Historia
GRACIA, MEDIOS DE
La Palabra y los sacramentos.
En la Iglesia antigua se puso gran énfasis en la predicación de la Palabra, al principio confiada a personas especialmente investidas con charismata ("apóstoles, maestros y profetas"), siendo luego parte de las funciones oficiales regulares de la Iglesia. A pesar de todo el desarrollo en una dirección formal, se pueden aducir muchas citas para mostrar cuánto se insistió en la relación primitiva de la Palabra y los sacramentos, el bautismo y la comunión, en el antiguo sentido. La teología medieval elevó a los sacramentos como medios de gracia por encima de la Palabra; Dionisio el Areopagita enseñó en el Este a buscar la gracia en los "misterios" y Abelardo revisó el ordenamiento agustiniano de fe, amor y esperanza reemplazando la esperanza por una desarrollada doctrina sacramental con una aguda percepción en las tendencias de su época. Desde su tiempo y el de Pedro Lombardo el sistema sacramental formó un importante apartado de la dogmática medieval. La ausencia de un énfasis similar en la predicación de la Palabra se hizo sentir, supliéndose por las órdenes de predicadores. Fue uno de sus miembros, el franciscano Duns Escoto, quien elaboró el pensamiento, en su tratado De perfectione statum, de que la predicación de la Palabra y la influencia personal es algo más elevado que la mera administración de los sacramentos, por lo que los monjes que predican y presentan una vida de perfección moral son de más importancia para la Iglesia que los sacerdotes que administran los sacramentos. En esta línea era posible regresar a la posición que restaurara la predicación a su importancia primitiva como medio de gracia, habiéndolo hecho Lutero plenamente. Por "la palabra ylos sacramentos" el Espíritu viene a los hombres y Cristo realiza sus milagros en el alma. Se otorga la precedencia a la Palabra, quedando los sacramentos reducidos una vez más a dos; la noción bíblica se recupera de esta manera y también al atribuir la eficacia de los sacramentos a la fe religiosa avivada por las palabras de la institución. La teología calvinista puso igual énfasis sobre la Palabra y los sacramentos, tanto como vehículos de gracia como notas de la verdadera Iglesia, pero los consideró eficaces sólo en los predestinados, para los cuales se forjó la obra de Cristo. Esta idea desembocó en que no eran indispensables o necesariamente relacionados con las operaciones salvadoras divinas. Los teólogos luteranos del siglo XVII elaboraron sistemáticamente las ideas promulgadas en el siglo XVI, sin llegar a ninguna conclusión esencialmente nueva. La idea pietista de una "palabra interior" que es revelación inmediata del Espíritu, aunque estuvo en alguna medida anticipada por los principios anabaptistas, tuvo su importancia al preparar la idea racionalista de que la verdadera revelación de Dios consiste en conceptos innatos religiosos y morales. El desarrollo más moderno finalmente reconoce la Palabra y los sacramentos como medios de gracia, pero tiende a vaciarlos de su fuerza al entender los sacramentos en un sentido zwingliano como símbolos meramente conmemorativos y no captando el poder divino presente y operativo de la Palabra.
Conclusiones.
Una investigación del primitivo desarrollo de los medios de gracia, con su relación a la obra de Cristo y al Espíritu Santo continuando esa obra, lleva a ciertas conclusiones lógicas que será útil señalar. (1) Ya que la vida corporativa procedente de Cristo es una vida histórica los medios a ser usados para transmitirla y preservarla irán en la línea de la tradición histórica y humana.
(2) Ya que la membresía en el cuerpo depende del reconocimiento de la autoridad de Cristo, los medios de gracia y el método de su administración deben ser ordenados por él.
(3) Ya que la vida creada y preservada por los medios de gracia se puede entender sólo como el resultado de una causalidad sobrenatural, se sigue que su efecto actual no se puede producir sin la presencia de Dios, es decir, la dirección de la Voluntad para el oyente o receptor.
(4) Ya que los medios de gracia no tienen otro propósito que el propósito de Cristo, no se puede atribuir ninguna otra operación a ellos que no sea la salvación de las almas.
(5) Una operación esencialmente similar se debe atribuir a la Palabra y los sacramentos, pero esto no excluye una "diferencia de operaciones" según la diferente manera de la administración, teniendo el bautismo y la comunión cada uno su propósito especial y distinguiéndose la Palabra como ley o evangelio.
(6) Ya que la revelación tiene como propósito producir la fe, el principal propósito de los medios de gracia debe ser el despertamiento y avivamiento de la fe; por eso la administración de los sacramentos es inconcebible sin la presuposición de la Palabra y sin relación estricta de su propósito con ello.