Historia

GENOVEVA, ÓRDENES DE SANTA

Órdenes de Santa Genoveva es el nombre con el que se conocen dos congregaciones religiosas católicas que llevan el nombre de esa patrona:

1. Canónigos de Santa Genoveva (o de la congregación de Francia, Canonici regulares congregationis Gallicanæ). Fue fundada en 1058 por el traslado de los canónigos de San Víctor a la iglesia de Santa Genoveva en París. Entre sus primeros miembros estuvo Pedro Lombardo, pero recibió fama permanente e influencia por su reformador y segundo fundador, Charles Faure, tras 1614. Hacia el tiempo de su muerte treinta años después, la congregación había conseguido quince monasterios, siendo tal su reputación de erudición que el canciller de la Sorbona siempre perteneció a ella. Los miembros estaban dedicados a tareas educativas y hospitalarias. En 1646 los canónigos de Santa Genoveva quedaron unidos con la antigua congregación de Val des Écoliers y en la primera mitad del siglo XVIII tenían setenta y siete abadías y veintiocho prioratos. Su biblioteca, que fue propiedad nacional desde 1790 a 1850, fue trasladada desde la antigua abadía a un nuevo edifico (Bibliothèque Ste. Geneviève), formando el núcleo de una las de las más importantes bibliotecas públicas de París.

2. Hijas de Santa Genoveva (Miramiones, Hijas de la Sagrada Familia). Una congregación establecida para el cuidado de los pobres y la educación de niñas en 1636 por Francisque de Blosset († 1642), quien colaboró con Vicente de Paúl. Su regla fue confirmada por el arzobispo de París en 1658 y siete años después la congregación quedó unida con una orden fundada en 1660 por Marie Bonneau de Rubelle Beauharnois de Miramion, usándose el nombre miramiones desde entonces. La congregación creció y se difundió hasta la Revolución. En la Restauración fue reavivada como Sœurs de la Sainte Familie, con una casa madre en Besançon. También tuvo casa en Amiens, Lyón, Pezanas, Toulouse y Villefranche. Las internas pasaban un noviciado de dos años tras los cuales quedaban obligadas por votos simples. Su regla les impone obras de misericordia, particularmente el cuidado de los enfermos y los pobres de su propio sexo y la instrucción gratuita de niñas.