Historia
GIRÓVAGOS
La Iglesia se dio pronto cuenta del deber de restringir los excesos de estos monjes errantes. Los sínodos de Angers en 453 (canon viii) y Vannes en 465 (cánones vi y vii) determinaron que los monjes vagabundos deberían ser apartados de la comunión y ser estrictamente disciplinados; los dos concilios españoles en Toledo en 633 (canon liii) y 646 (canon v) exigieron que los religiosi vagabundi fueran o sometidos al clero o consignados a un claustro. Las fundaciones monásticas de Cesáreo de Arlés, Benito de Nursia y Casiodoro en el siglo VI sirvieron para reprimir a los monjes errantes, sometiendo expresamente a sus internos a perseverar en el estado monástico hasta la muerte y a permanecer en el primer monasterio escogido. El triunfo de la regla benedictina en el siglo VIII puso al monasticismo occidental bajo la forma cenobítica. En el este las medidas para suprimirlos fueron tomadas por el concilio de Calcedonia en 451 (canon iv), también por Justiniano y luego por el segundo sínodo de Trullo en 692 (canon xlii). A pesar de todo, hubo monjes de este tipo por toda la Edad Media. Posteriormente el término giróvagos se aplicó a clérigos inestables y cambiantes.