Historia

FRANCISCANOS

Franciscanos es el nombre de los miembros pertenecientes a la orden, fundada por Francisco de Asís, de los frailes menores (fratres minores), por lo que fueron llamados minoritas, siendo en Inglaterra popularmente conocidos como 'frailes grises', por el color de su hábito.

Frailes franciscanos
Frailes franciscanos
Desarrollo de la orden tras la muerte de Francisco.
La controversia sobre la pobreza que se extiende a través de los primeros tres siglos de la historia franciscana comenzó en vida del fundador. Los hermanos ascetas Mateo de Narni y Gregorio de Nápoles, a quienes Francisco había confiado la dirección de la orden durante su ausencia, convocaron un capítulo en el que defendieron ciertas regulaciones más estrictas tocantes al ayuno y la recepción de limosnas, que realmente se apartaban del espíritu de la regla original. Poco después de su regreso, Francisco suprimió esta tendencia insubordinada; pero cuando surgió otra de naturaleza opuesta tuvo menos éxito. Elías de Cortona encabezó un movimiento para el incremento de la consideración terrenal de la orden y la adaptación de su sistema al plano de la jerarquía, lo que entró en conflicto con las nociones originales del fundador pero ayudó a producir cambios sucesivos en la regla. Francisco no estaba solo en su oposición a esa tendencia laxa y secularizada. Al contrario, la facción que se apegaba a sus ideas originales y tras su muerte tomó su "testamento" como guía, conocidos como observantes o zelanti, era al menos iguales en número y actividad a la de los seguidores de Elías. El conflicto entre las dos facciones duró muchos años y los observantes ganaron varias victorias notables, a pesar del favor mostrado a sus oponentes por la administración papal, hasta que finalmente la reconciliación de los dos puntos de vista se hizo imposible y la orden se dividió en dos mitades.

Antonio de Padua curando a un joven, por Sebastiano Ricci
Antonio de Padua curando a un joven, por Sebastiano Ricci
Antonio de Padua ha sido normalmente estimado como el primer dirigente de los observantes, pero investigaciones posteriores han mostrado que estaba inclinado al lado opuesto. Cuando Elías envió una delegación a Roma en 1230 para obtener sanción papal para sus ideas, Antonio fue uno de los enviados; hay poca duda de que a la bula Quo eloganti de Gregorio IX, que favorecía a ese lado, se debió en gran medida a su influencia. El dirigente más antiguo de la facción estricta era el hermano León, el testigo de los éxtasis de Francisco en el monte Alverno y autor del Speculum perfectionis, una fuerte polémica contra la facción laxa. Después de él vino Juan Parens, el primer sucesor de Francisco en la dirección de la orden. Sin embargo, en 1232 Elías le sucedió y administró los asuntos de la orden en interés de su propia facción durante siete años. Durante los mismos se hizo mucho progreso externo, se fundaron muchas casas nuevas, especialmente en Italia, y en ellas, sin tener en cuenta el menosprecio del fundador hacia la enseñanza secular, se puso especial atención en la educación. La introducción de profesores franciscanos en las universidades (Oxford, por ejemplo, donde Alejandro de Hales estaba enseñando) continuó su ritmo. Las donaciones para la promoción de la orden vinieron en abundancia y Elías autorizó a sus subordinados para que acometieran la provisión de la regla contra la recepción de dinero, normalmente mediante el nombramiento de emisarios externos a la orden, quienes tenían la custodia de los fondos. Elías persiguió con gran severidad a los principales dirigentes de la oposición e incluso Bernardo di Quintavalle, primer discípulo del fundador, se vio obligado a esconderse durante años en el bosque del monte Sefro.

Buenaventura en el concilio de Lyón, por Zurbarán
Buenaventura en el concilio de Lyón, por Zurbarán
Finalmente, llegó la reacción. En el capítulo general de 1239, celebrado en Roma bajo la presidencia personal de Gregorio IX, Elías fue destituido en favor de Alberto de Pisa, anterior provincial de Inglaterra y observante moderado. No obstante, la actitud de Elías fue ampliamente prevaleciente en la orden. Los siguientes dos ministros-generales Haymo de Faversham (1240-44) y Crescencio de Jesi (1244-47) gobernaron en gran medida en esa línea, teniendo al nuevo papa, Inocencio IV, de su lado. En una bula del 14 de noviembre de 1245 incluso sancionó una extensión del sistema de agentes financieros y declaró los fondos bajo su custodia propiedad de la Iglesia, quedando a disposición del cardenal-protector y no pudiendo ser enajenados sin su permiso. La facción observante se opuso fuertemente a esta norma y llevó a cabo con éxito una agitación contra el laxo general, hasta el punto de que en 1247, en un capítulo celebrado en Lyón, donde Inocencio IV estaba entonces residiendo, fue reemplazado por el observante estricto Juan de Parma (1247-57). Elías, quien había sido excomulgado y puesto bajo la protección de Federico II, se vio obligado ahora a abandonar toda esperanza de recuperar su poder en la orden. Murió en 1253, tras obtener por retractación la remoción de sus censuras. Bajo Juan de Parma, quien disfrutó del favor de Inocencio IV y Alejandro IV, la influencia de la orden se incrementó notablemente, especialmente por las provisiones del último respecto a la actividad académica de los hermanos. No sólo sancionó los institutos teológicos en las casas franciscanas, sino que hizo todo lo que pudo para facilitar la entrada de sus profesores en las universidades, especialmente París, el cuartel general de los estudios teológicos. Se debió a la acción de sus representantes, que se vieron obligados a amenazar a las autoridades universitarias con la excomunión, que el grado de doctor de teología fuera concedido al dominico Tomás de Aquino y al franciscano Buenaventura (1257), quienes previamente habían podido enseñar sólo como licenciados. En el mismo año Buenaventura sucedió a Juan de Parma. A pesar de su obediencia a los principios observantes, Buenaventura tomó una decidida posición contra la enseñanza de Joaquín de Fiore, a la que Juan de Parma se había inclinado. No pocos de la facción "espiritual", como ahora eran llamados, fueron condenados a encarcelamiento perpetuo y con el propósito de desanimar su extrema tendencia, Buenaventura compiló una nueva biografía del fundador, a solicitud del capítulo general celebrado en Narbonne en 1260, y autorizada por el de Pisa tres años más tarde, como la única biografía aprobada. Aparte de las severas medidas tomadas contra los seguidores de Joaquín, Buenaventura parece haber gobernado (1257-74) en un espíritu moderado, que está representado también por varias obras producidas por la orden en su tiempo, especialmente la Expositio regulæ escrita por David de Augsburgo poco después de 1260.

El sucesor de Buenaventura, Jerónimo de Ascoli (1274-79), el futuro papa Nicolás IV, y su sucesor, Bonagratia (1279-85), también siguieron una línea media. Se tomaron severas medidas contra ciertos espirituales extremos que, ante el rumor de que Gregorio X estaba intentando en el concilio de Lyón (1274-75) obligar a las órdenes mendicantes a tolerar la posesión de propiedades, amenazó al papa y al concilio con la renuncia de lealtad. Sin embargo, se hicieron intentos para satisfacer las demandas razonables de la facción espiritual, como en la bula Exiit qui seminat de Nicolás III (1279), que declaraba el principio de pobreza completa como meritorio y santo, pero distinguía, en forma sofisticada, entre posesión y usufructo. La bula fue recibida respetuosamente por Bonagratia y los dos generales siguientes, Arlotto de Prato (1285-87) y Mateo de Aquasparta (1287-89); pero la facción espiritual, bajo el liderazgo del fanático apocalíptico Pierre Jean Olivi, estimó sus previsiones para la dependencia de los frailes del papa y la división entre hermanos ocupados en tareas manuales y aquellos dedicados a misiones espirituales como una corrupción de los principios fundamentales de la orden. No fueron ganados por la actitud conciliatoria del siguiente general, Raimundo Gaufredi (1289-96), ni del papa franciscano Nicolás IV (1288-92). El intento hecho por el siguiente papa, Celestino V, un antiguo amigo de la orden, para terminar la lucha por la unión de la facción observante con su propia orden de ermitaños tuvo escaso éxito. Sólo una parte de los espirituales se unieron a la nueva orden y la secesión duró poco más allá del reinado del papa ermitaño. Bonifacio VIII anuló la bula de fundación de Celestino con sus otros actos, destituyendo al general Raimundo Gaufredi y designando a un hombre de tendencia laxa, Juan de Murro, en su lugar. La sección benedictina de los celestinos quedó separada de la sección franciscana, siendo suprimida formalmente por Bonifacio en 1302. El dirigente de los observantes, Olivi, quien pasó sus últimos años en la casa franciscana en Narbonne y murió en ella en 1298, se había pronunciado contra la actitud "espiritual" más extrema y había elaborado una exposición de la teoría de la pobreza que fue aprobada por la mayoría de los observantes moderados, constituyendo durante largo tiempo su principio.

Mapa de difusión de los conventos franciscanos hacia el año 1300
Mapa de difusión de los conventos franciscanos hacia el año 1300

Jacopo Bassano
Jacopo Bassano
Éxito temporal de la facción estricta. Persecución.
Bajo Clemente V (1305-14) esta facción logró ejercer alguna influencia en las decisiones papales. En 1309 Clemente recibió a una comisión en Aviñón con el propósito de reconciliar a las partes en conflicto. Ubertino de Casale, el dirigente, tras la muerte de Olivi, de la facción estricta, que era miembro de la comisión, indujo al concilio de Vienne a llegar a una decisión que en lo sustancial favorecía sus ideas y la constitución papal Exivi de paradiso (1313) fue en conjunto concebida en la misma línea. El sucesor de Clemente, Juan XXII (1316-34), favoreció a la facción conventual o laxa. Por la bula Quorandum exigit modificó diversas provisiones de la constitución Exivi y exigió la sumisión formal de los espirituales. Algunos de ellos, estimulados por el fuertemente observante general Miguel de Cesena, se atrevieron a disputar el derecho del papa a manejar las provisiones de su predecesor. Sesenta y cuatro de ellos fueron citados en Aviñón y los más obstinados entregados a la Inquisición, siendo cuatro de ellos quemados (1318). Poco antes de esto todas las casas separadas de los observantes habían sido suprimidas.

Unos pocos años después surgió una nueva controversia, esta vez teórica, sobre la cuestión de la pobreza. Los espirituales contendían tenazmente por la idea de que Cristo y los apóstoles no habían poseído absolutamente nada, ni individual ni conjuntamente. Esta proposición había sido declarada herética en un juicio ante un inquisidor. Se hizo una protesta contra esta decisión en el capítulo celebrado en Perugia en 1322 así como por miembros tan influyentes de la orden como Guillermo de Occam, el provincial inglés, y Bonagratia de Bérgamo. Juan XXII se alineó decididamente con los dominicos, que combatían la teoría, y por la bula Cum inter nonnullos de 1322 la declaró errónea y herética. Al apelar a esta decisión, Bonagratia, Occam y Cesena fueron encarcelados en Aviñón durante cuatro años hasta que escaparon con la ayuda del emperador Luis el Bávaro. Apoyados por él llevaron a cabo una guerra literaria contra la negación dominica y papal de la pobreza absoluta de Cristo y los apóstoles. El papa destituyó a Cesena y Occam de sus cargos en la orden y los excomulgó con el antipapa franciscano Pedro de Corvara (Nicolás V) y a todos sus seguidores. Sin embargo, sólo una pequeña parte de la orden se unió a ellos y en un capítulo general celebrado en París (1329) la mayoría de todas las casas declaró su sumisión al papa. El mismo paso se tomó al año siguiente por el antipapa, posteriormente por el ex general Cesena y finalmente, justo antes de su muerte, por Occam.

Congregaciones separadas.
Aparte de esas disensiones en el siglo XIV surgieron un número de congregaciones separadas, casi sectas. Se pueden mencionar, aparte de los begardos y fraticelli, algunas que se desarrollaron dentro de la orden tanto sobre principios ermitaños como cenobíticos: (1) Los clareni o clarenini, una asociación de ermitaños establecida en el río Clareno, en la marca de Ancona, por Angelo di Clareno tras la supresión de los franciscanos celestinos por Bonifacio VIII. Mantenía los principios de Olivi y, fuera de Umbria, se difundió también en el reino de Nápoles, donde Angelo murió en 1337. Como otras pequeñas congregaciones fue obligada en 1568 por Pío V a unirse con el cuerpo general de los observantes. (2) Los minoritas de Narbonne. Se originó como congregación separada por la unión de varias casas que seguían a Olivi después de 1308. Estaban limitados al suroeste de Francia y, al ser sus miembros acusados de la herejía de los begardos, fueron suprimidos por la Inquisición durante las controversias bajo Juan XXII. (3) La reforma de Juan de Vallibus, fundada en la ermita de San Bartolomé en Brugliano cerca de Foligno en 1334. La congregación fue suprimida por el capítulo general franciscano en 1354, restablecida en 1368 por Paolo de Trinci de Foligno y confirmada por Gregorio XI en 1373, difundiéndose rápidamente desde Italia central a Francia, España, Hungría y otras partes. La mayoría de las casas observantes se unieron a esta congregación gradualmente, por lo que llegaron a ser conocidos simplemente como los "hermanos de la observancia regular". Obtuvo el favor de los papas por su oposición enérgica a los heréticos fraticelli, siendo expresamente reconocida por el concilio de Constanza (1415). Se le permitió tener un vicario general especial propio y legislar para sus miembros sin referencia a la facción conventual de la orden. Por el trabajo de hombres como Bernardino de Siena, Juan de Capistrano y Dietrich Coelde (nacido en 1435 en Münster, miembro de los Hermanos de la Vida Común y muerto el 11 de diciembre de 1515), ganó gran prominencia durante el siglo XV. Hacia el fin de la Edad Media los observantes, con 1.400 casas, comprendían casi la mitad de toda la orden. Su influencia produjo intentos de reforma incluso entre los conventuales, incluyendo los Observantes de la Vida Común, fundados por Bonifacio de Ceva, difundiéndose principalmente en Francia y Alemania; la congregación reformada fundada en 1426 por el español Felipe de Berbegal se distinguió por la especial importancia que dieron a la pequeña capucha (cappuciola); los neutri, un grupo de reformistas se originaron hacia 1463 en Italia, intentando tomar una posición media entre los conventuales y los observantes, pero rechazando obedecer a los cabezas de ambos, hasta que fueron obligados por el papa a afiliarse con los observantes regulares o con los de la Vida Común; los caperolani, una congregación fundada hacia 1470 en el norte de Italia por Pedro Caperolo, pero disuelta tras su muerte en 1480; los amadeístas, fundados por el noble portugués Amadeo, quien entró en la orden franciscana en Asís en 1452, juntándose a su alrededor un número de seguidores a sus principios estrictos (contándose finalmente 26 casas) y muriendo en olor de santidad en 1482.

Intentos infructuosos de unir la orden.
Los proyectos para una unión de las dos principales ramas de la orden fueron acometidos no sólo por el concilio de Constanza sino por varios papas, sin ningún resultado positivo. Bajo la dirección de Martín V, Juan de Capistrano elaboró estatutos que sirvieran de base para la reunión, siendo de hecho aceptados por un capítulo general en Asís en 1430. Pero la mayoría de las casas conventuales los rechazaron y quedaron sin efecto. A solicitud de Capistrano, Eugenio IV emitió una bula (Ut sacra minorum, 1446) procurando el mismo resultado, pero de nuevo nada se logró. Igualmente infructuosos fueron los intentos del papa franciscano Sixto IV quien otorgó un gran número de privilegios a las órdenes mendicantes originales, pero por este mismo hecho perdió el favor de los observantes y fracasó en sus planes de reunión. Julio II logró hacer algo con algunas de las más pequeñas ramas, pero dejó la división de las dos grandes facciones sin tocar. Esta división fue finalmente legalizada por León X tras un capítulo general celebrado en Roma, en relación con el movimiento reformista del quinto concilio de Letrán, habiéndose constatado una vez más la imposibilidad de reunión. Los principios menos estrictos de los conventuales, que permitían la posesión de pertenencias y el disfrute de ingresos fijos, fue reconocido como tolerable, mientras que los observantes, en contraste a este usus moderatus, mantuvieron estrictamente su propio usus arctus o pauper. Como éstos se adherían más estrechamente a la regla del fundador se les permitió afirmar una cierta superioridad sobre los primeros. El general observante (elegido ahora durante seis años en lugar de por vida) tenía que llevar el título de "ministro-general de toda la orden de San Francisco" y el derecho a confirmar la elección de un cabeza para los conventuales, quien fue conocido como "maestre-general de los frailes menores conventuales", aunque este privilegio nunca llegó a ser prácticamente operativo.

Frailes capuchinos
Frailes capuchinos
Nuevas congregaciones.
Las regulaciones de León X dieron un notable incremento de fuerza a la rama observante y muchas casas conventuales se unieron a ella; en Francia todas salvo 48, en Alemania la mayor parte y en España prácticamente todas. Pero este mismo crecimiento fue fatal para la unidad y fuerza interna de la facción estricta. La necesidad de nuevas reformas se hizo evidente y la acción de León X, lejos de consolidar la orden, dio origen a nuevas ramas. Las más importantes fueron: los capuchinos, fundados en 1525 por Matteo Bassi y establecidos en 1619 por Pablo V como orden separada; los franciscanos descalzos, fundados como congregación observante especialmente estricta en Belalcázar, en España, por Juan de Puebla hacia finales del siglo XV; fueron obligados por León X a unirse con los observantes regulares, pero poco después fueron restablecidos como rama independiente por Juan de Guadalupe († 1580) y posteriormente lograron alguna importancia en España y Portugal; los alcantarinos, una congregación muy estricta fundada en 1540 por Pedro de Alcántara, distinguida por sus destacados logros en el campo misionero; los riformati italianos, fundados hacia 1525 cerca de Rieti por dos observantes españoles, difundiéndose desde principios del siglo XVII por el favor de Clemente VIII y Urbano VIII; los recoletos franceses, originarios de Nevers en 1592, formados como congregación distinta por Clemente VIII en 1602 e importantes en la historia misionera posterior, especialmente en Canadá.

Duns Escoto, atribuido a Jodocus de Gante, Palacio Barberini, Roma
Duns Escoto, atribuido a Jodocus de Gante,
Palacio Barberini, Roma
Nombres destacados.
Aunque sobrepasados en número de autores teológicos prominentes e influyentes por los jesuitas y dominicos, la orden todavía se jacta de tener un número de nombres distinguidos. El primer siglo de su existencia produjo los tres grandes escolásticos, Alejandro de Hales, Buenaventura y Duns Escoto, el "doctor admirable" Roger Bacon y los autores místicos y predicadores populares David de Augsburgo y Bertoldo de Regensburgo. Entre las celebridades franciscanas de finales de la Edad Media se puede mencionar a Nicolás de Lira, el comentador bíblico, Bernardino de Siena, Juan de Capistrano, Mollard y Menot como predicadores y a los famosos canonistas Astesanus, Álvaro Pelagio y Occam. Posteriormente contaron con sólidos investigadores históricos como Luke Wadding y Pagi. En el campo del arte cristiano, durante finales de la Edad Media, el movimiento franciscano ejerció considerable influencia, especialmente en Italia. Varios grandes pintores de los siglos XIII y XIV, especialmente Cimabue y Giotto, fueron hijos espirituales de Francisco en el más amplio sentido y las obras maestras del segundo, así como las concepciones arquitectónicas suyas y de su escuela, muestran la influencia de los ideales franciscanos. El estilo gótico italiano, cuyo monumento importante más antiguo es la gran iglesia convento en Asís (construida en 1228-53), fue cultivado como una regla principalmente por los miembros de la orden o de hombres bajo su influencia. La poesía espiritual antigua de Italia se inspiró en Francisco, quien fue seguido por Tomás de Celano, Buenaventura y Jacopone da Todi; en cierto sentido incluso Dante puede ser incluido dentro de la esfera de influencia franciscana (comp. especialmente Paradiso xi. 50).

Las clarisas o pobres clarisas.
La orden franciscana tiene una rama femenina fundada en vida de Francisco por Clara, de quien ha recibido el nombre.

Los terciarios.
La regla terciaria que pasó bajo el nombre de Francisco no sólo no pudo haber sido elaborada por él, sino que ni siquiera muestra un fundamento de sus instrucciones originales. Sin embargo, tuvo que haber durante su vida un seguimiento de laicado devoto que compuso una especie de tercera orden, además de los frailes menores y las clarisas. Parece probable que la regla elaborada en 1285 por terciarios dominicos sirvió como modelo para la correspondiente regla franciscana mencionada por Nicolás IV en su bula Supra montem el 18 de agosto de 1289. Esta regla excluye a personas que vivan en el estado conyugal, pero no prescribe absoluta renuncia a la propiedad o la exigencia de llevar el hábito franciscano. Los preceptos para el ayuno son comparativamente suaves, permitiendo comer carne tres veces a la semana y los ejercicios devocionales exigidos son muchos menos que en las órdenes primera y segunda. A los hermanos se les permite expresamente prestar servicio militar en defensa de la Iglesia católica y la fe cristiana de su propia patria. La posición a medio camino entre la Iglesia y el mundo tomada por esta regla corresponde a una necesidad ampliamente sentida en ese tiempo y contribuyó a la difusión del principio mendicante. El crecimiento de la orden terciaria no estuvo sin oposición. Federico II tomó severas medidas contra ellos, siendo una y otra vez confundidos los terciarios franciscanos con los begardos; especialmente tras la condena de este grupo por el concilio de Vienne muchos de sus miembros procuraron entrar en la tercera orden de San Francisco o adoptaron su hábito y manera debida, por lo que Juan XXII se vio obligado a emitir una bula especial (Sancta Romana) para distinguir a los verdaderos de los falsos terciarios. El crecimiento de la institución continuó durante la Edad Media y numerosas hermandades piadosas masculinas y femeninas surgieron desde dentro o en estrecha relación con ella. Bajo León X un nuevo sistema entró en efecto (1517), separando del cuerpo general a aquellos terciarios que aceptaron una nueva regla elaborada para ellos. Éstos tomaban los tres votos monásticos, tenían un ministro-general propio y podían ser admitidos en la primera orden. El resto quedaron divididos en tres clases: los que vivían en comunidad, obligados por votos simples, sobre la base de la antigua regla de Nicolás IV; los que vivían solos, obligados por un simple voto de celibato y llevando el hábito de la orden y otro de ambos sexos, solteros o casados, que no tenían votos y no vivían en comunidad. La tercera clase era con mucho la más numerosa y comprendía a todos los miembros afiliados que vivían en el mundo.

Nuevo ordenamiento de León XIII.
Hacia finales del siglo XIX León XIII exhortó a la orden terciaria, en la encíclica Auspicator de 17 de septiembre de 1882, a adaptar su servicio a las condiciones modernas. Por la constitución Misericors del 30 de mayo de 1883 realizó varios cambios en las obligaciones de los miembros. No se exigían votos para entrar, sino una simple promesa de guardar la regla y llevar el escapulario y cinturón bajo la ropa ordinaria; se imponían algunos ayunos, especialmente las vigilias de las fiestas de la inmaculada concepción y de San Francisco, el deber de la comunión mensual y la acción de gracias antes y después de las comidas, junto con la de una vida de dominio propio en lo general. Esas regulaciones supusieron un notorio incremento del número de miembros.