Historia
GEBHARD II Y LA CONTRARREFORMA EN LAS TIERRAS BAJAS DEL RIN
- Protestantes en las tierras bajas del Rin
- Intrigas bávaras en la baja Alemania
- Gebhard II
- Caída de Gebhard
- Progreso de la Contrarreforma
Protestantes en las tierras bajas del Rin.
La Reforma no consiguió penetrar completamente en ninguna parte de los distritos bajos del Rin. Es verdad que hubo pequeñas congregaciones que lucharon aquí y allá por una modesta existencia, inclinándose una parte de la nobleza hacia las nuevas doctrinas; pero el nuevo movimiento no tuvo apoyo en las ciudades. En las dos ciudades imperiales más poderosas de esas regiones, Colonia y Aachen, la preponderancia católica en los consejos y vida civil permaneció intocable. Pero desde 1570 en adelante, los disturbios en los Países Bajos habían obligado a incontables refugiados a los distritos vecinos del bajo Rin, estableciéndose varias congregaciones reformadas en el ducado de Juliers y Cleves, así como en el electorado y ciudad de Colonia. Wesel se convirtió en un centro de la nueva propaganda. En Aachen los protestantes comenzaron a contender, tras 1574, por el gobierno de la ciudad. De hecho, ya en 1571 se puso en vigor una firme organización de todas esas congregaciones "neerlandesas", que atrajeron hacía sí a muchos de los protestantes nativos. A pesar de la acción esporádica por parte de las autoridades, las congregaciones fueron tácitamente toleradas, siendo un factor para ello en la ciudad de Colonia las relaciones mercantiles con los Países Bajos; mientras que en la corte de Juliers una facción protestante incluso se propuso lograr una influencia legislativa sobre el enfermo y vacilante duque Guillermo IV.
Aunque la Reforma no había obtenido la supremacía en ninguna parte de esos territorios y ni siquiera poseía una posición de seguridad, no obstante, al final de la década 1570-80, los protestantes estaban por todas partes, sin que hubiera una actividad de la Contrarreforma. Los jesuitas habían comenzado su actividad en Colonia poco después de que su orden se fundara, haciendo de la ciudad un centro de su empresa misionera y literaria en el resto de Alemania; pero sus esfuerzos en Colonia misma nunca lograron nada fructífero. Estaban coartados por la falta de apoyo de las autoridades políticas; los electores no mostraban interés en la orden y el consejo de la ciudad, el clero y la universidad ponían obstáculos a sus designios. La victoria que llegaría en este lugar para la Contrarreforma se debió a la presión de intereses dinásticos foráneos y la parte principal en este resultado para la causa católica la desempeñó la política bávara.

El duque Alberto V de Baviera había destinado a su tercer hijo, Ernesto (nacido en 1554), para la vocación clerical; en 1565 era canónigo en Salzburgo y poco después también en Colonia, Tréveris y Würzburgo; en el otoño de 1565 era igualmente obispo de Freising. Los deseos de Alberto se centraban sin duda en la archidiócesis vecina de Salzburgo; pero en 1569, cuando el elector Salentin de Colonia incurrió en dificultades con la curia por no reconocer al concilio de Trento y estaba considerando la dimisión, Ernesto fue propuesto por su padre, que había apoyado al gobierno español en Bruselas, como sucesor de Salentin. En la dieta imperial en Spira, en 1570, las negociaciones con Salentin avanzaron tanto que Ernesto fue a Colonia en noviembre, fijando su primera residencia allí como canónigo hasta mayo de 1571, siendo tal la condición preliminar en la línea de elección. Sin embargo, la dimisión de Salentin se retrasó y en 1573 incluso se sometió al concilio de Trento, siendo confirmado por la curia como arzobispo, tras su consagración sacerdotal. En 1577, una vez que la corte bávara fracasó en un intento de lograr Münster para Ernesto, se retomaron los esfuerzos en Colonia con más celo que antes. Además, el apoyo de la curia hacía abrigar la esperanza de algún resultado práctico. El duque Ernesto, que durante un tiempo, en 1572, había frustrado prácticamente todos los planes de su padre por un súbito desafecto a la vocación espiritual, fue enviado a Roma en la primavera de 1574, para una estancia de casi dos años, como recompensa por someterse a la voluntad de su padre. En Roma obtuvo el particular favor del papa, resolviendo Gregorio XIII apoyar, con todo su poder, el nombramiento de Ernesto como coadjutor de Salentin; de hecho, el avance de los intereses de la familia bávara parecían ser la única manera para la recuperación de una posición más firme de la Iglesia católica en la baja Alemania. El estatus que se había obtenido en 1573 por la elección de Ernesto como obispo de la pequeña sede de Hildesheim no había podido, por sí solo, proporcionar una base confiable de apoyo.
Pero contra los planes conjuntos de Salentin, la curia y la corte bávara, la oposición se manifestó por el lado del capítulo de Colonia; cuando en 1577 Salentin dimitió, Ernesto fue derrotado, en la nueva elección, por Gebhard Truchsess, que fue elegido por los protestantes y los poco entusiastas católicos del capítulo. El duque Alberto, así como el nuncio papal Portia, protestaron contra la elección, pero tanto el emperador como los electores respaldaron la causa de Gebhard, al ser considerado un buen católico, recibiendo la consagración sacerdotal en marzo de 1578 y jurando lealtad al concilio de Trento. La curia despreció la protesta bávara y en marzo de 1580 confirmó la elección. Para ese tiempo el duque Alberto había muerto y su sucesor, Guillermo V, estaba dispuesto a llegar a acuerdos. Ernesto recibió alguna compensación en 1581, mediante la adquisición de la rica diócesis de Lieja.

Gebhard (nacido en el Waldburg, Suabia, el 10 de noviembre de 1547 y muerto en Estrasburgo el 21 de mayo de 1601) descendía de la antigua familia suaba de los Truchsesses de Waldburg; su padre fue el consejero imperial Wilhelm Truchsess; su tío el cardenal Otto de Augsburgo. Recibió una esmerada educación, ya que desde temprana edad fue destinado a la vocación espiritual. Asistió, según recogen los registros, a las universidades de Dillingen, Ingolstadt y Lovaina; luego terminó sus estudios con una estancia en Italia en 1567. Su carrera espiritual comenzó en 1560 con la adquisición de una prebenda en Augsburgo; en 1561 era canónigo en Colonia; capitular en Estrasburgo en 1567 y en Colonia en 1568, el lugar del recién elegido elector Salentin. Por noticias del año 1569 se sabe que Gebhard llevó una vida escandalosa en Augsburgo y a solicitud del cardenal Otto, el duque Alberto V intervino amonestándolo, lo que parece haber causado alguna mejora. En 1574 Gebhard era deán de la catedral de Estrasburgo; en 1576, por propuesta papal, preboste de la catedral de Augsburgo. En todos los aspectos, su conducta eclesiástica debe haber estado libre de imputaciones sospechosas, estando la curia dispuesta a confirmar su elección como elector de Colonia.
Hubo un asunto personal que atrajo la atención del elector, unos años después de su elección, hacia la lucha eclesiástica, lo que dio nueva vida a las esperanzas bávaras. Gebhard, hacia 1580, había entablado una relación amorosa con la condesa Agnes de Mansfeld, canóniga del claustro en Gerresheim. Ante la insistencia de los parientes de la deshonrada mujer, Gebhard resolvió casarse con ella. Originalmente, sin duda, quería decir que dimitía de su oficio y renunciaba a la carrera espiritual; pero los mismos amigos que habían sido activos en lograr su elección ahora le convencieron para que retuviera la posición arzobispal a pesar de su matrimonio. Tras unos prolongados, aunque en ninguna manera satisfactorios preliminares, y tras conclusión formal de ello en la ciudad de Bonn, que, por esa causa, no estaba de acuerdo con él, el elector anunció públicamente, en diciembre de 1582 y en enero de 1583, que permitía el ejercicio de ambas confesiones en la archidiócesis, tanto la antigua como la nueva, proponiéndose él mismo adoptar la Confesión de Augsburgo, para seguir siendo arzobispo y casarse. La miopía de Gebhard quedó en evidencia, al declarar públicamente su propósito sin tener todavía el suficiente apoyo en la archidiócesis y sin recibir el apoyo de los protestantes alemanes o de los Estados Generales. Hasta ese momento, sólo los condes de Wetterau y el palsgrave Juan Casimiro se mostraron dispuestos a ayudar. En caso de que faltara un apoyo general protestante, y esto fue lo que sucedió por la errónea política del elector Augusto de Sajonia, el fracaso de este intento hacia la libertad religiosa era inevitable desde el principio.
Caída de Gebhard.
Incluso antes de que Gebhard anunciara públicamente sus propósitos, sus adversarios estaban irritados (desde el otoño de 1582); el capítulo de la catedral en Colonia, que se oponía sobre bases eclesiásticas y personales a la secularización de la archidiócesis, ideó medidas de resistencia, formando una alianza con el gobernador general de los Países Bajos, Alejandro de Parma; además los estamentos territoriales de la diócesis se declararon en contra del proyecto de Gebhard. El miembro ás influyente del capítulo, el obispo sufragáneo, duque Federico de Sajonia-Lauenburgo, incluso comenzó, bajo su propia responsabilidad, una guerra abierta contra la innovación. La ciudad de Colonia se posicionó contra el elector; el emperador le exhortó a que desistiera y la curia instituyó un procedimiento canónico contra todos los apóstatas. En abril de 1583 Gebhard fue excomulgado y depuesto de su rango. La política bávara resurgió de nuevo y la curia, no menos que los antagonistas de Gebhard en el capítulo de Colonia, aceptaron al duque Ernesto como su único candidato posible. Se había presentado en Colonia a principios de marzo y en la nueva elección, debidamente señalada para el 23 de mayo, fue elegido unánimemente como arzobispo. Ernesto y Gebhard quedaban ahora enfrentados como campeones de diferentes principios no menos que como exponentes de intereses personales contrapuestos; Gebhard no estaba dispuesto a ceder. Inmediatamente tras su elección, Ernesto, apoyado por su hermano el duque Guillermo V, por el gobierno español en Bruselas y por la curia, organizó un ejército; su hermano mayor, el duque Fernando de Baviera, fue nombrado comandante en jefe en el verano de 1583, estando los regimientos españoles dispuestos a colaborar, pues sería una nueva amenaza para el tambaleante dominio español en los Países Bajos que el electorado de Colonia cayera en manos protestantes. Las fuerzas militares de Gebhard eran muy desiguales a esta oposición. Entre los súbditos archidiocesanos sólo los estamentos del ducado de Westfalia se habían declarado a su favor; en los distritos renanos del electorado, Gebhard, al comienzo de la guerra, tenía sólo unas pocas cartas seguras en su mano (Bonn, Bedbur, Berk y Uerdingen); en las porciones meridionales de la diócesis, su hermano Karl Truchsess luchó de su parte y en el norte su más capaz partidario, el conde Adolfo de Neusnar, pero ambos con escasos recursos. Ciertamente el palsgrave Juan Casimiro, el único príncipe protestante que intentó proporcionar ayuda real, marchó en su apoyo con siete mil hombres en el verano de 1583; pero su ejército, para empezar inepto y no bien dirigido por su propio liderazgo, se desbandó prácticamente tras dos meses de infructuosas maniobras en la margen derecha del Rin y a consecuencia de falta de paga. En octubre Juan Casimiro fue llamado del campo de batalla a Heidelberg, para asumir la regencia con motivo de la muerte de su hermano, el elector Luis. La prohibición del imperio, respaldada por el emperador, contribuyó al colapso de este servicio auxiliar. Las negociaciones con los Estados Generales no dieron ningún resultado, quedando Gebhard a su suerte ante un adversario mucho más fuerte. A pesar de ello, pasó medio año antes de que el nuevo poder preponderante del elector alcanzara su objetivo; primero en la archidiócesis y luego también en Westfalia, una ciudad y un castillo tras otro sucumbieron. Gebhard buscó refugio en los Países Bajos, muriendo finalmente en Estrasburgo en 1601. La batalla por la dignidad electoral y la libertad religiosa se decidió desde 1584; por admisión al colegio electoral a principios de 1585, Ernesto se ganó el reconocimiento legal del imperio.
Gebhard no fue impulsado por ninguna gran idea, ni pudo afirmar mediante actividad viril el derecho a tan elevada ambición. Su intención era buena, tanto en el comienzo como católico como luego como protestante, pero le faltó profundidad y tenacidad. Su victorioso adversario, personalmente, en ninguna manera era superior a él. Ernesto tuvo los mismos buenos y malos rasgos de personalidad, viviendo una vida espiritual tan escasa como su predecesor; "es un gran pecador; pero debéis acoplar la tela al personaje", fue la declaración del nuncio papal sobre él. La personalidad de Ernesto fue casi indiferente en cuanto a los resultados; fue llevado a su posición por la ola creciente de la Contrarreforma. Sobre Gebhard, que permaneció solo, la victoria fue la de la curia, la de Baviera y la de España.

Una vez que el objetivo papal se hubo realizado, las fuerzas eclesiásticas de la Contrarreforma comenzaron a actuar; los jesuitas y los nuncios papales procedieron a trabajar en su campo, En los distritos renanos de la diócesis y en Westfalia, el protestantismo fue combatido enérgicamente; pero la adquisición de Münster, donde Ernesto fue elegido en 1585, y por la introducción, bajo influencia bávara, de católicos fiables a las sedes episcopales de Osnabrück, Paderborn y Minden, la posibilidad de que la Alemania noroccidental católica se consolidara fue posible. No obstante, las congregaciones protestantes lucharon en todas partes obstinadamente por su existencia; a pesar de la represión, continuaron creciendo en Colonia hacia finales del siglo XVI; mientras que los más grandes obstáculos para una reacción completa en el electorado en su totalidad procedían de la personalidad del elector. Sus inclinaciones mundanas eran tan poco beneficiosas para los deseos de la curia que incluso en 1588 el nuncio papal concibió el plan de una coadjuditoría. Cuando la administración y las finanzas fueron de mal en peor y el elector por su afición a la caza y su indumentaria mundana, su evasión de los mandamientos de la Iglesia y su vida frívola causaron más y más irritación, se hizo necesario el nombramiento de un coadjutor. En abril de 1595, con el consentimiento del elector, su sobrino el duque Fernando de Baviera fue elegido para el cargo. Se acometió la liquidación de las deudas acumuladas, realizándose una visitación de toda la archidiócesis, efectuándose reformas eclesiásticas.
Pero aunque el electorado de Colonia y las vecinas provincias episcopales fueron anexionadas de nuevo a la Iglesia católica, el intento de sujetar de nuevo a la Iglesia católica toda la Alemania noroccidental no tuvo éxito; pues no sólo las provincias de los Países Bajos, victoriosas en su batalla contra España, formaron un fuerte baluarte protestante, sino que también en los distritos Juliers-Cleves, las congregaciones protestantes se mantuvieron sin limitaciones; de hecho, continuaron creciendo, hasta el punto de que en Cleves y en la Marca lograron la preponderancia, consiguiendo en 1609, cuando Brandeburgo y Pfalz-Neuburg tomaron posesión de los territorios de la casa de Juliers, completa libertad.