Historia
GNOSTICISMO
- Gnosis y gnosticismo
- Origen y significado
- Fuentes
- Una religión, no una filosofía
- Dependencia de la autoridad
- Su dualismo
- La Iglesia y el gnosticismo
- Textos gnósticos

Gnosis y gnosticismo.
Según la tradición más antigua el Señor dijo a sus discípulos (Y respondiendo El, les dijo: Porque a vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha concedido.[…]Mateo 13:11): "A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de los cielos." Para el apóstol Pablo la gnosis era una función del hombre espiritual (Porque entre los hombres, ¿quién conoce los pensamientos de un hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Asimismo, nadie conoce los pensamientos de Dios, sino el Espíritu de Dios.[…]1 Corintios 2:11 y sig.), que cada cristiano posee esencialmente. Sin embargo era factible que se interpretara la posesión de tal gnosis como una señal de superioridad respecto a otros, por lo que Clemente de Alejandría, escribe: "No hay, pues, en la misma palabra algunos 'hombres iluminados (gnósticos) y algunos psíquicos (o naturales)'; sino que todos los que han abandonado los deseos de la carne son iguales y espirituales ante el Señor."
Pero no todos eran de esa opinión. Ya en un período antiguo surgió la idea contraria, que en Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, y evita las palabrerías vacías y profanas, y las objeciones de lo que falsamente se llama ciencia,[…]1 Timoteo 6:20 es correctamente designada, "la falsamente llamada ciencia (gnosis)." No sólo individuos sino grupos de hombres tales, profesando ser cristianos, se llamaron a sí mismos gnósticos (carpocracianos, en Ireneo; naasenos en Hipólito; en Orígenes es una secta ambigua, etc.). Más aún, se jactaban "de que solamente ellos habían alcanzado las profundidades del conocimiento" (Hipólito; comp. Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios.[…]1 Corintios 2:10) y esas "cosas profundas" pretendían haberlas "sondeado" mediante un proceso especulativo no fundado en la Escritura. Ireneo, quien se opone a ellos, usó el término gnósticos en este último significado y desde entonces se ha convertido en la designación normal para ellos. Pero esto, como mucho, es sólo una cualificación formal, cuyo análisis concreto es difícil debido a la diversidad del fenómeno, como para que sea abarcado bajo un nombre general.


Bottega di Poesia, Milán
El gnosticismo no fue un fenómeno específicamente cristiano, sino que pertenece a la historia de la religión en general. Bastantes veces sucedió que sectas gnósticas profesaban ser cristianas, cuando en realidad no tenían nada en común con el cristianismo. Por eso Orígenes justamente dijo: "Celso en su tratado contra los cristianos no habría introducido, entre las acusaciones, declaraciones que ellos nunca pronunciaron." Por otro lado, muchas sectas religiosas parecen ser independientes de lo que realmente fue sólo una variedad de gnosticismo, por ejemplo los mandeos y maniqueos. En cualquier grado la idea de que el gnosticismo es sólo un fenómeno parcial de la metafísica cristiana y que sólo en ese aspecto es importante es demasiado estrecha, pues para entender el gnosticismo completamente no debería ser visto con los ojos del historiador y el dogmático eclesiástico, para quien esas formas de gnosticismo son sólo de interés porque han adquirido especial importancia en relación al progreso del cristianismo, ya que la investigación del gnosticismo en la historia religiosa está todavía en sus rudimentos y no ha producido aún resultados definitivos. Por otra lado, el gnosticismo es apto para quedar estrechamente asociado con el helenismo, pensándose que debe ser explicado en referencia a la filosofía griega (Joel) o, en algún grado, en conexión con los misterios griegos (Weingarten y otros), una teoría que culmina en el famoso epigrama de Harnack "el sistema gnóstico representa la secularización aguda o helenización del cristianismo" (Dogma, i. 226). No es sino una aplicación de la misma idea designar al gnosticismo como orfismo cristiano (Wobbermin) y aducir por medio de pruebas la peculiar combinación de los elementos teogónicos y cosmogónicos con el interés religioso en la expiación, consagración y liberación. Otros lo relacionan con el lado religioso y mágico de la adoración babilónica (Kessler: "La antigua Babilonia"; Anz: "La Babilonia tardía"), al pensar que esa fue la tierra nativa del gnosticismo, mencionándose también las influencias del zoroastrismo, asumiendo que el movimiento, al esparcirse por territorio griego cristiano, perdió su carácter original. Sin embargo, un investigador tan experto como Jean Réville, en Revue de l'Histoire des Religions, xxxviii, 1898, 220-224), se opuso a esta relación del gnosticismo con fuentes caldeas y persas, teniendo en cuenta que un egiptólogo puede defender, con igual propiedad, la derivación de las ideas gnósticas de las escuelas especulativas egipcias; de hecho Reitzenstein derivó una gran porción de las ideas gnósticas del sincretismo egipcio. No obstante, esos investigadores pueden demostrar estar en lo cierto cuando refieren el origen del gnosticismo a las especulaciones de los sacerdotes babilonios o zoroástricos. Bossuet, tomando como guía algunos datos suplidos por Anz, mostró que los principales problemas gnósticos se explican mejor por aquellos conceptos orientales (el siete y la meter; la madre y el padre desconocidos; el dualismo; el hombre primordial; elementos y sustancia; forma del redentor; misterios). En todos los sistemas gnósticos vio ramas de un árbol común, cuyas raíces profundamente penetraron el suelo sincretista de la moribunda religión antigua. Aparte de casos particulares, en general juzgó correctamente cuando dijo: "La gnosis no es un fenómeno que tiende hacia adelante; es más bien retrógrado y estacionario, una reacción del antiguo sincretismo contra el surgimiento de la universal fe del cristianismo" (W. Bossuet, Hauptprobleme der Gnosis, p. 7, Gotinga, 1907). Los maestros de la Iglesia estaban en lo cierto al resistir con toda su fuerza esas tendencias entre sus congregaciones, aunque no siempre usaron los remedios correctos.
Los gnósticos se pueden dividir en gnósticos judaizantes, gnósticos anti-judíos, gnósticos paganos, ofitas y posteriormente los maniqueos y nuevos maniqueos (paulicianos, albigenses, etc.). Los principales entre los judaizantes eran los seguidores de Basílides, Valentín, Cerinto y Bardesanes. Los mayores dirigentes de los antijudaizantes eran Satornil, Cerdón y Marción. Una curiosa secta fueron los arcónticos, descrita por Epifanio (Hær., xl). Su fundador fue un ermitaño de Tierra Santa, llamado Pedro, pero su principal sede estuvo en Armenia. Según sus libros sagrados hay siete cielos cada uno con un archon o gobernante, de ahí su nombre; también hay un octavo cielo donde habita la "madre de la luz." El gobernante del séptimo cielo fue el Dios de los judíos, siendo el diablo su hijo. Rechazaban el bautismo pero ungían a los moribundos con aceite y agua para protegerlos de los archontes de los cielos inferiores. Entre los gnósticos paganos estuvieron los borboritas o borborianos (comedores de suciedad, del griego borboros, fango).

Los escritos gnósticos eran de todas las clases: evangelios (de Eva, María, Judas, Tomás, Felipe, etc.); Apocalipsis (de Adán, Abraham, Zoroastro, etc.); Hechos (de Pedro, Juan, Tomás, Andrés y Mateo); himnos (Naaseno, Bardesanes, "Libros de Jeû"); odas (Basílides); Salmos (Valentín, Bardesanes, marcionitas) y homilías (Valentín). También los gnósticos tenían su literatura teológica; tratados dogmáticos y filosóficos (Isidoro, Valentín, Teodoto, Bardesanes, Marción); investigaciones críticas (Ptolomeo, Apeles); comentarios sobre escritos sagrados y revelaciones proféticas (Basílides, Heracleón, Isidoro); libros de misterios (Pistis-Sophia, "Libros de Jeû", etc.). De todos esos libros, sólo unos pocos se han preservado, pero es suficiente para darnos una idea de las creencias e ideas gnósticas. Las polémicas de los escritores eclesiásticos contra los herejes son, como mucho, una fuente secundaria, al estar coloreada fuertemente por su indisposición hacia ellos, aunque son todavía una valiosa fuente para nuestro conocimiento del gnosticismo. Desafortunadamente los escritos más antiguos de esta clase (por Agripa Castor, Justino, Rodón, Felipe de Gortina, Modesto, Hegesipo) se han perdido. Sin embargo, con toda probabilidad su sustancia estaba incorporada en los escritos existentes sobre las herejías de Ireneo, Tertuliano, Hipólito, Epifanio y Teodoreto de Ciro en el denominado "Catálogo de herejías" del pseudo-Tertuliano y son tratados en las obras de Filastrio, Agustín, Prædestinatus, etc. Hay también un tratado pagano sobre el asunto: el discurso de Plotino, Adv. gnosticos (Ennead, ii. 9).
Una religión, no una filosofía.
Los combatientes de las herejías mantienen una y otra vez que las declaraciones especulativas de los gnósticos son meramente filosóficas, no religiosas; meramente cosmológicas, no soteriológicas. Esta idea es falsa. En el sentir de los gnósticos, la gnosis es una religión; el conocimiento es redención; el saber, y en eso consiste la redención, es posible sólo para el hombre espiritual que ha venido del cielo y está preparado para la eternidad. De ahí que gnóstico y espiritual sean términos sinónimos y gnosis es el don de gracia impartido al hombre espiritual en su misma cuna y que desarrolla con su crecimiento, resolviendo los enigmas que le rodean. "Somos liberados por el conocimiento de esas cosas: Quiénes éramos, lo que vamos a ser; dónde estábamos y a dónde seremos llevados; a dónde nos apresuramos y de dónde fuimos liberados; lo que el nacimiento es y lo que es la regeneración". Los medios para resolver esas cuestiones varían, en cada caso, según la elevación espiritual del cuestionado; la especulación dualista y panteísta, mitológica y pagana, oriental y helenista, mística e intelectual, contribuyen, con sus diversos hilos, a componer el tapiz. Incluso en un producto tan abstruso como la filosofía de los libros de Jeû todavía se vuelve a la divina revelación manifestada en Cristo. Que la señal más segura de que esta gnosis era un asunto de religión y no de filosofía se aprecia en el hecho de que sus defensores hicieron esfuerzos para formar asociaciones, aunque no es siempre claro dónde terminaba la escuela y comenzaba la Iglesia, habiendo gnósticos, como Valentín, que no podían ser clasificados con las sectas orientales incluidas bajo la designación de ofitas, con quienes la organización sobre una base mística se puede mostrar más distintivamente. No sólo entre esos, sino en casi todas las comunidades gnósticas, eran usuales las consagraciones místicas y los ritos simbólicos de las variedades más grandes tanto al principio como al término de los servicios religiosos, tales como la inducción a la cámara nupcial, agujerear la oreja derecha, el bautismo en agua, fuego y espíritu, la unción, la celebración de la comunión, la unción de los moribundos, etc. No ha de pasarse por alto que el camino religioso a la salvación va también acompañado por el camino moral. El hombre espiritual lucha para suprimir y aniquilar lo que le ata a lo material, mediante el debilitamiento y mortificación de su cuerpo, o, gracias a su exaltado estado de mente poseedor de la salvación, se cree exento de dar cuenta respecto a los hechos de su cuerpo, dando libre curso a los deseos sensuales, ya que no pueden dañar al espíritu. En resumen, el ascetismo y el libertinaje eran prevalecientes entre las sectas gnósticas.

Národni Galerie, Praga
Finalmente, es de particular importancia que la gnosis herética estaba fundada sobre autoridades de revelación, emulando así al cristianismo ortodoxo. Los fundadores de sectas y los principales oráculos del Espíritu extraían su poder e instrucción de la conversación directa con la Deidad; la profecía era altamente estimada; se puso gran valor en la tradición, pretendiendo, tal como hizo la Iglesia, establecer un lazo con el cristianismo primitivo. Basilides invocó a Glaukias, supuestamente un intérprete de Pedro, su maestro; Valentín profesó haber escuchado a Teodas, un discípulo de Pablo; los naassenos se refieren a Jacobo, hermano del Señor, y en manera similar estimaron la tradición de la Escritura grandemente, aunque la mayoría de los cristianos gnósticos vieron al enemigo de su gnosis en el Dios de los judíos y consecuentemente rechazaron su libro, el Antiguo Testamento. Sin embargo, los documentos del cristianismo primitivo hasta donde podían trazarse a los apóstoles, alcanzaron rango de Sagrada Escritura, si bien intentaron traducirlos oralmente mediante interpretación dogmática. Pero por encima de todo aumentaron la literatura sagrada con sus propias producciones.

Museo de Arte Moderno, San Francisco
La tendencia radical gnóstica que produjo el rechazo especial de la ortodoxia fue su dualismo, que era fuertemente contrario al cristianismo ortodoxo, basado en el monismo. Este dualismo era sencillo y se puede resumir de la siguiente manera: (1) Dualismo en teología y cosmología, pues los gnósticos separaban al Dios supremo del creador del mundo. De la misma manera en las elaboradas formas de gnosis el Dios supremo era considerado el Dios del nuevo pacto y el creador del mundo era el Dios del antiguo pacto; pero al procurar mostrar el más alto honor al cristianismo mediante la separación de su Dios del Dios del judaísmo, desarraigaron al cristianismo del mismo suelo en el que había sido plantado como una fe histórica. (2) Dualismo cristológico; el eón divino, enviado desde lo alto para redimir lo espiritual que está en la materia, fue Cristo, pero se hizo una clara distinción entre este Cristo sobrenatural y el Jesús histórico. Con este último, el eón o bien contrajo una unión meramente temporal (unido a él en el bautismo, pero abandonándole antes de su muerte), o el Jesús judío fue sólo la manifestación del redentor celestial, quien fue obligado a asumir un cuerpo para hacerse visible; o, finalmente, la aparición visible total del redentor, su nacimiento, vida y muerte, fue en apariencia solo. (3) Dualismo en antropología: los hombres se distinguen en espirituales, en los cuales la porción divina a ser redimida vive atada a la porción material, y en materiales, quienes, habiéndose deteriorado en la materia, no son objeto de redención; además había, en ciertos casos, hombres "anímicos", que estaban destinados a un cierto grado de bienaventuranza y para cuyo entendimiento las verdades de la salvación tenían que ser vestidas con el ropaje histórico. (4) Dualismo en soteriología; la redención es la separación del espíritu de la materia, comenzando incluso en el presente, de ahí que fuera o bien mortificación por vía de ascetismo o libertinaje; el proceso se completa en el futuro, de ahí el rechazo de las primitivas esperanzas cristianas en cuanto a la vida futura, especialmente la creencia en la resurrección del cuerpo.
La Iglesia y el gnosticismo.
La Iglesia hizo lo correcto al oponerse a este dualismo con todo el vigor posible. La crisis provocada por los ataques del gnosticismo fue la mayor y más importante, en sus consecuencias, de todas las convulsiones a las que el cristianismo quedó expuesto en el curso de su crecimiento durante la civilización antigua. De no haber vencido al gnosticismo el cristianismo habría perdido su genio peculiar; se habría quedado sin su fundamento histórico, pereciendo como las religiones del colapsado paganismo. El peligro era especialmente serio por la todavía inmadura organización de las congregaciones, formadas sólo parcialmente y fácilmente accesibles a las perversiones que ofrecían al enemigo varios flancos de ataque. Hombres poderosos lucharon entonces para fortalecer esa organización, elaborando las normas de reconocimiento de lo que se requería a cualquiera que quisiera ser cristiano, tales como el Credo de los Apóstoles, el canon de escritos sagrados y el cargo de apóstol. Como médicos hábiles, también, no tuvieron escrúpulos en inyectar en el cuerpo enfermo algo del veneno que amenazaba con destruir su vida y de hecho, tanto en fe como en costumbres y maneras, la antigua Iglesia católica mostró distintivamente la influencia que ejerció el vencido sincretismo sobre su conquistador.

Los siguientes pasajes, procedentes de sus propios escritos, ilustran algunas de sus enseñanzas características:
1.1. La compañera del Salvador es María Magdalena. El Salvador la amaba más que a todos los discípulos, y la besaba frecuentemente en la boca. Ellos le dijeron: «¿Por qué la amas más que a todos nosotros?». El Salvador respondió y les dijo: «¿Por qué no os amo a vosotros como a ella? Un ciego y un vidente, estando ambos a oscuras, no se diferencian entre sí. Cuando llega la luz, entonces el vidente verá la luz y el que es ciego permanecerá a oscuras.»
(Evangelio de Felipe, 63-64. Trad. de F. Bermejo).1.2. Aquellos que están fuera de vuestro número, que se llaman a sí mismos obispos y también diáconos, como si hubieran recibido la autoridad de Dios, esta gente son canales vacíos... Gobernarán sobre los pequeños por un tiempo para ellos determinado en proporción a su error. Y después que se complete el tiempo de su error, se renovará el eón que nunca envejece, el del pensamiento inmortal, y los pequeños gobernarán sobre los que los gobernaron a ellos...
Cuando dijo estas cosas, vi cómo ellos lo agarraban de aquel modo. Y dije: «¿Qué veo, oh Señor? ¿Eres tú a quien agarran y eres tú el que te aferras a mí? ¿O quién es ese que sonríe alegre sobre la cruz?». El Salvador me dijo: «Aquel que viste sobre la cruz [el árbol] alegre y sonriente, éste es Jesús, el viviente. Pero este otro, en cuyas manos y pies introducen los clavos es el sustituto, el que existió según la semejanza.»
(Apocalipsis de Pedro, 79 81. Trad. de A. Piñero).1.3. Jesús dijo: Si os dicen vuestros guías: mirad, el reino está en el cielo, entonces los pájaros del cielo os precederán. Si os dicen: está en el mar, entonces los peces os precederán. Pero el reino está dentro de vosotros y está fuera de vosotros. Cuando os lleguéis a conocer, entonces seréis conocidos y sabréis que vosotros sois los hijos del Padre viviente. Pero si vosotros no os conocéis, entonces vosotros estáis en la pobreza y vosotros sois la pobreza.»
(Evangelio de Tomás, 3. Trad. de R. Trevijano).1.4. Piensan los necios que si confiesan «somos cristianos», en sólo palabras carentes de poder, ignorando quién es Cristo, vivirán. Puesto que están en el error se precipitan hacia los principados y las autoridades. Pero caen en sus manos a causa de la ignorancia que hay en ellos. Si sólo salvaran las palabras que dan testimonio, el mundo entero podría mantenerlas y se salvaría [...] Son testigos vanos, puesto que dan testimonio sólo a sí mismos. Este es el pensamiento que tienen en su interior: «Si nos entregamos a la muerte por causa del Nombre seremos salvados» [...] Pero no tienen la palabra que da la vida.
(Testimonio de la Verdad, 31-32. Trad. de F. García Bazán).>