos pocos fueron dados a los dominicos y cartujos. El hábito de los florensianos era gris y recordaba al de los cistercienses. Los monjes iban descalzos y en el coro llevaban una capucha.